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miércoles, 29 de abril de 2026

28 de Abril de 1890. El Ferrocarril Oeste pasó a manos inglesas

En 1890, el Ferrocarril Oeste de Buenos Aires, fue vendido a capitales británicos y pasó a manos de The Buenos Aires Western Railway Limited. Fue una línea que había quedado bajo control de la Provincia de Buenos Aires desde 1863. La venta se inscribió en un clima político y económico atravesado por endeudamiento, presión de capitales extranjeros y políticas de privatizaciones.
El Ferrocarril Oeste, inaugurado el 29 de agosto de 1857, fue el primer ferrocarril construido en territorio argentino. Bajo administración bonaerense creció, transportó pasajeros y cargas, y conectó la ciudad con la campaña.
Hacia fines de 1880, Argentina vivía un ciclo de expansión económica basado en crédito externo, obras públicas, concesiones y fuerte presencia británica. En ese contexto, la crisis financiera de 1890 aceleró la presión británica y por el endeudamiento del Estado nacional, el F.C. Oeste fue vendido en tiempos del presidente Miguel Juárez Celman y del gobernador Máximo Paz.
La Primera Argentina

La venta fue parte del proceso de transferencia de bienes, servicios e infraestructuras estratégicas. Venderlo significaba ingreso de capitales pero, implicaba desprenderse de una herramientas de desarrollo y expresaba la dependencia creciente de la economía argentina a los británicos.
Recordar esta venta es hablar de soberanía, deuda, modernización, capital extranjero y decisiones políticas; una idea de Nación que en 1890, paso a manos extranjeras.

Juan Carlos Ramirez Leiva


martes, 10 de junio de 2025

Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas y Sector Antártico Argentino

  El 10 de junio conmemoramos los 180 años de la firma de un histórico decreto que manifestó oficialmente, la firme e irrenunciable vocación de ejercer soberanía sobre nuestros sureños territorios insulares. Con la rubrica del gobernador Viamonte se estableció en 1829, la creación de la Comandancia Cívico Militar de las Islas Malvinas. Se nombró a don Luis Vernet como gobernador, el primer gobernador de Malvinas, con el fin de evitar la acción impune y depredadora de las naves estadounidenses e inglesas. A partir de la presencia militar, las naves que incursionaban en nuestros mares con el propósito de cazar ballenas, lobos marinos y focas, debieron registrarse y pagar un arancel a nuestro país.
   Las poderosas flotas extranjeras no perdonaron la osadía de impedir que satisfagan sus intereses económicos sin costo alguno y el resultado fue que primero fueron los estadounidenses los que bombardearon la base en Malvinas y posteriormente, Gran Bretaña decidió invadir y desalojar por la fuerza a las autoridades argentinas allí legítimamente establecidas.
  Desde aquel enero de 1833, Argentina no ha dejado de reclamar internacionalmente la usurpación. Lo ha hecho constantemente por todos los medios valederos, menos uno.
  La trágica decisión de la dictadura que se estableció en nuestro país el 24/03/1976, al declarar una guerra inconsulta envió a la muerte a cientos de jóvenes sin que los que tomaron esa absurda medida, arriesgaran minimamente sus vidas. Hoy tenemos el deber y el derecho de honrar a quienes ofrendaron sus vidas para recuperar lo que el poeta llamó: Nuestra “hermanita perdida”. Hoy, bajo un gobierno democrático, seguimos reclamando nuestros legítimos derechos con firmeza, con vocación, con respeto por quienes nos precedieron pero con respeto por la vida.
  Al conmemorar el 10 de junio como el Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas y Sector Antártico Argentino, estamos validando la memoria, expresando la misma firme decisión de todo argentino, recordando que las Islas Malvinas, son y serán argentinas.

Juan Carlos Ramirez. 

Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza


Foto: El 6 de septiembre de 1964 desde el aeródromo “Siro Comi” de Monte Grande, partía Miguel Lawier FitzGerald en un vuelo que entró a la Historia por convertirse en el primer argentino que aterrizó en nuestras Islas Malvinas. Foto de la entrevista que le realizara oportunamente la Junta de Estudios Históricos. Foto: Nelly Fiasque

 


domingo, 3 de abril de 2022

Malvinas. Testimonios

Desembarcamos el 2 de abril de 1982 en la bahía de Stanley, a las 6.30 AM en Malvinas, desde el buque San Antonio. Éramos 800 soldados con equipo, vehículos, medicamentos y armamento pesado. Nos desplegaron por las calles del pequeño pueblo que nos miraban con asombro, por el hecho de estar en las islas diciéndole que tomábamos posesión del territorio argentino. A todo esto, nos enterábamos que había ya primeros muertos de nuestro lado. La euforia, el miedo y un deber moral, psicológico y social, te invade dejándote en la incertidumbre del saber qué va a pasar… o esperar lo peor.

En 74 días de conflicto se vio y se pasó de todo. Nos invadía el miedo, el cansancio, el frío y la falta de estrategia y capacidad operativa nos llevó a ser inferiores al enemigo. 


Nos faltó práctica, nos manejábamos por teoría; a todo esto, se sumó la falta de alimentos, agua y todo lo necesario para soportar el frío cortante del archipiélago. Vivíamos en trincheras húmedas y racionando la comida, teníamos que derretir la nieve para tomar agua.
Muchos de nosotros éramos jóvenes sin preparación física, tampoco había táctica ni organización por falta de nuestros superiores, todo nos jugó en contra. No sabíamos qué hacer, todo se vuelve un caos y la incertidumbre te invade, haciéndote llorar por las noches por miedo, no solo a morir. Los recuerdos de los seres amados están presentes en todo momento. Madre, novia, esposa, hijos, amigos. Es otra carga mental, es como otra guerra, pero psicológica. Luchar con los pensamientos y la realidad de lo que está pasando alrededor de uno en ese momento.
Fue una guerra inútil, vidas perdidas en vano. Algo que visto desde lo lógico no lo habría intentado nadie. Nuestros gobernantes fueron ignorantes, como la mayoría de los soldados que mandaron a una guerra sucia, porque proveníamos de un gobierno de facto con un pueblo reprimido a fuerza de violencia.
Fue una guerra perdida en el mismo día en que se izó la bandera argentina en Puerto Argentino el 2 de abril de 1982.
Mucho volvieron bien, otros mal y otros, nunca llegaron. Hoy algunos tienen buenos trabajos y una vida normal, otros viven de pensiones, otros se suicidaron, otros están internados en centros psiquiátricos o psicológicos. Otros descansan con una cruz blanca en su cabecera en la fosa de algún cementerio público o privado en una tumba olvidada por la sociedad y gobernantes, que nos vieron como héroes.

Adalberto Román Santa Cruz

miércoles, 24 de febrero de 2021

La 25 de Febrero

En el marco de la guerra con el imperio de Brasil, entre los días 8 y 9 de febrero de 1827, se llevó a cabo la Batalla de Juncal. En ese enfrentamiento, la escuadra de las Provincias Unidas del río de la Plata, comandada por Guillermo Brown venció a la tercera División Imperial en donde revistaba la 7 de Setembro, comandada por Jacinto Roque de Sena Pereira. 
Entre los buques imperiales no dañados ni capturados se encontraba la nombrada 7 de Setembro, La que remontó el río conduciendo a 351 sobrevivientes, entre oficiales y tripulantes, con la intención de rendirse a la provincia de Entre Ríos. En Gualeguaychú, su comandante Souza Aranha, arrojó sus cañones por la borda (salvo los cañones giratorios de a 24 de dos de sus goletas), tras lo cual rindió sus barcos al gobernador de Entre Ríos.
El Almirante Brown fondeó frente a la ciudad y exigió la entrega de naves y prisioneros. El gobernador entrerriano se negó a la entrega dado que el enemigo se había rendido ante la provincia, pero Brown rechazó la pretensión y tras una operación combinada por tierra y agua capturó las embarcaciones refugiadas pero no lo logró con la tripulación. 
De acuerdo a las normas, el Estado pagó 11610 pesos como compensación. De las naves incorporadas a la escuadra, la goleta 7 de Setembro fue bautizada como 25 de Febrero, fecha del ataque inicial a Colonia del Sacramento efectuado en 1826. Botada en 1825, fue desafectada en 1828. 

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva 

Fuente: Carranza, Ángel Justiniano, "Campañas Navales de la República Argentina", Talleres de Guillermo Kraft Ltda., Buenos Aires, 2º edición, 1962. 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Volamos sobre la Antártida


El 13 de Diciembre de 1947, el cielo antártico fue surcado por primera vez por una aeronave nacional. Cumplieron esta hazaña, un puñado de marinos argentinos bajo el comando del Contralmirante Don Gregorio A. Portillo a bordo del cuatrimotor Douglas C-54 Skymaster, matrícula 2-GT-1.
La Antártida está casi encerrada dentro del círculo polar, y hacia ella avanzan tres continentes: África, Australia y América. Entre los meridianos 55 y 70 el continente sobrepasa el círculo polar, acercándose notablemente a la parte meridional del continente americano, sobre Tierra del Fuego e Isla de los Estados. Por eso no hay país que pueda alegar más derechos que la Argentina, sobre estas zonas que resultan ser su prolongación geográfica a través del estrecho de Drake.
Se demostró que las comunicaciones aéreas entre ambos continentes son factibles mediante el conocimiento de la meteorología antártica a fin de evitar las perturbaciones ciclónicas, especialmente sobre el Drake, atravesado por frecuentes depresiones y región de las más tormentosas del mundo, con vientos huracanados. Estos vientos catabáticos o descendentes dan lugar al anticiclón glacial antártico, íntimamente ligado con las tres áreas fijas de baja presión (ciclones) situadas en los mares de Ross, Bellingshausen y de Weddell.
Otro objetivo respondió a una finalidad geológica, relacionada con el aspecto físico del continente representado por las características de la meseta antártica, de 2.500 a 3.500 metros de altura, y las enormes formaciones de hielo terrestre determinantes de los que cubren los mares que los rodean.
En el transcurso del vuelo se comprobó la proximidad de la estratosfera a la tierra por lo cual la Antártida resulta envuelta en un manto caliente, lo que da lugar a una inversión de temperatura (tiene solo un quinto del ancho que posee el Ecuador). Esta comprobación permitió volar a una altura donde la temperatura era más moderada que en la superficie.
La tripulación estuvo compuesta por: Contralmirante Gregorio A. PORTILLO (Jefe de la Expedición); Capitán de Corbeta Gregorio LLORET (Comandante de la aeronave); Capitán de Corbeta Mario A. DE UGARRIZA (Piloto / Navegante); Teniente de Navío Jorge A. BUSSI (Copiloto / Navegante); Capitán de Corbeta Alfredo WALTER (Personal / Supervivencia); Suboficial Segundo Luis A. MUÑOS (Jefe de Mecánicos); Cabo Principal Mario A. PEPE (Ayudante Mecánico); Cabo Principal José M. LEZANA (Radiotelegrafista); Cabo Principal  Antonio GONZÁLEZ (Radiotelegrafista); Pedro POUCHULU (Camarógrafo de Sucesos Argentinos). Este último, único civil en la expedición, había filmado todos los grandes acontecimientos en Argentina desde 1938, según nos hacía saber su hija, Patricia. Hasta abril del año pasado, con sus 94 años, vivía en una isla en el Tigre, y a esa altura era el único sobreviviente de la hazaña.
El glorioso vuelo salió de Piedrabuena a las 04:45 hs, pasó por el Círculo Polar a las 13:41 hs., y regresó a Piedrabuena a las 20:15 hs. Culminaba así una página gloriosa de nuestra historia sobre la Antártida Argentina.

Juan Carlos Ramirez Leiva. 
Nota elaborada en base a la publicación de la Fundación Marambio; material tomado por Carlos R. Boisen, del libro "Sobre Continentes Mares y Polos" (Über Pole, Kontinente und Meere) de Carls Hanns Pollog y Erich Tilgenkamp, tomo II, Edit. Peuser; primera quincena de Mayo de 1954. Testimonio de Patricia Pouchulu (2012).

jueves, 24 de agosto de 2017

25 de agosto de 1825. Independencia de Uruguay

Tras el desembarco de los Treinta y Tres, alzada la campaña de la Banda Oriental, Lavalleja constituyó un Gobierno Provisorio de la Provincia Oriental. Convocó a los Cabildos a nombrar representantes para una Sala, a reunirse en la villa de San Fernando de la Florida, con el objetivo de proceder a la declaratoria de independencia.
El 20 de agosto de 1825 fue instalada la Sala de Representantes de la Provincia Oriental. Presidida por el Diputado por Guadalupe, Juan Francisco Larrobla; fue vicepresidente Luis Eduardo Pérez y, secretario Felipe Álvarez de Bengochea. Se designó una Comisión para elaborar una Declaración anulatoria de los actos de incorporación a Brasil y Portugal. Luego se designó al Gral. Juan Antonio Lavalleja como Capitán General y Gobernador, y se crearon los Ministerios de Gobierno, de Guerra y de Hacienda. El 25 de agosto de 1825, la Sala de Representantes aprobó dos Leyes constitucionales; por la primera se declaró la independencia, y por la segunda se dispuso la unión a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

 La Ley de Independencia la Sala invocó como fundamento “La soberanía ordinaria y extraordinaria que inviste para constituir la existencia política de los pueblos que la componen” y dispuso:
 •1º - Declarar írritos, nulos, disueltos y de ningún valor para siempre todos los actos de incorporación, aclamaciones y juramentos arrancados a los pueblos de las Provincia Oriental por la violencia de la fuerza, unida a la perfidia de los intrusos poderes de Portugal y del Brasil, que la han tiranizado, hollado y usurpado sus inalienables derechos, y sujetándola al yugo de un absoluto despotismo desde el año 1817 hasta el presente de 1825.
•2º - En consecuencia de la antecedente declaración, reasumiendo la Provincia Oriental la plenitud de los derechos, libertades y prerrogativas inherentes a los demás pueblos de la tierra se declara de hecho y de derecho, libre e independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil y de cualquier otro del Universo, y con amplio y pleno poder para darse las formas que en uso y ejercicio de su soberanía estime convenientes.

La Ley de Unión dispuso: La Honorable Sala de Representantes... declara: Que su voto general, constante, solemne y decisivo, es y debe ser por la Unión con las demás Provincias Argentinas, a quien siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce. Por tanto ha sancionado y decreta por Ley fundamental la siguiente: Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata, unida a las demás de este nombre en el territorio de Sud América.
Otra Ley, sancionada en la misma fecha, dispuso la creación del Pabellón Nacional.

domingo, 16 de abril de 2017

17 de abril de 1815

En enero de 1815, se quitó la bandera española que ondeaba en el Fuerte de Buenos Aires, sin ponerse otra. Vino luego la revolución de 15 y 16 de abril de 1815, que produjo la violenta destitución de Carlos de Alvear, Director Supremo de Estado, y el encarrilamiento por segunda vez del movimiento de la independencia.
La insignia nacional nació a la luz del pueblo un 17 de abril de 1815, como culminación de un largo proceso. Ese día se enarbola, pues, en la torre de la Fortaleza de Buenos Aires, la “Bandera de la Patria” celeste y blanca siendo la “primera vez que en ella se puso, pues hasta entonces no se ponía otra sino la española” escribió Juan Manuel Beruti, el hermano del coronel Luis Antonio Beruti, comandante del reducto que dio la orden respectiva.
La bandera tuvo tres franjas horizontales (blanca la central y celeste la superior e inferior), tal como aparece coronando al torreón central de la Fortaleza Real San Juan Baltasar de Austria, en el extremo de la Plaza Mayor de Buenos Aires, de acuerdo a las más antiguas representaciones gráficas que se conservan del pabellón nacional. Nos referimos a las acuarelas del marino inglés Emeric Essex Vidal, estimables por su factura y valor documenta y noticias que trascendieron al exterior. Essex Vidal llegó al país en septiembre de 1816 y la primera de sus acuarelas titulada “El Fuerte de Buenos Aires visto desde la punta del muelle” representa el Fuerte de Buenos Aires, con la bandera nacional celeste y blanca de tres fajas.

Fuente: La Bandera Nacional (Ministerio del Interior; República Argentina)

sábado, 8 de marzo de 2014

José Luís Molina, Vencedor de los Imperialistas.

El general Martín Rodríguez, gobernador de la provincia de Buenos Aires, emprendió en 1821 una expedición con el propósito de avanzar la frontera. Fue Francisco Ramos Mejía, propietario de la estancia Miraflores, quien le aconsejó tratar previamente con las tribus avecindadas que obedecían a los caciques Ancafilú, Pichuiman, Antonio Grande y Landao. Rodríguez no solo desoyó el consejo sino que desconfiando del terrateniente, lo envió a prisión remitiéndolo con su familia a Buenos Aires.
El capataz de la estancia nombrada era José Luís Molina (al servicio del terrateniente desde quizás antes de 1811, en Los Tapiales). Molina escapó junto con dos peones y se refugió entre la indiada, en donde formo su familia y se impuso como caudillo, liderando las invasiones que asolaron las zonas oeste y sur de Buenos Aires.
El 4 de abril de 1821, tras retirarse Rodríguez, se puso al frente de 1.500 indios y atacó la naciente población de Dolores. A su regreso la indiada se fraccionó, entrando unos por el Salado, otros por los montes del Tordillo y Monsalvo, arrebatando ganados y todo lo que hallaban a su paso. Más de 140.000 cabezas fueron tomadas en esta barrida.
Dos meses después repitieron la incursión llegando hasta Pergamino, y en noviembre de 1825 Molina invadió la zona adyacente al Salado, capitaneando las tribus de Ancafilú y Pichuimán. Los húsares y dragones lo esperaron en el lugar denominado “Arazá” y en la refriega que se produjo, muere Ancafilú. Gracias a la rapidez de su caballo, Molina pudo salvarse pero fue acusado de traidor y de ser responsable de la muerte de su cacique, y en represalia dieron muerte a uno de los peones con los cuales huyera de la estancia Miraflores.
Molina pidió protección al comandante Juan Cornell, estacionado en Kaquel Huincul (hoy Partido de Maipú), y bajo su custodia, fue llevado al fuerte Independencia (Tandil). El presidente Rivadavia dictó el 4 de julio de 1826 un decreto, concediendo para José Luis Molina y su familia el indulto solicitado, y autorizándole a instalarse en donde fuese de su agrado.
El gobierno utilizó sus servicios nombrándolo capitán de baquianos de la división del coronel Federico Rauch, que cubría la frontera Sur de la provincia de Buenos Aires. Prestó servicios conduciendo la expedición hasta las tolderías de los que fueran sus aliados, tomando parte en la pelea y descollando por su valor. Así se rescataron más de 300 mujeres y niños, que se repartieron en la ciudad de Buenos Aires y una cantidad considerable de ganado.
Cuando se produjo la invasión imperial por la zona del Río Negro, el capitán de baquianos Molina se encontraba en Carmen de Patagones a cargo de una partida de 22 hombres. El grupo, denominado “tragas", estaba compuesto por el sargento José María Molina, los cabos José María Albarito (Albertio) y Lorenzo Gómez, los soldados Cornelio Medina, Juan Bautista Montesina, Dionisio Gómez, Juan Leguizamón, Julián Álvarez, Santiago Ventena, Miguel Rivera, Casimiro Marín (Martín), Francisco Delgado, Inocencio Peralta, Jorge Arrioca, Manuel Gamboa, Policarpo Luna, Santos Morales, Manuel Pérez, Raimundo Ramayo, Juan P. Rojas y Gregorio Ramírez (José Juan Biedma, Revista de Buenos Aires, tomo 5, 1864).
Cuando el 6 de marzo desembarcaron los brasileños en la margen sur del río Negro, Molina se incorporó con su partida a la fuerza que mandaba el subteniente Sebastián Olivera, que sumaba 114 milicianos de caballería. Mientras Olivera atacó frontalmente, Molina se corrió a sus flancos y retaguardia y puso fuego a los pajonales circundantes; esto contribuyó a que los 500 invasores se rindieran ese 7 de marzo de 1827, al mismo tiempo que los imperiales lanzaban otro ataque directamente sobre el puerto y pueblo de Patagones. El historiador José Juan Biedma (Crónica Histórica del Río Negro de Patagones /1774-1834/; Buenos Aires; 1905), lo describió como un “paisano de alta talla, de siniestro aspecto, de fisonomía sombría, de grande barba negra, con un poco de la crin de león en su melena y una mirada terrible pero encapotada”.
Sobrevino la revolución del 1º de diciembre de 1828 y Molina se alistó en las filas de Juan Manuel de Rosas. El 12 de noviembre de 1829 fue nombrado Jefe del Regimiento 7º de Milicias de Caballería de Campaña, de nueva creación, y obtuvo el 14 de diciembre del mismo año, despachos de teniente coronel de caballería con grado de coronel, siendo antes sargento mayor de la misma arma.
En los últimos días de diciembre de 1830, el coronel Molina halló su muerte en Tandil, siendo sepultado en Chascomús, el 27 de diciembre del año 1830. En la Biblioteca del Comercio del Plata, de Montevideo, dirigida por Valentín Alsina, aparece una nota sobre su muerte: "Día 30 de enero de 1830. Muere hoy, de resultas de un lento envenenamiento dispuesto por Rosas, el titulado coronel Molina, uno de sus caudillos principales en la guerra contra el general Lavalle y que tenía gran poder sobre los indios, entre los cuales, como soldado desertor, había vivido muchos años, regresando indultado en 1826".
Quizás fue sólo un bandido, se encuentran documentadas sus fechorías; quizás un traidor de los indios que lo protegieron. Pero no hay dudas de que el gaucho Molina defendió la soberanía. Probablemente represente de manera cabal al “tipo de gaucho de nuestra pampa, aprisionado bajo el uniforme militar” (Biedma;
1905).

Por Juan Carlos Ramirez.

martes, 9 de julio de 2013

Congreso de Tucumán. Instrucciones

Instrucciones de la Junta Electoral de Buenos Aires a sus representantes en el futuro Congreso General
Aunque la Junta Electoral está bien persuadida del Patriotismo, ilustración y buenos deseos en favor de la causa pública, que caracterizan a los Diputados que ha elegido para el Congreso General, no cree, que llenaría los deberes de su encargo, ni correspondería a la confianza, que ha merecido a sus Conciudadanos, si al darles a nombre de estos los poderes, no les hiciese encargos especiales sobre aquellos puntos, que juzgan los Electores deben tener especialmente presentes, y promover con empeño los Diputados para asegurar al Pueblo sus derechos, y preparar su felicidad. Por lo mismo ha acordado darles a nombre de esta Provincia las siguientes Instrucciones.
Es el primero, y principal encargo, que hace la Junta a los diputados, que procuren por cuantos medios estén a sus alcances la indivisibilidad del Estado, y que en la Constitución se separen, y deslinden los tres Poderes Legislativo, Ejecutivo, y Judiciario con la mayor exactitud posible, y de modo que jamás se confundan las funciones y atribuciones del uno con las del otro.
2. - Que se asegure al Pueblo el ejercicio de la Soberanía, que el mismo Congreso debe reconocer en el, en todos los casos, en que racionalmente puede ejercerla por sí mismo: reservándole por consiguiente 1° el Poder judiciario, o de juzgar por Jurados, de modo que jamás pueda verificarse, que un ciudadano sea desterrado, ni molestado en su persona, o en sus bienes, sino es por juicio de sus iguales. 2° el Censorio, para ejercerlo principalmente por medio de la libertad de la prensa. 3° el derecho de representar a la autoridad pública aunque sea cualquiera particular. 4° el de resistir a cualquiera autoridad, que no se contenga dentro de los límites, que le señala la Constitución.
3. - Por cuanto el Pueblo no puede ejercer racionalmente por sí mismo el Poder de hacer Leyes, interpretarlas, suspenderlas, y revocarlas y es por lo mismo indispensable, que lo haga por medio de los Representantes, que el nombre, después de publicada la Constitución en el modo, y forma que ella lo determine, creen los Electores, que, en materia de tanta importancia, no pueden dejar de encargar, como encargan a los Diputados, que procuren se subdivida el Poder Legislativo en dos, o más Secciones distintas, independientes entre sí, y ordenadas de modo, que la mutua emulación empeñe a todas al trabajo, y por este medio se asegure el acierto en sus determinaciones.
4. - Subdividido el Poder Legislativo encarga la Junta a los Diputados, solícitos, que a la Sección más popular se le reserve la iniciativa para la imposición de contribuciones, empréstitos, y otros cualesquiera recursos, o auxilios, que necesite el Poder Ejecutivo (los que creé conveniente la Junta no se concedan, sino por el tiempo más limitado, que pueda ser) cuando sea necesario aumentar las Rentas del Estado: aunque la Sanción deba verificarse por todas las Secciones Constituyentes.
5. - Sea cual fuere la Constitución del Estado, podrán introducirse abusos en la administración pública, que necesiten reformas; y para que estas puedan verificarse en paz, creé la Junta deber encargar, como lo hace, a los Diputados procuren se sancione en la Constitución, que concluido el tiempo establecido por Ley fundamental para la duración del Poder / Ejecutivo, se dejen algunos días vacos, para que en ellos el Cuerpo Legislativo reforme lo que deba reformarse, e ínterin esto no se verifique no se proceda a la elección.
6. - Persuadiendo la razón, y habiendo acreditado en todos los tiempos la experiencia, que se administrase por muchos el Poder Ejecutivo se siguen los mayores males a un Estado, se hace particular encargo a los Diputados, se esfuercen en cuanto les sea posible en que el Poder Ejecutivo se concentre en una sola persona.
7. - Por grandes que sean los esfuerzos que hagan los Diputados de todas las Provincias Unidas y a pesar del empeño, que esperamos tomen en formar una Constitución sabia, y adaptable a nuestras circunstancias, es muy probable, que sucesivamente se vayan notando en ella defectos, que el tiempo, y la experiencia hagan conocer, y que sea necesario variar o reformar. Por lo mismo encarga la Junta Electoral a los Diputados por esta Provincia soliciten en el Congreso, que la misma / Constitución establezca un período de tiempo dentro del cual deban verificarse estas reformas, que podrían ser el de dos renovaciones totales del Cuerpo Legislativo.
Por último espera y esta bien persuadida la Junta Electoral que los Diputados por la Provincia de Buenos Aires en el Congreso General solicitarán en favor de esta todo aquello, a que la han hecho acreedora sus heroicos sacrificios por la libertad de todas las de la Unión, y que sea compatible con la felicidad, y bien general del estado. Buenos Aires 12 de Septiembre de 1815.

Sesiones  de la Junta Electoral de Buenos Aires,  Facultad de Filosofía y Letras, (1815-1820), Documentos para la Historia Argentina, Buenos Aires, 1917, T. VII, págs. 43 y sigs.

viernes, 26 de octubre de 2012

Base Vicecomodoro Marambio

Geografía.
La isla Vicecomodoro Marambio, emergió del mar en épocas remotas y su meseta, que se elevó a 198 metros sobre el nivel del mar, tiene una superficie semiplana con un suelo formado por barro de tierra arcillosa congelado (permafrost) aflorando piedras y rocas de distintos tamaños, diseminadas en toda su extensión. Esas características permiten que la meseta sea barrida habitualmente por fuertes vientos Antárticos, que evitan la acumulación de nieve. La isla en cartas antárticas antiguas es señalada con el nombre de Seymour, en honor a un marino inglés que frecuentó la zona a fines del siglo XIX, pero tomó su nombre actual en 1956.

La historia.
La fundación de la Base coincide con la inauguración de la primera pista de aterrizaje de tierra en el Continente Antártico. Ello permitió romper el aislamiento porque con esta capacidad funcional se pudo superar el aislamiento, con el traslado de personal, apoyo logístico, emergencias, evacuaciones, alternativas de vuelo, apoyo a la búsqueda y salvamento, debido que se pueden desplazar en pocas horas los medios aéreos necesarios ante cualquier eventualidad sin tener que esperar los días que demanda una navegación al lugar y las condiciones favorables que solo se da en épocas estivales.
La acción de la Fuerza Aérea en la zona se remonta al 1 de diciembre de 1951, cuando al mando del Vicecomodoro Gustavo Argentino Marambio sobrevoló la bahía Margarita en el sector noroeste de la península antártica, y en 1952, ya siendo Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea de Tareas Antárticas, sobrevoló y estudió posibles lugares de aterrizaje. En la década del 60 la Fuerza Aérea se empeñó en localizar una zona apta para habilitar una pista de aterrizaje destinada a la operación regular y continua de aeronaves de gran porte con tren de aterrizaje con ruedas, sin utilizar los sistemas de esquies.
El día 25 de noviembre de 1968, un helicóptero embarcado en el rompehielos General San Martín (Q4), tripulado por el Primer Teniente Enrique Pessana y el Teniente Ricardo Ciaschini, se posó sobre la meseta de la isla Vicecomodoro Marambio, ya nominada así. El Vicecomodoro Gustavo Argentino Marambio nació en Córdoba el 21 de septiembre de 1918 y falleció en un accidente aéreo el 12 de noviembre de 1953 y en su homenaje la isla lleva su nombre. Llevaban a bordo al geoglaciólogo, Dr. René Edgar DALINGER, quien recogió muestras de terreno, efectuó mediciones y observaciones de la zona.
Así se llega al 29 de octubre de 1969, fecha de trascendencia nacional, histórica y geopolítica, porque a partir de entonces se inicia una nueva era al romperse el aislamiento. En las primeras horas de aquel día, decoló de la Base Matienzo el avión Douglas C-47 matrícula TA-05, que utilizando esquíes aterrizó en Marambio. Allí se le desarmó el sistema de esqui-ruedas y quedó con el tren de aterrizaje normal, emprendiendo su último viaje por el Continente Antártico con destino a río Gallegos y luego a Buenos Aires, para incorporarse al Museo Nacional de Aeronáutica.

 
Nota elaborada en base a datos de la Fundación Marambio

domingo, 13 de noviembre de 2011

Día de la soberanía

Hacia 1845, potencias europeas pretendieron crear un nuevo país al que iban a llamar República de la Mesopotamia, en donde hoy están las provincias argentinas de Corrientes, Entre Ríos, y Misiones. Eran tiempos en que como ahora, las potencias quieren dividir los paises más débiles y apoderarse de sus recursos.
El 2 de agosto de 1845, los buques del almirante Brown que bloqueaban Montevideo fueron capturados, la bandera de la Confederación Argentina arrojada al agua e izada en ellos, la del corsario Garibaldi. Ante ese hecho, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas fue autorizado "para resistir la intervención y salvar la integridad de la patria". La guerra había empezado.
El 30 de agosto la escuadra íntima rendición a Colonia, y el 5 de setiembre se apoderó de Martín García. Garibaldi, con estatua de bronce y plaza en su memoria, fue quien arrió la bandera de la Confederación Argentina, remontando luego el Uruguay, apoderándose de Gualeguaychú, Salto, Concordia y otros puntos indefensos, regresando a Montevideo con un enorme botín de guerra.
Los anglofranceses remontaron el Paraná en demostración de soberanía, y para abrir comunicaciones con su ejército "auxiliar", el que estaba al mando del general Paz. En los buques venían ciudadanos de la Confederación Argentina, unitarios, que habían emigrado a Montevideo y venían en las mismas naves que iban a invadir su patria. Los ingleses, que habían aprendido de los sucesos de 1806/7 en el Río de la Plata, evitaron marchar por tierra, y pretendieron transformar el Paraná en un río internacional.
Don Juan Manuel de Rosas ordenó al general Lucio Mansilla, que cruzaran cadenas en el río. La misión de Mansilla no era impedir el avance de los barcos, no habría podido hacerlo debido a la superioridad del invasor, había que debilitar a los buques.
El 20 de noviembre, al doblar el recodo de Obligado, la escuadra invasora encontró una gruesa cadena sostenida por pontones que cerraban el río, al mismo tiempo que baterías de tierra iniciaban el fuego luego de que las tropas cantaran el Himno Nacional. Siete horas duró el desigual combate, de las 10 de la mañana a las 5 de la tarde. No se venció, no se podía vencer. Se resistió pero la enorme superioridad enemiga alcanzó a cortar la cadena y poner fuera de combate las baterías.
La escuadra, diezmada y en malas condiciones, llegó a Corrientes y de allí intentó el regreso, pero en el Quebracho, cerca de San Lorenzo, los esperaba Mansilla. Un nuevo combate, otra vez el paso fue forzado, otra vez con ingentes pérdidas para los invasores.
Por esas valerosas acciones se deshizo el proyecto de independizar la Mesopotamia. El 13 de julio de 1846, Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de Inglaterra y Francia, presentó ante Rosas el "más honorable retiro posible de la intervención conjunta", y tanto la escuadra inglesa como la francesa debieron rendir 21 cañonazos de homenaje a labandera de la Confederación Argentina.
Por eso el aniversario del combate de Obligado, es para los argentinos el Día de la Soberanía. Por decreto presidencial se estableció a partir de 2010 el día 20 de noviembre como Día de la Soberanía.
No solo hombres, también pelearon mujeres de San Pedro y San Nicolás, como María y Josefa Ruíz Moreno, Rudecinda Porcel, Carolina Núñez, Francisca Navarro, Faustina Pereyra, todas comandadas por Petrona Simonino.
Hoy hace faltas nuevas gestas, se trata de romper las cadenas culturales, que son invisibles, más dañinas y más profundas.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Provisionalidad de los gobiernos centrales.

En el transcurso de los 10 años que median entre la Revolución de Mayo (1810) y la caída del poder central (1820) se reunieron dos asambleas con carácter constituyente (1813, 1816-1819). Sólo una de estas asambleas produjo un texto constitucional: el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sud-América en 1819 que fue rechazado por las provincias debido a su carácter centralista. Los gobiernos revolucionarios que se sucedieron en esos años se constituyeron así en soluciones provisorias destinadas a durar hasta que se reuniera la asamblea constituyente que definiría y organizaría el nuevo Estado. De modo que la organización política del conjunto de los "pueblos" rioplatenses permaneció indefinida. Esta provisionalidad conllevaba una indefinición respecto a rasgos sustanciales; a saber: el de los fundamentos nacionales de los gobiernos centrales, los límites territoriales de su autoridad o sus atribuciones soberanas.
Pero hubo un instrumento preconstitucional que fijó provisoriamente las bases para la organización del nuevo Estado, el Reglamento Provisorio para la Administración y Dirección del Estado del 3 de diciembre de 1817 y que tuvo considerable trascendencia en todo el territorio. Muchas de sus disposiciones permanecieron vigentes en los pueblos luego de la caída del poder central, en la medida en que no fueron reemplazadas por leyes o textos constitucionales propios. No obstante, si este proceso pudo haber sido considerado por los gobiernos centrales y sus aliados en el Interior como una primera etapa hacia la organización de un Estado unitario, el hecho es que en distintos momentos del proceso los pueblos oscilaron entre la simple autonomía, la unión a los gobiernos centrales y las propuestas confederales de Artigas.
En la historiografía argentina se solía interpretar las expresiones autonómicas de los pueblos como resistencias de los partidarios del antiguo régimen contra los partidarios de un nuevo orden encarnado en los gobiernos revolucionarios. Otra interpretación vinculó esas expresiones con los efectos sociales de la guerra de independencia: los descontentos se habrían generado en todo el territorio del ex-Virreinato por los esfuerzos financieros exigidos desde Buenos Aires. Una tercera interpretación las ubicó como tempranas manifestaciones del federalismo. Más recientemente se ha llamado la atención sobre la necesidad de no confundir unitarismo con centralismo, luego de mostrar la existencia de tendencias a la unión de los pueblos del Interior con Buenos Aires, sin embargo opuestas a una administración centralizada. Pero lo que hoy comienza a despejarse es la cuestión del carácter de esas expresiones autonómicas y de su relación con los fracasados proyectos constitucionales. Pues desde el inicio de la Revolución, lo que tejió gran parte de la trama política del período fue la coexistencia conflictiva de soberanías de ciudades con gobiernos centrales que dirigieron sus acciones tendiendo a definir una única soberanía rioplatense.
Así, una de las cuestiones que hoy se plantea es la de discernir, frente a una excesiva identificación de esas expresiones con formas federales, en qué medida la emergencia de la soberanía de los pueblos durante el proceso emancipador puede ser vinculada a una tradición, la del autogobierno de los pueblos, que las reformas borbónicas no habrían podido quebrar. Otra de las cuestiones, se vincula con la necesidad de comprender mejor el alcance y significado de las expresiones de defensa de los llamados "derechos de los pueblos". Bajo la defensa de esos derechos pudo caber tanto una declaración de independencia provisional del gobierno central en un momento de crisis como una manifestación de unión con Buenos Aires.
Por: Dra. Noemí Goldman (U.B.A./CONICET).
En: Nuevas perspectivas en la Historia de la Revolución de Mayo