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viernes, 26 de junio de 2026

Militares y Cultura

  La democratización del conocimiento fue considerada tan peligrosa como la existencias de individuos cuestionadores, portadores de cultura, por la dictadura, cívico, militar, religiosa genocida. Se elimino a 30.000 personas pero no se descuido al peligro que representaban los libros. Y estos fueron quemados, 24 toneladas de cultura.


  Los libros incinerados eran del Centro Editor de América Latina,  editora de libros fundada y dirigida por Boris Spivacow, matemático de 65 años, hijo de inmigrantes rusos. Entre 1958 y 1966 fue gerente general de Eudeba (Editorial de la Universidad de Buenos Aires) y la había hecho trascender por sus económicos costos y cuidadas colecciones. En la triste Noche de los bastones largos,  junto a muchos profesores e investigadores, Spivacow fue "renunciado" en Eudeba y en la universidad.
 
Aprovecho su experiencia y fundo Centro Editor de América Latina,  formadora de ciudadanía y fuente consultada en todas las disciplinas. Los militares lo había marcado y el 26 de junio del ’80, llegaron soldados que comenzaron a cargar libros, 24 toneladas, desde el depósito del CEAL hasta un baldío a pocas cuadras. Luego de apilarlos, un oficial genocida de ideas, dio la orden de: "¡Fuego!"
  Fue un 26 de junio de 1980.
 

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

jueves, 19 de junio de 2025

La masacre de Ezeiza en primera persona

 La mañana del miércoles 20 de junio de 1973 se presentaba apacible, y mientras caminábamos con mi viejo, con mi padre, hacia la estación de Ezeiza, conversábamos. Los temas fueron variados, y salpicados con trivialidades como que no hacía frío, que iba a ser un hermoso día o sobre la conveniencia de ir por la ruta 205 y no cortar camino.
Cuando estábamos próximos a la ruta, nos sorprendió la multitud que ordenadamente marchaba camino a la barrera hacia el aeropuerto. Junto con otros conocidos con los que nos fuimos encontrando en el camino, nos integramos a un grupo bullanguero que entonaba cánticos apropiados para la fecha. Los mayores tenían la lógica ansiedad de ver regresar a su líder tras 18 años de exilio; los que éramos chicos por entonces, y los que habían nacido después del 55, lo hacíamos para conocer a aquel por quien se había militado.
Al llegar a la barrera mencionada y comenzar a andar camino al puente El Trébol, encontramos las diferentes columnas que venían desde Monte Grande y a los que venían desde San Vicente; entre todos, conformamos la Columna Sur. Entre las organizaciones, caminábamos quienes íbamos por nuestra propia cuenta. Muchos como yo estábamos felices, porque además del significado político, había uno aún más importante: la integración entre distintas generaciones y, en mi caso, compartir con mi viejo este reencuentro entre el líder y su gente.
Llegamos a la altura del puesto policial que luego fuera conocido como el centro de detención clandestina “La 205”, cuando ya era de día. Había allí mucha gente, y pensábamos que era lógico, porque estábamos a menos de mil metros del palco desde donde el general Perón nos hablaría.
Con mi padre nos fuimos adelantando entre la gente (siendo solo dos, fue muy fácil), y a la altura del Hogar Escuela tuvimos que sortear automóviles dispuestos de tal forma que impedían llegar a la columna que entraba por el sur. No nos llamó la atención ver un grupo armado en la curva que llevaba al cruce para el bosque. Tenían un brazalete verde; las distintas agrupaciones se distinguían por el color e inscripciones que llevaban.
Tomamos ubicación en la rotonda que permite a los automóviles que vienen del aeropuerto subir al puente camino al bosque (por supuesto, no había tránsito ese día). Obviamente no estábamos solos, pese a que era temprano; el general llegaría a las 16 horas. Distintos pequeños grupos estaban diseminados por todo el césped, desde el cordón instalado para delimitar el área hasta donde podíamos acercarnos al puente. Tras esa precaria marca, circulaban custodios con armas largas. A nuestras espaldas quedaba el acceso a la Autopista Ricchieri desde la ruta 205 y el bosquecillo del Hogar Escuela. Al frente, y cruzando la autopista, grupos con banderas y pancartas; y mirando al norte, densas columnas hasta donde la vista nos permitía avizorar.
El palco estaba ubicado sobre el puente, con frente hacia el norte, por lo que la parte posterior daba al acceso al aeropuerto, ubicado a 3 kilómetros de allí. Como fondo tenía gigantografías con la figura del General y de Evita; con una imagen más chica también aparecía Isabel. Para proteger a Perón, se había instalado una pared de cristal antibala, y por el puente-palco circulaban personas que a veces hacían gala de sus armas largas.
Se habían escuchado algunos tiros, pero recién nos alarmamos cuando se transformaron en un tiroteo y un correr de personas sobre el palco apuntando hacia los pinos ubicados detrás nuestro, en el campo del Hogar Escuela. Pronto las balas comenzaron a silbar cerca de donde estábamos, y desde el palco les respondieron. Cesaron los disparos. Y recién eran las doce del mediodía.
Más tarde, ya en casa, me enteré por boca de mi tío —quien había venido en bicicleta desde Longchamps— que él se ubicó cerca del Hogar Escuela, bajo la sombra de los árboles y cerca de la columna de Lisiados Peronistas, quienes estaban emponchados en sus sillas de ruedas, acompañados por quienes los ayudaban. Mi tío repartió entre ellos unas mandarinas que había recolectado en su paso por mi casa antes de ir hacia donde todos esperábamos a Perón, y esto quizás lo salvó. El caso es que, cuando fue evidente para él que no querían que los que venían desde el sur se acercaran al palco, escuchó que los lisiados le dijeran “agachate, viejito” y se produjo —me relató— un milagro: los lisiados se levantaron de sus sillas de ruedas a la vez que sacaban armas que tenían bajo los ponchos que los cubrían y comenzaron a tirar. De la columna que había arribado desde la ruta 205 —la Columna Sur— se movilizaron Montoneros, otros identificados como de la JP, y algunos militantes que no pertenecían a ninguna agrupación, solo eran peronistas. Intentaron llegar al puente, pero los identificados con el brazalete verde que custodiaban les empezaron a disparar, y en ese momento intervinieron los Lisiados, según me relatara mi tío.
La historia real —la más aproximada a ella, quizás— la supimos tiempo después. Pero el caso es que alrededor de las 14 horas comenzaron a disparar desde la izquierda del puente (visto desde el frente) hacia los árboles del Hogar Escuela, desde donde respondían con una balacera que también llegaba a los que estábamos sentados sobre el césped, próximo a la cinta asfáltica.
No sé quién tuvo la idea —posiblemente partió desde el palco—, pero todos comenzamos a cantar el Himno Nacional. Un sacerdote comenzó, en el palco, a levantar una cruz como símbolo de paz, pero cuando las balas acertaron a la cruz, el cura decidió ponerse a resguardo. Leonardo Favio, desde el puente y protegido por el vidrio antibala, pedía que cesara la balacera, pero tampoco le hicieron caso.
La inquietud fue mayor cuando vimos pasar una ambulancia con las puertas abiertas, con una enfermera (a la que reconocí por ser vecina) que temerariamente iba agarrándose del techo y casi parada sobre el paragolpes. En igual situación, sobre la derecha de esa ambulancia, iba otro, posiblemente enfermero (por su guardapolvo blanco). Con mi padre quedamos alelados al ver que iban tres hombres tirados sobre el piso y dos más arriba de ellos, que imaginábamos todos muertos, camino hacia Puente 12.
Perón debía llegar a Ezeiza a las 16 horas. Pasado ese horario anunciaron que, por los disturbios, se había decidido que no bajara en Ezeiza y que aterrizaría en Morón. Aterrizaje que se confirmó a las 17 horas aproximadamente.
Sabiendo que no vendría al encuentro con su pueblo en Ezeiza, comenzó un desbande generalizado, acompañado por un nuevo tiroteo entre los que cuidaban el palco y los que estaban en los árboles frente a la ruta, en los campos del Hogar Escuela.
El caos que se armó fue de tal magnitud que, cuando escuché silbar las balas, decidí sacar a mi padre de esa trampa que podía ser mortal, y agachados —y a veces llevándonos por delante a otros pacíficos manifestantes que también querían salvar sus vidas— escapamos a través de los zanjones hasta llegar al barrio. Allí vimos cómo intentaban guarecerse los que habían tratado de llegar al palco y los que no, que tampoco entendían el porqué de esa violencia en lo que debía ser un día de fiesta, de fiesta peronista. Comentaban que en el aeropuerto habían hecho una pila con los muertos; luego supimos que eso no sucedió, pero sí que en el Hotel Internacional torturaron a los que creían montoneros, de la Juventud Peronista, de la Tendencia, troscos, comunistas o simplemente zurdos. Nos enteramos de que el Hospital estaba tomado por gente del C. de O. (Comando de Organización, ala derecha del peronismo), y que gente afín controlaba el Hospital San José de Monte Grande.

Algunos intentaban refugiarse en la capilla del barrio, pero yo, conocedor del lugar, opté por tomar rumbo a casa, ya considerándonos a salvo de lo que no podíamos comprender. Allí nos enteramos de las aventuras de mi hermano, intentando que mi madre no se enterara de lo que circulaba entre los vecinos y de lo poco que comentaban por la radio. Él también había ido camino al Hogar Escuela en su bicicleta, pero regresó cuando los que escapaban de los tiroteos le decían que no vaya. Enterado de la gravedad, evitó que nuestra madre se enterara de lo que ya se consideraba una masacre, una emboscada tendida por la derecha sindical y los servicios de inteligencia contra los zurdos.

miércoles, 11 de junio de 2025

Ezeiza, 16 de junio de 1955 (Parte I)

   Los días previos al 16 de junio de 1955, fueron de creciente tensión a causa del enfrentamiento entre el Gobierno y la Iglesia católica, tras el arrío de la enseña patria y su reemplazo por la bandera del Vaticano en una procesión. El gobierno dispuso que el día 16, se realizara un acto de desagravio a la bandera nacional ultrajada ignorando obviamente que, el contralmirante de la Infantería de Marina Samuel Toranzo Calderón, fijaba para ese día, la fecha del golpe revolucionario.
  Toranzo Calderón, tras reunirse con los políticos opositores Miguel Ángel Zavala Ortiz (radical) y Adolfo Vicchi (conservador), acordaron reemplazar al presidente Juan Domingo Perón, tan pronto fuera muerto o depuesto. Mientras las fuerzas militares golpistas actuaban, comandos civiles tomarían las torres y antenas de Ezeiza (lo que no se llevó a cabo por la demora de las acciones previstas).
  Debido a causas meteorológicas no apropiadas, el ataque aéreo que debía efectuarse a las 10 hs. se demoró, lo que llevó a la desconcentración de otros comandos civiles que tenían objetivos previstos. A las 12.40 hs., comenzó el bombardeo a la Plaza Mayo con la suprema intención de asesinar a Perón, en tanto un comando tomaba por asalto a Radio Mitre, obligando a un locutor a leer una proclama que entre otras cosas, decía: “Argentinos, argentinos, escuchad este anuncio del cielo volcado por fin sobre la tierra argentina: El tirano ha muerto. Nuestra patria, desde hoy, es libre. Dios sea loado”.
  El dirigente socialista Víctor García Costa, quien fuera nuestro vecino, recordaba que aquel 16 de junio su madre lo despertó contándole que había sonado el teléfono y al atenderlo se encontró que estaba ligado, algo común en los teléfonos de línea, y escuchó la voz angustiada pero inconfundible del presidente Perón hablando con otro hombre.
  Perón había llegado a su despacho a las 6:20, ya advertido del complot. El general Lucero le trazó un resumen y le pidió que se instalara en el Ministerio de Ejército, lo que Perón prometió considerar. Posteriormente se reunió con el embajador de los Estados Unidos, Albert Nuffer, y pasadas las nueve, Perón se dirigió al Ministerio de Ejército, que funcionaba en el Edificio Libertador. Tras algunas reuniones prestan atención a un helicóptero que allí descendía, en el momento en que comenzaron las explosiones. Su tripulante era un piloto de la Fuerza Aérea que había huido de Ezeiza, luego de que ese lugar cayera en manos de marinos rebeldes de la base de Punta Indio, dirigidos por el capitán de fragata Jorge A. Bassi, que habían llegado en nueve aviones de carga C-47. Previamente, habían ido depositando de manera clandestina una buena cantidad de bombas en un hangar que servía de oficina y agencia para los aviones destinados a ir a la Antártida.
  A las doce, el ministro Lucero le ordenó al Regimiento de Infantería 3 “General Manuel Belgrano” de La Tablada, que acudiera con parte de sus efectivos a reforzar la seguridad de la Casa de Gobierno y destinara el grueso a marchar sobre Ezeiza para recuperar el aeropuerto copado por los golpistas.
 
 Desde las 12:05, la VII Brigada Aérea con base en Morón estaba alistada bajo las directivas Conintes (Conmoción Interna del Estado) y se puso al mando el brigadier Mario Daneri que al recibir las noticias del primer bombardeo a Plaza de Mayo ordenó el despegue de una escuadrilla con la misión de interceptar una formación de seis aviones North American navales procedentes de Punta Indio que no habían acatado la orden de aterrizar en Aeroparque, internándose en el río.

 Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

Nota: Puede leerse otra nota al respecto en
https://ezeizaysuhistoria.blogspot.com/2023/06/16-de-junio-de-1955.html

Ezeiza, 16 de junio de 1955 (Parte II)

  En la VII Brigada Aérea con base en Morón, el brigadier M. Daneri ordenó el despegue de una escuadrilla con la misión de interceptar seis aviones navales que no habían acatado la orden de aterrizar en Aeroparque, internándose en el río.

  Primero decolaron tres aviones y una cuarta máquina, al mando del teniente Ernesto Adradas, despego minutos después. Una vez que Adradas se reunió con sus compañeros, se toparon con dos aviones North American rebeldes y tras confirmar sus órdenes iniciaron el ataque los pilotos Olezza y Rosito, sin resultado.   En tercer turno lo hizo Adradas, que le acertó una decena de proyectiles al aparato rebelde que piloteaba el teniente de corbeta Arnaldo Román, quien resultó derribado sobre el río, en lo que constituyó el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea. Román se eyectó y fue rescatado —y detenido— por una lancha de la Prefectura.  
 A las 13:30, cuatro Gloster Meteor (avión caza a reacción), ametrallaron a los aviones navales rebeldes que repostaban en Ezeiza, inutilizando un Catalina (un hidroavión). La situación en Morón era tan confusa que cuando se ordenó que decolara una segunda escuadrilla, solo lo hizo un aparato al mando de su jefe, el vicecomodoro C. Síster, quien al no encontrar a su objetivo, voló hacia Ezeiza. Aun con visibilidad reducida por nubes bajas, logró dañar dos aviones civiles —de SAS (Escandinavian Airline) y de Aerolíneas Argentinas— “y un avión Beechcraft de la Escuadrilla Aeronaval de Bombardeo, “el cual quedó fuera de servicio”. 
Cuando Síster aterrizó en Morón, la base había cambiado de manos, y fue arrestado. El primer Gloster Meteor que decoló en apoyo a los marinos sublevados tuvo como orden la destrucción de las antenas de Radio Belgrano, que estaba emitiendo los comunicados del Gobierno.
 Las acciones de la aviación leal sumado al avance de las tropas del Regimiento 3 de La Tablada hacia el aeropuerto, el fracaso del intento de asesinar a Perón y de las acciones en general, hicieron que la Marina negociara los términos de la rendición

  Tras la caída de Perón en 1955 y la posterior liberalización del mercado, surgieron nuevas líneas aéreas (Austral, ALA, TABA, etc.) que optaron por el Aeroparque, lo que terminó obligando a Aerolíneas Argentinas a su mudanza en 1958. Ezeiza se transformó en un aeropuerto fantasmal considerando el tamaño de su infraestructura, con alrededor de 40 vuelos comerciales diarios, lo cual truncó todos los planes de ampliación previstos en el proyecto original. 
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

Nota 1 en:

https://ezeizaysuhistoria.blogspot.com/2025/06/ezeiza-16-de-junio-de-1955-parte-i.html

martes, 10 de junio de 2025

Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas y Sector Antártico Argentino

  El 10 de junio conmemoramos los 180 años de la firma de un histórico decreto que manifestó oficialmente, la firme e irrenunciable vocación de ejercer soberanía sobre nuestros sureños territorios insulares. Con la rubrica del gobernador Viamonte se estableció en 1829, la creación de la Comandancia Cívico Militar de las Islas Malvinas. Se nombró a don Luis Vernet como gobernador, el primer gobernador de Malvinas, con el fin de evitar la acción impune y depredadora de las naves estadounidenses e inglesas. A partir de la presencia militar, las naves que incursionaban en nuestros mares con el propósito de cazar ballenas, lobos marinos y focas, debieron registrarse y pagar un arancel a nuestro país.
   Las poderosas flotas extranjeras no perdonaron la osadía de impedir que satisfagan sus intereses económicos sin costo alguno y el resultado fue que primero fueron los estadounidenses los que bombardearon la base en Malvinas y posteriormente, Gran Bretaña decidió invadir y desalojar por la fuerza a las autoridades argentinas allí legítimamente establecidas.
  Desde aquel enero de 1833, Argentina no ha dejado de reclamar internacionalmente la usurpación. Lo ha hecho constantemente por todos los medios valederos, menos uno.
  La trágica decisión de la dictadura que se estableció en nuestro país el 24/03/1976, al declarar una guerra inconsulta envió a la muerte a cientos de jóvenes sin que los que tomaron esa absurda medida, arriesgaran minimamente sus vidas. Hoy tenemos el deber y el derecho de honrar a quienes ofrendaron sus vidas para recuperar lo que el poeta llamó: Nuestra “hermanita perdida”. Hoy, bajo un gobierno democrático, seguimos reclamando nuestros legítimos derechos con firmeza, con vocación, con respeto por quienes nos precedieron pero con respeto por la vida.
  Al conmemorar el 10 de junio como el Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas y Sector Antártico Argentino, estamos validando la memoria, expresando la misma firme decisión de todo argentino, recordando que las Islas Malvinas, son y serán argentinas.

Juan Carlos Ramirez. 

Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza


Foto: El 6 de septiembre de 1964 desde el aeródromo “Siro Comi” de Monte Grande, partía Miguel Lawier FitzGerald en un vuelo que entró a la Historia por convertirse en el primer argentino que aterrizó en nuestras Islas Malvinas. Foto de la entrevista que le realizara oportunamente la Junta de Estudios Históricos. Foto: Nelly Fiasque

 


miércoles, 16 de octubre de 2024

El "Crucero Gral. Belgrano", antes "17 de Octubre", antes "Fhoenix"

  Una ley del Congreso estadounidense autorizó la construcción del CL-46 el 13 de febrero de 1929, la Armada adjudicó el contrato para el CL-46 a la New York Shipbuilding Co. el 3 de octubre de 1934; y al día siguiente el Secretario de la Armada Claude A. Swanson eligió el nombre Phoenix para él. El Phoenix (tercer nave con ese nombre), fue botado el 15 de abril de 1935 en Camden, N.J.; y fue botado el 12 de marzo de 1938.  El nuevo crucero partió a Puerto España, Trinidad; Santos, Brasil; Buenos Aires, Argentina; Montevideo, Uruguay; y San Juan, P.R. Regresó a Filadelfia en enero de 1939. Realizó otro viaje a Chile durante el invierno en el hemisferio sur y el mal tiempo afectó la visita. En mayo de 1940, el Phoenix escapó ileso del ataque que sufriera la armada a la que pertenecía, en Pearl Harbor.
  El Phoenix fue dado de baja en el Astillero Naval de Filadelfia el 3 de julio de 1946, y el 25 de enero de 1951 fue eliminado de la Lista de Buques Navales. El Phoenix (CL-46) ganó nueve estrellas de batalla por su servicio en la Segunda Guerra Mundial.
  El barco permaneció en Filadelfia hasta que fue transferido a Argentina el 9 de abril de 1951. El 17 de octubre de 1951, en honor al Día de la Lealtad del Pueblo Argentino, fue comisionado en esa armada como 17 de Octubre (CL.4). En 1956, los argentinos la rebautizaron como General Belgrano en honor a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y González, conocido habitualmente como el general Manuel Belgrano (3 de junio de 1770-20 de junio de 1820), un patriota que estableció su Escuela de Náutica en 1799 y ayudó a los argentinos a obtener su independencia.
  En la primavera de 1982 (2-3 de abril), los argentinos invadieron las islas Malvinas (1) y las islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur, dependientes de Gran Bretaña, en el Atlántico Sur. Posteriormente, los británicos declararon una zona de exclusión marítima de 200 millas náuticas alrededor de las islas en la que podían atacar a cualquier buque de guerra argentino, y luego la elevaron a una zona de exclusión total y advirtieron que podían atacar a cualquier buque, independientemente de su bandera, que entrara en la zona. Los británicos también enviaron una fuerza de tarea para recuperar las islas y, a medida que sus barcos se acercaban a la zona, los argentinos desplegaron varios grupos de tareas para vigilarlos y potencialmente interceptarlos. El General Belgrano partió como el buque insignia del TG 79.3, uno de esos grupos que operaba al sur de las islas, justo más allá del banco Burwood.  
  Los británicos comenzaron a preocuparse de que el crucero y sus consortes pudieran atacar a su fuerza de tarea, aunque ambos bandos debatían si operaba fuera de la zona o tenía la intención de atacar. El submarino británico Conqueror (S.48) disparó tres torpedos de 21 pulgadas contra el General Belgrano a las 15.57 el 2 de mayo de 1982, dos de los cuales impactaron y hundieron el barco. Los barcos argentinos y chilenos rescataron a 772 hombres del mar frío, pero el General Belgrano (ex-Phoenix) se llevó a 323 hombres al fondo con él.
 
Por: Mark L. Evans (28 de junio de 2019)
Tomado, traducido y sintetizado de https://www.history.navy.mil/research/histories/ship-histories/danfs/p/phoenix-iii.html (15/10/2024)
 
Nota del editor- traductor: 
(1) No se invade lo que le es propio. Lease, "los argentinos desembarcaron en las invadidas islas Malvinas".

miércoles, 18 de septiembre de 2024

Renuncia el presidente Juan Domingo Perón

 Tras el bombardeo a los depósitos de combustibles de Mar del Plata del lunes 19 de septiembre, y ante la amenaza de la flota comandada por el contralmirante Issac Francisco Rojas de destruir las refinerías y depósitos de combustibles de La Plata, el Dock Sud e incluso bombardear a la ciudad de Buenos Aires, el presidente Juan Domingo Perón, redacto una proclama que fue leída por radio por el Ministro de Guerra a las 13 hs.. 
  El general Presidente instaba al ejército a una tregua que pusiese fin al desatino teniendo en cuenta que ante la amenaza de "bombardeo a los bienes inestimables de la Nación y sus poblaciones inocentes, creo que nadie puede dejar de deponer otros intereses o pasiones" (la nota no especificaba que renunciaba ni fue presentada ante el congreso). El general Lonardi, aún en Córdoba, le comunico al general Lucero: “En nombre de los Jefes de las Fuerzas Armadas de la revolución triunfante comunico al Señor Ministro que es condición previa para aceptar tregua la inmediata renuncia de su cargo del Señor Presidente de la Nación”.
 Tras la renuncia del general Franklin Lucero, se le encomendo al general José Domingo Molina que constituyera una Junta de Generales para que acuerde el fin de las hostilidades y del conflicto. Era la noche del 19 cuando el presidente Perón invitó a los generales a la residencia presidencial, en donde resaltó que el: “renunciamiento significaba el ofrecimiento de una renuncia indeclinable", pero que “constitucionalmente no había renunciado pues si hubiera querido hacerlo así lo habría hecho ante el Congreso y que por lo tanto continuaba siendo el Presidente de la República”. No todos los generales estaban de acuerdo con Perón y finalmente desde el Edificio del Ministerio de Ejército, el general Ángel Manni le dijo por teléfono a Perón que se le aceptaba la renuncia, aconsejando que: “Ponga distancia cuanto antes.
 En la mañana del viernes 20 de septiembre le informaron al general Manni que la Junta Revolucionaria recibirían por la tarde a los generales. Los representantes del gobierno constitucional y los mandos de la Flota de Mar, concretaron la reunión que se  efectuó en el Crucero A.R.A “17 de Octubre” (Nave Insignia): se encontraban por los sublevados el contralmirante Rojas y el general Juan J. Uranga, y los cuatro generales designados por Perón, Emilio Forcher, Ángel Manni, Oscar Sacheri y José Sampayo. Ellos fueron quienes acordaron los términos para dar por terminado el conflicto con la renuncia del general Perón a la presidencia de la república y de todos los miembros de su gabinete.
 Los diarios anunciaron ese día que Perón había renunciado y Lonardi, decretó que asumía “el Gobierno Provisional de la República con las facultades establecidas en la Constitución vigente y con el título de Presidente Provisional de la Nación". Terminaba así el asalto al poder constitucional con un saldos registrado de más de 150 muertos.
   El mayordomo de la residencia presidencial, Atilio Renzi, contó que a las 7 de la mañana del miércoles 20, Perón le dijo "me voy", pidiéndole que “junté en una maleta algunas cosas casi al azar”. Renzi le preparó un pequeño maletín donde le puso “algo de ropa y un poco de plata para movilizarse en esos días”(A. Renzi; “Del poder al exilio”).
  Mientras el general de División Eduardo Lonardi asumía como presidente (de facto) del gobierno, y el contralmirante Issac Francisco Rojas lo hacía como vice presidente (de facto), el general Juan Domingo Perón embarcaba en Puerto Nuevo en la cañonera paraguaya "Paraguay" y partía rumbo a Asunción. 
 
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 17 de septiembre de 2024

La Armada antiperonista cañonea Mar del Plata

 El viernes 16 de septiembre de 1955 unas pocas unidades del Ejército, bajo el mando del General Lonardi, comenzaban en Córdoba el golpe de estado que derrocaría al Presidente Juan Domingo Perón. El bando golpista contó con el apoyo de la Fuerza Aérea y de la Marina de Guerra. Pronto, comenzaron en diferentes ciudades del país acciones militares subversivas, que contaron con el apoyo de partidos políticos opositores y de la Iglesia, además, se sumaron civiles que actuaron junto a los militares rebeldes.
 Mientras Lonardi avanzaba con la orden de proceder con la máxima brutalidad, la situación política era incierta dado que Perón no actuaba como se esperaba, incluso, le negó a la CGT la posibilidad de armarse en defensa del gobierno. Ese sábado 17 no hubo grandes cambios pero el domingo 18 el crucero “9 de Julio” llegó a las costas de Mar del Plata y se conoció que el Contralmirante Issac Francisco Rojas había ordenado bombardear los tanques de petróleo y combustible del puerto, instruyendo previamente al Jefe de la Base de submarinos que alejaran a quinientos metros de la costa a la población entre Playa Grande y la Bristol. Se sabe que el Jefe de la Base Naval y algunos marinos,no estuvieron de acuerdo pero, la destrucción se llevó a cabo.
  Aún no eran las 7 de la mañana del lunes 19 cuando las acciones comenzaron con la incursión de un avión naval que fallo en su intento de destruir los tanques de combustible, tarea de la que se encargó el crucero 9 de Julio, posicionado a 8500 metros de la costa. Pasada las 11 de la mañana, los destructores San Juan, San Luis y Entre Ríos cañonearon por doce minutos la “Escuela de Artillería Antiaérea” (hoy GADA 601), leal al gobierno constitucional,
El crucero 9 de Julio, a 8.500 metros de la costa, dispara sobre el puerto de Mar del Plata.
  Con la ayuda de la sudestada, las naves sublevadas pudieron aproximarse a las costas de Buenos Aires con sus cañones que alcanzaban unos 20 kilómetros amenazando con cañonear La Plata, Dock Sud y Buenos Aires. Frente a ese desatino, el Ministro del Interior Oscar Albrieu, sugirió otro a Perón: trasladar a las refinerías de La Plata y Dock Sud, a los familiares de los marinos a ver si con sus madres, esposas e hijos se animan a bombardear. El presidente, ante tal estado de las cosas, designó una Junta Militar para que acuerde el fin de las hostilidades y del conflicto.
 El 20 de septiembre, los representantes del gobierno legítimamente constituido y los mandos de la Flota de Mar concretaron la reunión.
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva
 
 

El fin del Perón Revolucionario

  Todavía era una herida abierta las más de trescientas personas asesinadas por el cruel bombardeo sobre Plaza de Mayo que la Armada Argentina, con las armas compradas por su propio pueblo, habían llevado adelante con el fin de asesinar al Presidente Perón. Se habían dado por dos meses, una tregua que pronto fue rota con actos violentos que demostraban que no se quería una pacificación y prácticamente obligaba al gobierno a llevar adelante una represión.  
  Perón no estaba totalmente convencido de que ese era el camino. El 31 de agosto, ante un pequeño grupo de militantes, expresó: "Yo ya estoy demás. Soy como aquel aficionado de relojero que sirve para desarmar un reloj, pero ya no se armarlo. Tanto he estado maniobrando con las piezas que, ahora, la única forma de que el reloj siga andando, es que yo lo deje" (archivohistorico.educ.ar).
  Sin embargo, las decisiones posteriores fueron contradictorias. Esa misma noche cerraría las posibilidades de un entendimiento, coincidiendo con lo que  expresara De Pietro: "nuestra nación necesita paz y tranquilidad para el trabajo, porque la economía de la Nación y el trabajo argentino imponen la necesidad de la paz y de la tranquilidad. Y eso lo hemos de conseguir persuadiendo, y si no, a palos". Si no querían la pacificación, buscaban la violencia y : "A esa la violencia le hemos de contestar con una violencia mayor. Con nuestra tolerancia exagerada nos hemos ganado el derecho de reprimirlos violentamente. Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas o en contra de la ley o de la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino".
 La violencia del mensaje, acorde con los atraque sufridos y los muertos de trabajadores que conllevo, se fue incrementando: "La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta. ¡Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos! ...Compañeros: quiero terminar estas palabras recordando a todos ustedes y  a todo el pueblo argentino que el dilema es bien claro: o luchamos y vencemos para consolidar las conquistas alcanzadas, o la oligarquía las va a destrozar al final."
 

El 16 de setiembre, en Córdoba, comenzó el alzamiento bajo el mando del general Eduardo Lonardi, enfrentado a Perón desde un confuso episodio de espionaje en Chile. Fue un viernes lluvioso y con una fuerte sudestada. Un día triste. El general consideró que era el final, que hasta allí llegaba. Se negó a una guerra civil. Y marchó al exilio.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.

lunes, 26 de agosto de 2024

Del "Luche y vuelve" al Perón vuelve

 El ciclo de inestabilidad política que se abre a partir del derrocamiento de Juan Domingo Perón (1955) está signado por la alternancia de dictaduras militares (Lonardi y Aramburu, 1955-1958; Onganía, Levingston y Lanusse, 1966-1973). Fueron seudodemocracias, entendidas como gobiernos electos por medio de comicios que supusieron la proscripción del peronismo y que son derrocadas a su vez por un golpe de estado militar sin culminar su mandato (Frondizi, 1958-1962; Illia, 1963-1966), y un gobierno interino fuertemente tutelado por las FF.AA (Guido, 1962-1963). En este contexto, el gobierno de Illia se caracterizó por un relativo incremento de las libertades públicas, aunque Perón y el Partido Peronista en cuanto tal, no fueron rehabilitados para participar en elecciones. Sin embargo, un partido político definido como peronista ganó las elecciones legislativas de 1965, hecho que causó malestar castrenses, y que junto a las masivas protestas sindicales llevadas a cabo por la Central General del Trabajo y los dos primeros brotes guerrilleros aislados y fallidos -uno rural y otro urbano -en 1963-1964, constituyeron algunos de los elementos que dieron fundamento al golpe de estado de junio de 1966. 
   Tras el golpe de estado en contra del presidente constitucional A.H. Illía asumió el poder el gral. Onganía  La represión y la miseria generaron creciente malestar en los sectores obreros y populares, en tanto los estudiantes comenzaban a luchar. Durante 1968 se dieron tres luchas obreras importantes: petroleros de YPF en Ensenada, gráficos de Fabril Financiera en Barracas, y la de Citroën, en la ciudad de Buenos Aires. En marzo de 1969 hubo conflictos estudiantiles en Tucumán y Rosario en tanto las luchas obreras las encabezaron los metalúrgicos, Luz y Fuerza, Smata, estatales y docentes. A mediados de mayo se movilizaron los estudiantes correntinos y en la represión, el estudiante de medicina J.J. Cabral, fue asesinado por la policía. Esto generó una movilización en Rosario que dio origen al Rosariazo. El 16 de mayo los estudiantes comenzaron a movilizarse y enfrentar en las calles a la policía hasta derrotarla. El 21 de mayo se sumaron sectores del movimiento obrero, día en que fue asesinado el metalúrgico L.Blanco.
  La CGT convoco un paro de 24 horas para el 30 de mayo pero la CGT regional de Córdoba decidió comenzar el paro el día 29. La medida tuvo un acatamiento del 98% y para el mediodía, en un área de 150 manzanas se enfrentaron con la policía levantando barricadas ayudados por vecinos. La policía mató al obrero del Smata M. Mena y el estudiante D. Castellanos pero tuvieron que retirarse. Cuando el ejército entro en el centro de la ciudad, el movimiento ya se había replegado hacia los barrios. .
  La alta participación de la población erigiendo barricadas y enfrentando a las tropas militares fueron vistas como evidencias de la preparación de la clase trabajadora para ir asumiendo el método de la lucha armada, una confirmación respecto de la viabilidad de una “guerra popular revolucionaria”.
  La popular consigna de "Luche y vuelve", comenzaba a ser una realidad. Pintadas sobre muros con cualquier tipo de material, aparecía la "v" encerrando una "P"; desprolijas, pintadas por no profesionales pero con un claro mensaje. Casi una revancha era la de, en un principio, utilizar el "Cristo vence" que pintaban ("V" encerrando una "C") y a la "C" le agregaban una patita conformando una "P". Así de rudimentaria, simple e ingeniosa, era la propaganda en las calles desafiando las prohibiciones.
  El gobierno de Onganía nunca se pudo recuperar de aquel golpe. El clima social precipito el lanzamiento de organizaciones armadas revolucionarias durante 1970 (ERP, FAR y Montoneros) y el incremento de sus operaciones. Estos fenómenos provocaron dos renuncias, la de Onganía y la de su sucesor, el Gral.de Brigada Roberto Marcelo Levingston,  y la asunción del Comandante en Jefe de las FF.AA, el Teniente General Alejandro Agustín Lanusse, el 26 de marzo de 1971. 
 El nuevo dictador intentó contener la conflictividad social, desarticular las organizaciones armadas y encaminar la institucionalización política del país mediante un Gran Acuerdo Nacional (GAN), con el objetivo de sentar las bases para un proceso electoral que integrara al peronismo y que fuese aceptable para las FF.AA.
  Durante el gobierno del gral. Lanusse, las 3 principales organizaciones armadas revolucionarias eran: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros (M). Tanto Montoneros como FAR se habían constituido como organizaciones político-militares, dándose a conocer públicamente en 1970 y se reivindicaban peronistas, aunque las segundas partiendo de su original filiación marxista tuvieron un proceso de “peronización” que las llevó a asumir en 1971 el peronismo como su identidad política. El ERP, en cambio, data de 1968 aunque su primera acción pública también fue en 1970 y era el brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), organización marxista que se había creado al confluir en 1965 la agrupación trotskista Palabra Obrera y el Frente Revolucionario Indoamericanista Popular. Además de esas organizaciones, apareció el Frente Argentino de Liberación (FAL), Descamisados y la Guerrilla del Ejército Libertador (GEL), que surgieron públicamente en 1970.
  La apertura fue entendida por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) como clara maniobra del régimen para aplacar protestas y radicalización política por medio de la reincorporación de Perón, quien constituyó el Frente Cívico de Liberación Nacional (FRECILINA), reuniendo a todos los partidos reformistas para competir electoralmente.
 FAR y Montoneros consideraban al FRECILINA como táctica de Perón destinada a neutralizar los intentos del partido militar en connivencia con sectores integracionistas del peronismo para que al mismo tiempo, se formara un bloque de oposición a la dictadura lo más amplio posible permitiendo el crecimiento de los sectores revolucionarios en su seno y viabilizar un proceso de liberación nacional y social que llevara al socialismo.
 Si bien FAR y Montoneros sostenían posicionamiento similares respecto del GAN y al FRECILINA, Montoneros sostenían que la idea de fuga del penal de Rawson, podría minar las bases del proceso de institucionalización truncando la posible salida democrática, mientras que la FAR creía que el aumento del accionar armado de la guerrilla aseguraba el camino sin condicionamientos.
 El gobierno, en tanto, fracasaba en sus intentos de negociar con Perón y que este, condenara el accionar de las organizaciones armadas peronistas, que basaban su legitimidad en función de la proscripción y el exilio forzado de su líder. El apoyo a las organizaciones armadas peronistas por parte del líder fue dado a conocer públicamente en el mensaje a la juventud otorgándoles el carácter de “formaciones especiales” del movimiento [“Mensaje de Perón a los compañeros de la Juventud"] en una entrevista otorgada en 1971. Perón reafirmó dicho accionar como un mecanismo de presión sobre el gobierno respecto a la realización de comicios limpios y abiertos que permitiese una victoria justicialista y evite la guerra revolucionaria como medio de acceso al poder.
 El gobierno militar estableció como límite el 25 de agosto de 1972 para estar radicado en el país o no desempeñar ningún cargo ejecutivo o ministerial en cualquier nivel de la administración pública como exigencia para poder ser candidato en las elecciones, lo que suponía la exclusión en los futuros comicios tanto de Perón como de Lanusse.

sábado, 24 de agosto de 2024

22 de agosto

 La violencia política tuvo su auge en los años 70’, con el accionar represivo ilegal del estado y de las organizaciones armadas revolucionarias. La fuga de militantes presos en el penal de Rawson y los fusilamientos de un grupo de ellos en agosto de 1972 son el ejemplo de que la dictadura había optado por eliminar físicamente a los guerrilleros. Las acciones paraestatales provocaron aun más el descontento popular hacia la dictadura y alentó a una mayor unidad de las organizaciones.
 La Unidad 6 (Rawson) del Servicio Penitenciario Federal, clasificada de máxima seguridad, fue la cárcel elegida por el dictador Alejandro Agustín Lanusse, en donde recluyo presos políticos, gremialistas y militantes de las organizaciones armadas revolucionarias. Trataban de alejar a los presos de los centros urbanos e impedir posibles fugas.
  Pese a las previsiones, el 15 de agosto de 1972 a las 18:30 hs., militantes reclusos iniciaron la toma del penal con el objetivo de fugarse. En pocos minutos y con la colaboración del guardiacárcel Facio, pudieron reducir las guardias, incluyendo torres de vigilancia. Pronto a salir, el  guardia-cárcel llamado Valenzuela desconfió e inició un tiroteo que terminó con su propia vida. En solo 15 minutos habían tomado la cárcel.
 Errores del apoyo externo hicieron fracasar el plan cuya idea era transportar a los fugados hacia el aeropuerto de Trelew, donde un grupo los ayudaría a tomar un avión de la empresa Austral Líneas Aéreas hacia Cuba con los 116 militantes presos. El operativo estaba al mando de Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Menna (ERP), Roberto Quieto, Marcos Osatinsky (FAR) y Fernando Vaca Narvaja (M).
  Asegurada la toma del penal, desde su interior se debía realizar una señal que fue malinterpretada por lo que solo se presento un Ford Falcon;  también fallaron los walkies-talkies, por lo que comenzaron a llamar taxis para ver si podían alcanzar al avión en el que pensaban escapar. El grupo de los jefes que fugaron en el Falcón, llegó al aeropuerto cuando el avión se encontraba carreteando. Lograron detener el despegue, subirse y partir rumbo al Chile para recargar el  combustible necesario para alcanzar Cuba. La toma del penal, el traslado en vehículo, el apoderamiento de la aeronave y el despegue solo demandaron una hora.
 Diecinueve militantes que quedaron en el penal lograron subirse a tres taxi pero llegaron cuando el avión había despegado, por lo que tomaron el aeropuerto y a las personas que allí se encontraban, como rehenes. Demandaron la presencia de periodistas y de un juez federal, y luego de realizar una conferencia de prensa, en parte transmitida por televisión, exigieron ser trasladados al penal y demandaron la presencia de un médico que verificara su estado de salud. Estas condiciones fueron aceptadas y los militantes dejaron las armas, entregandose. El traslado se hizo pasada la medianoche pero, no hacia el penal sino que en un .ómnibus militar fueron llevados a la Base Aeronaval Almirante Zar. Los presos fueron albergados en la zona de calabozos.
 A una semana de aquellos hechos, a las 3:30 del 22 de agosto, oficiales de la Marina ejecutaron a los militantes recluidos en las celdas; tres presos sobrevivieron simulando estar muertos. El personal de la base trasladó los heridos a la enfermería pero los heridos no recibieron tratamiento médico alguno, y fallecieron salvo tres que posteriormente fueron trasladados al hospital naval de Puerto Belgrano (Bahía Blanca) donde fueron operados y recibieron tratamiento médico adecuado..
  Al día siguiente, la noticia de la masacre fue difundida por un escueto comunicado oficial, informando  que durante una recorrida de control estando los detenidos en el pasillo, el jefe de turno fue atacado por Pujadas quien logra sacarle el arma y escudándose con aquél los reclusos intentan evadirse iniciando un intento tiroteo. Según la misma fuente, el marino logra zafarse y como saldo del suceso es herido al tiempo que la respuesta de los oficiales termina con la vida de trece de los atacantes y hiere a otros seis.
A comienzos de septiembre, los tres sobrevivientes dieron su testimonio ante el Capitán Bautista, oficial de la Marina que actuó como juez sumariante (después fue acusado de encubrimiento dado que sus investigaciones no produjeron acciones penales o militares). Las tres declaraciones desmintieron la versión difundida por la Marina. Los carceleros dispararon contra: Carlos Heriberto Astudillo (FAR), María Antonia Berger (FAR), Rubén Pedro Bonet (ERP), Alberto Miguel Camps (FAR), Eduardo Adolfo Capello (ERP), Mario Emilio Delfino (ERP), Alberto Carlos Del Rey (ERP), Ricardo René Haidar (M), Alfredo Elías Kohon (FAR), Clarisa Rosa Lea Place (ERP), Susana Lesgart (M), José Ricardo Mena (ERP), Miguel Angel Polti (ERP), Mariano Pujadas (M), María Angélica Sabelli (FAR), Humberto Segundo Suárez (ERP), Humberto Adrián Toschi (ERP), Jorge Alejandro Ulla (ERP), Ana María Villarreal de Santucho (ERP).
  Al momento de los fusilamientos Villarreal de Santucho tenía 36 años, Berger y Bonet 30, Delfino 29, Astudillo, Haidar y Ulla 28, Kohon 27, Del Rey y Toschi 26, Camps, Capello, Lea Place y Pujadas 24, Sabelli y Suárez 23, Lesgart 22, Polti 21 y Mena 20.
 La fuga del penal y la posterior masacre se produjeron en momentos en el que el gobierno ingresaba en la transición hacia las elecciones. El debilitamiento de la dictadura se aceleró en la misma medida en que Perón pasaba a convertirse en el árbitro máximo del juego político, aunque no pudiera presentarse como candidato .
  Los aniversarios del suceso fueron motivo de actos y movilizaciones  impulsados por organizaciones obreras, estudiantiles, barriales y partidarias, acompañadas por volantes y afiches. El 22 de agosto se constituyó en fecha  emblemática para las organizaciones armadas revolucionarias y sus militantes. Los años subsiguientes, la conmemoración pareció canalizarse de modo progresivo por vía de atentados, concitando fuertes operativos de vigilancia por las fuerzas de seguridad, reflejando la violencia que iba imperando en el país. Las organizaciones revolucionarias no dejaron de vindicar las muertes de sus militantes por medio de acciones contra la vida de militares o civiles involucrados. 
  La masacre de Trelew fue retomada en consignas y por las denominaciones de nuevas agrupaciones. Las FAL-22 y el ERP-22 agregaron el número de la fecha de la masacre para distinguirse de sus organizaciones madres. La consigna “La sangre derramada no será negociada” fue muy popularizada posteriormente en relación con la masacre y el canto “Ya van a ver, ya van a ver, cuando venguemos los muertos de Trelew” fue coreado en innumerables movilizaciones.

domingo, 3 de abril de 2022

Malvinas. Testimonios

Desembarcamos el 2 de abril de 1982 en la bahía de Stanley, a las 6.30 AM en Malvinas, desde el buque San Antonio. Éramos 800 soldados con equipo, vehículos, medicamentos y armamento pesado. Nos desplegaron por las calles del pequeño pueblo que nos miraban con asombro, por el hecho de estar en las islas diciéndole que tomábamos posesión del territorio argentino. A todo esto, nos enterábamos que había ya primeros muertos de nuestro lado. La euforia, el miedo y un deber moral, psicológico y social, te invade dejándote en la incertidumbre del saber qué va a pasar… o esperar lo peor.

En 74 días de conflicto se vio y se pasó de todo. Nos invadía el miedo, el cansancio, el frío y la falta de estrategia y capacidad operativa nos llevó a ser inferiores al enemigo. 


Nos faltó práctica, nos manejábamos por teoría; a todo esto, se sumó la falta de alimentos, agua y todo lo necesario para soportar el frío cortante del archipiélago. Vivíamos en trincheras húmedas y racionando la comida, teníamos que derretir la nieve para tomar agua.
Muchos de nosotros éramos jóvenes sin preparación física, tampoco había táctica ni organización por falta de nuestros superiores, todo nos jugó en contra. No sabíamos qué hacer, todo se vuelve un caos y la incertidumbre te invade, haciéndote llorar por las noches por miedo, no solo a morir. Los recuerdos de los seres amados están presentes en todo momento. Madre, novia, esposa, hijos, amigos. Es otra carga mental, es como otra guerra, pero psicológica. Luchar con los pensamientos y la realidad de lo que está pasando alrededor de uno en ese momento.
Fue una guerra inútil, vidas perdidas en vano. Algo que visto desde lo lógico no lo habría intentado nadie. Nuestros gobernantes fueron ignorantes, como la mayoría de los soldados que mandaron a una guerra sucia, porque proveníamos de un gobierno de facto con un pueblo reprimido a fuerza de violencia.
Fue una guerra perdida en el mismo día en que se izó la bandera argentina en Puerto Argentino el 2 de abril de 1982.
Mucho volvieron bien, otros mal y otros, nunca llegaron. Hoy algunos tienen buenos trabajos y una vida normal, otros viven de pensiones, otros se suicidaron, otros están internados en centros psiquiátricos o psicológicos. Otros descansan con una cruz blanca en su cabecera en la fosa de algún cementerio público o privado en una tumba olvidada por la sociedad y gobernantes, que nos vieron como héroes.

Adalberto Román Santa Cruz

jueves, 31 de marzo de 2022

Dr. Raúl Ricardo Alfonsin

El 31 de marzo de 2009, fallece en Buenos Aires el que fuera el primer presidente tras la dictadura genocida. El 12 de marzo de 1927 nació en Chascomús (Buenos Aires), y llegó a ser abogado, político y activista de los derechos humanos, habiendo sido elegido concejal, diputado provincial y nacional, senador nacional y Presidente Constitucional de la Nación Argentina desde 1983 hasta 1989. Curso estudios secundarios en el Liceo Militar General San Martín, egresando con el grado de subteniente de reserva (tuvo como compañeros de clase a Leopoldo Fortunato Galtieri y Jorge Rafael Videla), recibiéndose en 1950 de abogado.

En 1954 fue elegido concejal en Chascomús, y al año siguiente fue encarcelado por la Revolución Libertadora. En 1958 fue electo diputado provincial en la Provincia de Buenos Aires y diputado nacional durante el gobierno radical de Arturo Illia entre 1963 y 1966, en el cual fue vicepresidente del Bloque de Diputados Nacionales de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). Finalmente, en 1965 fue elegido presidente del Comité Provincia de Buenos Aires de la UCRP. El 17 de noviembre de 1966 durante la dictadura militar del general Juan Carlos Onganía fue detenido por haber reabierto el Comité de la Provincia.

A partir de la dictadura militar de Onganía, comenzó a desarrollar un pensamiento socialdemócrata que impactaría en momentos en que los jóvenes consideraban la opción de sumarse a la lucha armada, lo que era rechazado por Alfonsín. El alfonsinismo apoyó la consigna “Elecciones libres y sin proscripciones”, como alternativa a “Ni golpe ni elección: revolución”. La actividad política vedada obligó a Alfonsín a expresarse como columnista del periodista Mario Monteverde, y fue articulista bajo el seudónimo de Alfonso Carrido Lura. Entre 1971 y 1972 es considerado por los jóvenes de la Junta Coordinadora Nacional y Franja Morada. En septiembre de 1972 en Rosario, se creó el Movimiento Renovador Nacional proclamándolo como precandidato presidencial en las internas de la UCR, en donde se impuso el balbinismo-unionismo, en tanto que el alfonsinismo obtuvo la minoría. En 1973, la UCR perdió ante Juan Domingo Perón y Raúl Alfonsín, diputado nacional, creó el Movimiento de Renovación y Cambio. 

El 18 de diciembre de 1975, fue una de las personalidades que fundaron la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), a cuya primera reunión asistieron el obispo de Neuquén Jaime de Nevares, el rabino Marshall Meyer, el obispo Carlos Gatinoni, la doctora Alicia Moreau de Justo, Raúl Alfonsín, Oscar Alende, Susana Pérez Gallart, Adolfo Pérez Esquivel y Alfredo Bravo. Durante la dictadura militar ofreció gratuitamente su servicio de abogado para defender opositores y presentar hábeas corpus por los detenidos-desaparecidos. Ante la Guerra de las Malvinas, fue uno de los pocos políticos que se opuso a la acción militar y exigió al gobierno militar que proveyera información verídica.
Tras el desastre de Malvinas se abrió el proceso de transición y Alfonsín fue nominado candidato a presidente. Las elecciones se realizaron el 30 de octubre de 1983 y Alfonsín triunfó obteniendo el 51,7% de los votos frente al 40,1% del peronismo. La idea original de los comandantes fue ganar tiempo para negociar con las nuevas autoridades antes de entregarles el poder, sobre todo la impunidad de los jefes militares por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante los últimos siete años. Sin embargo, los jefes de las tres armas se dieron cuenta de que era un plazo demasiado largo y aceptaron la imposición de Alfonsín de adelantar la entrega del poder. El presidente de facto Bignone no opuso reparos y promulgó el decreto-ley 22.972, estableciendo el 10 de diciembre como fecha de asunción de las autoridades democráticas. 


El presidente electo logró darle aún más significación a la ceremonia que marcaría la recuperación de la democracia fijándola para el Día Internacional de los Derechos Humanos, una fecha decidida en 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas como símbolo de un “nunca más” a las atrocidades vividas durante la Segunda Guerra Mundial. Ese 10 de diciembre, el flamante presidente decidió no hablar desde el balcón desde donde el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri arengara cuando se produjo el desembarco en Malvinas, y eligió hacerlo desde el Cabildo, donde se gestó el Primer gobierno Patria. Desde 2007 en la Argentina, además de conmemorarse el Día Internacional de los Derechos Humanos se celebra –dispuesto por Ley 26.323– el Día de la Restauración de la Democracia.

Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 30 de marzo de 2022

“¡Paz, Pan y Trabajo. ¡La dictadura abajo!”

La CGT "Brasil", encabezada por el dirigente cervecero Saúl Edolver Ubaldini, enfrentó hace 40 años con una movilización a la dictadura genocida. La CGT se encontraba dividida en dos centrales: una era la denominada "Azopardo", que tenía su sede en el histórico edificio de la central obrera ubicado sobre esa calle, y que representaba al sector "dialoguista", encabezado por Jorge Triaca (padre del ministro de trabajo de Mauricio Macri). La llamada "Brasil", era combativa y estaba liderada por Ubaldini, que contaba con el apoyo del metalúrgico Lorenzo Miguel; esta línea dispuso la organización de la protesta obrera convocada bajo el lema de "Paz, Pan y Trabajo".
En marzo de 1981, el general Roberto Viola había asumido la presidencia de facto en reemplazo de Jorge Rafael Videla, bajo cuyo mandato se concretó el mayor genocidio de nuestra historia. El nuevo dictador llegó al poder justo cuando las políticas de dólar barato, endeudamiento, ajuste y apertura económica, se encontraban agotadas. Los tiempos del "deme dos" y la plata dulce habían terminado. La crisis económica provocó el relevo de Viola por Leopoldo Fortunato Galtieri, quien tenía el apoyo del presidente estadounidense Ronald Reagan. Lorenzo Sigaut asumió la cartera de Hacienda y pronunció la famosa frase: "El que apuesta al dólar pierde".



El malestar reinante determinó la convocatoria a una movilización para el 24 de marzo, aniversario del golpe que había derrocado a María Estela Martínez “Isabel” viuda de Perón, pero para evitar una provocación, se decidió marchar el 30. No menos de 15 mil personas se congregaron en la Plaza de Mayo pese a que se prohibió la concentración Movilizaciones masivas similares tuvieron lugar en Rosario, Mar del Plata, Neuquén, Tucumán y Mendoza, donde un jubilado murió como consecuencia de una bala represiva.
Durante seis horas el pueblo enfrentó a los usurpadores del poder con el mismo método con que se enfrentara a las dictaduras anteriores: en una esquina se juntaba repentinamente un grupo grande de manifestantes, se tiraban volantes y cantaban consignas para luego desconcentrarse rápidamente cantando la Marcha Peronista. Antes de la desconcentración se citaba a otra esquina cercana y se repetía el método frustrando a los represores que apenas lograban apresar a los que se demoraban o enfrentaban a la Guardia de Infantería. Se recuerda a la reacción de los vecinos ante los apresamientos represivos: tiraban macetas desde los balcones e incluso un hombre mayor, manifestó su indignación arrojándoles un sachet de leche; la histórica jornada dejó un saldo de 2.000 detenidos.

Juan Carlos Ramirez Leiva


martes, 22 de marzo de 2022

La masacre de Pasco

El 21 de marzo de 1975 a las 21.30 hs., ocho vehículos, varios Ford Falcón (de color gris y otros negros), y algunos Torino blancos, llegaron a Donato Álvarez a metros de la Avenida Pasco (barrio San José, Temperley). Algunos llevaban balizas iguales a las utilizadas por la policía, otros traían valijas sobre el portaequipaje. Bajaron entre quince y veinte personas de civil con capuchas negras, aunque uno llevaba una máscara de carnaval y otros dos la cara 
descubierta.
Sobre
 D. Álvarez funcionaba el bar y almacén El Recreo y allí irrumpieron violentamente los encapuchados preguntando por Lencina, el mozo Luís Ortiz respondió que el concejal no estaba allí, y la reacción fue con ráfagas de ametralladoras sobre las paredes, el mostrador, la estantería y la heladera, mientras rompían mesas y sillas. Robaron relojes, dinero y objetos de valor a los presentes, y según el parte policial, se robaron un colectivo.
Héctor 
Lencina, Coca Rapari, y Alejandro, el hijo de ambos vivían en Donato Álvarez 47, justo al lado del bar. Héctor había invitado a Aníbal Benítez y a su esposa Gloria a cenar en su casa y mirar un partido de futbol. El matrimonio llevó a la bebita de ambos, recién nacida, también se encontraba Cristina Rapari en tanto Coca se encontraba ausente. La velada fue interrumpida por hombres con máscaras que se apoderaron del edil y de Aníbal Benítez, introduciéndolos en uno de los autos, mientras otros destruyeron el lugar arrojando bombas incendiarias.

La patota de la Triple A continuó hacia Pasco al 4600, domicilio de la vice presidenta del Concejo Deliberante Irma Santa Cruz en donde los parapoliciales destruyeron puertas y ventanas, se llevaron documentación y objetos de valor y capturaron a Héctor Flores, ex-secretario de Irma Santa Cruz, quien militaba en el barrio Los Pinos de Llavallol. Los terroristas continuaron a una casa ubicada entre las calles Lules y El Hornero, secuestrando a los hermanos Alfredo Díaz y Rubén Eduardo Díaz de 18 y 16 años, respectivamente; también introdujeron en los vehículos a Pedro Rubén Maguna y Germán Gómez. Los vecinos contaron que Germán gritó:” Eras vos, flaco hijo de puta…. Bajen a los pibes que no tienen nada que ver”. Aparentemente se refería a un soplón de apellido Salazar que trabajaba en la Comisaría 1era de Lanús. Los vecinos de Salazar relataron a los Díaz que cada vez que el policía se peleaba con su mujer, ella le gritaba: “Asesino, hiciste matar a los Díaz”. Se cree que Alfredo y Eduardo reconocieron a alguien, por eso los secuestraron.
Al lado de la casa de Germán vivía Rubén “Cacho” Maguna, quien probablemente fue confundido con un tal Chacho; Rubén no resistió el maltrato que ejercían sobre su esposa embarazada, reaccionó y los encapuchados se lo llevaron. A continuación, fueron a la calle Amenedo al 3900 casi esquina Santiago del Estero (barrio San José; Mármol, partido de Almirante Brown), en donde vivía Guillermo Omar Caferatta con Gladys Martínez (21 años). Omar no se encontraba porque había viajado a Australia, pero Gladys fue baleada y rematada y su cadáver fue hallado sobre la cama junto a dos artefactos explosivos que no estallaron.
La caravana llegó hasta Santiago del Estero y Sánchez, en donde los siete secuestrados fueron bajados a empujones y obligados a arrodillarse. Uno de ellos pidió que, si lo tenían que matar lo hicieran de pie, mientras otro gritó: “Viva la patria”. Los balearon y colocaron los cuerpos juntos e hicieron estallar dos granadas que al detonar hicieron volar los cuerpos, arrojando a gran distancia a varios de los cadáveres horriblemente mutilados. La carga habría sido colocada junto al cuerpo del concejal Lencina, ya que éste apareció horrorosamente mutilado. Su cuerpo, al ser proyectado hacia arriba cayó sobre un cable eléctrico provocando un corte de energía en un amplio radio del lugar.
En la intersección de las calles Sánchez y Santiago del Estero yacía uno de los cuerpos, únicamente el tronco sin extremidades; a unos 40 metros y sobre la calle Canale, otro cuerpo presentaba únicamente la parte superior del tronco a unos 25 metros yacía un cuerpo completamente destrozado y diseminados por las inmediaciones se veían restos de extremidades de los cadáveres mencionados. Los cráteres producidos por los artefactos explosivos se veían sobre la calle de tierra y según los vecinos, la onda expansiva provocó la rotura de cristales y televisores hasta diez cuadras a la redonda. Los terroristas colocaron una bandera de 2 mts. de largo por 0,65 cm. de alto, de color blanca con la siguiente inscripción: “Fuimos Montoneros, fuimos del ERP” en aerosol rojo y una estrella de seis puntas.
Esa noche, Carola, una vecina se acercó hasta la casa de Caferatta temiendo encontrar entre las víctimas a alguno de sus hermanos. La vio a Gladys sin vida, y también el cuerpo de un joven alto de pelo ondulado tirado al lado de la heladera. Nunca supo de quién se trataba, ni siquiera los diarios registraron el nombre de esa persona. Se conjetura que fue alguien que busco allí refugio, pero lo agarraron en la casa.
Alrededor de las 11 hs. del día siguiente culminó la tarea de recoger los despojos, los que fueron trasladados a la Morgue Judicial de Avellaneda. Todo el perímetro fue vallado por la policía. Aquello era una montaña de restos humanos, pedazos de ropa desperdigados. Todos los 21 de marzo, en el cementerio de Lomas se recuerda a las víctimas de la Masacre de Pasco y a los más de cuatrocientos asesinados por el Terrorismo de Estado en Lomas de Zamora.

Juan Carlos Ramirez Leiva

Fuentes:
Rodriguez Heidecker, Patricia Miriam. La masacre de Pasco
Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires
Concejo Deliberante de Lomas de Zamora
Recortes periodísticos