El ciclo de inestabilidad política
que se abre a partir del derrocamiento de Juan Domingo Perón (1955)
está signado por la alternancia de dictaduras militares (Lonardi y
Aramburu, 1955-1958; Onganía, Levingston y Lanusse, 1966-1973). Fueron
seudodemocracias, entendidas como gobiernos electos por medio de
comicios que supusieron la proscripción del peronismo y que son
derrocadas a su vez por un golpe de estado militar sin culminar su
mandato (Frondizi, 1958-1962; Illia, 1963-1966), y un gobierno interino
fuertemente tutelado por las FF.AA (Guido, 1962-1963). En este contexto,
el gobierno de Illia se caracterizó por un relativo incremento de las
libertades públicas, aunque Perón y el Partido Peronista en cuanto tal,
no fueron rehabilitados para participar en elecciones. Sin
embargo, un partido político definido como peronista ganó
las elecciones legislativas de 1965, hecho que causó malestar castrenses, y que junto a las masivas protestas sindicales
llevadas a cabo por la Central General del Trabajo y los dos primeros
brotes guerrilleros aislados y fallidos -uno rural y otro urbano -en
1963-1964, constituyeron algunos de los elementos que dieron fundamento
al golpe de estado de junio de 1966.
Tras el golpe de estado en contra del presidente constitucional A.H. Illía asumió el poder el gral. Onganía La represión y la miseria generaron creciente malestar en los sectores obreros y
populares, en tanto los estudiantes comenzaban a luchar. Durante 1968 se dieron tres luchas obreras
importantes: petroleros de YPF en Ensenada, gráficos
de Fabril Financiera en Barracas, y la de Citroën, en la ciudad
de Buenos Aires. En marzo de 1969 hubo conflictos estudiantiles
en Tucumán y Rosario en tanto las luchas obreras las encabezaron los
metalúrgicos, Luz y Fuerza, Smata, estatales y docentes. A
mediados de mayo se movilizaron los estudiantes correntinos y en la represión, el estudiante de medicina J.J. Cabral, fue
asesinado por la policía. Esto generó una movilización en
Rosario que dio origen al Rosariazo. El 16 de mayo los estudiantes
comenzaron a movilizarse y enfrentar en las calles a la policía hasta
derrotarla. El 21 de mayo se sumaron sectores del movimiento obrero, día
en que fue asesinado el metalúrgico L.Blanco.
La CGT convoco un
paro de 24 horas para el 30 de mayo pero la CGT regional de Córdoba decidió comenzar el paro el día 29. La medida tuvo un acatamiento del 98% y para el mediodía, en un área de 150 manzanas se enfrentaron con la policía levantando barricadas ayudados por vecinos. La policía mató al obrero
del Smata M. Mena y el estudiante D. Castellanos pero tuvieron que retirarse. Cuando el ejército entro en el centro de la ciudad, el movimiento ya se había replegado hacia los barrios. .
La alta participación de la población erigiendo barricadas y
enfrentando a las tropas militares fueron vistas como evidencias de la preparación de la clase trabajadora
para ir asumiendo el método de la lucha armada, una
confirmación respecto de la viabilidad de una “guerra
popular revolucionaria”.
La popular consigna de "Luche y vuelve", comenzaba a ser una realidad. Pintadas sobre muros con cualquier tipo de material, aparecía la "v" encerrando una "P"; desprolijas, pintadas por no profesionales pero con un claro mensaje. Casi una revancha era la de, en un principio, utilizar el "Cristo vence" que pintaban ("V" encerrando una "C") y a la "C" le agregaban una patita conformando una "P". Así de rudimentaria, simple e ingeniosa, era la propaganda en las calles desafiando las prohibiciones.
El gobierno
de Onganía nunca se pudo recuperar de aquel golpe. El clima social precipito el
lanzamiento de organizaciones armadas revolucionarias
durante 1970 (ERP, FAR y Montoneros) y el incremento de sus operaciones. Estos fenómenos provocaron dos renuncias, la de Onganía y la de su sucesor, el Gral.de Brigada
Roberto Marcelo Levingston, y la asunción del Comandante en Jefe de las FF.AA, el Teniente General
Alejandro Agustín Lanusse, el 26 de marzo de 1971.
El nuevo dictador
intentó contener la conflictividad social,
desarticular las organizaciones armadas y encaminar la institucionalización política del país mediante un Gran Acuerdo Nacional (GAN), con el objetivo de sentar las
bases para un proceso electoral que integrara al
peronismo y que fuese aceptable para las FF.AA.
La apertura fue entendida por el Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT) como clara maniobra del
régimen para aplacar protestas y radicalización
política por medio de la reincorporación de Perón, quien constituyó el Frente Cívico de
Liberación Nacional (FRECILINA), reuniendo a todos los partidos reformistas para
competir electoralmente.
Durante el gobierno del gral. Lanusse, las 3 principales
organizaciones armadas revolucionarias eran: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas
Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros (M). Tanto Montoneros como FAR se habían
constituido como organizaciones político-militares, dándose a conocer
públicamente en 1970 y se reivindicaban peronistas, aunque las segundas
partiendo de su original filiación marxista tuvieron un proceso de
“peronización” que las llevó a asumir en 1971 el peronismo como su
identidad política. El ERP, en cambio, data de 1968 aunque su primera
acción pública también fue en 1970 y era el brazo armado del Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT), organización marxista que se
había creado al confluir en 1965 la agrupación trotskista Palabra Obrera
y el Frente Revolucionario Indoamericanista Popular. Además de esas organizaciones, apareció el Frente Argentino de Liberación
(FAL), Descamisados y la Guerrilla del
Ejército Libertador (GEL), que
surgieron públicamente en 1970.
FAR y Montoneros
consideraban al FRECILINA como táctica de Perón destinada a
neutralizar los intentos del partido militar en connivencia con sectores integracionistas del peronismo para que
al mismo tiempo, se formara un bloque de oposición a la dictadura lo
más amplio posible permitiendo el crecimiento de los sectores
revolucionarios en su seno y viabilizar un
proceso de liberación nacional y social que llevara al socialismo.
Si bien FAR y Montoneros sostenían posicionamiento
similares respecto del GAN y al FRECILINA, Montoneros sostenían que la idea de fuga del penal de Rawson, podría minar las
bases del proceso de institucionalización truncando la posible salida
democrática, mientras que la FAR creía que el aumento del accionar armado de
la guerrilla aseguraba el camino sin condicionamientos.
El
gobierno, en tanto, fracasaba en sus intentos de negociar con Perón y
que este, condenara el accionar de las organizaciones armadas
peronistas, que
basaban su legitimidad en función de la proscripción y el exilio
forzado de su líder. El apoyo a las
organizaciones armadas peronistas por parte del líder fue dado a conocer
públicamente en el mensaje a la juventud otorgándoles el carácter de “formaciones especiales” del movimiento
[“Mensaje de Perón a los compañeros de la Juventud"] en una entrevista otorgada en 1971. Perón reafirmó dicho accionar como un
mecanismo de presión sobre el gobierno respecto a la realización de
comicios limpios y abiertos que permitiese una victoria
justicialista y evite la guerra revolucionaria como
medio de acceso al poder.
El gobierno militar estableció como
límite el 25 de agosto de 1972 para estar radicado en el país o no
desempeñar ningún cargo ejecutivo o ministerial en cualquier nivel de la
administración pública como exigencia para poder ser candidato en las
elecciones, lo que suponía la exclusión en los futuros comicios tanto de
Perón como de Lanusse.
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