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viernes, 26 de junio de 2026

Militares y Cultura

  La democratización del conocimiento fue considerada tan peligrosa como la existencias de individuos cuestionadores, portadores de cultura, por la dictadura, cívico, militar, religiosa genocida. Se elimino a 30.000 personas pero no se descuido al peligro que representaban los libros. Y estos fueron quemados, 24 toneladas de cultura.


  Los libros incinerados eran del Centro Editor de América Latina,  editora de libros fundada y dirigida por Boris Spivacow, matemático de 65 años, hijo de inmigrantes rusos. Entre 1958 y 1966 fue gerente general de Eudeba (Editorial de la Universidad de Buenos Aires) y la había hecho trascender por sus económicos costos y cuidadas colecciones. En la triste Noche de los bastones largos,  junto a muchos profesores e investigadores, Spivacow fue "renunciado" en Eudeba y en la universidad.
 
Aprovecho su experiencia y fundo Centro Editor de América Latina,  formadora de ciudadanía y fuente consultada en todas las disciplinas. Los militares lo había marcado y el 26 de junio del ’80, llegaron soldados que comenzaron a cargar libros, 24 toneladas, desde el depósito del CEAL hasta un baldío a pocas cuadras. Luego de apilarlos, un oficial genocida de ideas, dio la orden de: "¡Fuego!"
  Fue un 26 de junio de 1980.
 

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 24 de febrero de 2026

El Primer Abanderdo

   La tradición indica que María Catalina Echevarría de Vidal fue quien cosió la bandera y que aquel jueves 27 de febrero de 1812, a las seis y media de la tarde en las barrancas de Rosario, el Gral. Belgrano invitó a la máxima autoridad civil presente, el Regidor tercero del Cabildo santafesino, Cosme Maciel[i], quien tuvo el honor de izar por primera vez nuestra bandera.   

  Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y González eligió a un civil y no a un militar, quizás porque un tío de Cosme Maciel, don Juan Baltasar Maciel, fue quien lo había bautizado a en 1770 y que, como abogado le llevaba los asuntos de su papá. De acuerdo al historiador Juan Manuel Castagnino: “Es la Bandera de Soberanía. Belgrano es el independentista máximo de 1810, que se manifiesta con el máximo acto de soberanía, que es el de crear una Bandera ante las naciones del mundo. Hay muchas banderas: de ejército, de regimientos, de batallones, de escuelas, de oficinas públicas pero hay una que es de Soberanía de una Nación y es la que creó Belgrano en Rosario”.   
  Cosme Maciel era un santafesino nacido el 1 de noviembre de 1784, hijo del alcalde de la ciudad Domingo Maciel y Lacoizqueta y de su tercera esposa doña María López Pintado. Tras adquirir una relativa instrucción, se destacó por su habilidad en el armado de embarcaciones. Con una sumaca de su propiedad realizó viajes comerciales entre Santa Fe, La Bajada y Buenos Aires. No se alisto en la expedición al Paraguay porque su madre estaba enferma pero, colaboró en el traslado de tropas a La Bajada (hoy, ciudad de Paraná).  En enero de 1812 prestó su colaboración al coronel de Ingenieros Ángel Monasterio proveyendo madera y transportándola desde las islas a la Capilla del Rosario. A la llegada de Belgrano y del comandante Celedonio Escalada, este último lo nombró su ayudante principal. Al inaugurarse la “Batería Libertad”, Belgrano le dio el honor de enarbolar la primera bandera argentina.
  En 1816, fue uno de los jefes de la insurrección encabezada por Mariano Vera contra Viamonte. Fue uno de los fundadores de la autonomía de Santa Fe y en 1819, el gobernador Estanislao López le confió a Maciel una misión ante Artigas, que mantenía la resistencia de la provincia oriental contra Portugal. Fue secretario de López durante la campaña de este caudillo contra Dorrego y comisionado luego para tratar la paz en nombre del gobierno de Santa Fe. De acuerdo al historiador Azarola Gil, fue encarcelado por fomentar el asesinato del brigadier López y remitido a Buenos Aires con la prevención que si regresaba a Santa Fe sería fusilado. Este destierro fue el término de su vida pública.  
 En el censo de 1838, aparece como pulpero en los pagos de Barracas al Sur (Avellaneda, Bs. As.), conociéndose que tenía su negocio en la intersección de las hoy avenidas Mitre y Maipú, esquina desaparecida cuando se construyó el Puente Pueyrredón, que cruza el Riachuelo. 
  En 1840 el gobierno rosista lo tuvo preso teniendo: “La ciudad por cárcel”, es decir, no podía salir de la ciudad. Pastor Obligado, lo entrevistó en su chacra de Crucesita donde vivía con sus hijos y familia. Allí, bajo un ombú en 1862, Obligado visitó a Cosme Maciel y escribió: “un poco apartado a la derecha del Camino Real entre el Puente de Gálvez y el Puente viejo de la Crucesita, en el ancho corredor de la casita que blanquea sobre una lomada, bajo majestuoso ombú, tomaba el sol de otoño un anciano de blancos cabellos, sobre sillón de vaqueta, más viejo que él. Al saber que era portador de recuerdos de su familia (primer bordado de su nieta, la bella Manuelita), entre viejos cuentos del pasado nos refirió el presente”.
  “- Aquí donde Ud. me ve esta mano trémula que apenas puede sostener el bastón de mi vejez fue la que izó la primera bandera argentina. Ya han pasado muchos años, pero no olvido las emociones de aquel día. Vecino de Santa Fe, me hallaba accidentalmente en la Villa de Rosario y, entusiasta como todos los jóvenes de mi tiempo por la causa de la Patria, ayudé al General Belgrano a levantar la batería sobre la barranca tras de la actual Iglesia. ¡Qué grata sorpresa tuve cuando el día de su inauguración acabado de plantar el mástil, formada ya la tropa sobre la batería me dijo el Gral. Belgrano!: ‘Vea si está corriente la cuerda y ate bien la bandera para llevarla bien alto, como debemos mantenerla siempre’. Fue para mí lo inesperado de tan grata sorpresa, que repitiéndose el hecho por todas partes al verme pasar me apodaban en los fogones de los campamentos: ‘¡Ahí viene la bandera de Belgrano! ¡Y esto señor Oficial porteño desvirtuará ante Usted el nombre de santafesino que odia a los porteños con que Fray Castañeda me sindicaba en sus papeles”. 
  La elección de Barracas al Sud para su destierro no fue casual. En el pago vivían parientes radicados en el siglo XVIII, de los que derivan los nombres (topónimos) del Arroyo Maciel y la célebre Isla Maciel (los porteños que cruzaban el Riachuelo iban allí por esparcimiento). Compró tierras que heredaron sus hijos y sus descendientes, vivieron allí hasta principios del siglo XX. Don Cosme vivió sus últimos días al cuidado de su hija menor, casada con un funcionario gubernamental del partido. Falleció en Buenos Aires en 1863 y probablemente, sus restos se encuentran sepultados en el Cementerio de la Recoleta bajo otro nombre.


[i] Roberto Colimodio. Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia

miércoles, 11 de junio de 2025

Ezeiza, 16 de junio de 1955 (Parte I)

   Los días previos al 16 de junio de 1955, fueron de creciente tensión a causa del enfrentamiento entre el Gobierno y la Iglesia católica, tras el arrío de la enseña patria y su reemplazo por la bandera del Vaticano en una procesión. El gobierno dispuso que el día 16, se realizara un acto de desagravio a la bandera nacional ultrajada ignorando obviamente que, el contralmirante de la Infantería de Marina Samuel Toranzo Calderón, fijaba para ese día, la fecha del golpe revolucionario.
  Toranzo Calderón, tras reunirse con los políticos opositores Miguel Ángel Zavala Ortiz (radical) y Adolfo Vicchi (conservador), acordaron reemplazar al presidente Juan Domingo Perón, tan pronto fuera muerto o depuesto. Mientras las fuerzas militares golpistas actuaban, comandos civiles tomarían las torres y antenas de Ezeiza (lo que no se llevó a cabo por la demora de las acciones previstas).
  Debido a causas meteorológicas no apropiadas, el ataque aéreo que debía efectuarse a las 10 hs. se demoró, lo que llevó a la desconcentración de otros comandos civiles que tenían objetivos previstos. A las 12.40 hs., comenzó el bombardeo a la Plaza Mayo con la suprema intención de asesinar a Perón, en tanto un comando tomaba por asalto a Radio Mitre, obligando a un locutor a leer una proclama que entre otras cosas, decía: “Argentinos, argentinos, escuchad este anuncio del cielo volcado por fin sobre la tierra argentina: El tirano ha muerto. Nuestra patria, desde hoy, es libre. Dios sea loado”.
  El dirigente socialista Víctor García Costa, quien fuera nuestro vecino, recordaba que aquel 16 de junio su madre lo despertó contándole que había sonado el teléfono y al atenderlo se encontró que estaba ligado, algo común en los teléfonos de línea, y escuchó la voz angustiada pero inconfundible del presidente Perón hablando con otro hombre.
  Perón había llegado a su despacho a las 6:20, ya advertido del complot. El general Lucero le trazó un resumen y le pidió que se instalara en el Ministerio de Ejército, lo que Perón prometió considerar. Posteriormente se reunió con el embajador de los Estados Unidos, Albert Nuffer, y pasadas las nueve, Perón se dirigió al Ministerio de Ejército, que funcionaba en el Edificio Libertador. Tras algunas reuniones prestan atención a un helicóptero que allí descendía, en el momento en que comenzaron las explosiones. Su tripulante era un piloto de la Fuerza Aérea que había huido de Ezeiza, luego de que ese lugar cayera en manos de marinos rebeldes de la base de Punta Indio, dirigidos por el capitán de fragata Jorge A. Bassi, que habían llegado en nueve aviones de carga C-47. Previamente, habían ido depositando de manera clandestina una buena cantidad de bombas en un hangar que servía de oficina y agencia para los aviones destinados a ir a la Antártida.
  A las doce, el ministro Lucero le ordenó al Regimiento de Infantería 3 “General Manuel Belgrano” de La Tablada, que acudiera con parte de sus efectivos a reforzar la seguridad de la Casa de Gobierno y destinara el grueso a marchar sobre Ezeiza para recuperar el aeropuerto copado por los golpistas.
 
 Desde las 12:05, la VII Brigada Aérea con base en Morón estaba alistada bajo las directivas Conintes (Conmoción Interna del Estado) y se puso al mando el brigadier Mario Daneri que al recibir las noticias del primer bombardeo a Plaza de Mayo ordenó el despegue de una escuadrilla con la misión de interceptar una formación de seis aviones North American navales procedentes de Punta Indio que no habían acatado la orden de aterrizar en Aeroparque, internándose en el río.

 Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

Nota: Puede leerse otra nota al respecto en
https://ezeizaysuhistoria.blogspot.com/2023/06/16-de-junio-de-1955.html

Ezeiza, 16 de junio de 1955 (Parte II)

  En la VII Brigada Aérea con base en Morón, el brigadier M. Daneri ordenó el despegue de una escuadrilla con la misión de interceptar seis aviones navales que no habían acatado la orden de aterrizar en Aeroparque, internándose en el río.

  Primero decolaron tres aviones y una cuarta máquina, al mando del teniente Ernesto Adradas, despego minutos después. Una vez que Adradas se reunió con sus compañeros, se toparon con dos aviones North American rebeldes y tras confirmar sus órdenes iniciaron el ataque los pilotos Olezza y Rosito, sin resultado.   En tercer turno lo hizo Adradas, que le acertó una decena de proyectiles al aparato rebelde que piloteaba el teniente de corbeta Arnaldo Román, quien resultó derribado sobre el río, en lo que constituyó el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea. Román se eyectó y fue rescatado —y detenido— por una lancha de la Prefectura.  
 A las 13:30, cuatro Gloster Meteor (avión caza a reacción), ametrallaron a los aviones navales rebeldes que repostaban en Ezeiza, inutilizando un Catalina (un hidroavión). La situación en Morón era tan confusa que cuando se ordenó que decolara una segunda escuadrilla, solo lo hizo un aparato al mando de su jefe, el vicecomodoro C. Síster, quien al no encontrar a su objetivo, voló hacia Ezeiza. Aun con visibilidad reducida por nubes bajas, logró dañar dos aviones civiles —de SAS (Escandinavian Airline) y de Aerolíneas Argentinas— “y un avión Beechcraft de la Escuadrilla Aeronaval de Bombardeo, “el cual quedó fuera de servicio”. 
Cuando Síster aterrizó en Morón, la base había cambiado de manos, y fue arrestado. El primer Gloster Meteor que decoló en apoyo a los marinos sublevados tuvo como orden la destrucción de las antenas de Radio Belgrano, que estaba emitiendo los comunicados del Gobierno.
 Las acciones de la aviación leal sumado al avance de las tropas del Regimiento 3 de La Tablada hacia el aeropuerto, el fracaso del intento de asesinar a Perón y de las acciones en general, hicieron que la Marina negociara los términos de la rendición

  Tras la caída de Perón en 1955 y la posterior liberalización del mercado, surgieron nuevas líneas aéreas (Austral, ALA, TABA, etc.) que optaron por el Aeroparque, lo que terminó obligando a Aerolíneas Argentinas a su mudanza en 1958. Ezeiza se transformó en un aeropuerto fantasmal considerando el tamaño de su infraestructura, con alrededor de 40 vuelos comerciales diarios, lo cual truncó todos los planes de ampliación previstos en el proyecto original. 
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

Nota 1 en:

https://ezeizaysuhistoria.blogspot.com/2025/06/ezeiza-16-de-junio-de-1955-parte-i.html

miércoles, 18 de septiembre de 2024

Renuncia el presidente Juan Domingo Perón

 Tras el bombardeo a los depósitos de combustibles de Mar del Plata del lunes 19 de septiembre, y ante la amenaza de la flota comandada por el contralmirante Issac Francisco Rojas de destruir las refinerías y depósitos de combustibles de La Plata, el Dock Sud e incluso bombardear a la ciudad de Buenos Aires, el presidente Juan Domingo Perón, redacto una proclama que fue leída por radio por el Ministro de Guerra a las 13 hs.. 
  El general Presidente instaba al ejército a una tregua que pusiese fin al desatino teniendo en cuenta que ante la amenaza de "bombardeo a los bienes inestimables de la Nación y sus poblaciones inocentes, creo que nadie puede dejar de deponer otros intereses o pasiones" (la nota no especificaba que renunciaba ni fue presentada ante el congreso). El general Lonardi, aún en Córdoba, le comunico al general Lucero: “En nombre de los Jefes de las Fuerzas Armadas de la revolución triunfante comunico al Señor Ministro que es condición previa para aceptar tregua la inmediata renuncia de su cargo del Señor Presidente de la Nación”.
 Tras la renuncia del general Franklin Lucero, se le encomendo al general José Domingo Molina que constituyera una Junta de Generales para que acuerde el fin de las hostilidades y del conflicto. Era la noche del 19 cuando el presidente Perón invitó a los generales a la residencia presidencial, en donde resaltó que el: “renunciamiento significaba el ofrecimiento de una renuncia indeclinable", pero que “constitucionalmente no había renunciado pues si hubiera querido hacerlo así lo habría hecho ante el Congreso y que por lo tanto continuaba siendo el Presidente de la República”. No todos los generales estaban de acuerdo con Perón y finalmente desde el Edificio del Ministerio de Ejército, el general Ángel Manni le dijo por teléfono a Perón que se le aceptaba la renuncia, aconsejando que: “Ponga distancia cuanto antes.
 En la mañana del viernes 20 de septiembre le informaron al general Manni que la Junta Revolucionaria recibirían por la tarde a los generales. Los representantes del gobierno constitucional y los mandos de la Flota de Mar, concretaron la reunión que se  efectuó en el Crucero A.R.A “17 de Octubre” (Nave Insignia): se encontraban por los sublevados el contralmirante Rojas y el general Juan J. Uranga, y los cuatro generales designados por Perón, Emilio Forcher, Ángel Manni, Oscar Sacheri y José Sampayo. Ellos fueron quienes acordaron los términos para dar por terminado el conflicto con la renuncia del general Perón a la presidencia de la república y de todos los miembros de su gabinete.
 Los diarios anunciaron ese día que Perón había renunciado y Lonardi, decretó que asumía “el Gobierno Provisional de la República con las facultades establecidas en la Constitución vigente y con el título de Presidente Provisional de la Nación". Terminaba así el asalto al poder constitucional con un saldos registrado de más de 150 muertos.
   El mayordomo de la residencia presidencial, Atilio Renzi, contó que a las 7 de la mañana del miércoles 20, Perón le dijo "me voy", pidiéndole que “junté en una maleta algunas cosas casi al azar”. Renzi le preparó un pequeño maletín donde le puso “algo de ropa y un poco de plata para movilizarse en esos días”(A. Renzi; “Del poder al exilio”).
  Mientras el general de División Eduardo Lonardi asumía como presidente (de facto) del gobierno, y el contralmirante Issac Francisco Rojas lo hacía como vice presidente (de facto), el general Juan Domingo Perón embarcaba en Puerto Nuevo en la cañonera paraguaya "Paraguay" y partía rumbo a Asunción. 
 
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 17 de septiembre de 2024

La Armada antiperonista cañonea Mar del Plata

 El viernes 16 de septiembre de 1955 unas pocas unidades del Ejército, bajo el mando del General Lonardi, comenzaban en Córdoba el golpe de estado que derrocaría al Presidente Juan Domingo Perón. El bando golpista contó con el apoyo de la Fuerza Aérea y de la Marina de Guerra. Pronto, comenzaron en diferentes ciudades del país acciones militares subversivas, que contaron con el apoyo de partidos políticos opositores y de la Iglesia, además, se sumaron civiles que actuaron junto a los militares rebeldes.
 Mientras Lonardi avanzaba con la orden de proceder con la máxima brutalidad, la situación política era incierta dado que Perón no actuaba como se esperaba, incluso, le negó a la CGT la posibilidad de armarse en defensa del gobierno. Ese sábado 17 no hubo grandes cambios pero el domingo 18 el crucero “9 de Julio” llegó a las costas de Mar del Plata y se conoció que el Contralmirante Issac Francisco Rojas había ordenado bombardear los tanques de petróleo y combustible del puerto, instruyendo previamente al Jefe de la Base de submarinos que alejaran a quinientos metros de la costa a la población entre Playa Grande y la Bristol. Se sabe que el Jefe de la Base Naval y algunos marinos,no estuvieron de acuerdo pero, la destrucción se llevó a cabo.
  Aún no eran las 7 de la mañana del lunes 19 cuando las acciones comenzaron con la incursión de un avión naval que fallo en su intento de destruir los tanques de combustible, tarea de la que se encargó el crucero 9 de Julio, posicionado a 8500 metros de la costa. Pasada las 11 de la mañana, los destructores San Juan, San Luis y Entre Ríos cañonearon por doce minutos la “Escuela de Artillería Antiaérea” (hoy GADA 601), leal al gobierno constitucional,
El crucero 9 de Julio, a 8.500 metros de la costa, dispara sobre el puerto de Mar del Plata.
  Con la ayuda de la sudestada, las naves sublevadas pudieron aproximarse a las costas de Buenos Aires con sus cañones que alcanzaban unos 20 kilómetros amenazando con cañonear La Plata, Dock Sud y Buenos Aires. Frente a ese desatino, el Ministro del Interior Oscar Albrieu, sugirió otro a Perón: trasladar a las refinerías de La Plata y Dock Sud, a los familiares de los marinos a ver si con sus madres, esposas e hijos se animan a bombardear. El presidente, ante tal estado de las cosas, designó una Junta Militar para que acuerde el fin de las hostilidades y del conflicto.
 El 20 de septiembre, los representantes del gobierno legítimamente constituido y los mandos de la Flota de Mar concretaron la reunión.
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva
 
 

El fin del Perón Revolucionario

  Todavía era una herida abierta las más de trescientas personas asesinadas por el cruel bombardeo sobre Plaza de Mayo que la Armada Argentina, con las armas compradas por su propio pueblo, habían llevado adelante con el fin de asesinar al Presidente Perón. Se habían dado por dos meses, una tregua que pronto fue rota con actos violentos que demostraban que no se quería una pacificación y prácticamente obligaba al gobierno a llevar adelante una represión.  
  Perón no estaba totalmente convencido de que ese era el camino. El 31 de agosto, ante un pequeño grupo de militantes, expresó: "Yo ya estoy demás. Soy como aquel aficionado de relojero que sirve para desarmar un reloj, pero ya no se armarlo. Tanto he estado maniobrando con las piezas que, ahora, la única forma de que el reloj siga andando, es que yo lo deje" (archivohistorico.educ.ar).
  Sin embargo, las decisiones posteriores fueron contradictorias. Esa misma noche cerraría las posibilidades de un entendimiento, coincidiendo con lo que  expresara De Pietro: "nuestra nación necesita paz y tranquilidad para el trabajo, porque la economía de la Nación y el trabajo argentino imponen la necesidad de la paz y de la tranquilidad. Y eso lo hemos de conseguir persuadiendo, y si no, a palos". Si no querían la pacificación, buscaban la violencia y : "A esa la violencia le hemos de contestar con una violencia mayor. Con nuestra tolerancia exagerada nos hemos ganado el derecho de reprimirlos violentamente. Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas o en contra de la ley o de la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino".
 La violencia del mensaje, acorde con los atraque sufridos y los muertos de trabajadores que conllevo, se fue incrementando: "La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta. ¡Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos! ...Compañeros: quiero terminar estas palabras recordando a todos ustedes y  a todo el pueblo argentino que el dilema es bien claro: o luchamos y vencemos para consolidar las conquistas alcanzadas, o la oligarquía las va a destrozar al final."
 

El 16 de setiembre, en Córdoba, comenzó el alzamiento bajo el mando del general Eduardo Lonardi, enfrentado a Perón desde un confuso episodio de espionaje en Chile. Fue un viernes lluvioso y con una fuerte sudestada. Un día triste. El general consideró que era el final, que hasta allí llegaba. Se negó a una guerra civil. Y marchó al exilio.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.

lunes, 26 de agosto de 2024

Del "Luche y vuelve" al Perón vuelve

 El ciclo de inestabilidad política que se abre a partir del derrocamiento de Juan Domingo Perón (1955) está signado por la alternancia de dictaduras militares (Lonardi y Aramburu, 1955-1958; Onganía, Levingston y Lanusse, 1966-1973). Fueron seudodemocracias, entendidas como gobiernos electos por medio de comicios que supusieron la proscripción del peronismo y que son derrocadas a su vez por un golpe de estado militar sin culminar su mandato (Frondizi, 1958-1962; Illia, 1963-1966), y un gobierno interino fuertemente tutelado por las FF.AA (Guido, 1962-1963). En este contexto, el gobierno de Illia se caracterizó por un relativo incremento de las libertades públicas, aunque Perón y el Partido Peronista en cuanto tal, no fueron rehabilitados para participar en elecciones. Sin embargo, un partido político definido como peronista ganó las elecciones legislativas de 1965, hecho que causó malestar castrenses, y que junto a las masivas protestas sindicales llevadas a cabo por la Central General del Trabajo y los dos primeros brotes guerrilleros aislados y fallidos -uno rural y otro urbano -en 1963-1964, constituyeron algunos de los elementos que dieron fundamento al golpe de estado de junio de 1966. 
   Tras el golpe de estado en contra del presidente constitucional A.H. Illía asumió el poder el gral. Onganía  La represión y la miseria generaron creciente malestar en los sectores obreros y populares, en tanto los estudiantes comenzaban a luchar. Durante 1968 se dieron tres luchas obreras importantes: petroleros de YPF en Ensenada, gráficos de Fabril Financiera en Barracas, y la de Citroën, en la ciudad de Buenos Aires. En marzo de 1969 hubo conflictos estudiantiles en Tucumán y Rosario en tanto las luchas obreras las encabezaron los metalúrgicos, Luz y Fuerza, Smata, estatales y docentes. A mediados de mayo se movilizaron los estudiantes correntinos y en la represión, el estudiante de medicina J.J. Cabral, fue asesinado por la policía. Esto generó una movilización en Rosario que dio origen al Rosariazo. El 16 de mayo los estudiantes comenzaron a movilizarse y enfrentar en las calles a la policía hasta derrotarla. El 21 de mayo se sumaron sectores del movimiento obrero, día en que fue asesinado el metalúrgico L.Blanco.
  La CGT convoco un paro de 24 horas para el 30 de mayo pero la CGT regional de Córdoba decidió comenzar el paro el día 29. La medida tuvo un acatamiento del 98% y para el mediodía, en un área de 150 manzanas se enfrentaron con la policía levantando barricadas ayudados por vecinos. La policía mató al obrero del Smata M. Mena y el estudiante D. Castellanos pero tuvieron que retirarse. Cuando el ejército entro en el centro de la ciudad, el movimiento ya se había replegado hacia los barrios. .
  La alta participación de la población erigiendo barricadas y enfrentando a las tropas militares fueron vistas como evidencias de la preparación de la clase trabajadora para ir asumiendo el método de la lucha armada, una confirmación respecto de la viabilidad de una “guerra popular revolucionaria”.
  La popular consigna de "Luche y vuelve", comenzaba a ser una realidad. Pintadas sobre muros con cualquier tipo de material, aparecía la "v" encerrando una "P"; desprolijas, pintadas por no profesionales pero con un claro mensaje. Casi una revancha era la de, en un principio, utilizar el "Cristo vence" que pintaban ("V" encerrando una "C") y a la "C" le agregaban una patita conformando una "P". Así de rudimentaria, simple e ingeniosa, era la propaganda en las calles desafiando las prohibiciones.
  El gobierno de Onganía nunca se pudo recuperar de aquel golpe. El clima social precipito el lanzamiento de organizaciones armadas revolucionarias durante 1970 (ERP, FAR y Montoneros) y el incremento de sus operaciones. Estos fenómenos provocaron dos renuncias, la de Onganía y la de su sucesor, el Gral.de Brigada Roberto Marcelo Levingston,  y la asunción del Comandante en Jefe de las FF.AA, el Teniente General Alejandro Agustín Lanusse, el 26 de marzo de 1971. 
 El nuevo dictador intentó contener la conflictividad social, desarticular las organizaciones armadas y encaminar la institucionalización política del país mediante un Gran Acuerdo Nacional (GAN), con el objetivo de sentar las bases para un proceso electoral que integrara al peronismo y que fuese aceptable para las FF.AA.
  Durante el gobierno del gral. Lanusse, las 3 principales organizaciones armadas revolucionarias eran: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros (M). Tanto Montoneros como FAR se habían constituido como organizaciones político-militares, dándose a conocer públicamente en 1970 y se reivindicaban peronistas, aunque las segundas partiendo de su original filiación marxista tuvieron un proceso de “peronización” que las llevó a asumir en 1971 el peronismo como su identidad política. El ERP, en cambio, data de 1968 aunque su primera acción pública también fue en 1970 y era el brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), organización marxista que se había creado al confluir en 1965 la agrupación trotskista Palabra Obrera y el Frente Revolucionario Indoamericanista Popular. Además de esas organizaciones, apareció el Frente Argentino de Liberación (FAL), Descamisados y la Guerrilla del Ejército Libertador (GEL), que surgieron públicamente en 1970.
  La apertura fue entendida por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) como clara maniobra del régimen para aplacar protestas y radicalización política por medio de la reincorporación de Perón, quien constituyó el Frente Cívico de Liberación Nacional (FRECILINA), reuniendo a todos los partidos reformistas para competir electoralmente.
 FAR y Montoneros consideraban al FRECILINA como táctica de Perón destinada a neutralizar los intentos del partido militar en connivencia con sectores integracionistas del peronismo para que al mismo tiempo, se formara un bloque de oposición a la dictadura lo más amplio posible permitiendo el crecimiento de los sectores revolucionarios en su seno y viabilizar un proceso de liberación nacional y social que llevara al socialismo.
 Si bien FAR y Montoneros sostenían posicionamiento similares respecto del GAN y al FRECILINA, Montoneros sostenían que la idea de fuga del penal de Rawson, podría minar las bases del proceso de institucionalización truncando la posible salida democrática, mientras que la FAR creía que el aumento del accionar armado de la guerrilla aseguraba el camino sin condicionamientos.
 El gobierno, en tanto, fracasaba en sus intentos de negociar con Perón y que este, condenara el accionar de las organizaciones armadas peronistas, que basaban su legitimidad en función de la proscripción y el exilio forzado de su líder. El apoyo a las organizaciones armadas peronistas por parte del líder fue dado a conocer públicamente en el mensaje a la juventud otorgándoles el carácter de “formaciones especiales” del movimiento [“Mensaje de Perón a los compañeros de la Juventud"] en una entrevista otorgada en 1971. Perón reafirmó dicho accionar como un mecanismo de presión sobre el gobierno respecto a la realización de comicios limpios y abiertos que permitiese una victoria justicialista y evite la guerra revolucionaria como medio de acceso al poder.
 El gobierno militar estableció como límite el 25 de agosto de 1972 para estar radicado en el país o no desempeñar ningún cargo ejecutivo o ministerial en cualquier nivel de la administración pública como exigencia para poder ser candidato en las elecciones, lo que suponía la exclusión en los futuros comicios tanto de Perón como de Lanusse.

domingo, 16 de abril de 2017

17 de abril de 1815

En enero de 1815, se quitó la bandera española que ondeaba en el Fuerte de Buenos Aires, sin ponerse otra. Vino luego la revolución de 15 y 16 de abril de 1815, que produjo la violenta destitución de Carlos de Alvear, Director Supremo de Estado, y el encarrilamiento por segunda vez del movimiento de la independencia.
La insignia nacional nació a la luz del pueblo un 17 de abril de 1815, como culminación de un largo proceso. Ese día se enarbola, pues, en la torre de la Fortaleza de Buenos Aires, la “Bandera de la Patria” celeste y blanca siendo la “primera vez que en ella se puso, pues hasta entonces no se ponía otra sino la española” escribió Juan Manuel Beruti, el hermano del coronel Luis Antonio Beruti, comandante del reducto que dio la orden respectiva.
La bandera tuvo tres franjas horizontales (blanca la central y celeste la superior e inferior), tal como aparece coronando al torreón central de la Fortaleza Real San Juan Baltasar de Austria, en el extremo de la Plaza Mayor de Buenos Aires, de acuerdo a las más antiguas representaciones gráficas que se conservan del pabellón nacional. Nos referimos a las acuarelas del marino inglés Emeric Essex Vidal, estimables por su factura y valor documenta y noticias que trascendieron al exterior. Essex Vidal llegó al país en septiembre de 1816 y la primera de sus acuarelas titulada “El Fuerte de Buenos Aires visto desde la punta del muelle” representa el Fuerte de Buenos Aires, con la bandera nacional celeste y blanca de tres fajas.

Fuente: La Bandera Nacional (Ministerio del Interior; República Argentina)

domingo, 14 de septiembre de 2014

Juan Hualparrimachi. Héroe y Poeta.


El 2 de agosto se festeja en Bolivia el Día del Indio, Día del Campesino. Fue el teniente coronel Germán Busch, que siendo Presidente en 1937 emitió el decreto en homenaje al guerrillero y poeta Juan Hualparrimachi. 
Juan tuvo por madre a la princesa María Sauraura, descendiente directa del Inca Huáscar. Su padre fue don Francisco de Paula y Sanz, hijo del rey Carlos III y de una princesa napolitana, quien había gobernado Potosí al servicio del rey de España durante varios años. Supo tenerla a María amancebada durante un tiempo y luego la abandono en la miseria, produciéndole tal depresión que la condujo a la muerte. Juan adopto el apellido de su abuelo materno, Hualparrimachi, y es reconocido como un poeta melancólico y triste, por su condición de hijo “natural” y por la explotación sufrida por su gente; y su poesía revela ese dolor.
Juan Hualparrimachi, el mestizo, se puso al servicio del matrimonio Padilla, y se enamoró secretamente de Juana Azurduy, de quien fue lugarteniente. Hombre de confianza, supo ser el cuidador de los hijos del matrimonio e incluso rescato a dos de ellos, que habían caído en manos de los realistas.
Se estaban gestando las “republiquetas” como forma de organización, y en la republiqueta de La Laguna (Alto Perú; hoy, Bolivia), entre el 2 al 6 de agosto de 1814, los patriotas libraron una sangrienta batalla conocida como el combate de Cerro de las Carretas, en la que vencieron. Fue un indio traidor llamado Artamachi, el que condujo en la noche del 7 de agosto de 1814, al ejército español por un sendero secreto que atravesaba un barranco, con el fin de capturar a Juana Azurduy. El poeta guerrero Juan Hualparrimachi, que como siempre se presentó para ayudar a doña Juana, se defiende y posibilita que los ruidos de disparos y sables atraigan a Manuel Padilla con un grupo a su mando, lo que pone a realistas a la fuga. “Pero antes una descarga de fusilería, que tenía como blanco a la futura teniente coronela del Ejército Argentino, encontró a su paso el pecho del joven cholo, quien cayó con su pecho destrozado sin alcanzar a proferir ni un gemido” (O'Donnell, Mario. Juana Azurduy, la Teniente Coronela. Bs. As.; Editorial Planeta; 1994).
El Poeta y Guerrillero, el joven fuerte y experto en arcos, flechas envenenadas y en el manejo de la huara (honda aymará); el que también tocaba la quena y escribía poesías, murió teniendo 21 años. Fuentes más románticas afirman que murió de un lanzazo al interponerse en su trayectoria para evitar la muerte de la mujer amada en secreto. Escribió este poema:
¿Chekachu, urpílay,
Ripusaj ninqui,
Caru llajtata?
¿Manan cutinqui?…
“Rinayqui ñanta
Ckabuarichibuay,
Nauparisuspa, buackaynillaybuan
Chajcbumusckayqui.
“Rupbaymantari, nibuajtiyquiri,
Huackayniyllari,
Ppuyu tucuspa
Llantuycusuncka.
“¡Aucharumij buabuan!
¡Auca Kakaj churin!
¿Imanasckataj
Sackeribuanqui?

¿Es verdad, amada mía que dijiste,
me voy muy lejos para no volver?
Enséñame ese camino, que adelantándome,
Lo regaré con mi llanto.
Cuando me digas del calor del sol,
mi llanto, en nube convertido te hará sombra.
¡Hijo de la piedra! ¡Hijo de la roca!
¿Cómo me has dejado?

Por : Juan Carlos Ramirez.

Fuentes:
Valencia Vega, Alipio. Manuel Padilla y Juana Azurduy. La Paz; Librería Editorial "Juventud"; 1981
Disertación del Presidente Evo Morales al recibir el Doctorado Honoris Causa de las Universidades Nacionales de Cuyo y de San Juan.
La traducción del poema corresponde a Jozquín Gantier.

domingo, 2 de marzo de 2014

Juana

Juana Azurduy, quien fue hija de un matrimonio de mestizos, se presume que nació en La Plata ya que allí fue bautizada en 1781. Junto a su esposo, se sumo a la Revolución de Chuquisaca que el 25 de mayo de 1809 destituyó al presidente de la Real Audiencia de Charcas, y sumados al Ejército Auxiliar del Norte combatieron a los realistas. Después de los combates de Vilcapugio y Ayohuma, el General español Goyeneche le ofrece garantías y honores, un cargo remunerado y una suma de dinero para que abandone la lucha. Juana contestará: “Qué chapetones éstos, me ofrecen mejor empleo ahora que me porto mal que antes cuando me portaba bien” y contesta: “Con mis armas haré que dejen el intento, convirtiéndolos en cenizas, y que sobre la propuesta de dinero y otros intereses, sólo deben hacerse a los infames que pelean por su esclavitud, no a los que defienden su dulce libertad como yo lo hago a sangre y fuego
Tras la derrota en la batalla de Huaqui (20 de junio de 1811), el ejército del virrey recuperó el control del Alto Perú. Las propiedades de los Padilla, las cosechas y sus ganados, fueron confiscadas y tanto Juana como sus cuatro hijos, fueron apresados. Padilla logró rescatarlos, refugiándose en las alturas de Tarabuco. En 1812 el matrimonio se puso a las órdenes del general Manuel Belgrano, nuevo jefe del Ejército Auxiliar del Norte.
En el verano de 1816 organizó la defensa de la región conocida por el nombre de Hacienda de Villar, y en un combate, ella misma arrebató la bandera realista. El 3 de marzo de 1816, Juana comandando un grupo de 200 hombres asedió a las tropas españolas en el cerro Potosí, derrotándolos el 8 de marzo. Por estas acciones que informara el Gral. Belgrano, el gobierno de Buenos Aires le otorgó el grado de Teniente Coronel de las Milicias.
Sembraba terror entre los españoles porque entraba en combate sable en mano, vistiendo una túnica escarlata con franjas y alamares de oro y un birrete con adornos de plata y plumas blancas, afirmando su condición de mestiza.
El 14 de noviembre de 1816 fue herida en la batalla de La Laguna, su marido acudió a rescatarla y en este acto fue herido de muerte. La cabeza de Padilla fue exhibida en la plaza pública durante meses, ésta se convirtió en un símbolo de la resistencia. El 15 de mayo de 1817, Juana al frente de cientos de cholos, recuperó la cabeza de su compañero. Juana perdió a cuatro de sus cinco hijos en los campos de batalla, y llegó a combatir con uno de sus bebes en brazos.
Cuando disminuyó el apoyo logístico a la guerrilla se replegó al sur y tras la muerte de Martín Miguel de Güemes, se vio reducida a la pobreza. En 1830, mientras vagaba por las selvas del Chaco argentino, escribe la siguiente carta: “A las muy honorables juntas Provinciales: Doña Juana Azurduy, coronada con el grado de Teniente Coronel por el Supremo Poder Ejecutivo Nacional, emigrada de las provincias de Charcas, me presento y digo: Que para concitar la compasión de V. H. y llamar vuestra atención sobre mi deplorable y lastimera suerte, juzgo inútil recorrer mi historia en el curso de la Revolución.(…)Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; mas el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme. Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; más el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido, el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme”.
Pasó varios años en Salta solicitando al gobierno boliviano, ya independiente, sus bienes confiscados. El mariscal Antonio José de Sucre le otorgó una pensión, que le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares. Murió indigente el día 25 de mayo de 1862 cuando estaba por cumplir 82 años, siendo enterrada en una fosa común. Paso un siglo antes de que sus restos fueran exhumados y guardados en un mausoleo que se construyó en su homenaje en la ciudad de Sucre.

Por: Juan Carlos Ramirez
Documentos tomados de los portales web:Portal de Salta y Diputados Misiones.
Libro: Las damas del Rio de la Plata, de Silvia Baya Carranza.

domingo, 20 de mayo de 2012

Bicentenario y Tradicionalismo

Conocer y festejar los acontecimientos fundamentales de la historia patria es un honroso deber de justicia con nuestros antepasados y una grave responsabilidad respecto de las nuevas generaciones. Por eso es importante saber qué es lo que celebramos en esta jornada cívica. Hay quienes han enseñado que los hechos del Año X fueron una copia de la Revolución Francesa – laicista y regicida -, una rebelión contra la Tradición religiosa y cultural heredada de España o un acto cómplice con las pretensiones colonialistas de Gran Bretaña. Lo cual complica el explicar un acontecimiento como este a hermanos españoles, con quienes compartimos los mismos ideales. Sin embargo, la buena voluntad de ambas partes puede ayudar a un diálogo fecundo, partiendo aquellos principios que nos unen: la fidelidad a la Religión Católica y a la Tradición de las Españas. Como punto de partida dejemos centrado que existieron cuatro tendencias en torno a la Revolución de Mayo: dos impulsoras de la misma y dos contrarias. De las impulsoras, una fue de tendencia tradicionalista (Saavedra) y otra liberal (Mariano Moreno). De las contrarias, una fue igualmente tradicionalista (Abascal, Liniers, Elío) y otra liberal (Consejo de Regencia y Cortes de Cádiz). Las razones por las que adherimos a la Revolución de Mayo en su tendencia tradicionalista encabezada por Don Cornelio Saavedra (Presidente de la llamada Primera Junta) es el objeto principal de estas líneas. Pero los principios religiosos y políticos de los que partimos nos hacen mirar con comprensión, simpatía y respeto la reacción contraria de Liniers, así como nos llevan a rechazar el “Mayo de Mariano Moreno” como el “Anti Mayo” del Consejo de Regencia y de las Cortes de Cádiz.
Como cualquier hecho histórico, la Revolución de Mayo obedeció a múltiples factores que no es posible reseñar en estos momentos. Es cierto que minorías iluministas y agentes ingleses quisieron aprovechar para oscuros propósitos la instalación de la Primera Junta, como lo hacían simultáneamente con los heroicos defensores de la Independencia española que combatían a Napoleón. Pero fue precisamente el Presidente de dicha Junta (principal protagonista de la gesta), quien se encargó de dejar bien sentado los alcances de la Revolución. Don Cornelio Saavedra, que de él estamos hablando, había dicho al Virrey Cisneros que “no queremos seguir la suerte de España ni ser dominados por los franceses, hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos”. En efecto, como consecuencia de la Conferencia de Bayona en 1808, Carlos IV y Fernando VII habían entregado España y los reinos americanos al despotismo de José Bonaparte, facilitando además la invasión napoleónica. Sin embargo, tanto en la Península como en el Nuevo Mundo, los pueblos – suponiendo que Fernando había actuado bajo presión – formaron Juntas a su nombre – “Por Dios, por la Patria y el Rey” como se decía - para resistir a los franceses. La Junta Central de Sevilla se atribuyó por aquel entonces el gobierno de América, aunque no tenía títulos legítimos para pretender nuestra obediencia, ya que las Indias eran autónomas y sólo al Rey debían fidelidad (como había dispuesto en 1519 el Emperador Carlos V). En realidad, dicha autonomía ya venía siendo atropellada por los Borbones desde su llegada a la Corona en 1713, y los americanos temían que las autoridades peninsulares y quienes a ellas respondían – como el Virrey Cisneros en Buenos Aires o el Gobernador Elío en Montevideo - siguieran cercenando nuestros fueros o negociando la libertad americana frente a Napoleón, los ingleses o los portugueses. Por eso, cuando en mayo de 1810 se supo en el Río de la Plata que aquel organismo – la Junta Central - había desaparecido, y que toda España – excepto la Isla de León – estaba ocupada por los ejércitos del Gran Corso, los vecinos principales de Buenos Aires presionaron para deponer al Virrey y lograr el autogobierno. Así formamos el Primer Gobierno Patrio, sin romper los vínculos con Fernando VII (uno de los que votaron por la destitución del Virrey, el célebre Padre Chorroarín emitió su voto diciendo que lo hacía “Por Dios, por la Patria y por el Rey”), en la esperanza de que vuelto al Trono respetara nuestra libertad, aunque preparándonos también para la Independencia si España se perdía definitivamente en manos de Napoleón o si Fernando regresaba como monarca absoluto y centralista.
El primer gobierno patrio fue pues, un acto de fidelidad heroica a un Rey que no merecía ya nuestro vasallaje, a la vez que una medida prudente para preparar la posible independencia. Autonomía respecto de la España peninsular, defensa frente a Napoleón y fidelidad a los valores de la Tradición, esos fueron los móviles de la Revolución de Mayo en protagonistas como Don Cornelio Saavedra o el Padre Chorroarín y en la interpretación posterior de otros patriotas que tuvieron relevancia tanto en aquellos hechos como en la Declaración de la Independencia. Me refiero a próceres de pensamiento tradicional y católico como Don Tomás Manuel de Anchorena o el Padre Castañeda .
Quienes quisieron desviar la Revolución de Mayo de ese camino, como Moreno o Castelli – instaurando un terrorismo jacobino, propiciando o tolerando el libertinaje y la impiedad religiosa, negando los derechos de las provincias, cediendo a las pretensiones británicas – fueron apartados sin contemplaciones. Es lo que se desprende del epistolario de Don Cornelio Saavedra. En carta a Chiclana del 15 de enero de 1811, decía el Presidente de la Primera Junta: “El sistema robesperriano que se quería adoptar (…), la imitación de revolución francesa que intentaba tener por modelo gracias a Dios que han desaparecido (…). Los pueblos deben comprender ya que la Ley y la Justicia son únicamente las reglas que dominan: que las pasiones, los odios y particulares intereses eran (…) diametralmente opuestas al ejercicio de las virtudes”. Por su parte, en carta a Viamonte del 17 de junio de 1811 sostenía: “¿Consiste la felicidad general en adoptar la más grosera e impolítica democracia?”- es decir, no una sana aplicación del “principio democrático”, sino una democracia relativista y demagógica – “¿Consiste en que los hombres hagan impunemente lo que su capricho o ambición les sugiere? ¿Consiste en atropellar a todo europeo, apoderarse de sus bienes, matarlo, acabarlo y exterminarlo? ¿Consiste en llevar adelante el sistema de terror que principió a asomar? “– como sucedió con el fusilamiento de Liniers o las tropelías cometidas por los hombres de Castelli en el Alto Perú- “¿Consiste en la libertad de religión?”, es decir en el indiferentismo y el secularismo. “ Si en eso consiste la felicidad general, desde luego confieso que ni la actual Junta provisoria, ni su presidente tratan de ella; y lo que más añado que tampoco tratarán mientras les dure el mando”.
La Revolución de Mayo desembocó finalmente – luego de seis difíciles años – en la Declaración de la Independencia. Fueron la religión, el orden, la justicia, la tradición, las libertades concretas, los valores que presidieron a los más esclarecidos de nuestros patriotas. No el laicismo, el igualitarismo, el espíritu revolucionario o las “libertades de perdición”, como llamarían los Papas del siglo XIX a los falsos derechos surgidos de las revoluciones liberales – y que encandilaban a la facción “ilustrada” del bando patriota-. Con justa razón afirmaba en 1819 el Padre Castañeda – uno de los líderes de nuestra Independencia –: “no nos emancipemos con deshonor como rebeldes, forajidos y ladrones, sino con el honor correspondiente a los que hemos sido hijos y vasallos de la corona. Motivos hay muy justos para separarnos, sobran las razones para la emancipación: la ley natural, el derecho de gentes, la política, y la circunstancias todas nos favorecen (…) La piadosa América cuando determina emanciparse no es sino para renovar su juventud como la del águila, (…) para ser el emporio de la virtud, el templo de la justicia, el centro de la religión y el ´non plus ultra´ de la hidalguía, de la nobleza, de la generosidad y de todas las virtudes cívicas”.
Es nuestro deber como cristianos y como argentinos no dejar que nos falsifiquen la historia, que nos roben la memoria colectiva, que nos oculten el ejemplo de nuestros arquetipos. Los Padres de la Patria independiente nos han marcado el camino. Forjar una Nación justa, una Nación libre, una Nación cristiana., fieles a los principios de la Hispanidad Tenemos fueros limpios. Seamos fieles a esa herencia

Por: Fernando Romero Moreno. Profesor Superior Universitario en Abogacía UCA. Revista “Ahora Información” (Comunión Tradicionalista Carlista), Nº 105, Julio- Agosto de 2010, “Bicentenario de Mayo: explicación desde el otro lado del Océano”

jueves, 26 de mayo de 2011

Camino al Tricentenario

La Nación Argentina es una creación colectiva, es el estado actual de un largo proceso, de construcciones que se reformulan permanentemente. El esfuerzo conjunto de pueblos por consolidar un camino en común se tradujo en la Historia Nacional escrita por quiénes representaban más a los responsables de las desigualdades notorias en Mayo de 1910, que a los que construían con la exposición de su propio cuerpo, de sus fatigas, dolores y penares, la opulencia que la orgullosa clase dirigente exhibía como logros. Aquella burguesía proyectaba su optimismo al futuro, dejándonos una muestra de la opulencia lograda en estatuas glorificadoras de su presente, el que no incluía... a los excluidos de siempre.
Aquel sujeto inmigrante constructor de una nueva raza blanca en América, el crisol, comenzaba a ser el cuestionador violento, tan distante al criollo manso, a esos gauchos devenidos en Don Segundo Sombra, luego de ser Martín Fierro o el Gaucho Hormiga. Otra utopía de los 25 de Mayo comenzaba a no ser creíble, a deconstruirse, a ser añorada. No la Utopía Moreniana de la igualdad, no la de los Estados Unidos en el Sur, sino la de la América Europea.
Se preguntaba Andrés Rivera (La revolución en un sueño eterno), ¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad?, pregunta que se han hecho todos los dirigentes desplazados, o los intelectuales que representaban a la élites. A nuestra generación le paso el Terrorismo de Estado como brutal intento de frenar posibles Revoluciones de Mayo y sus intentos de discutir la distribución de la renta.

Sostiene atinadamente Federico Lorenz, que el Juicio a la Junta (1985) fijó un “piso de verdad histórica”. Como sociedad, enfrentamos la dificultad de no lograr elaborar un relato histórico abarcador que pueda unirnos desde su enseñanza en las escuelas. Nuestras contradicciones están más acentuadas que nunca. Incluso, por años hemos sostenido la necesidad de crear y sostener la Patria Grande, pero como condición, muchos sostienen que sea sin bolivianos, peruanos, paraguayos, etc., etc. Muchos añoran lo que dio lugar al relato del guatemalteco Augusto Monterroso (La oveja negra y demás fábulas), la idea de hacer muertas estatuas a las revoluciones fracasadas como forma de dejarlas quietas y en el pasado. También se podría seguir buscando el horizonte que el Che oteaba, cuando Alberto Korda le saco la famosa foto. Algunas historias argentinas, recuerdan a la idea de Comunidades imaginarias, de Benedit Anderson. Después de todo, crece la historiografía que plantea que Argentina, que América toda, sólo es un resultado, una consecuencia casi mecanicista del proceso de desintegración de la unidad monárquica española (Fabio Wasserman), opinión que se suma a los que interpretan que la historia toda, es producto de lo impensado, del azar (las Invasiones Inglesas y la reacción del pueblo en general, por ejemplo).
Qué respuestas buscaremos camino al Tricentenario, con qué preguntas. Como docentes, qué recorte practicaremos, cómo lo difundiremos. Cómo actores sociales de cambio, ¿buscaremos un camino alternativo para recorrer trayectos históricos? o reafirmaremos lo dado aún conscientes de que ello, depende de quién lo dio. Aunque no nos preguntemos para qué lo hizo, ni por qué lo repetimos.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 25 de mayo de 2011

Revolución democrática

La existencia de distintas interpretaciones sobre la Revolución de Mayo obedece a que: "la historia es la política pasada, y la política la historia presente"1. La corriente historiográfica del revisionismo latinoamericano se basa en la visión de Alberdi, para quien "la revolución de Mayo es un capítulo de la revolución hispanoamericana, así como esta lo es de la española y esta, a su vez, de la revolución europea que tenía por fecha liminar el 14 de julio de 1789 en Francia"2.
El 2 de mayo de 1808 el pueblo español dio inicio a una revolución nacional, en tanto se originó por rechazo al invasor francés, pero en su mismo desarrollo fue tornándose democrática pues si luchaba por la expulsión de los franceses, no buscaba restaurar el Antiguo Régimen sino concretar los ideales de libertad, igualdad y fraternidad; Pero hacia fines de 1809 y comienzos de 1810, los liberales revolucionarios en España comienzan a ser desplazadas por el Consejo de Regencia, donde priman las posturas absolutistas. Se extiende la sensación de que la Península está perdida, lo que origina que muchos militares abandonen España con el propósito de continuar la misma lucha en América (San Martín por ejemplo). Ante esta situación, en América entre 1809 y 1811 estallan revoluciones como una prolongación de la revolución acorralada en España, se forman Juntas que desplazan a los virreyes y juran fidelidad a Fernando VII, pues guardaban en él la misma esperanza que los juntistas peninsulares: Chuquisaca, La Paz y Quito en 1809, Caracas, Buenos Aires, Bogotá, México y Chile en 1810, y la Banda Oriental en 1811. De este modo asoma el carácter latinoamericano, democrático y antiabsolutista de la Revolución de Mayo.
Es decir que aquí la revolución fue inicialmente democrática, acompañando el proceso español, y luego, una vez que Fernando VII vuelve al poder en 1814 tras la caída de Napoleón y emprende una política absolutista que persigue a los liberales, la revolución se tornará independentista como única manera de conservar y profundizar las conquistas democráticas. Por eso el desplazamiento del virrey es en 1810 y la independencia 6 años más tarde.
Los actores sociales que se enfrentan en los sucesos de Mayo se dividen en dos grandes frentes, uno partidario del absolutismo y el otro heredero del "evangelio de los derechos del hombre". El frente absolutista estaba conformado por la burocracia virreinal, las familias ligadas al monopolio comercial y la cúpula eclesiástica. En el frente democrático se encontraba la pequeña burguesía revolucionaria liderada por Castelli, Moreno y Belgrano -y que cuenta con el apoyo de los activistas conducidos por French y Beruti (los "chisperos")-, las fuerzas armadas expresadas en Saavedra, y la burguesía comercial nacida al calor del contrabando y del libre comercio sancionado en 1809 (con un sector nativo y un sector inglés) cuyos exponentes políticos eran Rivadavia y Manuel García. La historia oficial está escrita desde la óptica de este último sector -profundamente probritánico y que tenía en el libre comercio su razón de ser- que se apropiará de la revolución después de la caída de Moreno y especialmente con el Primer Triunvirato.3
Durante la lucha contra el absolutismo, la disputa al interior del frente revolucionario va a estar dada por la conducción del mismo. Desde el comienzo se perfilan lo que Scalabrini Ortiz denominó "las dos rutas de Mayo": una liderada por Moreno y la otra por Rivadavia", y estos dos caminos o proyectos se enfrentarán a lo largo de nuestra historia. Los primeros meses estuvieron hegemonizados por el morenismo, momento en el que se intentó implementar el programa de la Revolución: el "Plan de Operaciones" redactado por el secretario de la Junta. Moreno va a plantear por primera vez un problema que atraviesa toda nuestra historia: ante la ausencia de una burguesía nacional, es el Estado el que debe ocupar el rol unificador y ser el motor del desarrollo económico. Así propone medidas avanzadas, como la expropiación de los mineros del Alto Perú, la protección de las producciones locales, la restricción de las importaciones (en especial las lujosas, a las que califica de "vicio corrompido") y la distribución del ingreso, pues la riqueza en pocas manos es como "el agua estancada".

1 JAURETCHE, A., Política nacional y revisionismo histórico, Buenos Aires, Peña Lillo, 1959, p. 53.
2 ALBERDI, J. B., Grandes y pequeños hombres del Plata, citado en GALASSO, N., La Revolución de Mayo y Mariano Moreno, (“Cuadernos para la Otra Historia”, nº4), Buenos Aires, Centro Cultural E. S. Discépolo, 2000, p. 11.
3 Véase en GALASSO, N., La Revolución de Mayo, op. cit. p. 15.

Tomado de una producción de Talleres, del Centro Cultural Enrique Santos Discépolo

sábado, 27 de febrero de 2010

La Revolución Argentina.

Tales fueron, en general, las causas eficientes de la Revolución Argentina: el desarrollo armónico de las fuerzas morales y de las fuerzas materiales, de los hechos y de las ideas, del individuo y de la sociedad. La acción simultánea de este doble movimiento combinado, que obra a la vez sobre la parte y sobre el todo, es lo que explica la relación de los sucesos entre si, el vínculo que los une, la causa originaria que los produce y el resultado que es su consecuencia lógica. Así hemos visto progresar las ideas económicas, al mismo tiempo que el pueblo se enriquecía por el trabajo; fortalecerse el poder militar de la sociedad, al mismo tiempo en que se desenvolvía el espíritu público en los nativos; generalizarse las ideas de buen gobierno a medida que se conquistaban mayores franquicias políticas y municipales; surgir teorías revolucionarias de gran trascendencia del hecho de la desaparición del monarca; afirmarse el imperio de la opinión a medida que el pueblo se ilustraba por la irradiación luminosa de las ideas y sobreponerse definitivamente los americanos a los europeos, el día en que, con la conciencia de su poder adquirieron la plena conciencia de su derecho.
Esto explica cómo, al empezar el año de 1810, la Revolución Argentina estaba consumada en la esencia de las cosas, en la conciencia de los hombres, y en las tendencias irresistibles de la opinión, que hacían converger las fuerzas sociales hacia un objetivo determinado. Este objetivo era el establecimiento de un gobierno propio, emanación de la voluntad general y representante legítimo de los intereses de todos. Para conseguir era indispensable pasar por una revolución, y esa revolución todos la comprendían, todos la sentían venir. Como todas las grandes revoluciones, que, a pesar de ser hijas de un propósito deliberado, no reconocen autores, la Revolución Argentina, lejos de ser resultado de una inspiración personal, de la influencia de un círculo, o de un momento de sorpresa, fué el producto espontáneo de gérmenes fecundos por largo tiempo elaborados, y la consecuencia inevitable de la fuerza de las cosas. Una minoría activa, inteligente y previsora, dirigía con mano invisible esta marcha decidida de un pueblo hacia destinos desconocidos y que tenía más bien el instinto que la conciencia: ella fué la que primero tuvo la inteligencia clara del cambio que se preparaba, la que contribuyó a imprimirle una dirección fija y a darle forma regulares, el día en que la revolución se manifestó con formas características y fórmulas definidas.
Mitre, Bartolomé. Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Buenos Aires; Editorial Suelo Argentino; 1945. Cap. IX. La Revolución. Pág. 114.