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viernes, 26 de junio de 2026

Militares y Cultura

  La democratización del conocimiento fue considerada tan peligrosa como la existencias de individuos cuestionadores, portadores de cultura, por la dictadura, cívico, militar, religiosa genocida. Se elimino a 30.000 personas pero no se descuido al peligro que representaban los libros. Y estos fueron quemados, 24 toneladas de cultura.


  Los libros incinerados eran del Centro Editor de América Latina,  editora de libros fundada y dirigida por Boris Spivacow, matemático de 65 años, hijo de inmigrantes rusos. Entre 1958 y 1966 fue gerente general de Eudeba (Editorial de la Universidad de Buenos Aires) y la había hecho trascender por sus económicos costos y cuidadas colecciones. En la triste Noche de los bastones largos,  junto a muchos profesores e investigadores, Spivacow fue "renunciado" en Eudeba y en la universidad.
 
Aprovecho su experiencia y fundo Centro Editor de América Latina,  formadora de ciudadanía y fuente consultada en todas las disciplinas. Los militares lo había marcado y el 26 de junio del ’80, llegaron soldados que comenzaron a cargar libros, 24 toneladas, desde el depósito del CEAL hasta un baldío a pocas cuadras. Luego de apilarlos, un oficial genocida de ideas, dio la orden de: "¡Fuego!"
  Fue un 26 de junio de 1980.
 

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 29 de abril de 2026

28 de Abril de 1890. El Ferrocarril Oeste pasó a manos inglesas

En 1890, el Ferrocarril Oeste de Buenos Aires, fue vendido a capitales británicos y pasó a manos de The Buenos Aires Western Railway Limited. Fue una línea que había quedado bajo control de la Provincia de Buenos Aires desde 1863. La venta se inscribió en un clima político y económico atravesado por endeudamiento, presión de capitales extranjeros y políticas de privatizaciones.
El Ferrocarril Oeste, inaugurado el 29 de agosto de 1857, fue el primer ferrocarril construido en territorio argentino. Bajo administración bonaerense creció, transportó pasajeros y cargas, y conectó la ciudad con la campaña.
Hacia fines de 1880, Argentina vivía un ciclo de expansión económica basado en crédito externo, obras públicas, concesiones y fuerte presencia británica. En ese contexto, la crisis financiera de 1890 aceleró la presión británica y por el endeudamiento del Estado nacional, el F.C. Oeste fue vendido en tiempos del presidente Miguel Juárez Celman y del gobernador Máximo Paz.
La Primera Argentina

La venta fue parte del proceso de transferencia de bienes, servicios e infraestructuras estratégicas. Venderlo significaba ingreso de capitales pero, implicaba desprenderse de una herramientas de desarrollo y expresaba la dependencia creciente de la economía argentina a los británicos.
Recordar esta venta es hablar de soberanía, deuda, modernización, capital extranjero y decisiones políticas; una idea de Nación que en 1890, paso a manos extranjeras.

Juan Carlos Ramirez Leiva


jueves, 19 de junio de 2025

La masacre de Ezeiza en primera persona

 La mañana del miércoles 20 de junio de 1973 se presentaba apacible, y mientras caminábamos con mi viejo, con mi padre, hacia la estación de Ezeiza, conversábamos. Los temas fueron variados, y salpicados con trivialidades como que no hacía frío, que iba a ser un hermoso día o sobre la conveniencia de ir por la ruta 205 y no cortar camino.
Cuando estábamos próximos a la ruta, nos sorprendió la multitud que ordenadamente marchaba camino a la barrera hacia el aeropuerto. Junto con otros conocidos con los que nos fuimos encontrando en el camino, nos integramos a un grupo bullanguero que entonaba cánticos apropiados para la fecha. Los mayores tenían la lógica ansiedad de ver regresar a su líder tras 18 años de exilio; los que éramos chicos por entonces, y los que habían nacido después del 55, lo hacíamos para conocer a aquel por quien se había militado.
Al llegar a la barrera mencionada y comenzar a andar camino al puente El Trébol, encontramos las diferentes columnas que venían desde Monte Grande y a los que venían desde San Vicente; entre todos, conformamos la Columna Sur. Entre las organizaciones, caminábamos quienes íbamos por nuestra propia cuenta. Muchos como yo estábamos felices, porque además del significado político, había uno aún más importante: la integración entre distintas generaciones y, en mi caso, compartir con mi viejo este reencuentro entre el líder y su gente.
Llegamos a la altura del puesto policial que luego fuera conocido como el centro de detención clandestina “La 205”, cuando ya era de día. Había allí mucha gente, y pensábamos que era lógico, porque estábamos a menos de mil metros del palco desde donde el general Perón nos hablaría.
Con mi padre nos fuimos adelantando entre la gente (siendo solo dos, fue muy fácil), y a la altura del Hogar Escuela tuvimos que sortear automóviles dispuestos de tal forma que impedían llegar a la columna que entraba por el sur. No nos llamó la atención ver un grupo armado en la curva que llevaba al cruce para el bosque. Tenían un brazalete verde; las distintas agrupaciones se distinguían por el color e inscripciones que llevaban.
Tomamos ubicación en la rotonda que permite a los automóviles que vienen del aeropuerto subir al puente camino al bosque (por supuesto, no había tránsito ese día). Obviamente no estábamos solos, pese a que era temprano; el general llegaría a las 16 horas. Distintos pequeños grupos estaban diseminados por todo el césped, desde el cordón instalado para delimitar el área hasta donde podíamos acercarnos al puente. Tras esa precaria marca, circulaban custodios con armas largas. A nuestras espaldas quedaba el acceso a la Autopista Ricchieri desde la ruta 205 y el bosquecillo del Hogar Escuela. Al frente, y cruzando la autopista, grupos con banderas y pancartas; y mirando al norte, densas columnas hasta donde la vista nos permitía avizorar.
El palco estaba ubicado sobre el puente, con frente hacia el norte, por lo que la parte posterior daba al acceso al aeropuerto, ubicado a 3 kilómetros de allí. Como fondo tenía gigantografías con la figura del General y de Evita; con una imagen más chica también aparecía Isabel. Para proteger a Perón, se había instalado una pared de cristal antibala, y por el puente-palco circulaban personas que a veces hacían gala de sus armas largas.
Se habían escuchado algunos tiros, pero recién nos alarmamos cuando se transformaron en un tiroteo y un correr de personas sobre el palco apuntando hacia los pinos ubicados detrás nuestro, en el campo del Hogar Escuela. Pronto las balas comenzaron a silbar cerca de donde estábamos, y desde el palco les respondieron. Cesaron los disparos. Y recién eran las doce del mediodía.
Más tarde, ya en casa, me enteré por boca de mi tío —quien había venido en bicicleta desde Longchamps— que él se ubicó cerca del Hogar Escuela, bajo la sombra de los árboles y cerca de la columna de Lisiados Peronistas, quienes estaban emponchados en sus sillas de ruedas, acompañados por quienes los ayudaban. Mi tío repartió entre ellos unas mandarinas que había recolectado en su paso por mi casa antes de ir hacia donde todos esperábamos a Perón, y esto quizás lo salvó. El caso es que, cuando fue evidente para él que no querían que los que venían desde el sur se acercaran al palco, escuchó que los lisiados le dijeran “agachate, viejito” y se produjo —me relató— un milagro: los lisiados se levantaron de sus sillas de ruedas a la vez que sacaban armas que tenían bajo los ponchos que los cubrían y comenzaron a tirar. De la columna que había arribado desde la ruta 205 —la Columna Sur— se movilizaron Montoneros, otros identificados como de la JP, y algunos militantes que no pertenecían a ninguna agrupación, solo eran peronistas. Intentaron llegar al puente, pero los identificados con el brazalete verde que custodiaban les empezaron a disparar, y en ese momento intervinieron los Lisiados, según me relatara mi tío.
La historia real —la más aproximada a ella, quizás— la supimos tiempo después. Pero el caso es que alrededor de las 14 horas comenzaron a disparar desde la izquierda del puente (visto desde el frente) hacia los árboles del Hogar Escuela, desde donde respondían con una balacera que también llegaba a los que estábamos sentados sobre el césped, próximo a la cinta asfáltica.
No sé quién tuvo la idea —posiblemente partió desde el palco—, pero todos comenzamos a cantar el Himno Nacional. Un sacerdote comenzó, en el palco, a levantar una cruz como símbolo de paz, pero cuando las balas acertaron a la cruz, el cura decidió ponerse a resguardo. Leonardo Favio, desde el puente y protegido por el vidrio antibala, pedía que cesara la balacera, pero tampoco le hicieron caso.
La inquietud fue mayor cuando vimos pasar una ambulancia con las puertas abiertas, con una enfermera (a la que reconocí por ser vecina) que temerariamente iba agarrándose del techo y casi parada sobre el paragolpes. En igual situación, sobre la derecha de esa ambulancia, iba otro, posiblemente enfermero (por su guardapolvo blanco). Con mi padre quedamos alelados al ver que iban tres hombres tirados sobre el piso y dos más arriba de ellos, que imaginábamos todos muertos, camino hacia Puente 12.
Perón debía llegar a Ezeiza a las 16 horas. Pasado ese horario anunciaron que, por los disturbios, se había decidido que no bajara en Ezeiza y que aterrizaría en Morón. Aterrizaje que se confirmó a las 17 horas aproximadamente.
Sabiendo que no vendría al encuentro con su pueblo en Ezeiza, comenzó un desbande generalizado, acompañado por un nuevo tiroteo entre los que cuidaban el palco y los que estaban en los árboles frente a la ruta, en los campos del Hogar Escuela.
El caos que se armó fue de tal magnitud que, cuando escuché silbar las balas, decidí sacar a mi padre de esa trampa que podía ser mortal, y agachados —y a veces llevándonos por delante a otros pacíficos manifestantes que también querían salvar sus vidas— escapamos a través de los zanjones hasta llegar al barrio. Allí vimos cómo intentaban guarecerse los que habían tratado de llegar al palco y los que no, que tampoco entendían el porqué de esa violencia en lo que debía ser un día de fiesta, de fiesta peronista. Comentaban que en el aeropuerto habían hecho una pila con los muertos; luego supimos que eso no sucedió, pero sí que en el Hotel Internacional torturaron a los que creían montoneros, de la Juventud Peronista, de la Tendencia, troscos, comunistas o simplemente zurdos. Nos enteramos de que el Hospital estaba tomado por gente del C. de O. (Comando de Organización, ala derecha del peronismo), y que gente afín controlaba el Hospital San José de Monte Grande.

Algunos intentaban refugiarse en la capilla del barrio, pero yo, conocedor del lugar, opté por tomar rumbo a casa, ya considerándonos a salvo de lo que no podíamos comprender. Allí nos enteramos de las aventuras de mi hermano, intentando que mi madre no se enterara de lo que circulaba entre los vecinos y de lo poco que comentaban por la radio. Él también había ido camino al Hogar Escuela en su bicicleta, pero regresó cuando los que escapaban de los tiroteos le decían que no vaya. Enterado de la gravedad, evitó que nuestra madre se enterara de lo que ya se consideraba una masacre, una emboscada tendida por la derecha sindical y los servicios de inteligencia contra los zurdos.

miércoles, 11 de junio de 2025

Ezeiza, 16 de junio de 1955 (Parte I)

   Los días previos al 16 de junio de 1955, fueron de creciente tensión a causa del enfrentamiento entre el Gobierno y la Iglesia católica, tras el arrío de la enseña patria y su reemplazo por la bandera del Vaticano en una procesión. El gobierno dispuso que el día 16, se realizara un acto de desagravio a la bandera nacional ultrajada ignorando obviamente que, el contralmirante de la Infantería de Marina Samuel Toranzo Calderón, fijaba para ese día, la fecha del golpe revolucionario.
  Toranzo Calderón, tras reunirse con los políticos opositores Miguel Ángel Zavala Ortiz (radical) y Adolfo Vicchi (conservador), acordaron reemplazar al presidente Juan Domingo Perón, tan pronto fuera muerto o depuesto. Mientras las fuerzas militares golpistas actuaban, comandos civiles tomarían las torres y antenas de Ezeiza (lo que no se llevó a cabo por la demora de las acciones previstas).
  Debido a causas meteorológicas no apropiadas, el ataque aéreo que debía efectuarse a las 10 hs. se demoró, lo que llevó a la desconcentración de otros comandos civiles que tenían objetivos previstos. A las 12.40 hs., comenzó el bombardeo a la Plaza Mayo con la suprema intención de asesinar a Perón, en tanto un comando tomaba por asalto a Radio Mitre, obligando a un locutor a leer una proclama que entre otras cosas, decía: “Argentinos, argentinos, escuchad este anuncio del cielo volcado por fin sobre la tierra argentina: El tirano ha muerto. Nuestra patria, desde hoy, es libre. Dios sea loado”.
  El dirigente socialista Víctor García Costa, quien fuera nuestro vecino, recordaba que aquel 16 de junio su madre lo despertó contándole que había sonado el teléfono y al atenderlo se encontró que estaba ligado, algo común en los teléfonos de línea, y escuchó la voz angustiada pero inconfundible del presidente Perón hablando con otro hombre.
  Perón había llegado a su despacho a las 6:20, ya advertido del complot. El general Lucero le trazó un resumen y le pidió que se instalara en el Ministerio de Ejército, lo que Perón prometió considerar. Posteriormente se reunió con el embajador de los Estados Unidos, Albert Nuffer, y pasadas las nueve, Perón se dirigió al Ministerio de Ejército, que funcionaba en el Edificio Libertador. Tras algunas reuniones prestan atención a un helicóptero que allí descendía, en el momento en que comenzaron las explosiones. Su tripulante era un piloto de la Fuerza Aérea que había huido de Ezeiza, luego de que ese lugar cayera en manos de marinos rebeldes de la base de Punta Indio, dirigidos por el capitán de fragata Jorge A. Bassi, que habían llegado en nueve aviones de carga C-47. Previamente, habían ido depositando de manera clandestina una buena cantidad de bombas en un hangar que servía de oficina y agencia para los aviones destinados a ir a la Antártida.
  A las doce, el ministro Lucero le ordenó al Regimiento de Infantería 3 “General Manuel Belgrano” de La Tablada, que acudiera con parte de sus efectivos a reforzar la seguridad de la Casa de Gobierno y destinara el grueso a marchar sobre Ezeiza para recuperar el aeropuerto copado por los golpistas.
 
 Desde las 12:05, la VII Brigada Aérea con base en Morón estaba alistada bajo las directivas Conintes (Conmoción Interna del Estado) y se puso al mando el brigadier Mario Daneri que al recibir las noticias del primer bombardeo a Plaza de Mayo ordenó el despegue de una escuadrilla con la misión de interceptar una formación de seis aviones North American navales procedentes de Punta Indio que no habían acatado la orden de aterrizar en Aeroparque, internándose en el río.

 Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

Nota: Puede leerse otra nota al respecto en
https://ezeizaysuhistoria.blogspot.com/2023/06/16-de-junio-de-1955.html

Ezeiza, 16 de junio de 1955 (Parte II)

  En la VII Brigada Aérea con base en Morón, el brigadier M. Daneri ordenó el despegue de una escuadrilla con la misión de interceptar seis aviones navales que no habían acatado la orden de aterrizar en Aeroparque, internándose en el río.

  Primero decolaron tres aviones y una cuarta máquina, al mando del teniente Ernesto Adradas, despego minutos después. Una vez que Adradas se reunió con sus compañeros, se toparon con dos aviones North American rebeldes y tras confirmar sus órdenes iniciaron el ataque los pilotos Olezza y Rosito, sin resultado.   En tercer turno lo hizo Adradas, que le acertó una decena de proyectiles al aparato rebelde que piloteaba el teniente de corbeta Arnaldo Román, quien resultó derribado sobre el río, en lo que constituyó el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea. Román se eyectó y fue rescatado —y detenido— por una lancha de la Prefectura.  
 A las 13:30, cuatro Gloster Meteor (avión caza a reacción), ametrallaron a los aviones navales rebeldes que repostaban en Ezeiza, inutilizando un Catalina (un hidroavión). La situación en Morón era tan confusa que cuando se ordenó que decolara una segunda escuadrilla, solo lo hizo un aparato al mando de su jefe, el vicecomodoro C. Síster, quien al no encontrar a su objetivo, voló hacia Ezeiza. Aun con visibilidad reducida por nubes bajas, logró dañar dos aviones civiles —de SAS (Escandinavian Airline) y de Aerolíneas Argentinas— “y un avión Beechcraft de la Escuadrilla Aeronaval de Bombardeo, “el cual quedó fuera de servicio”. 
Cuando Síster aterrizó en Morón, la base había cambiado de manos, y fue arrestado. El primer Gloster Meteor que decoló en apoyo a los marinos sublevados tuvo como orden la destrucción de las antenas de Radio Belgrano, que estaba emitiendo los comunicados del Gobierno.
 Las acciones de la aviación leal sumado al avance de las tropas del Regimiento 3 de La Tablada hacia el aeropuerto, el fracaso del intento de asesinar a Perón y de las acciones en general, hicieron que la Marina negociara los términos de la rendición

  Tras la caída de Perón en 1955 y la posterior liberalización del mercado, surgieron nuevas líneas aéreas (Austral, ALA, TABA, etc.) que optaron por el Aeroparque, lo que terminó obligando a Aerolíneas Argentinas a su mudanza en 1958. Ezeiza se transformó en un aeropuerto fantasmal considerando el tamaño de su infraestructura, con alrededor de 40 vuelos comerciales diarios, lo cual truncó todos los planes de ampliación previstos en el proyecto original. 
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

Nota 1 en:

https://ezeizaysuhistoria.blogspot.com/2025/06/ezeiza-16-de-junio-de-1955-parte-i.html

miércoles, 18 de septiembre de 2024

Renuncia el presidente Juan Domingo Perón

 Tras el bombardeo a los depósitos de combustibles de Mar del Plata del lunes 19 de septiembre, y ante la amenaza de la flota comandada por el contralmirante Issac Francisco Rojas de destruir las refinerías y depósitos de combustibles de La Plata, el Dock Sud e incluso bombardear a la ciudad de Buenos Aires, el presidente Juan Domingo Perón, redacto una proclama que fue leída por radio por el Ministro de Guerra a las 13 hs.. 
  El general Presidente instaba al ejército a una tregua que pusiese fin al desatino teniendo en cuenta que ante la amenaza de "bombardeo a los bienes inestimables de la Nación y sus poblaciones inocentes, creo que nadie puede dejar de deponer otros intereses o pasiones" (la nota no especificaba que renunciaba ni fue presentada ante el congreso). El general Lonardi, aún en Córdoba, le comunico al general Lucero: “En nombre de los Jefes de las Fuerzas Armadas de la revolución triunfante comunico al Señor Ministro que es condición previa para aceptar tregua la inmediata renuncia de su cargo del Señor Presidente de la Nación”.
 Tras la renuncia del general Franklin Lucero, se le encomendo al general José Domingo Molina que constituyera una Junta de Generales para que acuerde el fin de las hostilidades y del conflicto. Era la noche del 19 cuando el presidente Perón invitó a los generales a la residencia presidencial, en donde resaltó que el: “renunciamiento significaba el ofrecimiento de una renuncia indeclinable", pero que “constitucionalmente no había renunciado pues si hubiera querido hacerlo así lo habría hecho ante el Congreso y que por lo tanto continuaba siendo el Presidente de la República”. No todos los generales estaban de acuerdo con Perón y finalmente desde el Edificio del Ministerio de Ejército, el general Ángel Manni le dijo por teléfono a Perón que se le aceptaba la renuncia, aconsejando que: “Ponga distancia cuanto antes.
 En la mañana del viernes 20 de septiembre le informaron al general Manni que la Junta Revolucionaria recibirían por la tarde a los generales. Los representantes del gobierno constitucional y los mandos de la Flota de Mar, concretaron la reunión que se  efectuó en el Crucero A.R.A “17 de Octubre” (Nave Insignia): se encontraban por los sublevados el contralmirante Rojas y el general Juan J. Uranga, y los cuatro generales designados por Perón, Emilio Forcher, Ángel Manni, Oscar Sacheri y José Sampayo. Ellos fueron quienes acordaron los términos para dar por terminado el conflicto con la renuncia del general Perón a la presidencia de la república y de todos los miembros de su gabinete.
 Los diarios anunciaron ese día que Perón había renunciado y Lonardi, decretó que asumía “el Gobierno Provisional de la República con las facultades establecidas en la Constitución vigente y con el título de Presidente Provisional de la Nación". Terminaba así el asalto al poder constitucional con un saldos registrado de más de 150 muertos.
   El mayordomo de la residencia presidencial, Atilio Renzi, contó que a las 7 de la mañana del miércoles 20, Perón le dijo "me voy", pidiéndole que “junté en una maleta algunas cosas casi al azar”. Renzi le preparó un pequeño maletín donde le puso “algo de ropa y un poco de plata para movilizarse en esos días”(A. Renzi; “Del poder al exilio”).
  Mientras el general de División Eduardo Lonardi asumía como presidente (de facto) del gobierno, y el contralmirante Issac Francisco Rojas lo hacía como vice presidente (de facto), el general Juan Domingo Perón embarcaba en Puerto Nuevo en la cañonera paraguaya "Paraguay" y partía rumbo a Asunción. 
 
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 17 de septiembre de 2024

El fin del Perón Revolucionario

  Todavía era una herida abierta las más de trescientas personas asesinadas por el cruel bombardeo sobre Plaza de Mayo que la Armada Argentina, con las armas compradas por su propio pueblo, habían llevado adelante con el fin de asesinar al Presidente Perón. Se habían dado por dos meses, una tregua que pronto fue rota con actos violentos que demostraban que no se quería una pacificación y prácticamente obligaba al gobierno a llevar adelante una represión.  
  Perón no estaba totalmente convencido de que ese era el camino. El 31 de agosto, ante un pequeño grupo de militantes, expresó: "Yo ya estoy demás. Soy como aquel aficionado de relojero que sirve para desarmar un reloj, pero ya no se armarlo. Tanto he estado maniobrando con las piezas que, ahora, la única forma de que el reloj siga andando, es que yo lo deje" (archivohistorico.educ.ar).
  Sin embargo, las decisiones posteriores fueron contradictorias. Esa misma noche cerraría las posibilidades de un entendimiento, coincidiendo con lo que  expresara De Pietro: "nuestra nación necesita paz y tranquilidad para el trabajo, porque la economía de la Nación y el trabajo argentino imponen la necesidad de la paz y de la tranquilidad. Y eso lo hemos de conseguir persuadiendo, y si no, a palos". Si no querían la pacificación, buscaban la violencia y : "A esa la violencia le hemos de contestar con una violencia mayor. Con nuestra tolerancia exagerada nos hemos ganado el derecho de reprimirlos violentamente. Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas o en contra de la ley o de la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino".
 La violencia del mensaje, acorde con los atraque sufridos y los muertos de trabajadores que conllevo, se fue incrementando: "La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta. ¡Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos! ...Compañeros: quiero terminar estas palabras recordando a todos ustedes y  a todo el pueblo argentino que el dilema es bien claro: o luchamos y vencemos para consolidar las conquistas alcanzadas, o la oligarquía las va a destrozar al final."
 

El 16 de setiembre, en Córdoba, comenzó el alzamiento bajo el mando del general Eduardo Lonardi, enfrentado a Perón desde un confuso episodio de espionaje en Chile. Fue un viernes lluvioso y con una fuerte sudestada. Un día triste. El general consideró que era el final, que hasta allí llegaba. Se negó a una guerra civil. Y marchó al exilio.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.

lunes, 26 de agosto de 2024

La masacre de Trelew y el genocidio

   El 15 de agosto de 1972, militantes reclusos iniciaron la toma del penal de Rawson y en pocos minutos lo lograron. Errores del apoyo externo hicieron fracasar el plan original aunque el grupo que llegó al aeropuerto, consiguió partir rumbo al Chile. Diecinueve militantes que llegaron cuando el avión había despegado, tomaron el aeropuerto y demandaron la presencia de periodistas y de un juez federal. Exigieron ser trasladados al penal y la presencia de un médico que verificara su estado de salud; aceptadas las condiciones, dejaron las armas y se entregaron. El traslado se hizo pero, no hacia el penal sino a la Base Aeronaval Almirante Zar.
 El 22 de agosto, oficiales de la Marina ejecutaron a los militantes recluidos en las celdas; tres sobrevivieron simulando estar muertos.Trasladados al hospital naval de Bahía Blanca, recibieron tratamiento médico adecuado..Al día siguiente, un comunicado oficial informaba que durante un control estando los detenidos en el pasillo, el jefe de turno fue atacado y lograron sacarle el arma intentando evadirse, iniciándose un intento tiroteo que termina con la vida de trece atacantes y son heridos seis.
A partir de la Masacre de Trelew se inicia una espiral represiva. No sabemos si la orden de eliminar fue tomada por el Estado Mayor Conjunto de las FF.AA, o fue dictada a modo de escarmiento o para vengar la afrenta. Algunos historiadores afirman que pudo ser la respuesta de sectores de la Marina opuestos a Lanusse, quien aceptó con posterioridad la cuota de responsabilidad que se le quisiera asignar en el desenlace de la masacre pero rechazó cualquier intencionalidad de su parte y de la Marina, ratificando de ese modo la versión “oficial” del intento de fuga.
 La  violencia represiva sobre el activismo político armado y no armado durante 1973-1976, diluyeron el horror de la masacre. El historiador Pittaluga sostiene que prefigura la superposición de funciones públicas formales con destinos secretos para gestar el exterminio.La dictadura estaba en descomposición desde 1969, por lo que la masacre de Trelew acontece en un “cierre de ciclo” signado por el fin de la Revolución Argentina y la reinstitucionalización democrática.
 A partir de mayo de 1973 las instituciones democráticas recobradas van a convivir conflictivamente con las acciones de organizaciones armadas revolucionarias consolidadas, aumentando la violencia y luego de la muerte de Perón y la política y económica, condujeron al período más trágico de la historia argentina.

Del "Luche y vuelve" al Perón vuelve

 El ciclo de inestabilidad política que se abre a partir del derrocamiento de Juan Domingo Perón (1955) está signado por la alternancia de dictaduras militares (Lonardi y Aramburu, 1955-1958; Onganía, Levingston y Lanusse, 1966-1973). Fueron seudodemocracias, entendidas como gobiernos electos por medio de comicios que supusieron la proscripción del peronismo y que son derrocadas a su vez por un golpe de estado militar sin culminar su mandato (Frondizi, 1958-1962; Illia, 1963-1966), y un gobierno interino fuertemente tutelado por las FF.AA (Guido, 1962-1963). En este contexto, el gobierno de Illia se caracterizó por un relativo incremento de las libertades públicas, aunque Perón y el Partido Peronista en cuanto tal, no fueron rehabilitados para participar en elecciones. Sin embargo, un partido político definido como peronista ganó las elecciones legislativas de 1965, hecho que causó malestar castrenses, y que junto a las masivas protestas sindicales llevadas a cabo por la Central General del Trabajo y los dos primeros brotes guerrilleros aislados y fallidos -uno rural y otro urbano -en 1963-1964, constituyeron algunos de los elementos que dieron fundamento al golpe de estado de junio de 1966. 
   Tras el golpe de estado en contra del presidente constitucional A.H. Illía asumió el poder el gral. Onganía  La represión y la miseria generaron creciente malestar en los sectores obreros y populares, en tanto los estudiantes comenzaban a luchar. Durante 1968 se dieron tres luchas obreras importantes: petroleros de YPF en Ensenada, gráficos de Fabril Financiera en Barracas, y la de Citroën, en la ciudad de Buenos Aires. En marzo de 1969 hubo conflictos estudiantiles en Tucumán y Rosario en tanto las luchas obreras las encabezaron los metalúrgicos, Luz y Fuerza, Smata, estatales y docentes. A mediados de mayo se movilizaron los estudiantes correntinos y en la represión, el estudiante de medicina J.J. Cabral, fue asesinado por la policía. Esto generó una movilización en Rosario que dio origen al Rosariazo. El 16 de mayo los estudiantes comenzaron a movilizarse y enfrentar en las calles a la policía hasta derrotarla. El 21 de mayo se sumaron sectores del movimiento obrero, día en que fue asesinado el metalúrgico L.Blanco.
  La CGT convoco un paro de 24 horas para el 30 de mayo pero la CGT regional de Córdoba decidió comenzar el paro el día 29. La medida tuvo un acatamiento del 98% y para el mediodía, en un área de 150 manzanas se enfrentaron con la policía levantando barricadas ayudados por vecinos. La policía mató al obrero del Smata M. Mena y el estudiante D. Castellanos pero tuvieron que retirarse. Cuando el ejército entro en el centro de la ciudad, el movimiento ya se había replegado hacia los barrios. .
  La alta participación de la población erigiendo barricadas y enfrentando a las tropas militares fueron vistas como evidencias de la preparación de la clase trabajadora para ir asumiendo el método de la lucha armada, una confirmación respecto de la viabilidad de una “guerra popular revolucionaria”.
  La popular consigna de "Luche y vuelve", comenzaba a ser una realidad. Pintadas sobre muros con cualquier tipo de material, aparecía la "v" encerrando una "P"; desprolijas, pintadas por no profesionales pero con un claro mensaje. Casi una revancha era la de, en un principio, utilizar el "Cristo vence" que pintaban ("V" encerrando una "C") y a la "C" le agregaban una patita conformando una "P". Así de rudimentaria, simple e ingeniosa, era la propaganda en las calles desafiando las prohibiciones.
  El gobierno de Onganía nunca se pudo recuperar de aquel golpe. El clima social precipito el lanzamiento de organizaciones armadas revolucionarias durante 1970 (ERP, FAR y Montoneros) y el incremento de sus operaciones. Estos fenómenos provocaron dos renuncias, la de Onganía y la de su sucesor, el Gral.de Brigada Roberto Marcelo Levingston,  y la asunción del Comandante en Jefe de las FF.AA, el Teniente General Alejandro Agustín Lanusse, el 26 de marzo de 1971. 
 El nuevo dictador intentó contener la conflictividad social, desarticular las organizaciones armadas y encaminar la institucionalización política del país mediante un Gran Acuerdo Nacional (GAN), con el objetivo de sentar las bases para un proceso electoral que integrara al peronismo y que fuese aceptable para las FF.AA.
  Durante el gobierno del gral. Lanusse, las 3 principales organizaciones armadas revolucionarias eran: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros (M). Tanto Montoneros como FAR se habían constituido como organizaciones político-militares, dándose a conocer públicamente en 1970 y se reivindicaban peronistas, aunque las segundas partiendo de su original filiación marxista tuvieron un proceso de “peronización” que las llevó a asumir en 1971 el peronismo como su identidad política. El ERP, en cambio, data de 1968 aunque su primera acción pública también fue en 1970 y era el brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), organización marxista que se había creado al confluir en 1965 la agrupación trotskista Palabra Obrera y el Frente Revolucionario Indoamericanista Popular. Además de esas organizaciones, apareció el Frente Argentino de Liberación (FAL), Descamisados y la Guerrilla del Ejército Libertador (GEL), que surgieron públicamente en 1970.
  La apertura fue entendida por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) como clara maniobra del régimen para aplacar protestas y radicalización política por medio de la reincorporación de Perón, quien constituyó el Frente Cívico de Liberación Nacional (FRECILINA), reuniendo a todos los partidos reformistas para competir electoralmente.
 FAR y Montoneros consideraban al FRECILINA como táctica de Perón destinada a neutralizar los intentos del partido militar en connivencia con sectores integracionistas del peronismo para que al mismo tiempo, se formara un bloque de oposición a la dictadura lo más amplio posible permitiendo el crecimiento de los sectores revolucionarios en su seno y viabilizar un proceso de liberación nacional y social que llevara al socialismo.
 Si bien FAR y Montoneros sostenían posicionamiento similares respecto del GAN y al FRECILINA, Montoneros sostenían que la idea de fuga del penal de Rawson, podría minar las bases del proceso de institucionalización truncando la posible salida democrática, mientras que la FAR creía que el aumento del accionar armado de la guerrilla aseguraba el camino sin condicionamientos.
 El gobierno, en tanto, fracasaba en sus intentos de negociar con Perón y que este, condenara el accionar de las organizaciones armadas peronistas, que basaban su legitimidad en función de la proscripción y el exilio forzado de su líder. El apoyo a las organizaciones armadas peronistas por parte del líder fue dado a conocer públicamente en el mensaje a la juventud otorgándoles el carácter de “formaciones especiales” del movimiento [“Mensaje de Perón a los compañeros de la Juventud"] en una entrevista otorgada en 1971. Perón reafirmó dicho accionar como un mecanismo de presión sobre el gobierno respecto a la realización de comicios limpios y abiertos que permitiese una victoria justicialista y evite la guerra revolucionaria como medio de acceso al poder.
 El gobierno militar estableció como límite el 25 de agosto de 1972 para estar radicado en el país o no desempeñar ningún cargo ejecutivo o ministerial en cualquier nivel de la administración pública como exigencia para poder ser candidato en las elecciones, lo que suponía la exclusión en los futuros comicios tanto de Perón como de Lanusse.

sábado, 24 de agosto de 2024

22 de agosto

 La violencia política tuvo su auge en los años 70’, con el accionar represivo ilegal del estado y de las organizaciones armadas revolucionarias. La fuga de militantes presos en el penal de Rawson y los fusilamientos de un grupo de ellos en agosto de 1972 son el ejemplo de que la dictadura había optado por eliminar físicamente a los guerrilleros. Las acciones paraestatales provocaron aun más el descontento popular hacia la dictadura y alentó a una mayor unidad de las organizaciones.
 La Unidad 6 (Rawson) del Servicio Penitenciario Federal, clasificada de máxima seguridad, fue la cárcel elegida por el dictador Alejandro Agustín Lanusse, en donde recluyo presos políticos, gremialistas y militantes de las organizaciones armadas revolucionarias. Trataban de alejar a los presos de los centros urbanos e impedir posibles fugas.
  Pese a las previsiones, el 15 de agosto de 1972 a las 18:30 hs., militantes reclusos iniciaron la toma del penal con el objetivo de fugarse. En pocos minutos y con la colaboración del guardiacárcel Facio, pudieron reducir las guardias, incluyendo torres de vigilancia. Pronto a salir, el  guardia-cárcel llamado Valenzuela desconfió e inició un tiroteo que terminó con su propia vida. En solo 15 minutos habían tomado la cárcel.
 Errores del apoyo externo hicieron fracasar el plan cuya idea era transportar a los fugados hacia el aeropuerto de Trelew, donde un grupo los ayudaría a tomar un avión de la empresa Austral Líneas Aéreas hacia Cuba con los 116 militantes presos. El operativo estaba al mando de Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Menna (ERP), Roberto Quieto, Marcos Osatinsky (FAR) y Fernando Vaca Narvaja (M).
  Asegurada la toma del penal, desde su interior se debía realizar una señal que fue malinterpretada por lo que solo se presento un Ford Falcon;  también fallaron los walkies-talkies, por lo que comenzaron a llamar taxis para ver si podían alcanzar al avión en el que pensaban escapar. El grupo de los jefes que fugaron en el Falcón, llegó al aeropuerto cuando el avión se encontraba carreteando. Lograron detener el despegue, subirse y partir rumbo al Chile para recargar el  combustible necesario para alcanzar Cuba. La toma del penal, el traslado en vehículo, el apoderamiento de la aeronave y el despegue solo demandaron una hora.
 Diecinueve militantes que quedaron en el penal lograron subirse a tres taxi pero llegaron cuando el avión había despegado, por lo que tomaron el aeropuerto y a las personas que allí se encontraban, como rehenes. Demandaron la presencia de periodistas y de un juez federal, y luego de realizar una conferencia de prensa, en parte transmitida por televisión, exigieron ser trasladados al penal y demandaron la presencia de un médico que verificara su estado de salud. Estas condiciones fueron aceptadas y los militantes dejaron las armas, entregandose. El traslado se hizo pasada la medianoche pero, no hacia el penal sino que en un .ómnibus militar fueron llevados a la Base Aeronaval Almirante Zar. Los presos fueron albergados en la zona de calabozos.
 A una semana de aquellos hechos, a las 3:30 del 22 de agosto, oficiales de la Marina ejecutaron a los militantes recluidos en las celdas; tres presos sobrevivieron simulando estar muertos. El personal de la base trasladó los heridos a la enfermería pero los heridos no recibieron tratamiento médico alguno, y fallecieron salvo tres que posteriormente fueron trasladados al hospital naval de Puerto Belgrano (Bahía Blanca) donde fueron operados y recibieron tratamiento médico adecuado..
  Al día siguiente, la noticia de la masacre fue difundida por un escueto comunicado oficial, informando  que durante una recorrida de control estando los detenidos en el pasillo, el jefe de turno fue atacado por Pujadas quien logra sacarle el arma y escudándose con aquél los reclusos intentan evadirse iniciando un intento tiroteo. Según la misma fuente, el marino logra zafarse y como saldo del suceso es herido al tiempo que la respuesta de los oficiales termina con la vida de trece de los atacantes y hiere a otros seis.
A comienzos de septiembre, los tres sobrevivientes dieron su testimonio ante el Capitán Bautista, oficial de la Marina que actuó como juez sumariante (después fue acusado de encubrimiento dado que sus investigaciones no produjeron acciones penales o militares). Las tres declaraciones desmintieron la versión difundida por la Marina. Los carceleros dispararon contra: Carlos Heriberto Astudillo (FAR), María Antonia Berger (FAR), Rubén Pedro Bonet (ERP), Alberto Miguel Camps (FAR), Eduardo Adolfo Capello (ERP), Mario Emilio Delfino (ERP), Alberto Carlos Del Rey (ERP), Ricardo René Haidar (M), Alfredo Elías Kohon (FAR), Clarisa Rosa Lea Place (ERP), Susana Lesgart (M), José Ricardo Mena (ERP), Miguel Angel Polti (ERP), Mariano Pujadas (M), María Angélica Sabelli (FAR), Humberto Segundo Suárez (ERP), Humberto Adrián Toschi (ERP), Jorge Alejandro Ulla (ERP), Ana María Villarreal de Santucho (ERP).
  Al momento de los fusilamientos Villarreal de Santucho tenía 36 años, Berger y Bonet 30, Delfino 29, Astudillo, Haidar y Ulla 28, Kohon 27, Del Rey y Toschi 26, Camps, Capello, Lea Place y Pujadas 24, Sabelli y Suárez 23, Lesgart 22, Polti 21 y Mena 20.
 La fuga del penal y la posterior masacre se produjeron en momentos en el que el gobierno ingresaba en la transición hacia las elecciones. El debilitamiento de la dictadura se aceleró en la misma medida en que Perón pasaba a convertirse en el árbitro máximo del juego político, aunque no pudiera presentarse como candidato .
  Los aniversarios del suceso fueron motivo de actos y movilizaciones  impulsados por organizaciones obreras, estudiantiles, barriales y partidarias, acompañadas por volantes y afiches. El 22 de agosto se constituyó en fecha  emblemática para las organizaciones armadas revolucionarias y sus militantes. Los años subsiguientes, la conmemoración pareció canalizarse de modo progresivo por vía de atentados, concitando fuertes operativos de vigilancia por las fuerzas de seguridad, reflejando la violencia que iba imperando en el país. Las organizaciones revolucionarias no dejaron de vindicar las muertes de sus militantes por medio de acciones contra la vida de militares o civiles involucrados. 
  La masacre de Trelew fue retomada en consignas y por las denominaciones de nuevas agrupaciones. Las FAL-22 y el ERP-22 agregaron el número de la fecha de la masacre para distinguirse de sus organizaciones madres. La consigna “La sangre derramada no será negociada” fue muy popularizada posteriormente en relación con la masacre y el canto “Ya van a ver, ya van a ver, cuando venguemos los muertos de Trelew” fue coreado en innumerables movilizaciones.

jueves, 7 de marzo de 2024

Dr. Raúl Ricardo Alfonsin

   Raúl Ricardo Alfonsín egreso del Lic. Militar Gral. San Martín, como subteniente de reserva. Si bien tuvo como compañeros de clase a Leopoldo Fortunato Galtieri y a Jorge Rafael Videla, su grandeza y honradez fue mayor ya que fue elegido democráticamente como Presidente Constitucional de la Nación Argentina desde 1983 hasta 1989.

Abuelos, tíos y el papá del Dr. Raúl Alfonsin

  Recibido de abogado en 1950, cuatro años después era elegido concejal en Chascomús, y fue encarcelado por primera vez por los golpistas de 1955. La violencia de la Rev. Fusiladora no lo amedrento y en 1958 fue electo diputado (gobierno de Arturo H. Illia,1963 -1966), y elegido vicepresidente del Bloque de Diputados Nacionales de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). Finalmente, en 1965 fue elegido presidente del Comité Provincia de Bs. Aires de la UCRP.

  El 17 de noviembre de 1966, dictadura del general Juan Carlos Onganía, fue nuevamente detenido por reabrir el Comité de la Provincia. Por entonces,  desarrolló un pensamiento socialdemócrata que impactó en los jóvenes que consideraban sumarse a la lucha armada, rechazada por Alfonsín. Apoyó la consigna “Elecciones libres y sin proscripciones”, como alternativa a “Ni golpe ni elección: revolución”. La veda política lo obligó a expresarse con el seudónimo de Alfonso Carrido Lura. En 1971 ya es líder de la Junta Coordinadora Nacional y Franja Morada, y en septiembre de 1972 en Rosario, el recién creado Movimiento Renovador Nacional lo proclama precandidato presidencial en las internas, en donde el alfonsinismo fue minoría. En 1973, la UCR pierde ante Juan Domingo Perón y el diputado Alfonsín, creó el Movimiento de Renovación y Cambio.

  El 18 de diciembre de 1975 fue uno de los que fundaron la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), junto a los obispos Jaime de Nevares y Carlos Gatinoni, el rabino Marshall Meyer, la Dra. Alicia Moreau de Justo, Oscar Alende, Susana Pérez Gallart, Adolfo Pérez Esquivel y Alfredo Bravo. Durante la dictadura militar ofreció gratuitamente sus servicios para defender y presentar hábeas corpus por los detenidos-desaparecidos. Ante la Guerra de las Malvinas, se opuso a la acción militar y tras el desastre y abierta la transición, fue nominado candidato a presidente. Las elecciones se realizaron el 30 de octubre de 1983 y obtuvo el 51,7% de los votos frente al 40,1% del peronismo.

 El presidente de facto Bignone debió promulgar el decreto-ley que estableció al 10 de diciembre como fecha de asunción. Alfonsín logró darle aún más significación a la ceremonia de recuperación de la democracia fijándola para el Día Internacional de los Derechos Humanos. El flamante presidente no hablo desde el balcón en donde el dictador Galtieri arengara, haciéndolo desde el Cabildo, donde se gestó el Primer Gobierno Patrio. Desde 2007, además de conmemorar el Día Internacional de los Derechos Humanos, celebramos el Día de la Restauración de la Democracia.

  El 31 de marzo de 2009, falleció en Buenos Aires, el que fuera el primer presidente tras la dictadura, el que logró imponer el NUNCA MÁS y enjuiciar a los genocidas. Nació en Chascomús, el 12 de marzo de 1927.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva