lunes, 26 de agosto de 2024

Del "Luche y vuelve" al Perón vuelve

 El ciclo de inestabilidad política que se abre a partir del derrocamiento de Juan Domingo Perón (1955) está signado por la alternancia de dictaduras militares (Lonardi y Aramburu, 1955-1958; Onganía, Levingston y Lanusse, 1966-1973). Fueron seudodemocracias, entendidas como gobiernos electos por medio de comicios que supusieron la proscripción del peronismo y que son derrocadas a su vez por un golpe de estado militar sin culminar su mandato (Frondizi, 1958-1962; Illia, 1963-1966), y un gobierno interino fuertemente tutelado por las FF.AA (Guido, 1962-1963). En este contexto, el gobierno de Illia se caracterizó por un relativo incremento de las libertades públicas, aunque Perón y el Partido Peronista en cuanto tal, no fueron rehabilitados para participar en elecciones. Sin embargo, un partido político definido como peronista ganó las elecciones legislativas de 1965, hecho que causó malestar castrenses, y que junto a las masivas protestas sindicales llevadas a cabo por la Central General del Trabajo y los dos primeros brotes guerrilleros aislados y fallidos -uno rural y otro urbano -en 1963-1964, constituyeron algunos de los elementos que dieron fundamento al golpe de estado de junio de 1966. 
   Tras el golpe de estado en contra del presidente constitucional A.H. Illía asumió el poder el gral. Onganía  La represión y la miseria generaron creciente malestar en los sectores obreros y populares, en tanto los estudiantes comenzaban a luchar. Durante 1968 se dieron tres luchas obreras importantes: petroleros de YPF en Ensenada, gráficos de Fabril Financiera en Barracas, y la de Citroën, en la ciudad de Buenos Aires. En marzo de 1969 hubo conflictos estudiantiles en Tucumán y Rosario en tanto las luchas obreras las encabezaron los metalúrgicos, Luz y Fuerza, Smata, estatales y docentes. A mediados de mayo se movilizaron los estudiantes correntinos y en la represión, el estudiante de medicina J.J. Cabral, fue asesinado por la policía. Esto generó una movilización en Rosario que dio origen al Rosariazo. El 16 de mayo los estudiantes comenzaron a movilizarse y enfrentar en las calles a la policía hasta derrotarla. El 21 de mayo se sumaron sectores del movimiento obrero, día en que fue asesinado el metalúrgico L.Blanco.
  La CGT convoco un paro de 24 horas para el 30 de mayo pero la CGT regional de Córdoba decidió comenzar el paro el día 29. La medida tuvo un acatamiento del 98% y para el mediodía, en un área de 150 manzanas se enfrentaron con la policía levantando barricadas ayudados por vecinos. La policía mató al obrero del Smata M. Mena y el estudiante D. Castellanos pero tuvieron que retirarse. Cuando el ejército entro en el centro de la ciudad, el movimiento ya se había replegado hacia los barrios. .
  La alta participación de la población erigiendo barricadas y enfrentando a las tropas militares fueron vistas como evidencias de la preparación de la clase trabajadora para ir asumiendo el método de la lucha armada, una confirmación respecto de la viabilidad de una “guerra popular revolucionaria”.
  La popular consigna de "Luche y vuelve", comenzaba a ser una realidad. Pintadas sobre muros con cualquier tipo de material, aparecía la "v" encerrando una "P"; desprolijas, pintadas por no profesionales pero con un claro mensaje. Casi una revancha era la de, en un principio, utilizar el "Cristo vence" que pintaban ("V" encerrando una "C") y a la "C" le agregaban una patita conformando una "P". Así de rudimentaria, simple e ingeniosa, era la propaganda en las calles desafiando las prohibiciones.
  El gobierno de Onganía nunca se pudo recuperar de aquel golpe. El clima social precipito el lanzamiento de organizaciones armadas revolucionarias durante 1970 (ERP, FAR y Montoneros) y el incremento de sus operaciones. Estos fenómenos provocaron dos renuncias, la de Onganía y la de su sucesor, el Gral.de Brigada Roberto Marcelo Levingston,  y la asunción del Comandante en Jefe de las FF.AA, el Teniente General Alejandro Agustín Lanusse, el 26 de marzo de 1971. 
 El nuevo dictador intentó contener la conflictividad social, desarticular las organizaciones armadas y encaminar la institucionalización política del país mediante un Gran Acuerdo Nacional (GAN), con el objetivo de sentar las bases para un proceso electoral que integrara al peronismo y que fuese aceptable para las FF.AA.
  Durante el gobierno del gral. Lanusse, las 3 principales organizaciones armadas revolucionarias eran: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros (M). Tanto Montoneros como FAR se habían constituido como organizaciones político-militares, dándose a conocer públicamente en 1970 y se reivindicaban peronistas, aunque las segundas partiendo de su original filiación marxista tuvieron un proceso de “peronización” que las llevó a asumir en 1971 el peronismo como su identidad política. El ERP, en cambio, data de 1968 aunque su primera acción pública también fue en 1970 y era el brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), organización marxista que se había creado al confluir en 1965 la agrupación trotskista Palabra Obrera y el Frente Revolucionario Indoamericanista Popular. Además de esas organizaciones, apareció el Frente Argentino de Liberación (FAL), Descamisados y la Guerrilla del Ejército Libertador (GEL), que surgieron públicamente en 1970.
  La apertura fue entendida por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) como clara maniobra del régimen para aplacar protestas y radicalización política por medio de la reincorporación de Perón, quien constituyó el Frente Cívico de Liberación Nacional (FRECILINA), reuniendo a todos los partidos reformistas para competir electoralmente.
 FAR y Montoneros consideraban al FRECILINA como táctica de Perón destinada a neutralizar los intentos del partido militar en connivencia con sectores integracionistas del peronismo para que al mismo tiempo, se formara un bloque de oposición a la dictadura lo más amplio posible permitiendo el crecimiento de los sectores revolucionarios en su seno y viabilizar un proceso de liberación nacional y social que llevara al socialismo.
 Si bien FAR y Montoneros sostenían posicionamiento similares respecto del GAN y al FRECILINA, Montoneros sostenían que la idea de fuga del penal de Rawson, podría minar las bases del proceso de institucionalización truncando la posible salida democrática, mientras que la FAR creía que el aumento del accionar armado de la guerrilla aseguraba el camino sin condicionamientos.
 El gobierno, en tanto, fracasaba en sus intentos de negociar con Perón y que este, condenara el accionar de las organizaciones armadas peronistas, que basaban su legitimidad en función de la proscripción y el exilio forzado de su líder. El apoyo a las organizaciones armadas peronistas por parte del líder fue dado a conocer públicamente en el mensaje a la juventud otorgándoles el carácter de “formaciones especiales” del movimiento [“Mensaje de Perón a los compañeros de la Juventud"] en una entrevista otorgada en 1971. Perón reafirmó dicho accionar como un mecanismo de presión sobre el gobierno respecto a la realización de comicios limpios y abiertos que permitiese una victoria justicialista y evite la guerra revolucionaria como medio de acceso al poder.
 El gobierno militar estableció como límite el 25 de agosto de 1972 para estar radicado en el país o no desempeñar ningún cargo ejecutivo o ministerial en cualquier nivel de la administración pública como exigencia para poder ser candidato en las elecciones, lo que suponía la exclusión en los futuros comicios tanto de Perón como de Lanusse.

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