jueves, 21 de abril de 2022

Batalla de Riobamba

Juan Galo Lavalle nació en Buenos Aires el 17 de octubre de 1797. Desde los 14 empezó su lucha como héroe de las independencias de Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Uruguay. Sus biógrafos dicen que fue un “militar mítico, de valentía sin igual, y un político torpe…”. Cuando Juan Galo Lavalle combatió en la Batalla de Tapi, en Riobamba, tenía 25 años.
La batalla de Riobamba se libra en Ecuador el 21 de abril de 1822 y prepara condiciones para la victoria en Pichincha. El día se había presentado lluvioso y el barro, dificultaba el desplazamiento militar. Los granaderos de San Martín se habían incorporado al ejército dirigido por el mariscal Antonio Sucre, quien le había ordenado que inspeccionara el terreno para obtener datos para el combate. Lavalle avanzó con sus hombres, 96 jinetes, cuando sorpresivamente topo con 3 batallones españoles que lo triplicaban en todo: 400 realistas a cargo del Coronel Juan Carlos Tolrá. Lo prudente hubiera sido retroceder, pero Lavalle no lo era (ni lo fue nunca).

Los españoles se encontraron con que un grupo de hombres avanzaba sobre ellos al grito de “¡a degüello!”, y habrá sido tal el arrojo de esos jinetes que, tras breve resistencia, retrocedieron siendo perseguidos hasta que Lavalle ordenó detenerse al llegar al lugar en donde se apostaba la infantería española. Es conocido localmente como el más brillante combate de caballería en las Guerra de Independencia Hispanoamericana

Repuestos de la sorpresa, la caballería y la infantería española se lanzaron en la persecución de los granaderos que regresaban a su base trotando y se produjo un segundo encuentro, en el que otra vez los españoles fueron derrotados. El informe de Lavalle describe el momento en que retrocede después de la primera carga y cómo luego observa. Sabe que la caballería española viene al galope, que son expertos, muchos y bien armados, pero... “el coraje brillaba en el semblante de los bravos granaderos y era preciso ser insensible a la gloria para no haber dado una segunda carga”, ataque que contó con el auxilio de los Dragones de Colombia, quienes estando a las órdenes de Sucre se involucraron en el combate. Es decir, la batalla de Riobamba se libró en dos tiempos y en ambos los granaderos salieron airosos. Los españoles dejaron alrededor de cincuenta muertos y un número similar de heridos, mientras que los criollos sólo tuvieron que lamentar dos bajas.

Diez años antes, con sólo quince años de edad, Lavalle había ingresado al cuerpo de Granaderos a Caballo creado por el entonces teniente coronel José de San Martín. Dicen que aún no le había terminado de crecer la barba y ya estaba enredado en combates y batallas. El informe que Sucre le envió a San Martín, dice: “Lo mandé a un reconocimiento a poca distancia del valle y el escuadrón se halló frente a toda la caballería enemiga y su jefe tuvo la elegante osadía de cargarlos y dispersarlos con una intrepidez de la que habrá raros ejemplos”. Concluyendo: “Su comandante ha conducido su cuerpo al combate con una moral heroica y con una serenidad admirable”.

Bolívar distinguió a Lavalle y sus hombres con el título de "Granaderos de Riobamba" en tanto San Martín le entregó un brazalete que decía: “El Perú a los vencedores de Riobamba” (el que exhibía cuando lo calificaron de “traidor a la Patria”). Lavalle se había ganado el apodo de “León de Riobamba”, una distinción que de alguna manera se hizo extensiva a los noventa y seis granaderos.

Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 19 de abril de 2022

19 de abril - Día del Indio Americano

El 19 de abril se celebra en nuestro continente el Día del Indio Americano, conmemorando el primer Congreso Indigenista Interamericano llevado a cabo en Patzcuaro (Michoacan, México), realizado entre los días 14 y 24 de abril de 1940. En el encuentro participaron delegaciones de casi todos los estados americanos (71 representantes) y más 41 líderes y lideresas referentes indígenas que con sus ponencias enriquecieron los debates. Allí se elaboró el documento Acta Final del Primer Congreso Indigenista Interamericano y se creó el Instituto Indigenista Interamericano, con el objetivo de fomentar y coordinar investigaciones y realizar recomendaciones para los Estados participantes.
El Congreso transformó la política indígena continental, porque implicó una apertura al debate y a la reflexión acerca de la diversidad de situaciones que atravesaban los pueblos indígenas americanos, abordando situaciones sociales y económicas y con el objetivo de salvaguardar y perpetuar las culturas originarias, para lo que creó el Instituto Indigenista Interamericano, dependiente de la Organización de los Estados Americanos.
Durante el siglo XIX y comienzo del siglo XX, la estrategia política de los Estados americanos con la población indígena era de exclusión en su identidad propia, tanto en términos económicos y políticos como culturales. En nuestro país el Congreso Indigenista significó una superación del paradigma icónico “Campaña del desierto”. Argentina (miembro permanente), adhirió al documento de Patzcuaro e instituyó el 19 de abril año 1945, mediante el Decreto 7550 del Poder Ejecutivo Nacional.
En Argentina, el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) implementa las políticas sociales destinadas a los pueblos originarios. Este organismo, creado por Ley 23302 (setiembre 1985), como entidad descentralizada con participación indígena (reglamentado por Decreto 155 en 02/1989), tiene como propósito asegurar el pleno ejercicio ciudadano a los integrantes de los pueblos indígenas, garantizando el cumplimiento de los derechos consagrados constitucionalmente (Art.75, Inc.17).


El censo nacional 2010 reconoce e identifican como miembros de pueblos indígenas a 955.032 personas. Durante el 2015, el Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios elaboró un mapa, donde identifican 39 pueblos indígenas, con el objetivo de mostrar la gran diversidad étnica en la actualidad territorial argentina con presencia en todas las provincias.

Juan Carlos Ramirez Leiva


lunes, 18 de abril de 2022

Fiesta de la Vendimia

Comenzando el 1600 en la zona cuyana, comenzó a cultivarse la vid para producir vino para la misa. Junto a cada capilla se dispuso un parral y un huerto. Al finalizar la cosecha y la elaboración del vino, se festejaba con baile, canto y comidas y se elegía a la más linda de las mujeres, quien era coronada con hojas de vid y racimos de uva.
Para el 1800 se llevaba a cabo en Mendoza, una celebración anual llamada «Fiesta de las chinas», donde en galpones iluminados con candiles de grasa, inmigrantes y criollos al son de polcas, cuecas y gatos, se disputaban el favor de bailar con las bellas chinas mientras bebían y honraban el vino nuevo. Las celebraciones se realizaban en torno a la bodega local y tenían una directa relación con el espacio geográfico y productivo próximo de cada zona vitivinícola.
La primera Fiesta de la Vendimia se celebró el 11 de abril de 1913, cuando Mendoza fue elegida sede del «Segundo Congreso nacional de la industria y el comercio». En ese año se realizó por primera vez una fiesta central, con desfile de vendimiadores y carrozas alegóricas, fuera del ámbito de las hileras y parrales para posteriormente, elegir una joven entre las cosechadoras, a la que coronaban con racimos de uva.
La Fiesta de la Vendimia se festeja desde el 18 de abril de 1936. El primer acto de aquella celebración vendimial se realizó en la rotonda del Parque General San Martín, se escuchó la primera canción de vendimia, y después tuvo lugar el paso de carrozas tiradas por bueyes mientras aviones de la Fuerza Aérea surcaban el aire. Por la tarde se realizó una exposición de los productos de Cuyo en las vidrieras de la Avenida San Martín y por la noche se dio paso al espectáculo artístico y la elección de la primera reina, la vendimiadora Delia Larrive Escudero. Al día siguiente tuvo lugar en el Teatro Independencia la velada de clausura, gestándose así la primera Vendimia de la historia provincial. La actual canción de vendimia, «Canto a Mendoza» (estrenada en 1946), tiene Letra de Guillermo y Horacio Pelay y la Música de Egidio Pittaluga. Hugo del Carril puso la voz en la primera grabación de la marcha, con la orquesta de Francisco Canaro y la voz del cantante de tangos Alberto Arenas.
La repetición del «Acto central» tuvo su origen en 1948, cuando se produjo una igualdad entre los votos de la que sería reina ese año. El entonces gobernador mendocino Faustino Picallo resolvió repetir el evento al día siguiente, donde la reina terminó siendo elegida por la suerte del bolillero.

La Fiesta de la Vendimia es una conjunción de música y danza que recrea una historia renovada sobre la cosecha, la tierra y la gente. La fiesta del 2022, contó con 12 cuadros, la obra Milagro del vino nuevo, con enorme despliegue artístico y técnico; 750 bailarines, 350 actores y 125 músicos desplegaron su talento en el Teatro Griego Frank Romero Day.


Juan Carlos Ramirez Leiva

domingo, 3 de abril de 2022

Malvinas. Testimonios

Desembarcamos el 2 de abril de 1982 en la bahía de Stanley, a las 6.30 AM en Malvinas, desde el buque San Antonio. Éramos 800 soldados con equipo, vehículos, medicamentos y armamento pesado. Nos desplegaron por las calles del pequeño pueblo que nos miraban con asombro, por el hecho de estar en las islas diciéndole que tomábamos posesión del territorio argentino. A todo esto, nos enterábamos que había ya primeros muertos de nuestro lado. La euforia, el miedo y un deber moral, psicológico y social, te invade dejándote en la incertidumbre del saber qué va a pasar… o esperar lo peor.

En 74 días de conflicto se vio y se pasó de todo. Nos invadía el miedo, el cansancio, el frío y la falta de estrategia y capacidad operativa nos llevó a ser inferiores al enemigo. 


Nos faltó práctica, nos manejábamos por teoría; a todo esto, se sumó la falta de alimentos, agua y todo lo necesario para soportar el frío cortante del archipiélago. Vivíamos en trincheras húmedas y racionando la comida, teníamos que derretir la nieve para tomar agua.
Muchos de nosotros éramos jóvenes sin preparación física, tampoco había táctica ni organización por falta de nuestros superiores, todo nos jugó en contra. No sabíamos qué hacer, todo se vuelve un caos y la incertidumbre te invade, haciéndote llorar por las noches por miedo, no solo a morir. Los recuerdos de los seres amados están presentes en todo momento. Madre, novia, esposa, hijos, amigos. Es otra carga mental, es como otra guerra, pero psicológica. Luchar con los pensamientos y la realidad de lo que está pasando alrededor de uno en ese momento.
Fue una guerra inútil, vidas perdidas en vano. Algo que visto desde lo lógico no lo habría intentado nadie. Nuestros gobernantes fueron ignorantes, como la mayoría de los soldados que mandaron a una guerra sucia, porque proveníamos de un gobierno de facto con un pueblo reprimido a fuerza de violencia.
Fue una guerra perdida en el mismo día en que se izó la bandera argentina en Puerto Argentino el 2 de abril de 1982.
Mucho volvieron bien, otros mal y otros, nunca llegaron. Hoy algunos tienen buenos trabajos y una vida normal, otros viven de pensiones, otros se suicidaron, otros están internados en centros psiquiátricos o psicológicos. Otros descansan con una cruz blanca en su cabecera en la fosa de algún cementerio público o privado en una tumba olvidada por la sociedad y gobernantes, que nos vieron como héroes.

Adalberto Román Santa Cruz

jueves, 31 de marzo de 2022

Dr. Raúl Ricardo Alfonsin

El 31 de marzo de 2009, fallece en Buenos Aires el que fuera el primer presidente tras la dictadura genocida. El 12 de marzo de 1927 nació en Chascomús (Buenos Aires), y llegó a ser abogado, político y activista de los derechos humanos, habiendo sido elegido concejal, diputado provincial y nacional, senador nacional y Presidente Constitucional de la Nación Argentina desde 1983 hasta 1989. Curso estudios secundarios en el Liceo Militar General San Martín, egresando con el grado de subteniente de reserva (tuvo como compañeros de clase a Leopoldo Fortunato Galtieri y Jorge Rafael Videla), recibiéndose en 1950 de abogado.

En 1954 fue elegido concejal en Chascomús, y al año siguiente fue encarcelado por la Revolución Libertadora. En 1958 fue electo diputado provincial en la Provincia de Buenos Aires y diputado nacional durante el gobierno radical de Arturo Illia entre 1963 y 1966, en el cual fue vicepresidente del Bloque de Diputados Nacionales de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). Finalmente, en 1965 fue elegido presidente del Comité Provincia de Buenos Aires de la UCRP. El 17 de noviembre de 1966 durante la dictadura militar del general Juan Carlos Onganía fue detenido por haber reabierto el Comité de la Provincia.

A partir de la dictadura militar de Onganía, comenzó a desarrollar un pensamiento socialdemócrata que impactaría en momentos en que los jóvenes consideraban la opción de sumarse a la lucha armada, lo que era rechazado por Alfonsín. El alfonsinismo apoyó la consigna “Elecciones libres y sin proscripciones”, como alternativa a “Ni golpe ni elección: revolución”. La actividad política vedada obligó a Alfonsín a expresarse como columnista del periodista Mario Monteverde, y fue articulista bajo el seudónimo de Alfonso Carrido Lura. Entre 1971 y 1972 es considerado por los jóvenes de la Junta Coordinadora Nacional y Franja Morada. En septiembre de 1972 en Rosario, se creó el Movimiento Renovador Nacional proclamándolo como precandidato presidencial en las internas de la UCR, en donde se impuso el balbinismo-unionismo, en tanto que el alfonsinismo obtuvo la minoría. En 1973, la UCR perdió ante Juan Domingo Perón y Raúl Alfonsín, diputado nacional, creó el Movimiento de Renovación y Cambio. 

El 18 de diciembre de 1975, fue una de las personalidades que fundaron la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), a cuya primera reunión asistieron el obispo de Neuquén Jaime de Nevares, el rabino Marshall Meyer, el obispo Carlos Gatinoni, la doctora Alicia Moreau de Justo, Raúl Alfonsín, Oscar Alende, Susana Pérez Gallart, Adolfo Pérez Esquivel y Alfredo Bravo. Durante la dictadura militar ofreció gratuitamente su servicio de abogado para defender opositores y presentar hábeas corpus por los detenidos-desaparecidos. Ante la Guerra de las Malvinas, fue uno de los pocos políticos que se opuso a la acción militar y exigió al gobierno militar que proveyera información verídica.
Tras el desastre de Malvinas se abrió el proceso de transición y Alfonsín fue nominado candidato a presidente. Las elecciones se realizaron el 30 de octubre de 1983 y Alfonsín triunfó obteniendo el 51,7% de los votos frente al 40,1% del peronismo. La idea original de los comandantes fue ganar tiempo para negociar con las nuevas autoridades antes de entregarles el poder, sobre todo la impunidad de los jefes militares por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante los últimos siete años. Sin embargo, los jefes de las tres armas se dieron cuenta de que era un plazo demasiado largo y aceptaron la imposición de Alfonsín de adelantar la entrega del poder. El presidente de facto Bignone no opuso reparos y promulgó el decreto-ley 22.972, estableciendo el 10 de diciembre como fecha de asunción de las autoridades democráticas. 


El presidente electo logró darle aún más significación a la ceremonia que marcaría la recuperación de la democracia fijándola para el Día Internacional de los Derechos Humanos, una fecha decidida en 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas como símbolo de un “nunca más” a las atrocidades vividas durante la Segunda Guerra Mundial. Ese 10 de diciembre, el flamante presidente decidió no hablar desde el balcón desde donde el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri arengara cuando se produjo el desembarco en Malvinas, y eligió hacerlo desde el Cabildo, donde se gestó el Primer gobierno Patria. Desde 2007 en la Argentina, además de conmemorarse el Día Internacional de los Derechos Humanos se celebra –dispuesto por Ley 26.323– el Día de la Restauración de la Democracia.

Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 30 de marzo de 2022

“¡Paz, Pan y Trabajo. ¡La dictadura abajo!”

La CGT "Brasil", encabezada por el dirigente cervecero Saúl Edolver Ubaldini, enfrentó hace 40 años con una movilización a la dictadura genocida. La CGT se encontraba dividida en dos centrales: una era la denominada "Azopardo", que tenía su sede en el histórico edificio de la central obrera ubicado sobre esa calle, y que representaba al sector "dialoguista", encabezado por Jorge Triaca (padre del ministro de trabajo de Mauricio Macri). La llamada "Brasil", era combativa y estaba liderada por Ubaldini, que contaba con el apoyo del metalúrgico Lorenzo Miguel; esta línea dispuso la organización de la protesta obrera convocada bajo el lema de "Paz, Pan y Trabajo".
En marzo de 1981, el general Roberto Viola había asumido la presidencia de facto en reemplazo de Jorge Rafael Videla, bajo cuyo mandato se concretó el mayor genocidio de nuestra historia. El nuevo dictador llegó al poder justo cuando las políticas de dólar barato, endeudamiento, ajuste y apertura económica, se encontraban agotadas. Los tiempos del "deme dos" y la plata dulce habían terminado. La crisis económica provocó el relevo de Viola por Leopoldo Fortunato Galtieri, quien tenía el apoyo del presidente estadounidense Ronald Reagan. Lorenzo Sigaut asumió la cartera de Hacienda y pronunció la famosa frase: "El que apuesta al dólar pierde".



El malestar reinante determinó la convocatoria a una movilización para el 24 de marzo, aniversario del golpe que había derrocado a María Estela Martínez “Isabel” viuda de Perón, pero para evitar una provocación, se decidió marchar el 30. No menos de 15 mil personas se congregaron en la Plaza de Mayo pese a que se prohibió la concentración Movilizaciones masivas similares tuvieron lugar en Rosario, Mar del Plata, Neuquén, Tucumán y Mendoza, donde un jubilado murió como consecuencia de una bala represiva.
Durante seis horas el pueblo enfrentó a los usurpadores del poder con el mismo método con que se enfrentara a las dictaduras anteriores: en una esquina se juntaba repentinamente un grupo grande de manifestantes, se tiraban volantes y cantaban consignas para luego desconcentrarse rápidamente cantando la Marcha Peronista. Antes de la desconcentración se citaba a otra esquina cercana y se repetía el método frustrando a los represores que apenas lograban apresar a los que se demoraban o enfrentaban a la Guardia de Infantería. Se recuerda a la reacción de los vecinos ante los apresamientos represivos: tiraban macetas desde los balcones e incluso un hombre mayor, manifestó su indignación arrojándoles un sachet de leche; la histórica jornada dejó un saldo de 2.000 detenidos.

Juan Carlos Ramirez Leiva


martes, 22 de marzo de 2022

La masacre de Pasco

El 21 de marzo de 1975 a las 21.30 hs., ocho vehículos, varios Ford Falcón (de color gris y otros negros), y algunos Torino blancos, llegaron a Donato Álvarez a metros de la Avenida Pasco (barrio San José, Temperley). Algunos llevaban balizas iguales a las utilizadas por la policía, otros traían valijas sobre el portaequipaje. Bajaron entre quince y veinte personas de civil con capuchas negras, aunque uno llevaba una máscara de carnaval y otros dos la cara 
descubierta.
Sobre
 D. Álvarez funcionaba el bar y almacén El Recreo y allí irrumpieron violentamente los encapuchados preguntando por Lencina, el mozo Luís Ortiz respondió que el concejal no estaba allí, y la reacción fue con ráfagas de ametralladoras sobre las paredes, el mostrador, la estantería y la heladera, mientras rompían mesas y sillas. Robaron relojes, dinero y objetos de valor a los presentes, y según el parte policial, se robaron un colectivo.
Héctor 
Lencina, Coca Rapari, y Alejandro, el hijo de ambos vivían en Donato Álvarez 47, justo al lado del bar. Héctor había invitado a Aníbal Benítez y a su esposa Gloria a cenar en su casa y mirar un partido de futbol. El matrimonio llevó a la bebita de ambos, recién nacida, también se encontraba Cristina Rapari en tanto Coca se encontraba ausente. La velada fue interrumpida por hombres con máscaras que se apoderaron del edil y de Aníbal Benítez, introduciéndolos en uno de los autos, mientras otros destruyeron el lugar arrojando bombas incendiarias.

La patota de la Triple A continuó hacia Pasco al 4600, domicilio de la vice presidenta del Concejo Deliberante Irma Santa Cruz en donde los parapoliciales destruyeron puertas y ventanas, se llevaron documentación y objetos de valor y capturaron a Héctor Flores, ex-secretario de Irma Santa Cruz, quien militaba en el barrio Los Pinos de Llavallol. Los terroristas continuaron a una casa ubicada entre las calles Lules y El Hornero, secuestrando a los hermanos Alfredo Díaz y Rubén Eduardo Díaz de 18 y 16 años, respectivamente; también introdujeron en los vehículos a Pedro Rubén Maguna y Germán Gómez. Los vecinos contaron que Germán gritó:” Eras vos, flaco hijo de puta…. Bajen a los pibes que no tienen nada que ver”. Aparentemente se refería a un soplón de apellido Salazar que trabajaba en la Comisaría 1era de Lanús. Los vecinos de Salazar relataron a los Díaz que cada vez que el policía se peleaba con su mujer, ella le gritaba: “Asesino, hiciste matar a los Díaz”. Se cree que Alfredo y Eduardo reconocieron a alguien, por eso los secuestraron.
Al lado de la casa de Germán vivía Rubén “Cacho” Maguna, quien probablemente fue confundido con un tal Chacho; Rubén no resistió el maltrato que ejercían sobre su esposa embarazada, reaccionó y los encapuchados se lo llevaron. A continuación, fueron a la calle Amenedo al 3900 casi esquina Santiago del Estero (barrio San José; Mármol, partido de Almirante Brown), en donde vivía Guillermo Omar Caferatta con Gladys Martínez (21 años). Omar no se encontraba porque había viajado a Australia, pero Gladys fue baleada y rematada y su cadáver fue hallado sobre la cama junto a dos artefactos explosivos que no estallaron.
La caravana llegó hasta Santiago del Estero y Sánchez, en donde los siete secuestrados fueron bajados a empujones y obligados a arrodillarse. Uno de ellos pidió que, si lo tenían que matar lo hicieran de pie, mientras otro gritó: “Viva la patria”. Los balearon y colocaron los cuerpos juntos e hicieron estallar dos granadas que al detonar hicieron volar los cuerpos, arrojando a gran distancia a varios de los cadáveres horriblemente mutilados. La carga habría sido colocada junto al cuerpo del concejal Lencina, ya que éste apareció horrorosamente mutilado. Su cuerpo, al ser proyectado hacia arriba cayó sobre un cable eléctrico provocando un corte de energía en un amplio radio del lugar.
En la intersección de las calles Sánchez y Santiago del Estero yacía uno de los cuerpos, únicamente el tronco sin extremidades; a unos 40 metros y sobre la calle Canale, otro cuerpo presentaba únicamente la parte superior del tronco a unos 25 metros yacía un cuerpo completamente destrozado y diseminados por las inmediaciones se veían restos de extremidades de los cadáveres mencionados. Los cráteres producidos por los artefactos explosivos se veían sobre la calle de tierra y según los vecinos, la onda expansiva provocó la rotura de cristales y televisores hasta diez cuadras a la redonda. Los terroristas colocaron una bandera de 2 mts. de largo por 0,65 cm. de alto, de color blanca con la siguiente inscripción: “Fuimos Montoneros, fuimos del ERP” en aerosol rojo y una estrella de seis puntas.
Esa noche, Carola, una vecina se acercó hasta la casa de Caferatta temiendo encontrar entre las víctimas a alguno de sus hermanos. La vio a Gladys sin vida, y también el cuerpo de un joven alto de pelo ondulado tirado al lado de la heladera. Nunca supo de quién se trataba, ni siquiera los diarios registraron el nombre de esa persona. Se conjetura que fue alguien que busco allí refugio, pero lo agarraron en la casa.
Alrededor de las 11 hs. del día siguiente culminó la tarea de recoger los despojos, los que fueron trasladados a la Morgue Judicial de Avellaneda. Todo el perímetro fue vallado por la policía. Aquello era una montaña de restos humanos, pedazos de ropa desperdigados. Todos los 21 de marzo, en el cementerio de Lomas se recuerda a las víctimas de la Masacre de Pasco y a los más de cuatrocientos asesinados por el Terrorismo de Estado en Lomas de Zamora.

Juan Carlos Ramirez Leiva

Fuentes:
Rodriguez Heidecker, Patricia Miriam. La masacre de Pasco
Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires
Concejo Deliberante de Lomas de Zamora
Recortes periodísticos

jueves, 16 de septiembre de 2021

La Noche de los Lápices

En una nota escrita por S. Paz, éste se preguntaba por qué seguimos manteniendo el mito apolítico sobre La Noche de los Lápices, en el que varios jóvenes perdieron la vida cruelmente por reclamar el boleto estudiantil, en lugar de plantear el motivo real del secuestro, como fue la militancia política que desarrollaban, y cómo desafiaban e incomodaban al gobierno militar.
Dada la fecha de hoy (a 45 años de los hechos),y para evitar que lo recordado se transforme en una mera efeméride, creemos tan interesante como necesario divulgar que el relato instalado a través de films y libros, fue el resultado de una investigación periodística que instaló el “mito” del medio boleto como única causa del secuestro, tortura y muerte, donde los jóvenes fueron “chupados” por un grupo comando de la Policía de Buenos Aires por el simple hecho de reclamar. La historia narrada, tal como lo cuenta S. Paz, omitió deliberadamente la militancia política de los jóvenes desaparecidos, llevándonos a la dicotomía entre que es lo que “debemos” recordar como sociedad (el deber de la memoria) y lo que “podemos” recordar (el peligro de la memoria).
La película de Héctor Olivera no miente, pero cuál es la parte que falta para que podamos construir otra aproximación a la “verdad histórica”. Cada vez que se intenta abordar La Noche de los Lápices desde la politización dejamos atrás aquella versión del pasado reciente que sostiene que la sociedad se pretendía inocente y víctima, contribuyendo a la creación de un clima favorable al golpe, avalando la llegada de Videla al gobierno. De ahí, la idea de “víctimas inocentes” en donde “inocencia fue usado como sinónimo de apoliticismo. Su antónimo, el compromiso político, fue usado como sinónimo de presunción de culpabilidad” (S. Raggio;2006); esto se refleja aún hoy, en el “algo habrán hecho”. Este modo de narrar estuvo presente en el discurso público de los organismos de derechos humanos durante la dictadura y aún después, y se cristalizó en el prólogo del Nunca Más.
Sostiene E. Hobsbawm (1998), que el historiador es un “matador de mitos”, ya que son los principales productores de la materia prima que se transforma en propaganda y mitología. Hay “otros” sobrevivientes y familiares de desaparecidos que contaron sus experiencias y sus relatos sacan a la luz los motivos que tuvo la dictadura genocida para actuar como lo hizo, con un grupo de jóvenes que, no sólo reclamaban el boleto estudiantil, sino además militaban en política.
Emilce Moler, una de las sobrevivientes, declaraba: “No creo que a mí me detuvieran por el boleto secundario, en esas marchas yo estaba en la última fila. Esa lucha fue en el año '75 y, además, no secuestraron a los miles de estudiantes que participaron en ella. Detuvieron a un grupo que militaba, de una agrupación política. Todos los chicos que están desaparecidos pertenecían a la UES, es decir que había un proyecto político”. Gustavo Calotti, sobreviviente, expresaba: “Yo siempre digo que no hubo una sino muchas, y que no fueron seis los desaparecidos sino muchos más. Y que también sobrevivimos muchos otros. La versión de la película es un recorte en el que el símbolo vació al contenido. […]. En el relato "oficial" ni siquiera están los que dirigieron las luchas por el boleto”. Jorge Falcone dijo: “Mi hermana no era una chica ingenua que peleaba por el boleto estudiantil. Ella era toda una militante convencida […]. Ni María Claudia ni yo militábamos por moda. Nuestra casa fue una escuela de lucha. […] La construcción ideológica de María Falcone y de quien les habla no fue libresca. […] Nadie nos usó ni nadie nos pagó. No fuimos perejiles como dice la película de Héctor Olivera”. Y algo más: “Cuando se dio la película, yo fui llevado en andas con Pablo Díaz, el sobreviviente, del cine al Obelisco. Allí dije que mi hermana estaba en la clandestinidad con documento trucho, que respondía a una orgánica nacional revolucionaria. Eso puso a todos nerviosos. No querían escuchar esas cosas. (…) Mi hermana no era una Caperucita Roja a la que se tragó el lobo […]. Era una militante revolucionaria” (J. Falcone, 2010).
La historia oficialmente narrada, produce empatía en los alumnos y sociedad en general. Como gran parte de la historia argentina, es un cuento donde están perfectamente identificados los buenos y los malos, y el joven enseguida se identifica con el de “la inocencia”. El problema está en cómo lograr que los que nacieron en democracia superen el cuentito y se apropien de una historia que les permita comprender cuáles fueron los verdaderos motivos que llevaron al secuestro, tortura y muerte de los jóvenes de los setenta que luchaban por una sociedad más justa y no eran sólo idealistas, sino que llevaban a la práctica su compromiso social, trabajando tanto en las villas como en los Centros de Estudiantes.
Suponiendo que fueran activos guerrilleros, “Aun cuando ellos tuvieran pruebas de que todas las personas secuestradas habían participado en actos de violencia, la falta de juicio y de la sentencia condenatoria correspondiente, impide que la República considere a estas personas como responsables de estos hechos (…) Y es por eso, señores jueces, que de acuerdo con nuestra Constitución y con nuestras leyes (…) murieron y desaparecieron inocentes cada una de las personas que fueron torturadas y asesinadas bajo el sistema de terror implantado por los acusados” (Acusación contra las fuerzas armadas argentinas en el Juicio a los comandantes por parte del fiscal Julio Strassera).

Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 1 de junio de 2021

Nuevas perspectivas en la Historia de la Revolución de Mayo II


La provisionalidad de los gobiernos centrales y la cuestión de la soberanía. En el transcurso de los 10 años que median entre la Revolución de Mayo (1810) y la caída del poder central (1820) se runieron dos asambleas con carácter constituyente (1813, 1816-1819). Sólo una de estas asambleas produjo un texto constitucional: el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sud-América en 1819 que fue rechazado por las provincias debido a su carácter centralista. Los gobiernos revolucionarios que se sucedieron en esos años se constituyeron así en soluciones provisorias destinadas a durar hasta que se reuniera la asamblea constituyente que definiría y organizaría el nuevo Estado. De modo que la organización política del conjunto de los "pueblos" rioplatenses permaneció indefinida. Esta provisionalidad conllevaba una indefinición respecto a rasgos sustanciales; a saber: el de los fundamentos nacionales de los gobiernos centrales, los límites territoriales de su autoridad o sus atribuciones soberanas. Pero hubo un instrumento preconstitucional que fijó provisoriamente las bases para la organización del nuevo Estado, el Reglamento Provisorio para la Administración y Dirección del Estado del 3 de diciembre de 1817 y que tuvo considerable trascendencia en todo el territorio. Muchas de sus disposiciones permanecieron vigentes en los pueblos luego de la caída del poder central, en la medida en que no fueron reemplazadas por leyes o textos constitucionales propios. No obstante, si este proceso pudo haber sido considerado por los gobiernos centrales y sus aliados en el Interior como una primera etapa hacia la organización de un Estado unitario, el hecho es que en distintos momentos del proceso los pueblos oscilaron entre la simple autonomía, la unión a los gobiernos centrales y las propuestas confederales de Artigas. En la historiografía argentina se solía interpretar las expresiones autonómicas de los pueblos como resistencias de los partidarios del antiguo régimen contra los partidarios de un nuevo orden encarnado en los gobiernos revolucionarios. Otra interpretación vinculó esas expresiones con los efectos sociales de la guerra de independencia: los descontentos se habrían generado en todo el territorio del ex-Virreinato por los esfuerzos financieros exigidos desde Buenos Aires. Una tercera interpretación las ubicó como tempranas manifestaciones del federalismo. Más recientemente se ha llamado la atención sobre la necesidad de no confundir unitarismo con centralismo, luego de mostrar la existencia de tendencias a la unión de los pueblos del Interior con Buenos Aires, sin embargo opuestas a una administración centralizada. Pero lo que hoy comienza a despejarse es la cuestión del carácter de esas expresiones autonómicas y de su relación con los fracasados proyectos constitucionales. Pues desde el inicio de la Revolución, lo que tejió gran parte de la trama política del período fue la coexistencia conflictiva de soberanías de ciudades con gobiernos centrales que dirigieron sus acciones tendiendo a definir una única soberanía rioplatense. Así, una de las cuestiones que hoy se plantea es la de discernir, frente a una excesiva identificación de esas expresiones con formas federales, en qué medida la emergencia de la soberanía de los pueblos durante el proceso emancipador puede ser vinculada a una tradición, la del autogobierno de los pueblos, que las reformas borbónicas no habrían podido quebrar. Otra de las cuestiones, se vincula con la necesidad de comprender mejor el alcance y significado de las expresiones de defensa de los llamados "derechos de los pueblos". Bajo la defensa de esos derechos pudo caber tanto una declaración de independencia provisional del gobierno central en un momento de crisis como una manifestación de unión con Buenos Aires. Representación política La cuestión de la soberanía se vinculó asimismo con otro rasgo sustancial de la vida política de los meses posteriores a la Revolución: las prácticas representativas inauguradas por el nuevo poder. Por primera vez los habitantes del Río de la Plata empezaron a ser periódicamente convocados para elegir juntas gubernativas, diputados constituyentes, gobernadores y miembros de cabildos. Surgió así un espacio de actividad propiamente política, inexistente en la sociedad colonial, donde la política no aparecía como actividad diferenciada de la sociedad. Sin embargo, las nuevas formas representativas comenzaron rigiéndose por aquellas desarrolladas en España en ocasión de la convocatoria a diputados para las Cortes españolas de 1809. Durante la primera década revolucionaria todo el sistema de representación se encontraba así regido por la ciudad, y dentro de ésta limitado a la porción de habitantes que eran considerados vecinos según la tradición hispánica. La definición moderna del concepto de ciudadano, como en el Estatuto de 1815 y se ajustó al principio de la soberanía popular y de la igualdad ante la ley. El Estatuto incorporó asimismo la representación de la campaña. Pero para la elección de diputados al Congreso de 1816, sólo excepcionalmente se realizaron elecciones en las campañas de las ciudades. Otro rasgo característico de este período (y de los que le seguirán hasta el acuerdo de San Nicolás de 1852) es el mandato imperativo, figura tomada del derecho privado castellano, en virtud de la cual los representantes electos eran apoderados de sus electores y debían limitar su actuación a las instrucciones que les eran dadas. De esta forma, entre 1810 y 1820, en Buenos Aires coexistieron conflictivamente el Cabildo y los gobiernos centrales, dos ámbitos políticos de distinta naturaleza por su origen y por sus funciones. Sólo a partir de 1820, cuando el nuevo Estado provincial genere dos ámbitos de poder, el gobierno provincial, con su Junta de Representantes, y el Cabildo, se producirá una superposición de jurisdicción que llevará a la supresión del Cabildo; proceso que con variantes propias se llevó también a cabo en las demás provincias. El legado de la Revolución Con los términos "barbarización del estilo político", "militarización" y "ruralización" Tulio Halperín Donghi había puesto de relieve los efectos de la Revolución y la guerra de la independencia sobre las bases sociales del poder y el equilibrio social preexistente. En el interior mismo de la elite había observado un avance de la brutalidad en aquellos que participaron de la escuela administrativa y militar del poder revolucionario. Pero el cambio más notable se vinculó al poder cada vez más amplio que la coyuntura guerrera había conferido a las autoridades locales -militares, policiales y judiciales- encargadas de canalizar los recursos humanos y económicos de las zonas rurales. Sin embargo, a pesar del ascenso político de caudillos rurales, las modificaciones en el equilibrio del poder fueron más internas que exteriores al grupo dirigente. Pues los gobiernos centrales no dejaron de aconsejar a sus delegados en el Interior, la necesidad de reducir al mínimo las tensiones sociales con el fin de mantener el equilibrio interno de los sectores altos preservando la unidad de las familias. Ahora bien, estas familias integraban sociedades locales que se incorporaron al proceso revolucionario reclamando parte de la soberanía antes depositada en el monarca. Al mismo tiempo, los gobiernos centrales y las asambleas constituyentes promovieron proyectos político-estatales de unidad mayor pero que no lograron plasmarse. De allí deriva el carácter provisional que los pueblos acordaban a los gobiernos centrales y las relaciones por momentos muy conflictivas que mantuvieron con ellos, mientras manifestaban su deseo de unión pero bajo formas que pudieron ir desde la simple alianza, la unión confederal hasta el Estado unitario. Y una prueba más de ello fue el caótico y conflictivo proceso de definición de una identidad colectiva luego de la crisis de la monárquica ibérica y del consiguiente vacío de poder en el que desembocó el Río de la Plata en 1810. La tendencia a definir una identidad política "nacional" coexistió así durante el período con otras que las precedieron: la hispanoamericana y la local. Aquí residiría entonces una de las claves más importantes para entender porqué, desaparecido el poder central en 1820, los esfuerzos de reorganización estatal se concentraron en lo que permaneció como el ámbito más real de unidad socio-política: la provincia. En suma, las nuevas miradas aquí esbozadas, pretenden alcanzar, más allá del atractivo e influjo personal de los caudillos, una mejor comprensión de procesos que bajo la denominación de ''anarquía'' o ''barbarie'' fueron olvidados o permanecieron deformados en la memoria histórica de los argentinos. Por: Goldman, Noemi Para la redacción de esta conferencia la autora utilizó parte del material publicado en: Revolución, República, Confederación (1806-1852), Tomo 3 de la Nueva Historia Argentina, Editorial Sudamericana, 1998. Fecha de aparición: junio de 1999.

miércoles, 24 de febrero de 2021

La 25 de Febrero

En el marco de la guerra con el imperio de Brasil, entre los días 8 y 9 de febrero de 1827, se llevó a cabo la Batalla de Juncal. En ese enfrentamiento, la escuadra de las Provincias Unidas del río de la Plata, comandada por Guillermo Brown venció a la tercera División Imperial en donde revistaba la 7 de Setembro, comandada por Jacinto Roque de Sena Pereira. 
Entre los buques imperiales no dañados ni capturados se encontraba la nombrada 7 de Setembro, La que remontó el río conduciendo a 351 sobrevivientes, entre oficiales y tripulantes, con la intención de rendirse a la provincia de Entre Ríos. En Gualeguaychú, su comandante Souza Aranha, arrojó sus cañones por la borda (salvo los cañones giratorios de a 24 de dos de sus goletas), tras lo cual rindió sus barcos al gobernador de Entre Ríos.
El Almirante Brown fondeó frente a la ciudad y exigió la entrega de naves y prisioneros. El gobernador entrerriano se negó a la entrega dado que el enemigo se había rendido ante la provincia, pero Brown rechazó la pretensión y tras una operación combinada por tierra y agua capturó las embarcaciones refugiadas pero no lo logró con la tripulación. 
De acuerdo a las normas, el Estado pagó 11610 pesos como compensación. De las naves incorporadas a la escuadra, la goleta 7 de Setembro fue bautizada como 25 de Febrero, fecha del ataque inicial a Colonia del Sacramento efectuado en 1826. Botada en 1825, fue desafectada en 1828. 

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva 

Fuente: Carranza, Ángel Justiniano, "Campañas Navales de la República Argentina", Talleres de Guillermo Kraft Ltda., Buenos Aires, 2º edición, 1962. 

domingo, 30 de agosto de 2020

Reforma in Constitucional de 1957


La Convención Constituyente, reunida en la Ciudad de Santa Fe, comenzó a sesionar el 30 de agosto de 1957 y se disolvió el 25 de octubre sin finalizar su agenda por falta de cuórum, debido al retiro de convencionales. ​
El 30 de octubre, el bloque UCRI presidido por Oscar Alende, impugno la validez debido al hecho de que no había sido convocada por el Congreso Nacional, tal como lo establece la Constitución. El bloque radical intransigente había discutido hasta horas antes la postura a adoptar. El presidente del partido, Arturo Frondizi, sostenía (a través de Oscar López Serrot), que había que plantear la nulidad de la Convención pero no retirarse para evitar que quedara en manos de la dictadura. Alende, por el contrario, sostenía que los convencionales de la UCRI no debían siquiera asumir sus cargos. El bloque rechazó la estrategia de Frondizi y aprobó la de Alende.
Cuando los miembros de la UCRI explicaron su postura, se produjo un escándalo con escenas de pugilato y las autoridades de la Convención no le permitieron a O. Alende explicar su punto de vista, sosteniendo que primero debían aceptar sus cargos como convencionales constituyentes, lo que de por sí significaba aceptar la validez de la Convención. Durante los hechos, el socialista Alfredo Palacios señaló con el dedo a Alende exigiéndole que "se callara la boca". Poco después, el 3 de septiembre, sucedería lo mismo con la Unión Federal Demócrata Cristiana, y finalmente sólo 125 convencionales de los 205 elegidos, se registraron en la Convención.
Expusieron las impugnaciones los convencionales del Partido Laborista (Cipriano Reyes, Ricardo Ovando y Luis V. Giacosa) y del Partido de los Trabajadores (J. Carlos Deghi). Ambos partidos negaban la legitimidad de la Convención y exigían respetar la vigencia de la Constitución de 1949. El argumento básico fue que un presidente de facto no tenía facultades para derogar una Constitución, ni para declarar la necesidad de su reforma. Giacosa dijo: quiero hacer un acto de contrición ante esta farsa. De la bancada conservadora algunos de sus representantes violaron en repetidas oportunidades el texto constitucional de 1853; y también creo que la bancada radical lo han violado repetidas veces. Juan Carlos Deghi negó que la Revolución Libertadora fuera un "gobierno revolucionario" y lo definió como "poder usurpador", exigiendo que se declarara vigente la reforma constitucional de 1949. Al ser rechazada su postura se retiró de la Convención.
La UCRP y los partidos Socialista (Alfredo Palacios, Nicolás Repeto, Américo Ghioldi, Teodoro Bronzini), Demócrata Progresista, Demócrata Cristiano y los partidos conservadores, argumentaron a favor de la legalidad de la Convención Constituyente. Entre sus argumentos Palacios recurrió al "derecho de revolución" y a la doctrina de los gobiernos de facto.
        
Después de que la UCRI se retirara y se rechazaran las impugnaciones a la Convención que exigían el reconocimiento de la Constitución de 1949, la asamblea pasó a tratar la proclama del dictador Aramburu, restableciendo el texto constitucional de 1853, con las reformas de 1860, 1866 y 1898.
La Convención Constituyente de 1957 dejó de funcionar por falta de quorum el 25 de octubre. La razón del retiro definitivo de gran cantidad de convencionales, fue evitar que la Convención fuera más allá de convalidar la vigencia del texto constitucional de 1953/60, que había dispuesto el fusilador general Aramburu.

Juan Carlos Ramirez Leiva.

jueves, 2 de julio de 2020

Día de la Agricultura Nacional


El 2 de julio celebramos el Día de la Agricultura Nacional para recordar la sanción de la Ley de Arrendamientos y Aparcerías Rurales. Esta posibilitó el acceso inmediato de 78.000 arrendatarios a la propiedad de la tierra. La expansión agropecuaria estuvo asociada a la división de grandes propiedades en pequeñas y medianas parcelas cedidas en arrendamiento. El vacío legal por entonces, se puso de manifiesto al incrementarse la resistencia de los arrendatarios a continuar soportando las condiciones de explotación de que eran objeto.
La respuesta legal comenzó a llegar con la sanción de la ley 11.170 de 1921, tras una movilización chacarera liderada por la Federación Agraria Argentina. En 1932, se amplió su alcance a las parcelas mayores de 300 hectáreas, extendiendose el plazo mínimo de arriendo a cinco años y estableciendo la obligación de formalizar los contratos ante escribano público o juez de paz de cada localidad. No obstante, la distancia entre ley y práctica se mantuvo y fue recién en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Estado debió dar respuestas procurando evitar la expulsión masiva de los arrendatarios que la reasignación de tierras a la ganadería estaba generando y asegurar la rentabilidad.
El decreto 14.001 de 1943 estableció, entre otras cosas, una rebaja del 20% para los arrendamientos respecto de los cánones vigentes al 1° de Julio de 1940, suspendió juicios de desalojo, prorrogó contratos e insistió en la obligatoriedad de celebrarlos ante escribano o juez de paz. Enfatizó la obligación del Juzgado de Paz de certificar la firma de los contratos y enviar copia al Registro de Contratos de la División de Arrendamientos y Aparcerías Rurales. Debía incluirse el nombre de los contratantes, ubicación del predio, estación de ferrocarril próximo y distancia en kilómetros a la misma, destino de la explotación discriminando porcentajes destinados a cada tipo de producción, extensión del predio en hectáreas, áreas y centiáreas, mejoras existentes y estado de conservación, precio del arrendamiento por hectáreas, forma de pago, domicilio del locador y del locatario. Fueron contempladas indemnizaciones por mejoras, realización de construcciones esenciales para vivienda del arrendatario y desempeño de las actividades productivas; dispuso la nulidad de las disposiciones que obligaban al productor a vender, asegurar, contratar maquinarias a determinada persona o sociedad, así como toda cláusula que obligara a renunciar a derechos y garantías legales. Se determinó la inembargabilidad de muebles, ropas, útiles domésticos del arrendatario, así como todo elemento necesario para continuar el ciclo productivo. Estas disposiciones, presentes desde 1921, fueron reafirmadas en cada una de las leyes siguientes. En la práctica la aplicación de estas disposiciones se tradujo en un notable incremento del número de contratos, muchos de los cuales no eran sino legalizaciones de acuerdos verbales previos con antigüedades de hasta 20 años.
Fue la ley 13.246 de 1948, la que retomó la problemática otorgándoles una estabilidad de ocho años; mantuvo la intervención del Estado en la regulación de los cánones, prohibió el subarriendo, elevó los porcentajes de indemnización por mejoras, y autorizó la creación de Cámaras Paritarias de Conciliación y Arbitraje Obligatorio. Se promovió la formación de cooperativas de producción y se promovió el fraccionamiento para la venta a los arrendatarios con una ley de expropiaciones que establecía que para que los arrendatarios pudieran acceder a la tierra era requisito tener cinco años de residencia en el predio. Los bancos de la Nación Argentina e Hipotecario financiaron hasta la totalidad las operaciones. Comenzaba a diseñarse un espacio económico y social diversificado, y más allá de la existencia y predominio de grandes propiedades rurales, había lugar para un universo de pequeños y medianos productores con margen de acción para implementar estrategias racionales, tendientes a maximizar beneficios que le permitieran incrementar su capitalización e insertarse exitosamente en el modelo económico en expansión.

Juan Carlos Ramirez Leiva

sábado, 30 de mayo de 2020

Nuestro Cabildo

El Cabildo de la ciudad de Buenos Aires  comenzó a construirse en 1725, antes de la creación del virreinato del Río de la Plata) pero, como todas las obras públicas, las realizaciones se postergaron frecuentemente por la escasez de fondos.
 El primer edificio, la torre y el campanario fueron concluidos en 1764. Mediante el aporte público, se adquirió una campana en  España, con la siguiente leyenda: "San Martín, obispo. Me hizo Juan Pérez, año 1763". 
Pasados algunos años y mediante la recaudación de una corrida de toros a tales efectos, se pudo encargar el reloj de la torre, al que un rayo en 1779, le destrozó el mecanismo y consecuentemente, sufrió un deterioro irreparable.
El Cabildo se remodeló en varias oportunidades ya que corriendo el año de 1861 se le ampliaron los ventanales y se instaló un nuevo reloj, esta vez, de manufactura inglesa. En 1880, el ingeniero francés Pierre Benoit -quien diseño la planta urbana de la ciudad de La Plata- elevó la estructura de la torre y la adornó con azulejos. En 1889 -vísperas del Centenario-, la apertura de la Avenida de Mayo obligó a cercenar un ala del edificio, y una reducción semejante, del ala opuesta, se practicó en 1931, tras decidirse la traza de la Diagonal Sud. 
Vista en 1910c.

El 30 de mayo de 1933, se dictó la Ley 11.688, decretando como Monumento Nacional al Cabildo de Buenos Aires, con motivo de esa reducción que demolió tres arcadas al abrirse la Avenida de Mayo en 1889, y la que sufriera el ala sur al trazarse la Diagonal Julio A. Roca en 1931.
La restauración del Cabildo, tal como se lo ve hoy, es obra de los arquitectos Mario Buschiazzo y Martín Noel, concluida en octubre de 1940, aunque posteriormente se realizaron varias intervenciones en los jardines, por ejemplo.
En un episodio de arreglos sobre Hipólito Yrigoyen, se cortó una saliente del travesaño principal del techo con tal suerte, que pasaba por allí un chico inquieto en rescates arqueológicos y que con el tiempo, sentará bases definitivas a las construcciones de la historia del Partido de La Matanza. El caso es que el trozo cortado de ese travesaño, unos 30 centímetros, fue rescatado por ese niño en 1940 y aún a finales de la década de 1980, podía observarselo en su casa. Don Alfonso Corzo, el protagonista de esta historia, me confió esta anécdota en una entrevista que me concediera por aquellos años.

Juan Carlos Ramirez Leiva

viernes, 10 de abril de 2020

Día del investigador y el Dr. Bernardo Houssay

En esta fecha se recuerda el nacimiento del doctor Bernardo Alberto Houssay, científico argentino cofundador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), del cual fue presidente.
Descendiente de franceses, nació en Buenos Aires en 1887 y curso estudios en el Colegio Británico. En 1900, con 13 años, se graduó de bachiller; desarrolló su vocación en la Escuela de Farmacia de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde se graduó a la edad de 17 años. En 1911 (contaba 23 Años), se recibió de médico especializándose en Fisiología con un reconocimiento académico por su tesis doctoral en la investigación sobre la glándula hipófisis. Desde 1907 hasta 1915 fue ayudante y jefe de trabajos de fisiología; catedrático de la materia en la Facultad de Veterinaria de 1910 a 1919. En 1913, es designado Jefe de Fisiología del Hospital Alvear, dirigiendo luego el Laboratorio Experimental en Fisiología y Patología (mentor y organizador del mismo), jefe de patología y fisiología del Instituto Nacional de Bacteriología, y además es nombrado Profesor en Fisiología en la Escuela Nacional de Medicina de la (UBA); miembro del Consejo Superior de la UBA, y presidente de la Academia Argentina de Medicina.
A partir de 1944 desarrolló una intensa labor de investigación en el Instituto de Biología y Medicina Experimental (que fundara con apoyos privados). Prontamente fue cogalardonado en Estocolmo con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1947 por sus aportes al conocimiento de los procesos metabólicos de los carbohidratos en el organismo humano y su relación con la hipófisis, lo que permitió avanzar en la lucha contra la diabetes. Recibió reconocimientos internacionales como el que le otorgó la Sociedad de Endocrinología (Londres, 1960); se lo incorporó como miembro de la Academia Nacional de Medicina Argentina, la Academia de Letras, la Academia de Ciencias Políticas y más de 40 membresías honorarias en las principales academias, sociedades científicas y universidades del mundo.
Investigó acerca de las funciones de las glándulas de secreción interna en la formación y utilización de las proteínas, de los hidratos de carbono y de las grasas; sobre las glándulas suprarrenales, las sustancias minerales del plasma, los venenos de las serpientes y arácnidos; la fisiología dentaria, la intoxicación cianhídrica, etc. Del instituto que fundara egresó Luis Federico Leloir, Premio Nobel en 1970. Bernardo Alberto Houssay, quien falleció en 1971, fue homenajeado por el Correo Argentino en 1998, cuando emitió una estampilla postal alusiva.
La Conferencia General de la UNESCO proclamó el 10 de abril como Día de la Ciencia y la Tecnología; y la Organización de los Estados Americanos (OEA), integró el Premio Bernardo Houssay como reconocimiento a los mejores investigadores y científicos americanos

Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 26 de febrero de 2020

Sargento Cabral

Dicen que.....
Era zambo. Hijo de una esclava negra, Carmen Robledo y un indio guaraní que había cristianizado su nombre como Francisco Cabral, apellido de su patrón. 23 años tenía aquella calurosa mañana del miércoles 3 de febrero de 1813. Dicen que no era muy buen jinete, aunque lo dudamos, porque para aquel combate, el coronel había elegido a sus mejores hombres. Analfabeto, como casi todos en aquel tiempo, seguramente su idioma materno era el guaraní.
No se sabe bien como murió. Algunos dicen que interpuso su cuerpo entre una bayoneta realista y el cuerpo de su Jefe, caído debajo del cadáver de su caballo. Otros dicen que fue bayoneteado cuando peleaba por sacar al Coronel de debajo de su bayo muerto. Y hay alguno más que dice que mientras ataba las riendas de su caballo a las riendas del caballo muerto de San Martin, para arrastrarlo, es cuando recibe dos heridas mortales de arma blanca. 
Agonizó cerca de tres horas, para morir a media mañana, finalmente sobre una de las mesas del Refectorio (comedor) de los curas del convento de San Carlos Borromeo. Sin él y su sacrificio, nada hubiera sido igual. El futuro Libertador seguramente hubiera muerto en aquel pequeño combate y el cruce de los Andes jamás habría ocurrido, y la historia del país, de la América y del mundo hubiese sido muy distinta. Aquel humilde mártir, con su inmolación, sin saberlo, ayudó a que la Nación Argentina naciera. 
Juan Bautista Cabral se llamaba aquel soldado raso que la tradición popular convirtió en sargento, porque nunca fue ascendido post mortem oficialmente, ya que no era costumbre de la época. Aquel día lejano de febrero de 1813 fue muy caluroso, lo que hizo que los cuerpos de los caídos, realistas y Granaderos, fuesen sepultados con premura. Su cuerpo fue sepultado en una tumba grupal, sin identificación. Hoy hacen 207 años de su inmolación.
En base a un posteo de Gaspar Rodenas. Ilustración de El Noke

martes, 1 de octubre de 2019

Eric Hobsbawm (1917 – 2012)

Un día como hoy fallecía Eric Hobsbawm, historiador británico nacido en la ciudad de Alejandría. Respetado en el mundo, fue autor de una veintena de libros especializados en la historia de los siglos XIX y XX. Se animó a denunciar la centralidad del capitalismo británico en la opresión planetaria.
Sostenía que el S XX fue uno de los más negros de la historia ya que las acciones humanas habrían provocado más de 200 millones de personas entre guerras, hambrunas y otras catástrofes, advirtiendo además que el S XXI tendría como característica una gran desigualdad.
Destacaba que el peronismo esta compuesto por clases obreras en ascenso mientras que el nazi-fascismo estaba compuesto por clases medias pauperizadas, reflexión que no debemos de dejar de atender teniendo en cuenta los brotes xenofóbos y el desprecio creciente al pobre envueltos en retóricas patrioteras.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 19 de febrero de 2019

La emparedada por la patria

Ya nos acercándonos al glorioso 20 de Febrero y es por ello que les ofrezco esta historia que revaloriza a una de las mujeres que participaron en dicha batalla. Sin las mujeres que lucharon en ese tiempo hoy no seriamos libres, sin ellas no existiría nuestra Nación. Por ellas tenemos Patria!!!
Hoy les voy a relatar la historia de Juana Moro quien era una delicada dama jujeña radicada en Salta y casada con el coronel Jerónimo López. Al iniciarse la guerra de la independencia adhirió fervientemente a la causa patriota. Doña Juana Gabriela Moro de Lopez comenzó a gozar de prestigio por su atrayente personalidad. Su patriotismo y su audacia se pusieron de relieve durante los días previos a la batalla de Salta, junto a otras damas se propusieron a conquistar a los oficiales realistas con el propósito de debilitar al ejército enemigo.
Su gran objetivo fue el Marqués de Yavi y otros oficiales de Pío Tristán a los que reúnen en la casa de Hernández (actual Museo de la Ciudad), y es allí donde los convence y los compromete a abandonar las filas realistas el día de la batalla y a regresar a Perú y trabajar por la causa de la emancipación. Estos viendo el fervor patriota y lo ajustado a la razón deciden y acuerdan huir durante la batalla hacia la casa de doña Juana Moro de López (actual calle España 782 cerca de la de Martín Miguel de Güemes), para unirse a la causa patriota, siendo adecuada esta por su extensión (una cuadra) y por contar con dos frentes. El 20 de febrero de 1813, durante la batalla de Salta, el marqués comandaba un ala del ejército de Pío Tristán y cumpliendo su compromiso decidió retirarse sin atacar huyendo por las lomas de Medeiros, “…el movimiento retrogrado que hizo la caballería enemiga" que relata en su parte Belgrano contribuyó en mucho al triunfo de las armas patriotas.
Pero no paro aquí su accionar patriótico, ya que fue partícipe de otras acciones que la llevarían a erigirse en uno de los enemigos principales de los españoles; fue sospechada de espía, pero su gran habilidad la llevo a no ser descubierta, porque nunca encontraron pruebas en su contra, hasta que un día fatídico su suerte se termino.
Al invadir Joaquín de la Pezuela, a cargo del ejercito del Perú, la provincia en 1814, a raíz de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, lo primero que hizo el jefe español, fue tomar prisionera a doña Juana Moro, la “codiciada presa”, para darle un escarmiento ejemplar. Fue apresada y obligada a cargar pesadas cadenas que no consiguieron que confesara o delatara a sus compañeros.
Pezuela, conociendo la actividad de Juana, resolvió castigarla con la muerte para lo cual ordenó encerrarla en su casa y tapiar TODAS las aberturas. Su vecina, aunque realista, se compadeció y efectuó un pequeño boquete en la pared y le proveyó agua y alimentos hasta que los realistas fueron expulsados, salvándola de morir de inanición. Desde ese momento le quedó el mote de la Emparedada.

Los castigos lejos de amedrentar a la patriota, la llevaron a agudizar más el ingenio, con mil recursos y mucha creatividad
Posteriormente realizó otras arriesgadas acciones, como la de ir en busca del general don Juan Antonio Álvarez de Arenales para conocer la posición de su ejército, del que llegaban noticias contradictorias, y preocupaba su no llegada a Salta, se vistió de coya y se marcho por valles y quebradas; días después se presentó en casa de Serafina de Hoyos, esposa de Arenales, para anunciarle que al día siguiente su esposo llegaría a Salta y desalojaría a la guarnición española. En esa oportunidad, la población entusiasmada paseo a Juana por las calles de Salta.
En otras ocasiones, en plenas invasiones realistas, supo bajo el disfraz de gaucho joven o bien de viajera inofensiva, cabalgar desde Salta a Oran o llegar a Jujuy su ciudad natal, ocupadas por los españoles, llevando partes y trayendo nuevas. Lo que contribuyo sin duda a las victorias de la Patria.
Ya en su vejes reaparecía cuando contaba ya con 68 años sobre sus espaldas; el 9 de julio de 1853 integró el grupo de damas salteñas que se dirigió al gobierno en una carta “lamentando la postergación a que se relega al sexo femenino al no permitírseles jurar la Constitución Nacional”. Su retrato, ya anciana, fue publicado por el doctor Bernardo Frías en la primera edición de su obra Historia del General Güemes (Tomo ll, página 607)
Doña Juana Gabriela Moro Díaz de López falleció en nuestra ciudad a los 89 años el día 17 de Diciembre de 1874 y fue enterrada en el panteón de la ciudad ( hoy actual cementerio de la Santa Cruz.) Tuvo al menos una hija, Serafina López Moro, y dos hijos, Ramón López Moro y el doctor Bernabé López (1808-1880), intendentes de Salta, ministro de gobierno de la provincia en dos oportunidades, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto en la presidencia de Justo José de Urquiza y uno de los principales gestores de la Liga del Norte contra Juan Manuel de Rosas.
Hace más de 50 años existió una iniciativa, de llevar sus restos al Panteón de las Glorias del Norte, ubicado en la Basílica Catedral de Salta, proporcionándose para ello la Junta de Estudios Históricos de Salta, en el año 1963. Nada sucedió hasta el día de Hoy.
Por:  Juan Oscar Wayar

miércoles, 13 de febrero de 2019

El holocausto del que nadie quiere hablar


Los campos de concentración de la “conquista del desierto
Los sobrevivientes de la llamada “Conquista del Desierto” holocausto argentino fueron “civilizadamente” trasladados, caminando encadenados 1.400 kilómetros, desde los confines cordilleranos hacia los puertos atlánticos.A mitad de camino se montó un enorme campo de concentración en las cercanías de Valcheta, en Río Negro. El colono Galés John Daniel Evans recordaba así aquel siniestro lugar: “En esa reducción creo que se encontraba la mayoría de los indios de la Patagonia. (…) Estaban cercados por alambre tejido de gran altura; en ese patio los indios deambulaban, trataban de reconocernos; ellos sabían que éramos galeses del Valle del Chubut. Algunos aferrados del alambre con sus grandes manos huesudas y resecas por el viento, intentaban hacerse entender hablando un poco de castellano y un poco de galés: ‘poco bara chiñor, poco bara chiñor’ (un poco de pan señor)”.1
La historia oral, la que sobrevive a todas las inquisiciones, incluyendo a la autodenominada “historia oficial” recuerda en su lenguaje: “La forma que lo arriaban…uno si se cansaba por ahí, de a pie todo, se cansaba lo sacaban el sable lo cortaban en lo garrone. La gente que se cansaba y…iba de a pie. Ahí quedaba nomá, vivo, desgarronado, cortado. Y eso claro… muy triste, muy largo tamién… Hay que tener corazón porque… casi prefiero no contarlo porque é muy triste. Muy triste esto, dotor, Yo me recuerdo bien por lo que contaba mi pobre viejo paz descanse. Mi papa; en la forma que ellos trataban. Dice que un primo d’él cansó, no pudo caminar más, y entonces agarraron lo estiraron las dos pierna y uno lo capó igual que un animal. Y todo eso… a mí me… casi no tengo coraje de contarla. Es historia… es una cosa muy vieja, nadie la va a contar tampoco, ¿no?...único yo que voy quedando… conocé… Dios grande será… porque yo escuché hablar mi pagre, comersar…porque mi pagre anduvo mucho… (…)”. 2
De allí partían los sobrevivientes hacia el puerto de Buenos Aires en una larga y penosa travesía, cargada de horror para personas que desconocían el mar, el barco y los mareos. Los niños se aferraban a sus madres, que no tenían explicaciones para darles ante tanta barbarie.
Un grupo selecto de hombres, mujeres y niños prisioneros fue obligado a desfilar encadenado por las calles de Buenos Aires rumbo al puerto. Para evitar el escarnio, un grupo de militantes anarquistas irrumpió en el desfile al grito de “dignos”, “los bárbaros son los que les pusieron cadenas”, en un emocionado aplauso a los prisioneros que logró opacar el clima festivo y “patriótico” que se le quería imponer a aquel siniestro y vergonzoso “desfile de la victoria”.
Desde el puerto los vencidos fueron trasladados al campo de concentración montado en la isla Martín García. Desde allí fueron embarcados nuevamente y “depositados” en el Hotel de Inmigrantes, donde la clase dirigente de la época se dispuso a repartirse el botín, según lo cuenta el diario El Nacional que titulaba “Entrega de indios”: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia”.3
Se había tornado un paseo “francamente divertido” para las damas de la “alta sociedad”, voluntaria y eternamente desocupadas, darse una vueltita los miércoles y los viernes por el Hotel a buscar niños para regalar y mucamas, cocineras y todo tipo de servidumbre para explotar.
En otro articulo, el mismo diario El Nacional describía así la barbarie de las “damas” de “beneficencia”, encargadas de beneficiarse con el reparto de seres humanos como sirvientes, quitándoles sus hijos a las madres y destrozando familias: “La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra su seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruza por delante para defender a su familia”.
Los promotores de la civilización, la tradición, la familia y la propiedad, habiendo despojado a estas gentes de su tradición y sus propiedades, ahora iban por sus familias. A los hombres se los mandaba al norte como mano de obra esclava para trabajar en los obrajes madereros o azucareros.
Dice el Padre Birot, cura de Martín García: “El indio siente muchísimo cuando lo separan de sus hijos, de su mujer; porque en la pampa todos los sentimientos de su corazón están concentrados en la vida de familia”.4
Se habían cumplido los objetivos militares, había llegado el momento de la repartija del patrimonio nacional.
La ley de remate público del 3 de diciembre de 1882 otorgó 5.473.033 de hectáreas a los especuladores. Otra ley, la 1552 llamada con el irónico nombre de “derechos posesorios”, adjudicó 820.305 hectáreas a 150 propietarios. La ley de “premios militares” del 5 de septiembre de 1885, entregó a 541 oficiales superiores del Ejército Argentino 4.679.510 hectáreas en las actuales provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut y Tierra del Fuego. La cereza de la torta llegó en 1887: una ley especial del Congreso de la Nación premió al general Roca con otras 15.000 hectáreas.
Si hacemos números, tendremos este balance: La llamada “conquista del desierto” sirvió para que entre 1876 y 1903, es decir, en 27 años, el Estado regalase o vendiese por moneditas 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes vinculados estrechamente por lazos económicos y/o familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período.
Desde luego, los que pusieron el cuerpo, los soldados, no obtuvieron nada en el reparto. Como se lamentaba uno de ellos, “¡Pobres y buenos milicos! Habían conquistado veinte mil leguas de territorio, y más tarde, cuando esa inmensa riqueza hubo pasado a manos del especulador que la adquirió sin mayor esfuerzo ni trabajo, muchos de ellos no hallaron –siquiera en el estercolero del hospital– rincón mezquino en que exhalar el último aliento de una vida de heroísmo, de abnegación y de verdadero patriotismo”.5
Los verdaderos dueños de aquellas tierras, de las que fueron salvajemente despojados, recibieron a modo de limosna lo siguiente: Namuncurá y su gente, 6 leguas de tierra. Los caciques Pichihuinca y Trapailaf, 6 leguas. Sayhueque, 12 leguas. En total, 24 leguas de tierra en zonas estériles y aisladas.
Ya nada sería como antes en los territorios “conquistados”; no había que dejar rastros de la presencia de los “salvajes”. Como recuerda Osvaldo Bayer, “Los nombres poéticos que los habitantes originarios pusieron a montañas, lagos y valles fueron cambiados por nombres de generales y de burócratas del gobierno de Buenos Aires. Uno de los lagos más hermosos de la Patagonia, que llevaba el nombre en tehuelche de “el ojo de Dios”, fue reemplazado por el Gutiérrez, un burócrata del ministerio del Interior que pagaba los sueldos a los militares. Y en Tierra del Fuego, el lago llamado “Descanso del horizonte” pasó a llamarse “Monseñor Fagnano”, en honor del cura que acompañó a las tropas con la cruz” 6.


Referencias:
1 Walter Delrio, “Sabina llorar cuando contaban. Campos de concentración y torturas en la Patagonia”, ponencia presentada en la Jornada: “Políticas genocidas del Estado argentinos: Campaña del Desierto y Guerra de la Triple Alianza”, Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Poder Autónomo, Bs As, 9/05/2005.
 2 Testimonio recogido en Perea Enrique: “Y Félix Manuel dijo”, Fundación Ameghino, Viedma, 1989.
3 El Nacional, Buenos Aires, 31 de diciembre de 1878.
4 Álvaro Yunque, Historia de los argentinos, Buenos Aires, Anfora, 1968.
5 Manuel Prado, La guerra al malón, Buenos Aires, Eudeba, 1966.
6 Osvaldo Bayer, “Rebelde amanecer”, Buenos Aires, Página/12, 8 de noviembre de 2003.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar