martes, 16 de agosto de 2016

Muere el General San Martín

Aquel 14 de agosto, San Martín amaneció moribundo y la medicación solo freno su paso a la inmortalidad por tres días. El 17 de agosto de 1850, en su casa de Boulogne-sur-Mer, a las 15 horas, el Libertador José Francisco de San Martín falleció, y no fue sino al otro día, en el que Rosales y Gérard denunciaron su muerte en la alcaidía boloñesa. La familia dispuso un oficio religioso en la Iglesia de San Nicolás, hacia donde se dirigió el cortejo fúnebre el 20 agosto a las 6 de la mañana, y en donde se depositaron los restos mortales en un nicho de la Iglesia de Boulogne-sur-Mer. Recién el 21 noviembre 1861, los restos de San Martín fueron trasladados al cementerio de Brunoy.
En el periódico “Journal des Débats” del 27 agosto 1850, se lee el primer comentario de la prensa sobre el Libertador, en donde se destacó su personalidad. Si la crónica es la primera versión de la historia, de acuerdo a W. Scott, probablemente las necrológicas sientan las bases de la historiografía sanmartiniana y en este sentido, el artículo necrológico publicado el 30 agosto en “La Presse” de París, marcó el camino. Son tiempos complejos en la Confederación Argentina, que firmó el 31 agosto el Tratado Le Predour-Arana imponiendo la paz con Francia, desde donde el 29 septiembre, Balcarce le escribe a Rosas y le adjunta una copia, quedando depositado el original en la Legación Argentina de París.
Las repercusiones no tardaron, el 19 noviembre en Lima se efectuaron los solemnes funerales en honor al Libertador, y el 22 noviembre en “La Tribuna” de Santiago de Chile, Sarmiento publicó un artículo sobre el prócer . Son épocas en que los familiares del general, comienzan a desaparecer. En 1851 fallece Manuel Tadeo de San Martín, probablemente en Valencia y con el grado de Cnel. del Ejército español; el 3 noviembre 1852 muere Nueva York, el Gral. Carlos Antonio Alvear, y en 1853 lo hace Elena San Martín de Menchaca, hermana del prócer. Para 1857, el 5 abril, el periódico santiaguino “El Ferrocarril” publicó un artículo de Vicuña Mackenna sobre la batalla de Maipú, como determinante de la independencia de Chile. A finales de ese año, Rosales contrató al escultor francés Daumas, la ejecución de una estatua de San Martín, para ser erigida en Santiago, en tanto en Buenos Aires, el monumento a San Martín recién es inaugurado el 13 de julio de 1862, meses antes de que se inicie la residencia constitucional de Mitre, y todavía faltaba tiempo antes de que España reconociera formalmente la independencia de Argentina, lo que hace el día de la primavera de 1863.
La repatriación de los restos de San Martín también fue compleja, a qué Patria regresaría un General Libertador de tres naciones. Los diputados Alsina y Moreno elevaron un proyecto de ley para la repatriación, el 18 julio 1864, mientras que el 12 abril 1869, el Presidente peruano Balta decretó la erección de un monumento a San Martín y el traslado de sus restos a Lima. El conflicto no apura las decisiones en nuestro país, ya que recién el 20 septiembre 1870, el Consejo Deliberante de Buenos Aires aprobó la moción de Guerrico y destinó un terreno en el cementerio de la Recoleta como sepulcro del Libertador, pero pasaron siete años más antes de que se creara la Comisión pro Repatriación de los restos de San Martín1, y un año más para que el Presidente Avellaneda dispusiera homenajes y declarara feriado el 25 de febrero2, centenario del nacimiento del prócer.
El 21 abril 1880 se embarcaron en el puerto de El Havre los restos del prócer, que a bordo del transporte “Villarino” arribaron a Montevideo el 24 de mayo de 1880, en donde se le rindieron honores, tal lo decretara el Presidente Santos. Finalmente, el 28 mayo 1880, los restos de San Martín arribaron a Buenos Aires, y un 2 agosto 1933, se oficializó la celebración de la fecha 17 de agosto como “el día de San Martín”. No es posible de olvidar en esta reseña, que el 5 abril 1933 se inauguró el Instituto Sanmartiniano, fundado por el Dr. José Pacífico Otero, y que fuera oficiliazado en 1944.

Tomado desde distintos recortes no firmados por sus autores

martes, 26 de enero de 2016

La idea del combate permanente

En enero de 1814 los realistas preparaban en Cotagaita el ejército invasor para tomar Jujuy, mientras Belgrano se encontraba en Humahuaca tratando de organizar la resistencia. El coronel Manuel Dorrego había sido comisionado para reunir en Jujuy y Salta, los restos del ejército en retirada y reclutar nuevos efectivos y provisiones para detener esta nueva invasión que pretendía llegar hasta Buenos Aires con el apoyo de Montevideo. La invasión de Pezuela pretendía aniquilar al ejército en retirada, evitando el encuentro con los refuerzos comandados por San Martín, que los esperaba en la Posta de los Algarrobos, cercano a Yatasto.
Dorrego reunió 500 nuevos soldados y 250 dispersos con los que organizó un regimiento que llamó de "Partidarios", requisó 1.000 caballos y ganado vacuno; hizo fabricar armas, especialmente lanzas, fornituras y municiones, acciones que motivaron un oficio dando superadas las desinteligencias y reincorporándolo al ejército.
En San Salvador de Jujuy comenzó una febril actividad en los jóvenes que organizados en milicias con movimientos de guerrilla, participaban de ejercicios diarios consistentes en correrías a caballo, montar y desmontar, prácticas de tiro y uso de la lanza. También fabricaban armas caseras, labores en las que participaban hombres y mujeres.
Belgrano llego a Jujuy y organiza la retirada, poniendo en funciones al coronel Dorrego. La ciudad fue abandonada entre el 15 y el 16 de enero de 1814. Dorrego combatirá hasta ser desalojado el día 17, produciéndose un nuevo éxodo que no fue como el de 1812, ya que espontáneo y sin destino fijo, ocuparon las afueras de la ciudad, cerros y estancias vecinas.  

La Guerra Gaucha
Las milicias gauchas ocuparon los alrededores, ahora con hombres bien montados y adiestrados,  comenzando a hostigar al invasor que había ocupado la ciudad. Atacaban y desaparecían rápidamente, dejando muertos y heridos en el enemigo.
La resistencia de Dorrego permitió la llegada de las tropas patriotas a Tucumán y el encuentro de Belgrano con San Martín. Éste asumió el mando del ejército el 30 de enero, poniendo a cargo de la vanguardia a Martín Miguel de Güemes.
En adelante, todo fue ataques rápidos, certeros, sorpresivos. Nacía la idea del combate permanente en el pueblo. La Guerra Gaucha, había comenzado.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

viernes, 11 de septiembre de 2015

Sarmiento y las Reformas Educativas.



Hoy se celebra el Día del Maestro en memoria de Faustino Valentín Quiroga Sarmiento -presidente, embajador, ministro, gobernador, senador, escritor, periodista y soldado, pero por sobre todo, maestro-, quien falleciera en Paraguay el 11 de septiembre de 1888, a los 77 años. Lo recordamos con un nombre que no figura en sus papeles de identidad: Domingo fue el apodo con que lo llamó su madre, Paula Zoila Albarracín, devota de Santo Domingo. Además, habría nacido un día antes, y no el 15 de febrero de 1811.
El Día del Maestro es una conmemoración de América a Sarmiento y Horace Mann, pedagogo norteamericano. Ambos fueron reconocidos por sus trayectorias en educación por la Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas, realizada en Panamá, en 1943; y desde entonces, el 11 de septiembre fue instituido como Día del Maestro en toda América, para conmemorar sus vidas y sus obras. Semblanzas sobre una personalidad tan rica y polifacética se han escrito a favor y en contra, pero curiosamente poco se ha dicho sobre su más preciada obra: el normalismo, es decir, formar docentes para una escuela pública, laica, mixta, gratuita y obligatoria. 
En 1845, estando exiliado en Chile, fue enviado por el ministro de Instrucción Pública y luego presidente Manuel Montt, a Europa y Estados Unidos para estudiar nuevos métodos de enseñanza. Sarmiento ya había fundado en 1842 la primera Escuela Normal de Maestros de América latina, cuyo semillero de docentes posibilitó en seis años la apertura de 72 nuevas escuelas en Chile. En Estados Unidos constató el modo en que Horace Mann formaba a las maestras y lo impresionó la Escuela Normal de Newton Eats, cerca de Boston, de donde sacó el modelo que aplicó más tarde en Chile y la Argentina. 
Para formar al normalismo argentino soñó con traer al país unas 1.000 maestras extranjeras, pero sólo logró que vinieran algunas. Sarmiento asumió la Presidencia en 1868 y entre 1869 y 1898 llegaron en total al país 65 docentes, 61 de ellos mujeres. Venidas desde Nueva York, Virginia, Maryland, Pennsylvania, Ohio y Nueva Inglaterra, habían sido atraídas por la convocatoria que Mary Mann, la mujer de Horace, difundió por la prensa: se les ofrecía un contrato por tres años, que corrían desde el embarco. Una vez llegadas, eran enviadas a Paraná, donde Sarmiento había creado en 1870 la primera Escuela Normal del país, para que se ambientaran y pudieran perfeccionar su español, tras lo cual, iban siendo destinadas a otras provincias. 
El primer censo nacional de 1869 -obra de Sarmiento- había descubierto un país de grandes extensiones deshabitadas o en poder de pueblos originarios, y un índice de analfabetos del 71%. Para el revisionismo, traer a norteamericanas constituyó prueba del afán antinacional de Sarmiento y no, como fue, una necesidad ante la ausencia de maestras nacionales preparadas. Para la Iglesia fue una herejía. En algunas ciudades como Catamarca y Córdoba tuvieron que lidiar contra quienes no querían mandar a sus hijos a educarse con herejes, actitud que estaba avalada por obispos y sacerdotes. En algún momento Fray Mamerto Esquiú tuvo que intervenir para serenar a un obispo, diciéndole que "no son católicas, pero por lo menos tampoco son ateas". 
Por entonces, las escuelas eran confesionales y si bien en Buenos Aires las de varones dependían del municipio, las muy pocas de mujeres que había eran manejadas por la Sociedad de Beneficencia, que recibía fondos públicos para dictar educación católica. Esto enfadaba a Sarmiento, quien en 1839, a sus 28 años, no sólo había creado en San Juan el Colegio de Señoritas -donde impuso el uniforme igualitario- sino que había señalado el absurdo de que en su provincia sólo existieran escuelas para varones." ¿Una madre sin instrucción podrá inspirar a sus hijos el deseo de instruirse?", se preguntaba, bregando por la educación femenina. En cambio, desde 1836 Estados Unidos gozaba de los beneficios de la instrucción pública, gratuita, mixta y laica, gracias a una ley propiciada por Horace Mann y que Sarmiento aplicó, de un modo u otro, mucho más tarde, en la Argentina y Chile. 
Debió llegar a la Presidencia para poder instrumentar los cambios deseados: elevar de 30.000 a 100.000 alumnos la población escolar; crear las primeras escuelas normales, el Colegio Militar (1870), la Escuela Naval (1872), el Observatorio Astronómico (1872), la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (1870) y alrededor de ochocientas escuelas primarias. También hubo de esperar hasta 1884 para ver definitivamente sancionada, a sus 73 años, la ley 1420 de educación común mixta, laica, gratuita y obligatoria. 
Aquellas maestras que vinieron al país forjaron las bases del sistema educativo argentino e introdujeron "novedades" tales como el desarrollo artístico, la gimnasia, el trabajo manual, el sentido de la responsabilidad y los deberes escritos. De ellas, 5 murieron de fiebre amarilla o cólera; 16 regresaron a su país cuando terminaron su primer contrato; 36 enseñaron durante 13 años y se fueron porque no les pagaban el sueldo; y 20 se radicaron y murieron aquí. 
Mary Elizabeth Gorman, de 25 años, fue la primera en arribar al país. Su destino era San Juan, pero no quiso ir, porque en 1869 era una provincia beligerante y atrasada, a la que se llegaba tras diez días de diligencia y bajo el azote de los malones. Las tres maestras que más se destacaron fueron Clara Armstrong que trabajó en Paraná, Catamarca, San Juan, San Nicolás, La Plata y Buenos Aires; Mary Olstine Graham (Paraná, San Juan, La Plata); y Sara Chamberlain de Eccleston (Mendoza, Paraná, Buenos Aires, Concepción del Uruguay). 
Entre los hombres, George Albert Stearns, egresado de la Universidad de Harvard, sumó a su tarea de director de la Escuela Normal Nº1 de Paraná, la de inculcar a sus alumnos su ideario en materia de organización, objetivos, disciplina, espíritu de investigación y civismo, todo esto, en medio de la guerra civil y de la muerte prematura de su mujer, Julie, también docente. 
Hacia 1900 la fase inicial estuvo concluida y los docentes argentinos pudieron hacerse cargo íntegramente de la tarea, convencidos, gracias a (Domingo) Faustino Valentín Sarmiento de que un buen sistema de educación pública constituye el mejor recurso para la inclusión social. 

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva
Basado en textos de diferentes páginas de la WEB, oficiales y notas periodísticas.

viernes, 12 de junio de 2015

Por ahi andaba Garay



La primera fundación de Buenos Aires  la había realizado el Adelantado Pedro de Mendoza, en los primeros días de febrero de 1536. El enclave no resistió el asedio de los querandíes y la corona decidió su despoblación en 1541. A Juan de Garay fue a quien se le encargó fundar una ciudad que estuviera ubicada estratégicamente: la confluencia de los grandes ríos y la salida al Atlántico necesaria para una mejor comunicación con la metrópolis. Para ello, partió de  Asunción el 9 de marzo de 1580.
Los españoles ya habían abierto asentamientos al sur de Lima (Asunción, Santiago, Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza, Córdoba) y el descubrimiento de las minas de plata en Potosí hacía necesario el trazado de una ruta segura hasta la península. En 1561, Garay había participado de la fundación de Santa Cruz de la Sierra (actual Bolivia) y hacia el final de esa década se trasladó a Asunción, donde fue nombrado Alguacil Mayor de las Provincias del Plata. Desde esta ciudad partió en 1573 para crear un asentamiento a orillas del río Paraná: Santa Fe de la Veracruz. Para entonces, una ordenanza real de Felipe II establecía con precisión las características de las ciudades fundadas en las colonias españolas. Fue con esta normativa que, nuevamente desde Asunción, partió la expedición de Garay hacia el Río de la Plata.
Las embarcaciones del adelantado zarparon de Asunción con 64 colonos, 53 de ellos, según los registros, nacidos en América, en la futura Paraguay. El 29 de mayo llegaron a las aguas del Riachuelo y se instalaron en un primer campamento.  El sábado 11 de junio, por la mañana,  Garay fundó la ciudad con el nombre de Trinidad, en referencia al día en que fondearon en el Riachuelo, el domingo de la Santísima Trinidad en el calendario católico, dejando la denominación de Santa María de los Buenos Ayres para el puerto.
Garay eligió la actual Plaza de Mayo como lugar apropiado porque el terreno  resultaba amplio y elevado junto al río; instaló el fuerte y la plaza principal, y a su alrededor entregó terrenos para los fundadores y los religiosos.
El acta fundacional desapareció tempranamente, ya para 1707 se dejaba constancia de su inexistencia junto con el Libro de Fundación y los Acuerdos Capitulares 1580 -1605. 

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

domingo, 14 de septiembre de 2014

Juan Hualparrimachi. Héroe y Poeta.


El 2 de agosto se festeja en Bolivia el Día del Indio, Día del Campesino. Fue el teniente coronel Germán Busch, que siendo Presidente en 1937 emitió el decreto en homenaje al guerrillero y poeta Juan Hualparrimachi. 
Juan tuvo por madre a la princesa María Sauraura, descendiente directa del Inca Huáscar. Su padre fue don Francisco de Paula y Sanz, hijo del rey Carlos III y de una princesa napolitana, quien había gobernado Potosí al servicio del rey de España durante varios años. Supo tenerla a María amancebada durante un tiempo y luego la abandono en la miseria, produciéndole tal depresión que la condujo a la muerte. Juan adopto el apellido de su abuelo materno, Hualparrimachi, y es reconocido como un poeta melancólico y triste, por su condición de hijo “natural” y por la explotación sufrida por su gente; y su poesía revela ese dolor.
Juan Hualparrimachi, el mestizo, se puso al servicio del matrimonio Padilla, y se enamoró secretamente de Juana Azurduy, de quien fue lugarteniente. Hombre de confianza, supo ser el cuidador de los hijos del matrimonio e incluso rescato a dos de ellos, que habían caído en manos de los realistas.
Se estaban gestando las “republiquetas” como forma de organización, y en la republiqueta de La Laguna (Alto Perú; hoy, Bolivia), entre el 2 al 6 de agosto de 1814, los patriotas libraron una sangrienta batalla conocida como el combate de Cerro de las Carretas, en la que vencieron. Fue un indio traidor llamado Artamachi, el que condujo en la noche del 7 de agosto de 1814, al ejército español por un sendero secreto que atravesaba un barranco, con el fin de capturar a Juana Azurduy. El poeta guerrero Juan Hualparrimachi, que como siempre se presentó para ayudar a doña Juana, se defiende y posibilita que los ruidos de disparos y sables atraigan a Manuel Padilla con un grupo a su mando, lo que pone a realistas a la fuga. “Pero antes una descarga de fusilería, que tenía como blanco a la futura teniente coronela del Ejército Argentino, encontró a su paso el pecho del joven cholo, quien cayó con su pecho destrozado sin alcanzar a proferir ni un gemido” (O'Donnell, Mario. Juana Azurduy, la Teniente Coronela. Bs. As.; Editorial Planeta; 1994).
El Poeta y Guerrillero, el joven fuerte y experto en arcos, flechas envenenadas y en el manejo de la huara (honda aymará); el que también tocaba la quena y escribía poesías, murió teniendo 21 años. Fuentes más románticas afirman que murió de un lanzazo al interponerse en su trayectoria para evitar la muerte de la mujer amada en secreto. Escribió este poema:
¿Chekachu, urpílay,
Ripusaj ninqui,
Caru llajtata?
¿Manan cutinqui?…
“Rinayqui ñanta
Ckabuarichibuay,
Nauparisuspa, buackaynillaybuan
Chajcbumusckayqui.
“Rupbaymantari, nibuajtiyquiri,
Huackayniyllari,
Ppuyu tucuspa
Llantuycusuncka.
“¡Aucharumij buabuan!
¡Auca Kakaj churin!
¿Imanasckataj
Sackeribuanqui?

¿Es verdad, amada mía que dijiste,
me voy muy lejos para no volver?
Enséñame ese camino, que adelantándome,
Lo regaré con mi llanto.
Cuando me digas del calor del sol,
mi llanto, en nube convertido te hará sombra.
¡Hijo de la piedra! ¡Hijo de la roca!
¿Cómo me has dejado?

Por : Juan Carlos Ramirez.

Fuentes:
Valencia Vega, Alipio. Manuel Padilla y Juana Azurduy. La Paz; Librería Editorial "Juventud"; 1981
Disertación del Presidente Evo Morales al recibir el Doctorado Honoris Causa de las Universidades Nacionales de Cuyo y de San Juan.
La traducción del poema corresponde a Jozquín Gantier.

Discontinuidad

Por razones estrictamente personales no profesionales, esta página sufrió una discontinuidad en sus publicaciones y por un tiempo, esta situación no deseada se mantendrá. Sepan uds. disculpar.

A todos aquellos que me han acompañado, ya virtualmente, ya en el trato personal, les quedo sumamente agradecido por su calidez tan generosa.

Juan Carlos Ramirez
Editor

jueves, 13 de marzo de 2014

Dr. Enrique Finochietto

Enrique Finochietto nació en Buenos Aires el 13 de marzo de 1881. En 1897 ingresó en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, y cuatro años después, ya era practicante en el Hospital de Clínicas. En 1904 se hizo cargo del Servicio de piel y enfermedades venéreas del Hospital Rawson, donde fue médico interno ad-honorem con guardia permanente.
Viajó por Europa en busca de nuevas tecnologías y aprendió dibujo técnico para dibujar con exactitud los modelos de aparatos que inventaba. Ideó y produjo instrumentos para realizar operaciones, que se propagaron a los quirófanos de todo el mundo, como por ejemplo el frontolux (un sistema iluminador utilizado por los cirujanos, a la manera de los obreros de las minas, para enfocar mejor las heridas), el "empuja-ligaduras", muy útil para detener las hemorragias; el porta-agujas, de distintas medidas y formatos; la pinza de dientecillos, para sujetar mejor los tejidos y agujas; la pinza de doble utilidad, con funciones como pasahilos y para hemostasias; el aspirador quirúrgico, para succionar la sangre durante las operaciones; la cánula para transfusiones; las "valvas Finochietto", para abrir la herida y permitir una mejor visión al cirujano; el banco para cirujanos, que permitía a éstos operar sentados; la mesa quirúrgica móvil, con un motor eléctrico y manejada con pedales, y el separador intercostal a cremallera para operaciones toráxicas, conocido con el nombre de su inventor en países tan lejanos como Rusia y Japón.
Cuando se produjo la Primera Guerra Mundial, junto con su condiscípulo Pedro Chutro, ofrecieron sus servicios a Francia y se instaló como jefe en el Hospital Argentino de París. Regresó a la Argentina en 1919, afectado por una enfermedad contraída en Europa (presuntamente sífilis) que, conforme a la moral de la época, lo haría permanecer soltero el resto de su vida.
En 1929 realizó por primera vez en el país un taponamiento cardíaco: en su sala de cirugía recibe a un niño herido en el corazón por una bala y logra, taponando con pinzas y sus dedos, frenar la hemorragia y salvar la vida del paciente. Su renombre fue tal, que era común la siguiente interpelación popular, para expresar exageración: "¡Pero quién te crees que sos! ¿Finochietto?". Además de su pasión por la cirugía, estuvo vinculado al ambiente del tango, siendo amigo de Carlos Gardel. El compositor Julio de Caro le dedicó, en 1925, el tango "Buen amigo".
El 8 de marzo de 1940 realizó su última operación (le extrajo un quiste hidatídico a un indio mapuche) en otra intervención magistral, y que sólo él parecía capaz de realizar. Al poco tiempo, la enfermedad ataca su cerebro. Pierde la lucidez, y queda semi paralizado. Finochietto falleció en la ciudad de Buenos Aires el 17 de febrero de 1948 y descansa en el Cementerio de Recoleta.
El 24 de febrero de 1951 se inauguró el Hospital Finochietto, que fue construido con la herencia que dejara a través de su hermano Ricardo, quien fue su primer director. Allí fue operada EvaPerón, en noviembre de 1951 y el día 11 del mismo mes, desde su habitación del hospital, votó por primera vez gracias a la reforma constitucional de 1949. 

Por: Juan Carlos Ramirez.

sábado, 8 de marzo de 2014

José Luís Molina, Vencedor de los Imperialistas.

El general Martín Rodríguez, gobernador de la provincia de Buenos Aires, emprendió en 1821 una expedición con el propósito de avanzar la frontera. Fue Francisco Ramos Mejía, propietario de la estancia Miraflores, quien le aconsejó tratar previamente con las tribus avecindadas que obedecían a los caciques Ancafilú, Pichuiman, Antonio Grande y Landao. Rodríguez no solo desoyó el consejo sino que desconfiando del terrateniente, lo envió a prisión remitiéndolo con su familia a Buenos Aires.
El capataz de la estancia nombrada era José Luís Molina (al servicio del terrateniente desde quizás antes de 1811, en Los Tapiales). Molina escapó junto con dos peones y se refugió entre la indiada, en donde formo su familia y se impuso como caudillo, liderando las invasiones que asolaron las zonas oeste y sur de Buenos Aires.
El 4 de abril de 1821, tras retirarse Rodríguez, se puso al frente de 1.500 indios y atacó la naciente población de Dolores. A su regreso la indiada se fraccionó, entrando unos por el Salado, otros por los montes del Tordillo y Monsalvo, arrebatando ganados y todo lo que hallaban a su paso. Más de 140.000 cabezas fueron tomadas en esta barrida.
Dos meses después repitieron la incursión llegando hasta Pergamino, y en noviembre de 1825 Molina invadió la zona adyacente al Salado, capitaneando las tribus de Ancafilú y Pichuimán. Los húsares y dragones lo esperaron en el lugar denominado “Arazá” y en la refriega que se produjo, muere Ancafilú. Gracias a la rapidez de su caballo, Molina pudo salvarse pero fue acusado de traidor y de ser responsable de la muerte de su cacique, y en represalia dieron muerte a uno de los peones con los cuales huyera de la estancia Miraflores.
Molina pidió protección al comandante Juan Cornell, estacionado en Kaquel Huincul (hoy Partido de Maipú), y bajo su custodia, fue llevado al fuerte Independencia (Tandil). El presidente Rivadavia dictó el 4 de julio de 1826 un decreto, concediendo para José Luis Molina y su familia el indulto solicitado, y autorizándole a instalarse en donde fuese de su agrado.
El gobierno utilizó sus servicios nombrándolo capitán de baquianos de la división del coronel Federico Rauch, que cubría la frontera Sur de la provincia de Buenos Aires. Prestó servicios conduciendo la expedición hasta las tolderías de los que fueran sus aliados, tomando parte en la pelea y descollando por su valor. Así se rescataron más de 300 mujeres y niños, que se repartieron en la ciudad de Buenos Aires y una cantidad considerable de ganado.
Cuando se produjo la invasión imperial por la zona del Río Negro, el capitán de baquianos Molina se encontraba en Carmen de Patagones a cargo de una partida de 22 hombres. El grupo, denominado “tragas", estaba compuesto por el sargento José María Molina, los cabos José María Albarito (Albertio) y Lorenzo Gómez, los soldados Cornelio Medina, Juan Bautista Montesina, Dionisio Gómez, Juan Leguizamón, Julián Álvarez, Santiago Ventena, Miguel Rivera, Casimiro Marín (Martín), Francisco Delgado, Inocencio Peralta, Jorge Arrioca, Manuel Gamboa, Policarpo Luna, Santos Morales, Manuel Pérez, Raimundo Ramayo, Juan P. Rojas y Gregorio Ramírez (José Juan Biedma, Revista de Buenos Aires, tomo 5, 1864).
Cuando el 6 de marzo desembarcaron los brasileños en la margen sur del río Negro, Molina se incorporó con su partida a la fuerza que mandaba el subteniente Sebastián Olivera, que sumaba 114 milicianos de caballería. Mientras Olivera atacó frontalmente, Molina se corrió a sus flancos y retaguardia y puso fuego a los pajonales circundantes; esto contribuyó a que los 500 invasores se rindieran ese 7 de marzo de 1827, al mismo tiempo que los imperiales lanzaban otro ataque directamente sobre el puerto y pueblo de Patagones. El historiador José Juan Biedma (Crónica Histórica del Río Negro de Patagones /1774-1834/; Buenos Aires; 1905), lo describió como un “paisano de alta talla, de siniestro aspecto, de fisonomía sombría, de grande barba negra, con un poco de la crin de león en su melena y una mirada terrible pero encapotada”.
Sobrevino la revolución del 1º de diciembre de 1828 y Molina se alistó en las filas de Juan Manuel de Rosas. El 12 de noviembre de 1829 fue nombrado Jefe del Regimiento 7º de Milicias de Caballería de Campaña, de nueva creación, y obtuvo el 14 de diciembre del mismo año, despachos de teniente coronel de caballería con grado de coronel, siendo antes sargento mayor de la misma arma.
En los últimos días de diciembre de 1830, el coronel Molina halló su muerte en Tandil, siendo sepultado en Chascomús, el 27 de diciembre del año 1830. En la Biblioteca del Comercio del Plata, de Montevideo, dirigida por Valentín Alsina, aparece una nota sobre su muerte: "Día 30 de enero de 1830. Muere hoy, de resultas de un lento envenenamiento dispuesto por Rosas, el titulado coronel Molina, uno de sus caudillos principales en la guerra contra el general Lavalle y que tenía gran poder sobre los indios, entre los cuales, como soldado desertor, había vivido muchos años, regresando indultado en 1826".
Quizás fue sólo un bandido, se encuentran documentadas sus fechorías; quizás un traidor de los indios que lo protegieron. Pero no hay dudas de que el gaucho Molina defendió la soberanía. Probablemente represente de manera cabal al “tipo de gaucho de nuestra pampa, aprisionado bajo el uniforme militar” (Biedma;
1905).

Por Juan Carlos Ramirez.

domingo, 2 de marzo de 2014

Juana

Juana Azurduy, quien fue hija de un matrimonio de mestizos, se presume que nació en La Plata ya que allí fue bautizada en 1781. Junto a su esposo, se sumo a la Revolución de Chuquisaca que el 25 de mayo de 1809 destituyó al presidente de la Real Audiencia de Charcas, y sumados al Ejército Auxiliar del Norte combatieron a los realistas. Después de los combates de Vilcapugio y Ayohuma, el General español Goyeneche le ofrece garantías y honores, un cargo remunerado y una suma de dinero para que abandone la lucha. Juana contestará: “Qué chapetones éstos, me ofrecen mejor empleo ahora que me porto mal que antes cuando me portaba bien” y contesta: “Con mis armas haré que dejen el intento, convirtiéndolos en cenizas, y que sobre la propuesta de dinero y otros intereses, sólo deben hacerse a los infames que pelean por su esclavitud, no a los que defienden su dulce libertad como yo lo hago a sangre y fuego
Tras la derrota en la batalla de Huaqui (20 de junio de 1811), el ejército del virrey recuperó el control del Alto Perú. Las propiedades de los Padilla, las cosechas y sus ganados, fueron confiscadas y tanto Juana como sus cuatro hijos, fueron apresados. Padilla logró rescatarlos, refugiándose en las alturas de Tarabuco. En 1812 el matrimonio se puso a las órdenes del general Manuel Belgrano, nuevo jefe del Ejército Auxiliar del Norte.
En el verano de 1816 organizó la defensa de la región conocida por el nombre de Hacienda de Villar, y en un combate, ella misma arrebató la bandera realista. El 3 de marzo de 1816, Juana comandando un grupo de 200 hombres asedió a las tropas españolas en el cerro Potosí, derrotándolos el 8 de marzo. Por estas acciones que informara el Gral. Belgrano, el gobierno de Buenos Aires le otorgó el grado de Teniente Coronel de las Milicias.
Sembraba terror entre los españoles porque entraba en combate sable en mano, vistiendo una túnica escarlata con franjas y alamares de oro y un birrete con adornos de plata y plumas blancas, afirmando su condición de mestiza.
El 14 de noviembre de 1816 fue herida en la batalla de La Laguna, su marido acudió a rescatarla y en este acto fue herido de muerte. La cabeza de Padilla fue exhibida en la plaza pública durante meses, ésta se convirtió en un símbolo de la resistencia. El 15 de mayo de 1817, Juana al frente de cientos de cholos, recuperó la cabeza de su compañero. Juana perdió a cuatro de sus cinco hijos en los campos de batalla, y llegó a combatir con uno de sus bebes en brazos.
Cuando disminuyó el apoyo logístico a la guerrilla se replegó al sur y tras la muerte de Martín Miguel de Güemes, se vio reducida a la pobreza. En 1830, mientras vagaba por las selvas del Chaco argentino, escribe la siguiente carta: “A las muy honorables juntas Provinciales: Doña Juana Azurduy, coronada con el grado de Teniente Coronel por el Supremo Poder Ejecutivo Nacional, emigrada de las provincias de Charcas, me presento y digo: Que para concitar la compasión de V. H. y llamar vuestra atención sobre mi deplorable y lastimera suerte, juzgo inútil recorrer mi historia en el curso de la Revolución.(…)Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; mas el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme. Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; más el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido, el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme”.
Pasó varios años en Salta solicitando al gobierno boliviano, ya independiente, sus bienes confiscados. El mariscal Antonio José de Sucre le otorgó una pensión, que le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares. Murió indigente el día 25 de mayo de 1862 cuando estaba por cumplir 82 años, siendo enterrada en una fosa común. Paso un siglo antes de que sus restos fueran exhumados y guardados en un mausoleo que se construyó en su homenaje en la ciudad de Sucre.

Por: Juan Carlos Ramirez
Documentos tomados de los portales web:Portal de Salta y Diputados Misiones.
Libro: Las damas del Rio de la Plata, de Silvia Baya Carranza.

martes, 9 de julio de 2013

Congreso de Tucumán. Instrucciones

Instrucciones de la Junta Electoral de Buenos Aires a sus representantes en el futuro Congreso General
Aunque la Junta Electoral está bien persuadida del Patriotismo, ilustración y buenos deseos en favor de la causa pública, que caracterizan a los Diputados que ha elegido para el Congreso General, no cree, que llenaría los deberes de su encargo, ni correspondería a la confianza, que ha merecido a sus Conciudadanos, si al darles a nombre de estos los poderes, no les hiciese encargos especiales sobre aquellos puntos, que juzgan los Electores deben tener especialmente presentes, y promover con empeño los Diputados para asegurar al Pueblo sus derechos, y preparar su felicidad. Por lo mismo ha acordado darles a nombre de esta Provincia las siguientes Instrucciones.
Es el primero, y principal encargo, que hace la Junta a los diputados, que procuren por cuantos medios estén a sus alcances la indivisibilidad del Estado, y que en la Constitución se separen, y deslinden los tres Poderes Legislativo, Ejecutivo, y Judiciario con la mayor exactitud posible, y de modo que jamás se confundan las funciones y atribuciones del uno con las del otro.
2. - Que se asegure al Pueblo el ejercicio de la Soberanía, que el mismo Congreso debe reconocer en el, en todos los casos, en que racionalmente puede ejercerla por sí mismo: reservándole por consiguiente 1° el Poder judiciario, o de juzgar por Jurados, de modo que jamás pueda verificarse, que un ciudadano sea desterrado, ni molestado en su persona, o en sus bienes, sino es por juicio de sus iguales. 2° el Censorio, para ejercerlo principalmente por medio de la libertad de la prensa. 3° el derecho de representar a la autoridad pública aunque sea cualquiera particular. 4° el de resistir a cualquiera autoridad, que no se contenga dentro de los límites, que le señala la Constitución.
3. - Por cuanto el Pueblo no puede ejercer racionalmente por sí mismo el Poder de hacer Leyes, interpretarlas, suspenderlas, y revocarlas y es por lo mismo indispensable, que lo haga por medio de los Representantes, que el nombre, después de publicada la Constitución en el modo, y forma que ella lo determine, creen los Electores, que, en materia de tanta importancia, no pueden dejar de encargar, como encargan a los Diputados, que procuren se subdivida el Poder Legislativo en dos, o más Secciones distintas, independientes entre sí, y ordenadas de modo, que la mutua emulación empeñe a todas al trabajo, y por este medio se asegure el acierto en sus determinaciones.
4. - Subdividido el Poder Legislativo encarga la Junta a los Diputados, solícitos, que a la Sección más popular se le reserve la iniciativa para la imposición de contribuciones, empréstitos, y otros cualesquiera recursos, o auxilios, que necesite el Poder Ejecutivo (los que creé conveniente la Junta no se concedan, sino por el tiempo más limitado, que pueda ser) cuando sea necesario aumentar las Rentas del Estado: aunque la Sanción deba verificarse por todas las Secciones Constituyentes.
5. - Sea cual fuere la Constitución del Estado, podrán introducirse abusos en la administración pública, que necesiten reformas; y para que estas puedan verificarse en paz, creé la Junta deber encargar, como lo hace, a los Diputados procuren se sancione en la Constitución, que concluido el tiempo establecido por Ley fundamental para la duración del Poder / Ejecutivo, se dejen algunos días vacos, para que en ellos el Cuerpo Legislativo reforme lo que deba reformarse, e ínterin esto no se verifique no se proceda a la elección.
6. - Persuadiendo la razón, y habiendo acreditado en todos los tiempos la experiencia, que se administrase por muchos el Poder Ejecutivo se siguen los mayores males a un Estado, se hace particular encargo a los Diputados, se esfuercen en cuanto les sea posible en que el Poder Ejecutivo se concentre en una sola persona.
7. - Por grandes que sean los esfuerzos que hagan los Diputados de todas las Provincias Unidas y a pesar del empeño, que esperamos tomen en formar una Constitución sabia, y adaptable a nuestras circunstancias, es muy probable, que sucesivamente se vayan notando en ella defectos, que el tiempo, y la experiencia hagan conocer, y que sea necesario variar o reformar. Por lo mismo encarga la Junta Electoral a los Diputados por esta Provincia soliciten en el Congreso, que la misma / Constitución establezca un período de tiempo dentro del cual deban verificarse estas reformas, que podrían ser el de dos renovaciones totales del Cuerpo Legislativo.
Por último espera y esta bien persuadida la Junta Electoral que los Diputados por la Provincia de Buenos Aires en el Congreso General solicitarán en favor de esta todo aquello, a que la han hecho acreedora sus heroicos sacrificios por la libertad de todas las de la Unión, y que sea compatible con la felicidad, y bien general del estado. Buenos Aires 12 de Septiembre de 1815.

Sesiones  de la Junta Electoral de Buenos Aires,  Facultad de Filosofía y Letras, (1815-1820), Documentos para la Historia Argentina, Buenos Aires, 1917, T. VII, págs. 43 y sigs.

domingo, 10 de febrero de 2013

Manuel de Escalada,entre Chacabuco y Buenos Aires

El General Manuel de Escalada ingresó al ejército como Alférez de la 1ª. Compañía del 1er. Escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo, en septiembre de 1812. Nacido en Buenos Aires el 17 de junio de 1795, hijo de Antonio José de Escalada, era hermano de Remedios y de Mariano Escalada, y estudió en el Colegio de San Carlos de Buenos Aires. Su hermana Remedios se casó con el comandante del Regimiento de Granaderos a Caballo, coronel José de San Martín. Manuel fue uno de los primeros oficiales del cuerpo, al igual que su hermano. Juntos lucharon en la batalla de San Lorenzo y prestaron servicios en el Sitio de Montevideo hasta 1814.
Integró el Ejército del Norte, asistiendo a los combates de Puesto del Marqués, Venta y Media y Sipe-Sipe. Como parte del Ejército de los Andes combatió en Chacabuco, con el grado de Sargento Mayor. Tras la batalla se le ordenó notificar del éxito al Director Supremo de las Provincias Unidas, en Buenos Aires. La orden fue cumplida en tiempo record pues partió de la Cuesta de Chacabuco la misma noche del 12 de febrero de 1813 y el 14 de febrero a las tres de la tarde, desplegando una bandera prisionera española, apareció exclamando “¡Victoria!” en la plaza de Mendoza. El viaje restante hasta Buenos Aires lo realizó con la misma celeridad, y llegó a la capital a las tres de la tarde del 26 de febrero. Recorrido 310 leguas, 2329 kilómetros.
“Al recibirse la noticia de la victoria, fue un día de locura para el pueblo”, escribía Pueyrredón a San Martín. Después de la batalla de Maipú, rompió su propia marca.Manuel de Escalada, es recordado por el Arma de Comunicaciones como uno de sus arquetipos. Quedó ciego hacia 1865, y falleció el 13 de diciembre de 1871 en Buenos Aires.

Fuente:
Mitre, Bartolomé. Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana. Bs. As., Ed. Eudeba,  1968.