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viernes, 26 de junio de 2026

Militares y Cultura

  La democratización del conocimiento fue considerada tan peligrosa como la existencias de individuos cuestionadores, portadores de cultura, por la dictadura, cívico, militar, religiosa genocida. Se elimino a 30.000 personas pero no se descuido al peligro que representaban los libros. Y estos fueron quemados, 24 toneladas de cultura.


  Los libros incinerados eran del Centro Editor de América Latina,  editora de libros fundada y dirigida por Boris Spivacow, matemático de 65 años, hijo de inmigrantes rusos. Entre 1958 y 1966 fue gerente general de Eudeba (Editorial de la Universidad de Buenos Aires) y la había hecho trascender por sus económicos costos y cuidadas colecciones. En la triste Noche de los bastones largos,  junto a muchos profesores e investigadores, Spivacow fue "renunciado" en Eudeba y en la universidad.
 
Aprovecho su experiencia y fundo Centro Editor de América Latina,  formadora de ciudadanía y fuente consultada en todas las disciplinas. Los militares lo había marcado y el 26 de junio del ’80, llegaron soldados que comenzaron a cargar libros, 24 toneladas, desde el depósito del CEAL hasta un baldío a pocas cuadras. Luego de apilarlos, un oficial genocida de ideas, dio la orden de: "¡Fuego!"
  Fue un 26 de junio de 1980.
 

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 29 de abril de 2026

28 de Abril de 1890. El Ferrocarril Oeste pasó a manos inglesas

En 1890, el Ferrocarril Oeste de Buenos Aires, fue vendido a capitales británicos y pasó a manos de The Buenos Aires Western Railway Limited. Fue una línea que había quedado bajo control de la Provincia de Buenos Aires desde 1863. La venta se inscribió en un clima político y económico atravesado por endeudamiento, presión de capitales extranjeros y políticas de privatizaciones.
El Ferrocarril Oeste, inaugurado el 29 de agosto de 1857, fue el primer ferrocarril construido en territorio argentino. Bajo administración bonaerense creció, transportó pasajeros y cargas, y conectó la ciudad con la campaña.
Hacia fines de 1880, Argentina vivía un ciclo de expansión económica basado en crédito externo, obras públicas, concesiones y fuerte presencia británica. En ese contexto, la crisis financiera de 1890 aceleró la presión británica y por el endeudamiento del Estado nacional, el F.C. Oeste fue vendido en tiempos del presidente Miguel Juárez Celman y del gobernador Máximo Paz.
La Primera Argentina

La venta fue parte del proceso de transferencia de bienes, servicios e infraestructuras estratégicas. Venderlo significaba ingreso de capitales pero, implicaba desprenderse de una herramientas de desarrollo y expresaba la dependencia creciente de la economía argentina a los británicos.
Recordar esta venta es hablar de soberanía, deuda, modernización, capital extranjero y decisiones políticas; una idea de Nación que en 1890, paso a manos extranjeras.

Juan Carlos Ramirez Leiva


jueves, 19 de junio de 2025

La masacre de Ezeiza en primera persona

 La mañana del miércoles 20 de junio de 1973 se presentaba apacible, y mientras caminábamos con mi viejo, con mi padre, hacia la estación de Ezeiza, conversábamos. Los temas fueron variados, y salpicados con trivialidades como que no hacía frío, que iba a ser un hermoso día o sobre la conveniencia de ir por la ruta 205 y no cortar camino.
Cuando estábamos próximos a la ruta, nos sorprendió la multitud que ordenadamente marchaba camino a la barrera hacia el aeropuerto. Junto con otros conocidos con los que nos fuimos encontrando en el camino, nos integramos a un grupo bullanguero que entonaba cánticos apropiados para la fecha. Los mayores tenían la lógica ansiedad de ver regresar a su líder tras 18 años de exilio; los que éramos chicos por entonces, y los que habían nacido después del 55, lo hacíamos para conocer a aquel por quien se había militado.
Al llegar a la barrera mencionada y comenzar a andar camino al puente El Trébol, encontramos las diferentes columnas que venían desde Monte Grande y a los que venían desde San Vicente; entre todos, conformamos la Columna Sur. Entre las organizaciones, caminábamos quienes íbamos por nuestra propia cuenta. Muchos como yo estábamos felices, porque además del significado político, había uno aún más importante: la integración entre distintas generaciones y, en mi caso, compartir con mi viejo este reencuentro entre el líder y su gente.
Llegamos a la altura del puesto policial que luego fuera conocido como el centro de detención clandestina “La 205”, cuando ya era de día. Había allí mucha gente, y pensábamos que era lógico, porque estábamos a menos de mil metros del palco desde donde el general Perón nos hablaría.
Con mi padre nos fuimos adelantando entre la gente (siendo solo dos, fue muy fácil), y a la altura del Hogar Escuela tuvimos que sortear automóviles dispuestos de tal forma que impedían llegar a la columna que entraba por el sur. No nos llamó la atención ver un grupo armado en la curva que llevaba al cruce para el bosque. Tenían un brazalete verde; las distintas agrupaciones se distinguían por el color e inscripciones que llevaban.
Tomamos ubicación en la rotonda que permite a los automóviles que vienen del aeropuerto subir al puente camino al bosque (por supuesto, no había tránsito ese día). Obviamente no estábamos solos, pese a que era temprano; el general llegaría a las 16 horas. Distintos pequeños grupos estaban diseminados por todo el césped, desde el cordón instalado para delimitar el área hasta donde podíamos acercarnos al puente. Tras esa precaria marca, circulaban custodios con armas largas. A nuestras espaldas quedaba el acceso a la Autopista Ricchieri desde la ruta 205 y el bosquecillo del Hogar Escuela. Al frente, y cruzando la autopista, grupos con banderas y pancartas; y mirando al norte, densas columnas hasta donde la vista nos permitía avizorar.
El palco estaba ubicado sobre el puente, con frente hacia el norte, por lo que la parte posterior daba al acceso al aeropuerto, ubicado a 3 kilómetros de allí. Como fondo tenía gigantografías con la figura del General y de Evita; con una imagen más chica también aparecía Isabel. Para proteger a Perón, se había instalado una pared de cristal antibala, y por el puente-palco circulaban personas que a veces hacían gala de sus armas largas.
Se habían escuchado algunos tiros, pero recién nos alarmamos cuando se transformaron en un tiroteo y un correr de personas sobre el palco apuntando hacia los pinos ubicados detrás nuestro, en el campo del Hogar Escuela. Pronto las balas comenzaron a silbar cerca de donde estábamos, y desde el palco les respondieron. Cesaron los disparos. Y recién eran las doce del mediodía.
Más tarde, ya en casa, me enteré por boca de mi tío —quien había venido en bicicleta desde Longchamps— que él se ubicó cerca del Hogar Escuela, bajo la sombra de los árboles y cerca de la columna de Lisiados Peronistas, quienes estaban emponchados en sus sillas de ruedas, acompañados por quienes los ayudaban. Mi tío repartió entre ellos unas mandarinas que había recolectado en su paso por mi casa antes de ir hacia donde todos esperábamos a Perón, y esto quizás lo salvó. El caso es que, cuando fue evidente para él que no querían que los que venían desde el sur se acercaran al palco, escuchó que los lisiados le dijeran “agachate, viejito” y se produjo —me relató— un milagro: los lisiados se levantaron de sus sillas de ruedas a la vez que sacaban armas que tenían bajo los ponchos que los cubrían y comenzaron a tirar. De la columna que había arribado desde la ruta 205 —la Columna Sur— se movilizaron Montoneros, otros identificados como de la JP, y algunos militantes que no pertenecían a ninguna agrupación, solo eran peronistas. Intentaron llegar al puente, pero los identificados con el brazalete verde que custodiaban les empezaron a disparar, y en ese momento intervinieron los Lisiados, según me relatara mi tío.
La historia real —la más aproximada a ella, quizás— la supimos tiempo después. Pero el caso es que alrededor de las 14 horas comenzaron a disparar desde la izquierda del puente (visto desde el frente) hacia los árboles del Hogar Escuela, desde donde respondían con una balacera que también llegaba a los que estábamos sentados sobre el césped, próximo a la cinta asfáltica.
No sé quién tuvo la idea —posiblemente partió desde el palco—, pero todos comenzamos a cantar el Himno Nacional. Un sacerdote comenzó, en el palco, a levantar una cruz como símbolo de paz, pero cuando las balas acertaron a la cruz, el cura decidió ponerse a resguardo. Leonardo Favio, desde el puente y protegido por el vidrio antibala, pedía que cesara la balacera, pero tampoco le hicieron caso.
La inquietud fue mayor cuando vimos pasar una ambulancia con las puertas abiertas, con una enfermera (a la que reconocí por ser vecina) que temerariamente iba agarrándose del techo y casi parada sobre el paragolpes. En igual situación, sobre la derecha de esa ambulancia, iba otro, posiblemente enfermero (por su guardapolvo blanco). Con mi padre quedamos alelados al ver que iban tres hombres tirados sobre el piso y dos más arriba de ellos, que imaginábamos todos muertos, camino hacia Puente 12.
Perón debía llegar a Ezeiza a las 16 horas. Pasado ese horario anunciaron que, por los disturbios, se había decidido que no bajara en Ezeiza y que aterrizaría en Morón. Aterrizaje que se confirmó a las 17 horas aproximadamente.
Sabiendo que no vendría al encuentro con su pueblo en Ezeiza, comenzó un desbande generalizado, acompañado por un nuevo tiroteo entre los que cuidaban el palco y los que estaban en los árboles frente a la ruta, en los campos del Hogar Escuela.
El caos que se armó fue de tal magnitud que, cuando escuché silbar las balas, decidí sacar a mi padre de esa trampa que podía ser mortal, y agachados —y a veces llevándonos por delante a otros pacíficos manifestantes que también querían salvar sus vidas— escapamos a través de los zanjones hasta llegar al barrio. Allí vimos cómo intentaban guarecerse los que habían tratado de llegar al palco y los que no, que tampoco entendían el porqué de esa violencia en lo que debía ser un día de fiesta, de fiesta peronista. Comentaban que en el aeropuerto habían hecho una pila con los muertos; luego supimos que eso no sucedió, pero sí que en el Hotel Internacional torturaron a los que creían montoneros, de la Juventud Peronista, de la Tendencia, troscos, comunistas o simplemente zurdos. Nos enteramos de que el Hospital estaba tomado por gente del C. de O. (Comando de Organización, ala derecha del peronismo), y que gente afín controlaba el Hospital San José de Monte Grande.

Algunos intentaban refugiarse en la capilla del barrio, pero yo, conocedor del lugar, opté por tomar rumbo a casa, ya considerándonos a salvo de lo que no podíamos comprender. Allí nos enteramos de las aventuras de mi hermano, intentando que mi madre no se enterara de lo que circulaba entre los vecinos y de lo poco que comentaban por la radio. Él también había ido camino al Hogar Escuela en su bicicleta, pero regresó cuando los que escapaban de los tiroteos le decían que no vaya. Enterado de la gravedad, evitó que nuestra madre se enterara de lo que ya se consideraba una masacre, una emboscada tendida por la derecha sindical y los servicios de inteligencia contra los zurdos.

martes, 17 de septiembre de 2024

El fin del Perón Revolucionario

  Todavía era una herida abierta las más de trescientas personas asesinadas por el cruel bombardeo sobre Plaza de Mayo que la Armada Argentina, con las armas compradas por su propio pueblo, habían llevado adelante con el fin de asesinar al Presidente Perón. Se habían dado por dos meses, una tregua que pronto fue rota con actos violentos que demostraban que no se quería una pacificación y prácticamente obligaba al gobierno a llevar adelante una represión.  
  Perón no estaba totalmente convencido de que ese era el camino. El 31 de agosto, ante un pequeño grupo de militantes, expresó: "Yo ya estoy demás. Soy como aquel aficionado de relojero que sirve para desarmar un reloj, pero ya no se armarlo. Tanto he estado maniobrando con las piezas que, ahora, la única forma de que el reloj siga andando, es que yo lo deje" (archivohistorico.educ.ar).
  Sin embargo, las decisiones posteriores fueron contradictorias. Esa misma noche cerraría las posibilidades de un entendimiento, coincidiendo con lo que  expresara De Pietro: "nuestra nación necesita paz y tranquilidad para el trabajo, porque la economía de la Nación y el trabajo argentino imponen la necesidad de la paz y de la tranquilidad. Y eso lo hemos de conseguir persuadiendo, y si no, a palos". Si no querían la pacificación, buscaban la violencia y : "A esa la violencia le hemos de contestar con una violencia mayor. Con nuestra tolerancia exagerada nos hemos ganado el derecho de reprimirlos violentamente. Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas o en contra de la ley o de la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino".
 La violencia del mensaje, acorde con los atraque sufridos y los muertos de trabajadores que conllevo, se fue incrementando: "La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta. ¡Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos! ...Compañeros: quiero terminar estas palabras recordando a todos ustedes y  a todo el pueblo argentino que el dilema es bien claro: o luchamos y vencemos para consolidar las conquistas alcanzadas, o la oligarquía las va a destrozar al final."
 

El 16 de setiembre, en Córdoba, comenzó el alzamiento bajo el mando del general Eduardo Lonardi, enfrentado a Perón desde un confuso episodio de espionaje en Chile. Fue un viernes lluvioso y con una fuerte sudestada. Un día triste. El general consideró que era el final, que hasta allí llegaba. Se negó a una guerra civil. Y marchó al exilio.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.

lunes, 26 de agosto de 2024

La masacre de Trelew y el genocidio

   El 15 de agosto de 1972, militantes reclusos iniciaron la toma del penal de Rawson y en pocos minutos lo lograron. Errores del apoyo externo hicieron fracasar el plan original aunque el grupo que llegó al aeropuerto, consiguió partir rumbo al Chile. Diecinueve militantes que llegaron cuando el avión había despegado, tomaron el aeropuerto y demandaron la presencia de periodistas y de un juez federal. Exigieron ser trasladados al penal y la presencia de un médico que verificara su estado de salud; aceptadas las condiciones, dejaron las armas y se entregaron. El traslado se hizo pero, no hacia el penal sino a la Base Aeronaval Almirante Zar.
 El 22 de agosto, oficiales de la Marina ejecutaron a los militantes recluidos en las celdas; tres sobrevivieron simulando estar muertos.Trasladados al hospital naval de Bahía Blanca, recibieron tratamiento médico adecuado..Al día siguiente, un comunicado oficial informaba que durante un control estando los detenidos en el pasillo, el jefe de turno fue atacado y lograron sacarle el arma intentando evadirse, iniciándose un intento tiroteo que termina con la vida de trece atacantes y son heridos seis.
A partir de la Masacre de Trelew se inicia una espiral represiva. No sabemos si la orden de eliminar fue tomada por el Estado Mayor Conjunto de las FF.AA, o fue dictada a modo de escarmiento o para vengar la afrenta. Algunos historiadores afirman que pudo ser la respuesta de sectores de la Marina opuestos a Lanusse, quien aceptó con posterioridad la cuota de responsabilidad que se le quisiera asignar en el desenlace de la masacre pero rechazó cualquier intencionalidad de su parte y de la Marina, ratificando de ese modo la versión “oficial” del intento de fuga.
 La  violencia represiva sobre el activismo político armado y no armado durante 1973-1976, diluyeron el horror de la masacre. El historiador Pittaluga sostiene que prefigura la superposición de funciones públicas formales con destinos secretos para gestar el exterminio.La dictadura estaba en descomposición desde 1969, por lo que la masacre de Trelew acontece en un “cierre de ciclo” signado por el fin de la Revolución Argentina y la reinstitucionalización democrática.
 A partir de mayo de 1973 las instituciones democráticas recobradas van a convivir conflictivamente con las acciones de organizaciones armadas revolucionarias consolidadas, aumentando la violencia y luego de la muerte de Perón y la política y económica, condujeron al período más trágico de la historia argentina.

Del "Luche y vuelve" al Perón vuelve

 El ciclo de inestabilidad política que se abre a partir del derrocamiento de Juan Domingo Perón (1955) está signado por la alternancia de dictaduras militares (Lonardi y Aramburu, 1955-1958; Onganía, Levingston y Lanusse, 1966-1973). Fueron seudodemocracias, entendidas como gobiernos electos por medio de comicios que supusieron la proscripción del peronismo y que son derrocadas a su vez por un golpe de estado militar sin culminar su mandato (Frondizi, 1958-1962; Illia, 1963-1966), y un gobierno interino fuertemente tutelado por las FF.AA (Guido, 1962-1963). En este contexto, el gobierno de Illia se caracterizó por un relativo incremento de las libertades públicas, aunque Perón y el Partido Peronista en cuanto tal, no fueron rehabilitados para participar en elecciones. Sin embargo, un partido político definido como peronista ganó las elecciones legislativas de 1965, hecho que causó malestar castrenses, y que junto a las masivas protestas sindicales llevadas a cabo por la Central General del Trabajo y los dos primeros brotes guerrilleros aislados y fallidos -uno rural y otro urbano -en 1963-1964, constituyeron algunos de los elementos que dieron fundamento al golpe de estado de junio de 1966. 
   Tras el golpe de estado en contra del presidente constitucional A.H. Illía asumió el poder el gral. Onganía  La represión y la miseria generaron creciente malestar en los sectores obreros y populares, en tanto los estudiantes comenzaban a luchar. Durante 1968 se dieron tres luchas obreras importantes: petroleros de YPF en Ensenada, gráficos de Fabril Financiera en Barracas, y la de Citroën, en la ciudad de Buenos Aires. En marzo de 1969 hubo conflictos estudiantiles en Tucumán y Rosario en tanto las luchas obreras las encabezaron los metalúrgicos, Luz y Fuerza, Smata, estatales y docentes. A mediados de mayo se movilizaron los estudiantes correntinos y en la represión, el estudiante de medicina J.J. Cabral, fue asesinado por la policía. Esto generó una movilización en Rosario que dio origen al Rosariazo. El 16 de mayo los estudiantes comenzaron a movilizarse y enfrentar en las calles a la policía hasta derrotarla. El 21 de mayo se sumaron sectores del movimiento obrero, día en que fue asesinado el metalúrgico L.Blanco.
  La CGT convoco un paro de 24 horas para el 30 de mayo pero la CGT regional de Córdoba decidió comenzar el paro el día 29. La medida tuvo un acatamiento del 98% y para el mediodía, en un área de 150 manzanas se enfrentaron con la policía levantando barricadas ayudados por vecinos. La policía mató al obrero del Smata M. Mena y el estudiante D. Castellanos pero tuvieron que retirarse. Cuando el ejército entro en el centro de la ciudad, el movimiento ya se había replegado hacia los barrios. .
  La alta participación de la población erigiendo barricadas y enfrentando a las tropas militares fueron vistas como evidencias de la preparación de la clase trabajadora para ir asumiendo el método de la lucha armada, una confirmación respecto de la viabilidad de una “guerra popular revolucionaria”.
  La popular consigna de "Luche y vuelve", comenzaba a ser una realidad. Pintadas sobre muros con cualquier tipo de material, aparecía la "v" encerrando una "P"; desprolijas, pintadas por no profesionales pero con un claro mensaje. Casi una revancha era la de, en un principio, utilizar el "Cristo vence" que pintaban ("V" encerrando una "C") y a la "C" le agregaban una patita conformando una "P". Así de rudimentaria, simple e ingeniosa, era la propaganda en las calles desafiando las prohibiciones.
  El gobierno de Onganía nunca se pudo recuperar de aquel golpe. El clima social precipito el lanzamiento de organizaciones armadas revolucionarias durante 1970 (ERP, FAR y Montoneros) y el incremento de sus operaciones. Estos fenómenos provocaron dos renuncias, la de Onganía y la de su sucesor, el Gral.de Brigada Roberto Marcelo Levingston,  y la asunción del Comandante en Jefe de las FF.AA, el Teniente General Alejandro Agustín Lanusse, el 26 de marzo de 1971. 
 El nuevo dictador intentó contener la conflictividad social, desarticular las organizaciones armadas y encaminar la institucionalización política del país mediante un Gran Acuerdo Nacional (GAN), con el objetivo de sentar las bases para un proceso electoral que integrara al peronismo y que fuese aceptable para las FF.AA.
  Durante el gobierno del gral. Lanusse, las 3 principales organizaciones armadas revolucionarias eran: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros (M). Tanto Montoneros como FAR se habían constituido como organizaciones político-militares, dándose a conocer públicamente en 1970 y se reivindicaban peronistas, aunque las segundas partiendo de su original filiación marxista tuvieron un proceso de “peronización” que las llevó a asumir en 1971 el peronismo como su identidad política. El ERP, en cambio, data de 1968 aunque su primera acción pública también fue en 1970 y era el brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), organización marxista que se había creado al confluir en 1965 la agrupación trotskista Palabra Obrera y el Frente Revolucionario Indoamericanista Popular. Además de esas organizaciones, apareció el Frente Argentino de Liberación (FAL), Descamisados y la Guerrilla del Ejército Libertador (GEL), que surgieron públicamente en 1970.
  La apertura fue entendida por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) como clara maniobra del régimen para aplacar protestas y radicalización política por medio de la reincorporación de Perón, quien constituyó el Frente Cívico de Liberación Nacional (FRECILINA), reuniendo a todos los partidos reformistas para competir electoralmente.
 FAR y Montoneros consideraban al FRECILINA como táctica de Perón destinada a neutralizar los intentos del partido militar en connivencia con sectores integracionistas del peronismo para que al mismo tiempo, se formara un bloque de oposición a la dictadura lo más amplio posible permitiendo el crecimiento de los sectores revolucionarios en su seno y viabilizar un proceso de liberación nacional y social que llevara al socialismo.
 Si bien FAR y Montoneros sostenían posicionamiento similares respecto del GAN y al FRECILINA, Montoneros sostenían que la idea de fuga del penal de Rawson, podría minar las bases del proceso de institucionalización truncando la posible salida democrática, mientras que la FAR creía que el aumento del accionar armado de la guerrilla aseguraba el camino sin condicionamientos.
 El gobierno, en tanto, fracasaba en sus intentos de negociar con Perón y que este, condenara el accionar de las organizaciones armadas peronistas, que basaban su legitimidad en función de la proscripción y el exilio forzado de su líder. El apoyo a las organizaciones armadas peronistas por parte del líder fue dado a conocer públicamente en el mensaje a la juventud otorgándoles el carácter de “formaciones especiales” del movimiento [“Mensaje de Perón a los compañeros de la Juventud"] en una entrevista otorgada en 1971. Perón reafirmó dicho accionar como un mecanismo de presión sobre el gobierno respecto a la realización de comicios limpios y abiertos que permitiese una victoria justicialista y evite la guerra revolucionaria como medio de acceso al poder.
 El gobierno militar estableció como límite el 25 de agosto de 1972 para estar radicado en el país o no desempeñar ningún cargo ejecutivo o ministerial en cualquier nivel de la administración pública como exigencia para poder ser candidato en las elecciones, lo que suponía la exclusión en los futuros comicios tanto de Perón como de Lanusse.

sábado, 24 de agosto de 2024

22 de agosto

 La violencia política tuvo su auge en los años 70’, con el accionar represivo ilegal del estado y de las organizaciones armadas revolucionarias. La fuga de militantes presos en el penal de Rawson y los fusilamientos de un grupo de ellos en agosto de 1972 son el ejemplo de que la dictadura había optado por eliminar físicamente a los guerrilleros. Las acciones paraestatales provocaron aun más el descontento popular hacia la dictadura y alentó a una mayor unidad de las organizaciones.
 La Unidad 6 (Rawson) del Servicio Penitenciario Federal, clasificada de máxima seguridad, fue la cárcel elegida por el dictador Alejandro Agustín Lanusse, en donde recluyo presos políticos, gremialistas y militantes de las organizaciones armadas revolucionarias. Trataban de alejar a los presos de los centros urbanos e impedir posibles fugas.
  Pese a las previsiones, el 15 de agosto de 1972 a las 18:30 hs., militantes reclusos iniciaron la toma del penal con el objetivo de fugarse. En pocos minutos y con la colaboración del guardiacárcel Facio, pudieron reducir las guardias, incluyendo torres de vigilancia. Pronto a salir, el  guardia-cárcel llamado Valenzuela desconfió e inició un tiroteo que terminó con su propia vida. En solo 15 minutos habían tomado la cárcel.
 Errores del apoyo externo hicieron fracasar el plan cuya idea era transportar a los fugados hacia el aeropuerto de Trelew, donde un grupo los ayudaría a tomar un avión de la empresa Austral Líneas Aéreas hacia Cuba con los 116 militantes presos. El operativo estaba al mando de Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Menna (ERP), Roberto Quieto, Marcos Osatinsky (FAR) y Fernando Vaca Narvaja (M).
  Asegurada la toma del penal, desde su interior se debía realizar una señal que fue malinterpretada por lo que solo se presento un Ford Falcon;  también fallaron los walkies-talkies, por lo que comenzaron a llamar taxis para ver si podían alcanzar al avión en el que pensaban escapar. El grupo de los jefes que fugaron en el Falcón, llegó al aeropuerto cuando el avión se encontraba carreteando. Lograron detener el despegue, subirse y partir rumbo al Chile para recargar el  combustible necesario para alcanzar Cuba. La toma del penal, el traslado en vehículo, el apoderamiento de la aeronave y el despegue solo demandaron una hora.
 Diecinueve militantes que quedaron en el penal lograron subirse a tres taxi pero llegaron cuando el avión había despegado, por lo que tomaron el aeropuerto y a las personas que allí se encontraban, como rehenes. Demandaron la presencia de periodistas y de un juez federal, y luego de realizar una conferencia de prensa, en parte transmitida por televisión, exigieron ser trasladados al penal y demandaron la presencia de un médico que verificara su estado de salud. Estas condiciones fueron aceptadas y los militantes dejaron las armas, entregandose. El traslado se hizo pasada la medianoche pero, no hacia el penal sino que en un .ómnibus militar fueron llevados a la Base Aeronaval Almirante Zar. Los presos fueron albergados en la zona de calabozos.
 A una semana de aquellos hechos, a las 3:30 del 22 de agosto, oficiales de la Marina ejecutaron a los militantes recluidos en las celdas; tres presos sobrevivieron simulando estar muertos. El personal de la base trasladó los heridos a la enfermería pero los heridos no recibieron tratamiento médico alguno, y fallecieron salvo tres que posteriormente fueron trasladados al hospital naval de Puerto Belgrano (Bahía Blanca) donde fueron operados y recibieron tratamiento médico adecuado..
  Al día siguiente, la noticia de la masacre fue difundida por un escueto comunicado oficial, informando  que durante una recorrida de control estando los detenidos en el pasillo, el jefe de turno fue atacado por Pujadas quien logra sacarle el arma y escudándose con aquél los reclusos intentan evadirse iniciando un intento tiroteo. Según la misma fuente, el marino logra zafarse y como saldo del suceso es herido al tiempo que la respuesta de los oficiales termina con la vida de trece de los atacantes y hiere a otros seis.
A comienzos de septiembre, los tres sobrevivientes dieron su testimonio ante el Capitán Bautista, oficial de la Marina que actuó como juez sumariante (después fue acusado de encubrimiento dado que sus investigaciones no produjeron acciones penales o militares). Las tres declaraciones desmintieron la versión difundida por la Marina. Los carceleros dispararon contra: Carlos Heriberto Astudillo (FAR), María Antonia Berger (FAR), Rubén Pedro Bonet (ERP), Alberto Miguel Camps (FAR), Eduardo Adolfo Capello (ERP), Mario Emilio Delfino (ERP), Alberto Carlos Del Rey (ERP), Ricardo René Haidar (M), Alfredo Elías Kohon (FAR), Clarisa Rosa Lea Place (ERP), Susana Lesgart (M), José Ricardo Mena (ERP), Miguel Angel Polti (ERP), Mariano Pujadas (M), María Angélica Sabelli (FAR), Humberto Segundo Suárez (ERP), Humberto Adrián Toschi (ERP), Jorge Alejandro Ulla (ERP), Ana María Villarreal de Santucho (ERP).
  Al momento de los fusilamientos Villarreal de Santucho tenía 36 años, Berger y Bonet 30, Delfino 29, Astudillo, Haidar y Ulla 28, Kohon 27, Del Rey y Toschi 26, Camps, Capello, Lea Place y Pujadas 24, Sabelli y Suárez 23, Lesgart 22, Polti 21 y Mena 20.
 La fuga del penal y la posterior masacre se produjeron en momentos en el que el gobierno ingresaba en la transición hacia las elecciones. El debilitamiento de la dictadura se aceleró en la misma medida en que Perón pasaba a convertirse en el árbitro máximo del juego político, aunque no pudiera presentarse como candidato .
  Los aniversarios del suceso fueron motivo de actos y movilizaciones  impulsados por organizaciones obreras, estudiantiles, barriales y partidarias, acompañadas por volantes y afiches. El 22 de agosto se constituyó en fecha  emblemática para las organizaciones armadas revolucionarias y sus militantes. Los años subsiguientes, la conmemoración pareció canalizarse de modo progresivo por vía de atentados, concitando fuertes operativos de vigilancia por las fuerzas de seguridad, reflejando la violencia que iba imperando en el país. Las organizaciones revolucionarias no dejaron de vindicar las muertes de sus militantes por medio de acciones contra la vida de militares o civiles involucrados. 
  La masacre de Trelew fue retomada en consignas y por las denominaciones de nuevas agrupaciones. Las FAL-22 y el ERP-22 agregaron el número de la fecha de la masacre para distinguirse de sus organizaciones madres. La consigna “La sangre derramada no será negociada” fue muy popularizada posteriormente en relación con la masacre y el canto “Ya van a ver, ya van a ver, cuando venguemos los muertos de Trelew” fue coreado en innumerables movilizaciones.

lunes, 15 de julio de 2024

Don José de San Martín. Una biografía (VII)

  Escribió el General Don José de San Martín: " Yo serví en el ejército español desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos de Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha."
  Antes de viajar a América, San Martín quiere pasar por Gran Bretaña y lo hace con la ayuda de Sir Charles Stuart, Enviado Extraordinario de Su Majestad Británica ante el gobierno de Portugal, quien le concedió el pasaporte. El Vizconde Macduff, con quien San Martín había trabado amistad, le entregó cartas de recomendación y letras de cambio.
  Salió de Cádiz para Londres el 14 de septiembre de 1811. Londres ya era por entonces la gran capital de la Revolución Industrial, de  ideas liberales en lo económico y también en lo político. Allí prosperaba la "Gran Hermandad Americana", una logia fundada por Francisco de Miranda, patriota venezolano que se proponía liberar a América con la ayuda financiera de los ingleses.
  A través de Andrés Bello y otros vinculados al gobierno británico, como James Duff y Sir Charles Stuart, conoció el plan Maitland. El plan, un manuscrito de 47 páginas elaborado por el general inglés Thomas Maitland en 1800,aconsejaba tomar Lima a través de Chile por vía marítima.
  En enero de 1812, emprende el regreso a bordo de la fragata inglesa George Canning, lo hizo junto a Carlos María de Alvear, José Zapiola, Francisco Vera, Francisco Chilabert, Antonio Arellano y el austríaco Barón de Holmberg.
  A poco de llegar San Martín a Buenos Aires, logró que se le respetara su grado militar de Teniente Coronel y que se le encomendara la creación de un regimiento para custodiar las costas del Paraná asoladas por los ataque de los españoles de Montevideo. Así nació el regimiento de Granaderos a Caballo. El propio San Martín diseñará los uniformes y las insignia del nuevo cuerpo militar que se instala en el Retiro. 

  A poco de llegar, San Martín entró en contacto con los grupos opositores al triunvirato, el Primer Triunvirato integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea, y Juan José Paso, encabezados por la Sociedad Patriótica fundada por Bernardo de Monteagudo, y creó, junto a su compañero de viaje Carlos de Alvear, la Logia Lautaro, una sociedad secreta cuyos objetivos principales era la Independencia y la Constitución Republicana.
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.

jueves, 11 de julio de 2024

Gral. Don José de San Martín. Una biografía (IV)

  Como parte del Regimiento de Murcia, San Martín participó en la batalla naval del cabo San Vicente contra Gran Bretaña. Su nave, la Dorotea, fue apresada y San Martín cayo prisionero de los británicos pero, poco después fue liberado. En tanto, Napoleón Bonaparte comenzaba su ascenso tras que en su primera campaña a Egipto conquistando Alejandría y El Cairo. Regresa en 1799 a París, en donde da un golpe de Estado y asume como dictador con el título de Primer Cónsul.
Cuadro de La rendición de Bailén, de Casado del Alisal.
  En 1801 España decide su invasión a Portugal, la que fuera aliada de Gran Bretaña, oportunidad en que San Martín batalló en la toma de la ciudad portuguesa de Olivenza. Posteriormente debió marchar a bloquear a Gibraltar.
  En 1802 se le confía a San Martín una misión de reclutamiento en Castilla la Vieja, siendo en el camino, asaltado y herido. A fin de ese año fue nombrado 2do. Ayudante del Batallón Voluntarios de Campo Mayor.
 Para 1804 Napoleón se corona como Emperador francés y San Martín, en tanto, es ascendido a 1er. Capitán. Dos años más tarde, ya es 2do. Capitán.
  ¿Qué pasaba en Buenos Aires por esos años de 1806 y 1807? Los británicos intentaron dominar militarmente en dos incursiones navales, siendo derrotados y despertando un sentido de naciente patriotismo, de sentirse fuertes por haber derrotado nada menos que a la potencia que dominaba los mares del mundo.
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.
 

miércoles, 10 de julio de 2024

Don José de San Martín. Una biografía (II)

   Bautizado como José Francisco de San Martín y Matorras, nació un 25 de febrero de 1778 en el Departamento de Yapeyú (hoy Corrientes), Gobierno de las Misiones Guaraníes del Virreinato del Río de la Plata. Fue el quinto hijo del matrimonio de Don Juan de San Martín con Doña Gregoria Matorras.
  Los datos de filiación fue cuestionada por algunos investigadores. El  historiador José Pacífico Otero coincide en que nació el 25 de febrero, pero de 1777. En 1877, Joaquina de Alvear Quintanilla y Arrotea, hija de Carlos María de Alvear, aseguró que San Martín era su medio tío. Según esta señora, el verdadero padre de San Martín había sido su abuelo, Diego de Alvear y Ponce de León, y la madre era una india guaraní. La hipótesis que presentaba a San Martín como medio hermano de Alvear, jamás fue verificada; por otra parte, el 5 de diciembre de 1877, en un juicio de insanía iniciado  por su esposo, se estableció judicialmente que Joaquina padecía de "demencia calificada" (no obstante, cautivo la  imaginación de muchos escritores). Los cuestionamientos de paternidad y maternidad, fueron llevados a cabo especialmente por el historiador Hugo Chumbita, quien sostuvo que fue hijo de don Diego de Alvear y de la india Rosa Guarú, basando su tesis en las memorias de la nieta de Alvear y la tradición oral de Yapeyú.
  Yapeyú era una ciudad importante dentro de la estrategia española para esas tierras y por ello el gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucarelli, había encomendado al Capitán Don Juan de San Martín el cargo de Teniente de Gobernador de Yapeyú en 1774. Allí se instaló don Juan con su mujer y sus hijos María Elena, Juan Fermín y Manuel Tadeo. Poco después nacerán Justo Rufino y el menor de la familia, José Francisco. Este fue puesto al cuidado de una niñera india, Juana Cristaldo, quien según Doña Gregoria lo consentía demasiado.
  Cuando José tenía apenas tres años, toda la familia debió abandonar Yapeyú y trasladarse a Buenos Aires porque el virrey Vértiz le ordenó a Don Juan, hacerse cargo de la instrucción de los oficiales del batallón de voluntarios españoles. Los San Martín vivieron en la capital del virreinato hasta 1784, cuando fue aceptado el pedido de don Juan para regresar a España. Fue el rey  Carlos III quien emitió Real Orden por la cual dispuso el traslado con destino a un regimiento de Málaga, en donde se retiró con el grado de capitán.
 
José, con ocho años, fue admitido en el Real Seminario de Nobles de Madrid, acceso al que tenía derecho porque su padre había ocupado el cargo de Teniente Gobernador en América. Aprendió latín, francés, castellano, dibujo, poética, retórica, esgrima, baile, matemática, historia y geografía.
 
 
 
Las imágenes son una reconstrucción en realidad digital de los rostros posibles de San Martín realizados por el artista gráfico Ramiro Ghigliazza.
 
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva