
Los
españoles se encontraron con que un grupo de hombres avanzaba sobre ellos al
grito de “¡a degüello!”, y habrá sido tal el arrojo de esos jinetes que, tras breve
resistencia, retrocedieron siendo perseguidos hasta que Lavalle ordenó detenerse
al llegar al lugar en donde se apostaba la infantería española. Es conocido
localmente como el más brillante combate de caballería en las Guerra de
Independencia Hispanoamericana
Repuestos
de la sorpresa, la caballería y la infantería española se lanzaron en la
persecución de los granaderos que regresaban a su base trotando y se produjo un
segundo encuentro, en el que otra vez los españoles fueron derrotados. El
informe de Lavalle describe el momento en que retrocede después de la primera
carga y cómo luego observa. Sabe que la caballería española viene al galope,
que son expertos, muchos y bien armados, pero... “el coraje brillaba en el
semblante de los bravos granaderos y era preciso ser insensible a la gloria
para no haber dado una segunda carga”, ataque que contó con el auxilio de los
Dragones de Colombia, quienes estando a las órdenes de Sucre se involucraron en
el combate. Es decir, la batalla de Riobamba se libró en dos tiempos y en ambos
los granaderos salieron airosos. Los españoles dejaron alrededor de cincuenta
muertos y un número similar de heridos, mientras que los criollos sólo tuvieron
que lamentar dos bajas.
Diez años antes, con sólo quince años de edad, Lavalle había ingresado al cuerpo de Granaderos a Caballo creado por el entonces teniente coronel José de San Martín. Dicen que aún no le había terminado de crecer la barba y ya estaba enredado en combates y batallas. El informe que Sucre le envió a San Martín, dice: “Lo mandé a un reconocimiento a poca distancia del valle y el escuadrón se halló frente a toda la caballería enemiga y su jefe tuvo la elegante osadía de cargarlos y dispersarlos con una intrepidez de la que habrá raros ejemplos”. Concluyendo: “Su comandante ha conducido su cuerpo al combate con una moral heroica y con una serenidad admirable”.
Bolívar
distinguió a Lavalle y sus hombres con el título de "Granaderos de
Riobamba" en tanto San Martín le entregó un brazalete que decía: “El Perú
a los vencedores de Riobamba” (el que exhibía cuando lo calificaron de “traidor
a la Patria”). Lavalle se había ganado el apodo de “León de Riobamba”, una
distinción que de alguna manera se hizo extensiva a los noventa y seis
granaderos.
Juan Carlos Ramirez Leiva