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jueves, 21 de abril de 2022

Batalla de Riobamba

Juan Galo Lavalle nació en Buenos Aires el 17 de octubre de 1797. Desde los 14 empezó su lucha como héroe de las independencias de Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Uruguay. Sus biógrafos dicen que fue un “militar mítico, de valentía sin igual, y un político torpe…”. Cuando Juan Galo Lavalle combatió en la Batalla de Tapi, en Riobamba, tenía 25 años.
La batalla de Riobamba se libra en Ecuador el 21 de abril de 1822 y prepara condiciones para la victoria en Pichincha. El día se había presentado lluvioso y el barro, dificultaba el desplazamiento militar. Los granaderos de San Martín se habían incorporado al ejército dirigido por el mariscal Antonio Sucre, quien le había ordenado que inspeccionara el terreno para obtener datos para el combate. Lavalle avanzó con sus hombres, 96 jinetes, cuando sorpresivamente topo con 3 batallones españoles que lo triplicaban en todo: 400 realistas a cargo del Coronel Juan Carlos Tolrá. Lo prudente hubiera sido retroceder, pero Lavalle no lo era (ni lo fue nunca).

Los españoles se encontraron con que un grupo de hombres avanzaba sobre ellos al grito de “¡a degüello!”, y habrá sido tal el arrojo de esos jinetes que, tras breve resistencia, retrocedieron siendo perseguidos hasta que Lavalle ordenó detenerse al llegar al lugar en donde se apostaba la infantería española. Es conocido localmente como el más brillante combate de caballería en las Guerra de Independencia Hispanoamericana

Repuestos de la sorpresa, la caballería y la infantería española se lanzaron en la persecución de los granaderos que regresaban a su base trotando y se produjo un segundo encuentro, en el que otra vez los españoles fueron derrotados. El informe de Lavalle describe el momento en que retrocede después de la primera carga y cómo luego observa. Sabe que la caballería española viene al galope, que son expertos, muchos y bien armados, pero... “el coraje brillaba en el semblante de los bravos granaderos y era preciso ser insensible a la gloria para no haber dado una segunda carga”, ataque que contó con el auxilio de los Dragones de Colombia, quienes estando a las órdenes de Sucre se involucraron en el combate. Es decir, la batalla de Riobamba se libró en dos tiempos y en ambos los granaderos salieron airosos. Los españoles dejaron alrededor de cincuenta muertos y un número similar de heridos, mientras que los criollos sólo tuvieron que lamentar dos bajas.

Diez años antes, con sólo quince años de edad, Lavalle había ingresado al cuerpo de Granaderos a Caballo creado por el entonces teniente coronel José de San Martín. Dicen que aún no le había terminado de crecer la barba y ya estaba enredado en combates y batallas. El informe que Sucre le envió a San Martín, dice: “Lo mandé a un reconocimiento a poca distancia del valle y el escuadrón se halló frente a toda la caballería enemiga y su jefe tuvo la elegante osadía de cargarlos y dispersarlos con una intrepidez de la que habrá raros ejemplos”. Concluyendo: “Su comandante ha conducido su cuerpo al combate con una moral heroica y con una serenidad admirable”.

Bolívar distinguió a Lavalle y sus hombres con el título de "Granaderos de Riobamba" en tanto San Martín le entregó un brazalete que decía: “El Perú a los vencedores de Riobamba” (el que exhibía cuando lo calificaron de “traidor a la Patria”). Lavalle se había ganado el apodo de “León de Riobamba”, una distinción que de alguna manera se hizo extensiva a los noventa y seis granaderos.

Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 26 de febrero de 2020

Sargento Cabral

Dicen que.....
Era zambo. Hijo de una esclava negra, Carmen Robledo y un indio guaraní que había cristianizado su nombre como Francisco Cabral, apellido de su patrón. 23 años tenía aquella calurosa mañana del miércoles 3 de febrero de 1813. Dicen que no era muy buen jinete, aunque lo dudamos, porque para aquel combate, el coronel había elegido a sus mejores hombres. Analfabeto, como casi todos en aquel tiempo, seguramente su idioma materno era el guaraní.
No se sabe bien como murió. Algunos dicen que interpuso su cuerpo entre una bayoneta realista y el cuerpo de su Jefe, caído debajo del cadáver de su caballo. Otros dicen que fue bayoneteado cuando peleaba por sacar al Coronel de debajo de su bayo muerto. Y hay alguno más que dice que mientras ataba las riendas de su caballo a las riendas del caballo muerto de San Martin, para arrastrarlo, es cuando recibe dos heridas mortales de arma blanca. 
Agonizó cerca de tres horas, para morir a media mañana, finalmente sobre una de las mesas del Refectorio (comedor) de los curas del convento de San Carlos Borromeo. Sin él y su sacrificio, nada hubiera sido igual. El futuro Libertador seguramente hubiera muerto en aquel pequeño combate y el cruce de los Andes jamás habría ocurrido, y la historia del país, de la América y del mundo hubiese sido muy distinta. Aquel humilde mártir, con su inmolación, sin saberlo, ayudó a que la Nación Argentina naciera. 
Juan Bautista Cabral se llamaba aquel soldado raso que la tradición popular convirtió en sargento, porque nunca fue ascendido post mortem oficialmente, ya que no era costumbre de la época. Aquel día lejano de febrero de 1813 fue muy caluroso, lo que hizo que los cuerpos de los caídos, realistas y Granaderos, fuesen sepultados con premura. Su cuerpo fue sepultado en una tumba grupal, sin identificación. Hoy hacen 207 años de su inmolación.
En base a un posteo de Gaspar Rodenas. Ilustración de El Noke

martes, 19 de febrero de 2019

La emparedada por la patria

Ya nos acercándonos al glorioso 20 de Febrero y es por ello que les ofrezco esta historia que revaloriza a una de las mujeres que participaron en dicha batalla. Sin las mujeres que lucharon en ese tiempo hoy no seriamos libres, sin ellas no existiría nuestra Nación. Por ellas tenemos Patria!!!
Hoy les voy a relatar la historia de Juana Moro quien era una delicada dama jujeña radicada en Salta y casada con el coronel Jerónimo López. Al iniciarse la guerra de la independencia adhirió fervientemente a la causa patriota. Doña Juana Gabriela Moro de Lopez comenzó a gozar de prestigio por su atrayente personalidad. Su patriotismo y su audacia se pusieron de relieve durante los días previos a la batalla de Salta, junto a otras damas se propusieron a conquistar a los oficiales realistas con el propósito de debilitar al ejército enemigo.
Su gran objetivo fue el Marqués de Yavi y otros oficiales de Pío Tristán a los que reúnen en la casa de Hernández (actual Museo de la Ciudad), y es allí donde los convence y los compromete a abandonar las filas realistas el día de la batalla y a regresar a Perú y trabajar por la causa de la emancipación. Estos viendo el fervor patriota y lo ajustado a la razón deciden y acuerdan huir durante la batalla hacia la casa de doña Juana Moro de López (actual calle España 782 cerca de la de Martín Miguel de Güemes), para unirse a la causa patriota, siendo adecuada esta por su extensión (una cuadra) y por contar con dos frentes. El 20 de febrero de 1813, durante la batalla de Salta, el marqués comandaba un ala del ejército de Pío Tristán y cumpliendo su compromiso decidió retirarse sin atacar huyendo por las lomas de Medeiros, “…el movimiento retrogrado que hizo la caballería enemiga" que relata en su parte Belgrano contribuyó en mucho al triunfo de las armas patriotas.
Pero no paro aquí su accionar patriótico, ya que fue partícipe de otras acciones que la llevarían a erigirse en uno de los enemigos principales de los españoles; fue sospechada de espía, pero su gran habilidad la llevo a no ser descubierta, porque nunca encontraron pruebas en su contra, hasta que un día fatídico su suerte se termino.
Al invadir Joaquín de la Pezuela, a cargo del ejercito del Perú, la provincia en 1814, a raíz de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, lo primero que hizo el jefe español, fue tomar prisionera a doña Juana Moro, la “codiciada presa”, para darle un escarmiento ejemplar. Fue apresada y obligada a cargar pesadas cadenas que no consiguieron que confesara o delatara a sus compañeros.
Pezuela, conociendo la actividad de Juana, resolvió castigarla con la muerte para lo cual ordenó encerrarla en su casa y tapiar TODAS las aberturas. Su vecina, aunque realista, se compadeció y efectuó un pequeño boquete en la pared y le proveyó agua y alimentos hasta que los realistas fueron expulsados, salvándola de morir de inanición. Desde ese momento le quedó el mote de la Emparedada.

Los castigos lejos de amedrentar a la patriota, la llevaron a agudizar más el ingenio, con mil recursos y mucha creatividad
Posteriormente realizó otras arriesgadas acciones, como la de ir en busca del general don Juan Antonio Álvarez de Arenales para conocer la posición de su ejército, del que llegaban noticias contradictorias, y preocupaba su no llegada a Salta, se vistió de coya y se marcho por valles y quebradas; días después se presentó en casa de Serafina de Hoyos, esposa de Arenales, para anunciarle que al día siguiente su esposo llegaría a Salta y desalojaría a la guarnición española. En esa oportunidad, la población entusiasmada paseo a Juana por las calles de Salta.
En otras ocasiones, en plenas invasiones realistas, supo bajo el disfraz de gaucho joven o bien de viajera inofensiva, cabalgar desde Salta a Oran o llegar a Jujuy su ciudad natal, ocupadas por los españoles, llevando partes y trayendo nuevas. Lo que contribuyo sin duda a las victorias de la Patria.
Ya en su vejes reaparecía cuando contaba ya con 68 años sobre sus espaldas; el 9 de julio de 1853 integró el grupo de damas salteñas que se dirigió al gobierno en una carta “lamentando la postergación a que se relega al sexo femenino al no permitírseles jurar la Constitución Nacional”. Su retrato, ya anciana, fue publicado por el doctor Bernardo Frías en la primera edición de su obra Historia del General Güemes (Tomo ll, página 607)
Doña Juana Gabriela Moro Díaz de López falleció en nuestra ciudad a los 89 años el día 17 de Diciembre de 1874 y fue enterrada en el panteón de la ciudad ( hoy actual cementerio de la Santa Cruz.) Tuvo al menos una hija, Serafina López Moro, y dos hijos, Ramón López Moro y el doctor Bernabé López (1808-1880), intendentes de Salta, ministro de gobierno de la provincia en dos oportunidades, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto en la presidencia de Justo José de Urquiza y uno de los principales gestores de la Liga del Norte contra Juan Manuel de Rosas.
Hace más de 50 años existió una iniciativa, de llevar sus restos al Panteón de las Glorias del Norte, ubicado en la Basílica Catedral de Salta, proporcionándose para ello la Junta de Estudios Históricos de Salta, en el año 1963. Nada sucedió hasta el día de Hoy.
Por:  Juan Oscar Wayar

jueves, 24 de agosto de 2017

25 de agosto de 1825. Independencia de Uruguay

Tras el desembarco de los Treinta y Tres, alzada la campaña de la Banda Oriental, Lavalleja constituyó un Gobierno Provisorio de la Provincia Oriental. Convocó a los Cabildos a nombrar representantes para una Sala, a reunirse en la villa de San Fernando de la Florida, con el objetivo de proceder a la declaratoria de independencia.
El 20 de agosto de 1825 fue instalada la Sala de Representantes de la Provincia Oriental. Presidida por el Diputado por Guadalupe, Juan Francisco Larrobla; fue vicepresidente Luis Eduardo Pérez y, secretario Felipe Álvarez de Bengochea. Se designó una Comisión para elaborar una Declaración anulatoria de los actos de incorporación a Brasil y Portugal. Luego se designó al Gral. Juan Antonio Lavalleja como Capitán General y Gobernador, y se crearon los Ministerios de Gobierno, de Guerra y de Hacienda. El 25 de agosto de 1825, la Sala de Representantes aprobó dos Leyes constitucionales; por la primera se declaró la independencia, y por la segunda se dispuso la unión a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

 La Ley de Independencia la Sala invocó como fundamento “La soberanía ordinaria y extraordinaria que inviste para constituir la existencia política de los pueblos que la componen” y dispuso:
 •1º - Declarar írritos, nulos, disueltos y de ningún valor para siempre todos los actos de incorporación, aclamaciones y juramentos arrancados a los pueblos de las Provincia Oriental por la violencia de la fuerza, unida a la perfidia de los intrusos poderes de Portugal y del Brasil, que la han tiranizado, hollado y usurpado sus inalienables derechos, y sujetándola al yugo de un absoluto despotismo desde el año 1817 hasta el presente de 1825.
•2º - En consecuencia de la antecedente declaración, reasumiendo la Provincia Oriental la plenitud de los derechos, libertades y prerrogativas inherentes a los demás pueblos de la tierra se declara de hecho y de derecho, libre e independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil y de cualquier otro del Universo, y con amplio y pleno poder para darse las formas que en uso y ejercicio de su soberanía estime convenientes.

La Ley de Unión dispuso: La Honorable Sala de Representantes... declara: Que su voto general, constante, solemne y decisivo, es y debe ser por la Unión con las demás Provincias Argentinas, a quien siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce. Por tanto ha sancionado y decreta por Ley fundamental la siguiente: Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata, unida a las demás de este nombre en el territorio de Sud América.
Otra Ley, sancionada en la misma fecha, dispuso la creación del Pabellón Nacional.

martes, 26 de enero de 2016

La idea del combate permanente

En enero de 1814 los realistas preparaban en Cotagaita el ejército invasor para tomar Jujuy, mientras Belgrano se encontraba en Humahuaca tratando de organizar la resistencia. El coronel Manuel Dorrego había sido comisionado para reunir en Jujuy y Salta, los restos del ejército en retirada y reclutar nuevos efectivos y provisiones para detener esta nueva invasión que pretendía llegar hasta Buenos Aires con el apoyo de Montevideo. La invasión de Pezuela pretendía aniquilar al ejército en retirada, evitando el encuentro con los refuerzos comandados por San Martín, que los esperaba en la Posta de los Algarrobos, cercano a Yatasto.
Dorrego reunió 500 nuevos soldados y 250 dispersos con los que organizó un regimiento que llamó de "Partidarios", requisó 1.000 caballos y ganado vacuno; hizo fabricar armas, especialmente lanzas, fornituras y municiones, acciones que motivaron un oficio dando superadas las desinteligencias y reincorporándolo al ejército.
En San Salvador de Jujuy comenzó una febril actividad en los jóvenes que organizados en milicias con movimientos de guerrilla, participaban de ejercicios diarios consistentes en correrías a caballo, montar y desmontar, prácticas de tiro y uso de la lanza. También fabricaban armas caseras, labores en las que participaban hombres y mujeres.
Belgrano llego a Jujuy y organiza la retirada, poniendo en funciones al coronel Dorrego. La ciudad fue abandonada entre el 15 y el 16 de enero de 1814. Dorrego combatirá hasta ser desalojado el día 17, produciéndose un nuevo éxodo que no fue como el de 1812, ya que espontáneo y sin destino fijo, ocuparon las afueras de la ciudad, cerros y estancias vecinas.  

La Guerra Gaucha
Las milicias gauchas ocuparon los alrededores, ahora con hombres bien montados y adiestrados,  comenzando a hostigar al invasor que había ocupado la ciudad. Atacaban y desaparecían rápidamente, dejando muertos y heridos en el enemigo.
La resistencia de Dorrego permitió la llegada de las tropas patriotas a Tucumán y el encuentro de Belgrano con San Martín. Éste asumió el mando del ejército el 30 de enero, poniendo a cargo de la vanguardia a Martín Miguel de Güemes.
En adelante, todo fue ataques rápidos, certeros, sorpresivos. Nacía la idea del combate permanente en el pueblo. La Guerra Gaucha, había comenzado.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

domingo, 14 de septiembre de 2014

Juan Hualparrimachi. Héroe y Poeta.


El 2 de agosto se festeja en Bolivia el Día del Indio, Día del Campesino. Fue el teniente coronel Germán Busch, que siendo Presidente en 1937 emitió el decreto en homenaje al guerrillero y poeta Juan Hualparrimachi. 
Juan tuvo por madre a la princesa María Sauraura, descendiente directa del Inca Huáscar. Su padre fue don Francisco de Paula y Sanz, hijo del rey Carlos III y de una princesa napolitana, quien había gobernado Potosí al servicio del rey de España durante varios años. Supo tenerla a María amancebada durante un tiempo y luego la abandono en la miseria, produciéndole tal depresión que la condujo a la muerte. Juan adopto el apellido de su abuelo materno, Hualparrimachi, y es reconocido como un poeta melancólico y triste, por su condición de hijo “natural” y por la explotación sufrida por su gente; y su poesía revela ese dolor.
Juan Hualparrimachi, el mestizo, se puso al servicio del matrimonio Padilla, y se enamoró secretamente de Juana Azurduy, de quien fue lugarteniente. Hombre de confianza, supo ser el cuidador de los hijos del matrimonio e incluso rescato a dos de ellos, que habían caído en manos de los realistas.
Se estaban gestando las “republiquetas” como forma de organización, y en la republiqueta de La Laguna (Alto Perú; hoy, Bolivia), entre el 2 al 6 de agosto de 1814, los patriotas libraron una sangrienta batalla conocida como el combate de Cerro de las Carretas, en la que vencieron. Fue un indio traidor llamado Artamachi, el que condujo en la noche del 7 de agosto de 1814, al ejército español por un sendero secreto que atravesaba un barranco, con el fin de capturar a Juana Azurduy. El poeta guerrero Juan Hualparrimachi, que como siempre se presentó para ayudar a doña Juana, se defiende y posibilita que los ruidos de disparos y sables atraigan a Manuel Padilla con un grupo a su mando, lo que pone a realistas a la fuga. “Pero antes una descarga de fusilería, que tenía como blanco a la futura teniente coronela del Ejército Argentino, encontró a su paso el pecho del joven cholo, quien cayó con su pecho destrozado sin alcanzar a proferir ni un gemido” (O'Donnell, Mario. Juana Azurduy, la Teniente Coronela. Bs. As.; Editorial Planeta; 1994).
El Poeta y Guerrillero, el joven fuerte y experto en arcos, flechas envenenadas y en el manejo de la huara (honda aymará); el que también tocaba la quena y escribía poesías, murió teniendo 21 años. Fuentes más románticas afirman que murió de un lanzazo al interponerse en su trayectoria para evitar la muerte de la mujer amada en secreto. Escribió este poema:
¿Chekachu, urpílay,
Ripusaj ninqui,
Caru llajtata?
¿Manan cutinqui?…
“Rinayqui ñanta
Ckabuarichibuay,
Nauparisuspa, buackaynillaybuan
Chajcbumusckayqui.
“Rupbaymantari, nibuajtiyquiri,
Huackayniyllari,
Ppuyu tucuspa
Llantuycusuncka.
“¡Aucharumij buabuan!
¡Auca Kakaj churin!
¿Imanasckataj
Sackeribuanqui?

¿Es verdad, amada mía que dijiste,
me voy muy lejos para no volver?
Enséñame ese camino, que adelantándome,
Lo regaré con mi llanto.
Cuando me digas del calor del sol,
mi llanto, en nube convertido te hará sombra.
¡Hijo de la piedra! ¡Hijo de la roca!
¿Cómo me has dejado?

Por : Juan Carlos Ramirez.

Fuentes:
Valencia Vega, Alipio. Manuel Padilla y Juana Azurduy. La Paz; Librería Editorial "Juventud"; 1981
Disertación del Presidente Evo Morales al recibir el Doctorado Honoris Causa de las Universidades Nacionales de Cuyo y de San Juan.
La traducción del poema corresponde a Jozquín Gantier.

domingo, 2 de marzo de 2014

Juana

Juana Azurduy, quien fue hija de un matrimonio de mestizos, se presume que nació en La Plata ya que allí fue bautizada en 1781. Junto a su esposo, se sumo a la Revolución de Chuquisaca que el 25 de mayo de 1809 destituyó al presidente de la Real Audiencia de Charcas, y sumados al Ejército Auxiliar del Norte combatieron a los realistas. Después de los combates de Vilcapugio y Ayohuma, el General español Goyeneche le ofrece garantías y honores, un cargo remunerado y una suma de dinero para que abandone la lucha. Juana contestará: “Qué chapetones éstos, me ofrecen mejor empleo ahora que me porto mal que antes cuando me portaba bien” y contesta: “Con mis armas haré que dejen el intento, convirtiéndolos en cenizas, y que sobre la propuesta de dinero y otros intereses, sólo deben hacerse a los infames que pelean por su esclavitud, no a los que defienden su dulce libertad como yo lo hago a sangre y fuego
Tras la derrota en la batalla de Huaqui (20 de junio de 1811), el ejército del virrey recuperó el control del Alto Perú. Las propiedades de los Padilla, las cosechas y sus ganados, fueron confiscadas y tanto Juana como sus cuatro hijos, fueron apresados. Padilla logró rescatarlos, refugiándose en las alturas de Tarabuco. En 1812 el matrimonio se puso a las órdenes del general Manuel Belgrano, nuevo jefe del Ejército Auxiliar del Norte.
En el verano de 1816 organizó la defensa de la región conocida por el nombre de Hacienda de Villar, y en un combate, ella misma arrebató la bandera realista. El 3 de marzo de 1816, Juana comandando un grupo de 200 hombres asedió a las tropas españolas en el cerro Potosí, derrotándolos el 8 de marzo. Por estas acciones que informara el Gral. Belgrano, el gobierno de Buenos Aires le otorgó el grado de Teniente Coronel de las Milicias.
Sembraba terror entre los españoles porque entraba en combate sable en mano, vistiendo una túnica escarlata con franjas y alamares de oro y un birrete con adornos de plata y plumas blancas, afirmando su condición de mestiza.
El 14 de noviembre de 1816 fue herida en la batalla de La Laguna, su marido acudió a rescatarla y en este acto fue herido de muerte. La cabeza de Padilla fue exhibida en la plaza pública durante meses, ésta se convirtió en un símbolo de la resistencia. El 15 de mayo de 1817, Juana al frente de cientos de cholos, recuperó la cabeza de su compañero. Juana perdió a cuatro de sus cinco hijos en los campos de batalla, y llegó a combatir con uno de sus bebes en brazos.
Cuando disminuyó el apoyo logístico a la guerrilla se replegó al sur y tras la muerte de Martín Miguel de Güemes, se vio reducida a la pobreza. En 1830, mientras vagaba por las selvas del Chaco argentino, escribe la siguiente carta: “A las muy honorables juntas Provinciales: Doña Juana Azurduy, coronada con el grado de Teniente Coronel por el Supremo Poder Ejecutivo Nacional, emigrada de las provincias de Charcas, me presento y digo: Que para concitar la compasión de V. H. y llamar vuestra atención sobre mi deplorable y lastimera suerte, juzgo inútil recorrer mi historia en el curso de la Revolución.(…)Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; mas el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme. Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; más el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido, el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme”.
Pasó varios años en Salta solicitando al gobierno boliviano, ya independiente, sus bienes confiscados. El mariscal Antonio José de Sucre le otorgó una pensión, que le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares. Murió indigente el día 25 de mayo de 1862 cuando estaba por cumplir 82 años, siendo enterrada en una fosa común. Paso un siglo antes de que sus restos fueran exhumados y guardados en un mausoleo que se construyó en su homenaje en la ciudad de Sucre.

Por: Juan Carlos Ramirez
Documentos tomados de los portales web:Portal de Salta y Diputados Misiones.
Libro: Las damas del Rio de la Plata, de Silvia Baya Carranza.

martes, 9 de julio de 2013

Congreso de Tucumán. Instrucciones

Instrucciones de la Junta Electoral de Buenos Aires a sus representantes en el futuro Congreso General
Aunque la Junta Electoral está bien persuadida del Patriotismo, ilustración y buenos deseos en favor de la causa pública, que caracterizan a los Diputados que ha elegido para el Congreso General, no cree, que llenaría los deberes de su encargo, ni correspondería a la confianza, que ha merecido a sus Conciudadanos, si al darles a nombre de estos los poderes, no les hiciese encargos especiales sobre aquellos puntos, que juzgan los Electores deben tener especialmente presentes, y promover con empeño los Diputados para asegurar al Pueblo sus derechos, y preparar su felicidad. Por lo mismo ha acordado darles a nombre de esta Provincia las siguientes Instrucciones.
Es el primero, y principal encargo, que hace la Junta a los diputados, que procuren por cuantos medios estén a sus alcances la indivisibilidad del Estado, y que en la Constitución se separen, y deslinden los tres Poderes Legislativo, Ejecutivo, y Judiciario con la mayor exactitud posible, y de modo que jamás se confundan las funciones y atribuciones del uno con las del otro.
2. - Que se asegure al Pueblo el ejercicio de la Soberanía, que el mismo Congreso debe reconocer en el, en todos los casos, en que racionalmente puede ejercerla por sí mismo: reservándole por consiguiente 1° el Poder judiciario, o de juzgar por Jurados, de modo que jamás pueda verificarse, que un ciudadano sea desterrado, ni molestado en su persona, o en sus bienes, sino es por juicio de sus iguales. 2° el Censorio, para ejercerlo principalmente por medio de la libertad de la prensa. 3° el derecho de representar a la autoridad pública aunque sea cualquiera particular. 4° el de resistir a cualquiera autoridad, que no se contenga dentro de los límites, que le señala la Constitución.
3. - Por cuanto el Pueblo no puede ejercer racionalmente por sí mismo el Poder de hacer Leyes, interpretarlas, suspenderlas, y revocarlas y es por lo mismo indispensable, que lo haga por medio de los Representantes, que el nombre, después de publicada la Constitución en el modo, y forma que ella lo determine, creen los Electores, que, en materia de tanta importancia, no pueden dejar de encargar, como encargan a los Diputados, que procuren se subdivida el Poder Legislativo en dos, o más Secciones distintas, independientes entre sí, y ordenadas de modo, que la mutua emulación empeñe a todas al trabajo, y por este medio se asegure el acierto en sus determinaciones.
4. - Subdividido el Poder Legislativo encarga la Junta a los Diputados, solícitos, que a la Sección más popular se le reserve la iniciativa para la imposición de contribuciones, empréstitos, y otros cualesquiera recursos, o auxilios, que necesite el Poder Ejecutivo (los que creé conveniente la Junta no se concedan, sino por el tiempo más limitado, que pueda ser) cuando sea necesario aumentar las Rentas del Estado: aunque la Sanción deba verificarse por todas las Secciones Constituyentes.
5. - Sea cual fuere la Constitución del Estado, podrán introducirse abusos en la administración pública, que necesiten reformas; y para que estas puedan verificarse en paz, creé la Junta deber encargar, como lo hace, a los Diputados procuren se sancione en la Constitución, que concluido el tiempo establecido por Ley fundamental para la duración del Poder / Ejecutivo, se dejen algunos días vacos, para que en ellos el Cuerpo Legislativo reforme lo que deba reformarse, e ínterin esto no se verifique no se proceda a la elección.
6. - Persuadiendo la razón, y habiendo acreditado en todos los tiempos la experiencia, que se administrase por muchos el Poder Ejecutivo se siguen los mayores males a un Estado, se hace particular encargo a los Diputados, se esfuercen en cuanto les sea posible en que el Poder Ejecutivo se concentre en una sola persona.
7. - Por grandes que sean los esfuerzos que hagan los Diputados de todas las Provincias Unidas y a pesar del empeño, que esperamos tomen en formar una Constitución sabia, y adaptable a nuestras circunstancias, es muy probable, que sucesivamente se vayan notando en ella defectos, que el tiempo, y la experiencia hagan conocer, y que sea necesario variar o reformar. Por lo mismo encarga la Junta Electoral a los Diputados por esta Provincia soliciten en el Congreso, que la misma / Constitución establezca un período de tiempo dentro del cual deban verificarse estas reformas, que podrían ser el de dos renovaciones totales del Cuerpo Legislativo.
Por último espera y esta bien persuadida la Junta Electoral que los Diputados por la Provincia de Buenos Aires en el Congreso General solicitarán en favor de esta todo aquello, a que la han hecho acreedora sus heroicos sacrificios por la libertad de todas las de la Unión, y que sea compatible con la felicidad, y bien general del estado. Buenos Aires 12 de Septiembre de 1815.

Sesiones  de la Junta Electoral de Buenos Aires,  Facultad de Filosofía y Letras, (1815-1820), Documentos para la Historia Argentina, Buenos Aires, 1917, T. VII, págs. 43 y sigs.

domingo, 10 de febrero de 2013

Manuel de Escalada,entre Chacabuco y Buenos Aires

El General Manuel de Escalada ingresó al ejército como Alférez de la 1ª. Compañía del 1er. Escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo, en septiembre de 1812. Nacido en Buenos Aires el 17 de junio de 1795, hijo de Antonio José de Escalada, era hermano de Remedios y de Mariano Escalada, y estudió en el Colegio de San Carlos de Buenos Aires. Su hermana Remedios se casó con el comandante del Regimiento de Granaderos a Caballo, coronel José de San Martín. Manuel fue uno de los primeros oficiales del cuerpo, al igual que su hermano. Juntos lucharon en la batalla de San Lorenzo y prestaron servicios en el Sitio de Montevideo hasta 1814.
Integró el Ejército del Norte, asistiendo a los combates de Puesto del Marqués, Venta y Media y Sipe-Sipe. Como parte del Ejército de los Andes combatió en Chacabuco, con el grado de Sargento Mayor. Tras la batalla se le ordenó notificar del éxito al Director Supremo de las Provincias Unidas, en Buenos Aires. La orden fue cumplida en tiempo record pues partió de la Cuesta de Chacabuco la misma noche del 12 de febrero de 1813 y el 14 de febrero a las tres de la tarde, desplegando una bandera prisionera española, apareció exclamando “¡Victoria!” en la plaza de Mendoza. El viaje restante hasta Buenos Aires lo realizó con la misma celeridad, y llegó a la capital a las tres de la tarde del 26 de febrero. Recorrido 310 leguas, 2329 kilómetros.
“Al recibirse la noticia de la victoria, fue un día de locura para el pueblo”, escribía Pueyrredón a San Martín. Después de la batalla de Maipú, rompió su propia marca.Manuel de Escalada, es recordado por el Arma de Comunicaciones como uno de sus arquetipos. Quedó ciego hacia 1865, y falleció el 13 de diciembre de 1871 en Buenos Aires.

Fuente:
Mitre, Bartolomé. Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana. Bs. As.,
Ed. Eudeba,  1968.

jueves, 27 de diciembre de 2012

La Libertadora del Libertador


 El 27 de dciembre de 1797 nació en Quito, Manuela Sáenz Aizpuru. Hija del español Simón Sáenz Vergara, y de la criolla María Joaquina de Aizpuru (se cree que falleció el día que nació Manuela o, dos años más tarde).
Manuelita se crió en el Convento de las Monjas Conceptas (Real Monasterio de la Limpia e Inmaculada Concepción), y luego estudió en el monasterio de Santa Catalina de Siena (Quito), de la Orden de Santo Domingo. Aprendió a bordar, a elaborar dulces y a comunicarse en inglés y francés, habilidades y labores con las que se mantendría en sus años de exilio en Paita (Perú). A los 17 años huyó del convento, se cree, con un oficial del Ejército Real, y en diciembre de 1816 conoció en Quito al médico James Thorne, veintiséis años mayor que ellas. Se pactó la boda para julio de 1817, en Lima, ciudad que no conocía las condiciones «ilegítimas» de su nacimiento.
Se involucró en actividades políticas, apoyando la causa de Bolívar en la Nueva Granada y de San Martín en el Perú. Contribuyó en el cambio del Batallón Numancia, del cual formaba parte su hermano José María, hacia las filas patriotas. José de San Martín, luego de tomar Lima y proclamar su independencia el 28 de julio de 1821, le confirió a Manuelita Sáenz el título de Caballeresa de la Orden “Sol del Perú”. Manuela, quien regresó al Ecuador en 1821 para reclamar su herencia, se encontró el 16 de junio de 1822 con Simón Bolívar, durante la entrada triunfal del Libertador a Quito. Así describe el momento en su diario: “Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tomé la corona de rosas y ramitas de laureles y la arrojé para que cayera al frente del caballo de S.E.; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caída, a la casaca, justo en el pecho de S. E. Me ruboricé de la vergüenza, pues el Libertador alzó su mirada y me descubrió aún con los brazos estirados en tal acto; pero S. E. se sonrió y me hizo un saludo con el sombrero pavonado que traía a la mano”.
Manuela y Simón Bolívar se convirtieron en amantes y compañeros de lucha. En 1823, le acompañó al Perú y permaneció a su lado hasta culminar la gesta libertadora. Manuela Sáenz combatió en la Batalla de Pichincha, recibiendo el grado de teniente de húsares del Ejército Libertador. Posteriormente luchó en Ayacucho bajo las órdenes del mariscal Antonio José de Sucre, quien le sugirió a Bolívar su ascenso a coronela, rango que le fue concedido. Lograda la Independencia, Bolívar y Manuela se radicaron en la ciudad de Santa Fé de Bogotá, donde el 25 de septiembre de 1828, el Libertador sufriría un atentado que se frustró gracias a la valiente intervención de Manuelita. Sus enemigos políticos, conjurados para darle muerte aquella noche, fueron descubiertos por Manuela al entrar al palacio de San Carlos (actualmente sede de la Cancillería de Colombia). La valiente mujer se plantó frente a los rebeldes, dando tiempo a que Bolívar salvara su vida escapando por la ventana. Por estas acciones, el mismo Bolívar la llamó la Libertadora del Libertador. Después del fallecimiento de Bolívar, el gobierno de Francisco de Paula Santander desterró a Manuelita Sáenz de Colombia, por lo cual hubo de marchar exiliada a Jamaica. Regresó a Ecuador en 1835, pero su pasaporte fue revocado, decidiendo entonces instalarse en el pueblo de Paita, al norte del Perú. Allí sería visitada por Giuseppe Garibaldi, el escritor peruano Ricardo Palma (que se basó en sus relatos para redactar parte de sus Tradiciones peruanas), y el venezolano Simón Rodríguez. Durante los siguientes 25 años viviría de la venta de tabaco, de traducir y escribir cartas para los balleneros americanos que pasaban por la zona, de bordar y hacer dulces por encargo. Manuelita Sáenz falleció el 23 de noviembre de 1856, a los 59 años de edad, en la población de Paita, Perú, durante una epidemia de difteria que azotó la región. Su cuerpo fue sepultado en una fosa común del cementerio local y todas sus posesiones fueron incineradas, incluyendo una parte importante de las cartas de amor de Bolívar y documentos de la Gran Colombia que aún mantenía bajo su custodia. Manuelita entregó a O’Leary gran parte de los documentos con que este elaboró la voluminosa biografía sobre el Libertador, de quien Manuela llegó a decir: «Vivo adoré a Bolívar, muerto lo venero». El 5 de julio de 2010, fue colocado en el Panteón Nacional un cofre que contiene tierra de la localidad peruana de Paita, donde fue enterrada Manuela Sáenz. Estos restos simbólicos reposan en un sarcófago junto al Altar Principal, donde yacen los restos de Simón Bolívar. Adicionalmente, a Sáenz se le concedió póstumamente el ascenso a generala de división del Ejército Nacional Bolivariano por su participación en la guerra independentista, en un acto al que asistieron los presidentes de Ecuador y Venezuela.
Nota elaborada en base al artículo publicado en www.pgr.gob.ve

jueves, 5 de julio de 2012

Juana Azurduy - Capitana del Ejército

Oficio de Manuel Belgrano al gobierno de Buenos Aires, poniendo de relieve la heroica actuación de Juana Azurduy de Padilla. Tucumán, 26 de julio de 1816. Archivo General de la Nación. Sala X-23-2-3

"En el número de 700 hombres entre la caballería salieron de Chuquisaca con el objeto de aniquilar las tropas que componían mi División, y más sabiendo de la ausencia que hice al pueblo de Pomabamba, con el fin de allanar las disensiones domésticas apenas estaría un día en aquel lugar, cuando se me da el parte de la acelerada marcha del enemigo, sin que por mi ausencia se me dedicase ningún comandante de los de mi satisfacción a impedir este veloz viaje tan ruinoso para los habitantes de mi Provincia, y sirviéndome este aviso de suficiente motivo para mi regreso, encontré en ella dispersión de mis tropas y sin más rumbo que la anarquía, y el desorden causado por el oficial indecente Pedro Terraras y Narciso Callejas, a quienes dándoles el pronto destino de Santa Cruz pude organizar nuevamente para formar con ellas las defensas en los puntos más aparentes, dando lugar a que el enemigo se internase al centro de mi Provincia y cortarle después todos los auxilios y correspondencia que pudiera tener con la ciudad de la Plata.
Para que mis designios se efectuasen, me puse con mi división en el punto de San Julián una legua distante de la Laguna, lugar donde hizo su Cuartel General el enemigo situando en el oriente, en la parte del Sur, que es el Villar, a mi esposa, doña Juana Azurduy con treinta fusileros y doscientos naturales con toda arma: en el punto de Sopachuy que hace en el intermedio del Sur y Occidente al capitán don Jacinto Cueto, con cuarenta fusileros, treinta lanceros y quinientos naturales de toda arma, y los mas de ellos bien cabalgados. En el punto de Tarabuco que hace al occidente, al comandante don José Serna con treinta fusileros y con todos los naturales de aquella doctrina, que pasaban de dos mil hombres; quienes con sobrada energía, amor e intrepidez por la sagrada causa de la patria, miraban con desprecio sus vidas por oprimir al enemigo intruso, e interceptar sus correspondencias; colocados pues en los indicados puntos mandé que alternativamente hostilizasen al enemigo con frecuentes guerrillas expedidas por sus partes: el día tres de marzo dispuse una guerrilla por mi parte, a la cual concurrió el enemigo con todo su trozo que a no haber logrado de un punto ventajoso del que podía ofender, con sobrada seguridad mis determinaciones hubieran estribado en la seguridad del retiro, y del que tal vez presumió el enemigo haberlo verificado así, por la poca gente que se le apareció respecto de estar la mayor parte ..."


► Homenaje de Felix Luna y Ariel Ramirez 

Transcripto por: Juan Carlos Ramirez (Documento del A.G.N.)

jueves, 22 de marzo de 2012

Yatasto

Los que estudian economía colonial, acuerdan que la creación de nuevos epicentros de poder económico, como Potosí, significó la satelización local en función de las nuevas demandas, y a la vez introdujo un factor dinámico que posibilitó la expansión regional. La entrega de tierras del Este en merced para ser ocupadas y trabajadas, dio nacimiento a numerosas haciendas que se establecieron cerca de los fuertes o sobre el camino que unía el Río de la Plata con el Alto Perú. Estos establecimientos tomaron importancia cuando se acrecentó el comercio entre el Alto Perú y el Puerto de Buenos Aires, se consolidaron las comunicaciones a raíz de la creación del Correo Oficial en 1767, y por la formación de postas en 1772.
Entre las nuevas, estaba la Hacienda de San José de Yatasto, por una merced de 80.000 has. entregadas a principios del siglo XVIII, y también, la posta necesaria, cerca del arroyo Yatasto. Disfrutando de la lectura de “Viajes de España a Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Potosí, Chile y Lima - años 1713 - 1717”, escrito por José Cipriano de Herrera y Loziaga, el que fuera presidente de la Real Audiencia de Charcas nos anoticia sobre el arroyo Yatasto, entendiéndose que es la publicación más antigua al respecto. La hacienda de referencia se encuentra a 12 km de la ciudad de Metán, a 3km de la ruta nacional Nº 34, y antes de llegar a Rosario de la Frontera. Al salirse del camino y recorrer un pequeño trecho se ingresa al lugar histórico, unos trescientos metros después, tras franquear una tranquera y un pequeño arroyo, se encuentra lo que fue la Posta de Yatasto.
Hacia 1780 Francisco Toledo Pimentel hereda la hacienda (probablemente de Don Vicente Toledo Pimentel). Don Francisco, consciente del ruinoso estado del casco, la reedifica en 1784, como nos advierte el dintel de la puerta principal. Actualmente se conserva sólo un parte del edificio, del que a pocos metros y paralelamente, se mantienen los restos de cimientos de piedra que pertenecieron a distintas dependencias del viejo casco de estancia, incluyendo una Capilla. La estructura original conformada por una serie de habitaciones, se originaban alrededor de una patio de trabajo, hoy prácticamente desaparecido. Consta de cuatro habitaciones en planta baja y una en planta alta a la que se accede mediante una escalera interior. Tal como la describe la página virtual Museonor, y tal como la hemos visto, sus paredes son de adobe, revocadas y encaladas. La estructura portante del techo, las columnas de las galerías, el entrepiso, la escalera, rejas, puertas, ventanas y balcón son de madera, modalidad muy común en la zona explicable por la abundancia de árboles de calidad. Están trabajadas con hachuela y las rejas y la baranda del balcón han sido terminadas con escofina. Sus fachadas sobrias, de volúmenes netos, fuertes, y grandes planos con marcado predominio de llenos sobre vacíos, le confieren la pureza de líneas que caracterizan la época. La habitación única que se construye en “altos” permitía un mayor control visual del entorno. Puede considerarse por sus características, como una típica vivienda rural de alto nivel para el período de la colonia.
Pueden observarse añosos algarrobos (Prosapis Alba) que han crecido junto a los cimientos del sector caído, además de otros ejemplares como talas (Celtis Tala), palo borracho (Chirisia Insignis), mistoles (Ziziphus Mistol), pacará (Enterolobium Contortisiliquum), ceibo (Eritina Sp), etc., que le dan un marco y representan el ambiente característico de la zona. El conjunto histórico comprende la casa con el mobiliario de la época, la casa del cuidador, un playón donde está el mástil y numerosas placas recordatorias. En el predio hay una especie de lavadero de manos de cuero sobre unos viejos maderos, un añoso árbol circundado por un cantero de piedras y una gran tinaja de barro para acumular agua.
Sobre la posta en sí, es de esperar que fuera de adobe, con techo de paja y no tan confortable, de acuerdo a la época, como los de la casa solariega. En la colonia la posta era un lugar de descanso al paso, en donde los viajeros comían y pasaban la noche, y tras cambiar los caballos seguían su camino. Tras la Revolución de Mayo su valor de Posta se acrecentó al adquirir valor estratégico y se destacaba por "el alto balcón, la extensa galería cubierta, sus talladas puertas de madera y las rojas tejas de media caña del techo salidizo” de la casa principal.
Francisco Toledo Pimentel apoyo la causa patriótica y aportó al Ejército Auxiliar del Norte, comandado por el General Balcarce, 1.300 caballos y 100 vacunos. Fue en su hacienda en donde el General Manuel Belgrano llego el 23 de marzo de 1812 y en donde recibió la Jefatura del Ejército del Norte de manos del General Pueyrredón en 1812. Fue el lugar en donde el 17 de enero de 1814, los propietarios acogieron al Coronel José de San Martín, quien recibió la jefatura del ejército de manos de Belgrano el 20 de enero de 1814. Además de hospedar también al Teniente Coronel Martín Miguel de Güemes a fines de febrero de 1814, cuando éste recibió el cargo de Comandante de las Avanzadas del Río Juramento.
La casona fue declarada Monumento Histórico Nacional por Ley Nº 95.687 del 14 de julio de 1942, funcionando como museo desde 1950, cuando sus propietarios donaron el solar al Estado nacional, realizándose además su restauración.

sábado, 29 de enero de 2011

Grito de Asencio 28/02/1811

"Un puñado de orientales, cansados ya de humillaciones, había decretado su libertad en la villa de Mercedes (...) y la primera voz de los vecinos orientales que llegó a Buenos Aires fue acompañada de la victoria del 28 de febrero de 1811: día memorable que había señalado la Providencia para sellar los primeros pasos de la libertad en este territorio, y día que no podrá recordarse sin emoción, cualquiera que sea nuestra suerte". J. G. Artigas (1)
El "Grito de Asencio" fue el triunfo de los orientales en armas dirigidos por Venancio Benavídez y Pedro Viera frente a los españoles. Este hecho militar implicó la desobediencia al poder españolista impuesto desde Montevideo, permitió la toma de la villa de Mercedes y Santo Domingo de Soriano por los rebeldes que apoyaban el pronunciamiento de la Junta de Buenos Aires, configurando la "admirable alarma"(2): el comienzo de la revolución oriental en la campaña. "(...) él fue la alborada de la Revolución que empieza a conmover a las masas y muestra ya su signo más evidente: su carácter predominantemente rural"(3)
La crisis política en España por la invasión napoleónica desde 1808 había debilitado el poder de este imperio en América. Hacia 1810 la instalación del Consejo de Regencia en la península agravó los conflictos en la región del Plata. En la capital del virreinato del Río de la Plata, Buenos Aires, el virrey pierde apoyo militar, de comerciantes, letrados, sacerdotes y propietarios importantes de la ciudad Estos cuestionan la autoridad del nuevo gobierno en España, cesan al virrey Cisneros y establecen una Junta. En junio de 1810, se solicita el reconocimiento de la Junta al Cabildo Abierto de Montevideo, quien la rechaza y jura fidelidad al Consejo de Regencia. Esta actitud de Montevideo se explica por el predominio en la ciudad de militares y marineros españoles, y por la rivalidad comercial y portuaria con Buenos Aires. Mientras en la campaña oriental, los pueblos que se encontraban bajo la jurisdicción montevideana acataron la resolución de la ciudad (ej: Villa de Guadalupe); los de la jurisdicción bonaerense apoyaron la junta revolucionaria, pero fueron presionados por el gobierno de Montevideo para no reconocerla oficialmente (ej.: Maldonado). Así comienza un proceso de división en el territorio oriental entre la ciudad españolista y la campaña revolucionaria.
En enero de 1811 Elío llega a Montevideo desde España con el título de Virrey, y desde ese momento inicia los preparativos para declarar la guerra a Buenos Aires, lo que hará el 12 de febrero. Para ello toma una serie de medidas fiscales que le permitan hacerse de recursos: regularización de títulos de propiedad de tierras para el pago de la contribución, solicitud de donativos patrióticos, impuestos a las importaciones de cuero, tabaco, control del contrabando permitiendo el comercio sólo a buques autorizados y a través de intermediarios nacionales. Estas medidas perjudicaban a hacendados, comerciantes, barraqueros y navieros en su actividad mercantil que venía decayendo por la situación de crisis y el control español del comercio, ya que impedía el comercio con los ingleses. A estas medidas fiscales se suman los empréstitos forzosos al clero, empleados, propietarios, artesanos, hacendados, comerciantes, y el uso de la fuerza para coaccionar a los pueblos a reconocer la autoridad de Montevideo. En consecuencia, algunos jefes militares al servicio del gobierno español, pero con gran asidero en la campaña oriental, se pasan al bando revolucionario, como es el caso de Artigas el 15 de febrero de 1811, quien abandona las fuerzas españolas de Colonia y solicita auxilios al gobierno de Buenos Aires para los levantamientos en la campaña.
Es en este clima de disconformidad y resistencia a lo que consideraban opresión por parte del gobierno españolista en Montevideo, que se genera el levantamiento armado de Asencio, comenzando la revolución oriental.

Citas:
(1) Oficio fechado en el Cuartel General en el Daymán, 7 de diciembre de 1811, en el que Artigas describe al "Señor Presidente del Paraguay", lo que denomina la "admirable alarma". Citado por W. Reyes Abadie, O. H. Bruschera, T. Melogno: "El Ciclo artiguista" Tomo 1, UDELAR, Montevideo, 1968. Pág. 63-65.
(2) Idem. Pág. 65.
(3)W. Reyes Abadie, O. H. Bruschera, T. Melogno: "El Ciclo artiguista", Tomo 1, UDELAR, Montevideo, 1968. Pág. 65.
Publicado en el Portal Educativo de Uruguay, visto el 28/01/2011

jueves, 27 de agosto de 2009

Nuevas perspectivas

El proceso abierto por la crisis de la Monarquía española y las guerras de independencia en el Río de la Plata revela que la nación Argentina es el producto de una historia conflictiva de construcción no sólo de las formas de organización política sino también de la propia identidad nacional. Desde esta perspectiva, en los últimos 10 años se produjo una interesante renovación de temas de estudio con materiales poco explorados hasta el presente, así como una reformulación de preguntas a temas clásicos. Estas nuevas cuestiones las abordaré centrando mi exposición en tres temas: la identidad, la soberanía y la representación política.
Las formas de la identidad colectiva: En los últimos años se ha reexaminado la relación existente entre el proceso de Independencia y la formación de la Nación, a raíz de los nuevos indicios que revelaron la ambigüedad en la que se encontraba el sentimiento público en los inicios de la Revolución. Las diferentes expresiones del sentimiento público durante el tramo final de la crisis del antiguo orden y el principio de la Revolución, revelan que se podía ser español americano frente a lo español peninsular, rioplatense frente a lo peruano o porteño frente a lo cordobés. Es decir, que la existencia de elementos de diferenciación de los americanos con respecto a los europeos a fines del siglo XVIII, reconoce a menudo un origen diferente del de aquellos que se vincularon posteriormente con la emergencia de una identidad nacional durante el siglo XIX.
Un reexamen del uso de vocablos significativos como español americano, patria y ciudad, en el periodismo ilustrado anterior a la Revolución de Mayo, descubrió cómo formas de identidad tales como la de español americano y la de argentino cobraron una dimensión distinta de la que suele atribuírseles, y permitió comprender mejor su presencia y peso relativo en el proceso de gestación de una nacionalidad argentina. Esta perspectiva llevó al historiador José Carlos Chiaramonte a revisar el presupuesto de la existencia de una identidad nacional prefigurada a fines del período colonial. En efecto, Argentino habría surgido, antes de 1810, de un impulso de regionalismo integrador dentro del mundo hispano y en enfrentamiento a lo peruano debido a la rivalidad entre Lima y Buenos Aires. Por su parte español americano habría correspondido a una forma de identidad cuya génesis es la oposición regional americana a lo español.
Lo cierto es que estos vocablos no tradujeron la existencia de un sentimiento de nacionalidad unívoco, ni argentino, ni de otra naturaleza que estuviese por reemplazar al español. Argentino es sinónimo de habitante de Buenos Aires y sus zonas aledañas. El alcance territorial del término se expandió en la medida en que se consideró una relación de posesión por parte de la capital virreinal sobre el resto del territorio. De modo que la permanencia de los sentimientos de "americano" y "provincial", iniciado el proceso emancipador, no constituyeron adherencias extrañas a un presupuesto sentimiento "nacional" argentino, sino formas alternativas del sentimiento público. De las diversas formas de identidad colectiva que convivieron a fines del periodo colonial, se distinguirán con mayor claridad tres formas luego de 1810: la identidad americana, la urbana luego provincial y la rioplatense o argentina.
Por otra parte, en los primeros años de la Revolución nación remite tanto a la nación española como a la nación americana. La expresión nación argentina fue completamente desconocida al iniciarse el movimiento emancipador. La nación que se concibe hacia 1810 en el Río de la Plata exhibe así un aspecto concreto y territorial, es la reunión de sus componentes; es decir de los pueblos y provincias intendenciales. Estos rasgos no serían exclusivos del Río de la Plata, se encuentran asimismo en las argumentaciones de los diputados americanos a las Cortes de Cádiz donde el sustrato territorialista se vinculaba con las tradiciones y los principios del Derecho de Indias.
Sin embargo, la ruptura definitiva e irreversible del vínculo con la Corona española, que significó la declaración de la independencia en 1816, hizo desaparecer parte de esta ambigüedad de los referentes asociados a nación; a partir de ese momento, nación se vinculó en forma predominante a Río de la Plata. Pero lo cierto es que el concepto de nación, presente en los debates constitucionales entre 1813 y 1827, no remite ni a un pasado histórico ni a un pasado étnico sino a algo que se constituye sólo por la voluntad de sus asociados. La nación aparece claramente en asociación a Estado, congreso, constitución y forma de gobierno.
Finalmente, es en el vocablo los pueblos donde se encuentra una de las claves de la cuestión de la identidad política emergente con el proceso de emancipación. Pues, los pueblos, en el lenguaje de la época, fueron las ciudades convocadas a participar por medio de sus cabildos en la Primera Junta. Y fueron estos mismos pueblos, convertidos, luego de la retroversión de la soberanía del monarca, en soberanías de ciudad, los que protagonizaron gran parte de los acontecimientos políticos de la década. Con la caída del poder central en 1820, los pueblos tendieron a constituirse en Estados soberanos bajo la denominación de provincias.
Por: Dra. Noemí Goldman (Universidad de Buenos Aires/CONICET)