La tradición indica que María Catalina
Echevarría de Vidal fue quien cosió la bandera y que aquel jueves 27 de febrero
de 1812, a las seis y media de la tarde en las barrancas de Rosario, el Gral.
Belgrano invitó a la máxima autoridad civil presente, el Regidor tercero del
Cabildo santafesino, Cosme Maciel[i], quien tuvo el honor de
izar por primera vez nuestra bandera.
Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
y González eligió a un civil y no a un militar, quizás porque un tío de Cosme
Maciel, don Juan Baltasar Maciel, fue quien lo había bautizado a en 1770 y que,
como abogado le llevaba los asuntos de su papá. De acuerdo al historiador Juan Manuel
Castagnino: “Es la Bandera de Soberanía. Belgrano es el independentista máximo
de 1810, que se manifiesta con el máximo acto de soberanía, que es el de crear
una Bandera ante las naciones del mundo. Hay muchas banderas: de ejército, de
regimientos, de batallones, de escuelas, de oficinas públicas pero hay una que
es de Soberanía de una Nación y es la que creó Belgrano en Rosario”.
Cosme Maciel era un santafesino nacido el 1
de noviembre de 1784, hijo del alcalde de la ciudad Domingo Maciel y
Lacoizqueta y de su tercera esposa doña María López Pintado. Tras adquirir una
relativa instrucción, se destacó por su habilidad en el armado de embarcaciones.
Con una sumaca de su propiedad realizó viajes comerciales entre Santa Fe, La
Bajada y Buenos Aires. No se alisto en la expedición al Paraguay porque su
madre estaba enferma pero, colaboró en el traslado de tropas a La Bajada (hoy, ciudad
de Paraná). En enero de 1812 prestó su colaboración al
coronel de Ingenieros Ángel Monasterio proveyendo madera y transportándola
desde las islas a la Capilla del Rosario. A la llegada de Belgrano y del
comandante Celedonio Escalada, este último lo nombró su ayudante principal. Al
inaugurarse la “Batería Libertad”, Belgrano le dio el honor de enarbolar la
primera bandera argentina.
En 1816, fue uno de los jefes de la
insurrección encabezada por Mariano Vera contra Viamonte. Fue uno de los
fundadores de la autonomía de Santa Fe y en 1819, el gobernador Estanislao
López le confió a Maciel una misión ante Artigas, que mantenía la resistencia
de la provincia oriental contra Portugal. Fue secretario de López durante la
campaña de este caudillo contra Dorrego y comisionado luego para tratar la paz
en nombre del gobierno de Santa Fe. De acuerdo al historiador Azarola Gil, fue
encarcelado por fomentar el asesinato del brigadier López y remitido a Buenos Aires
con la prevención que si regresaba a Santa Fe sería fusilado. Este destierro
fue el término de su vida pública.
En el censo de 1838, aparece como pulpero en
los pagos de Barracas al Sur (Avellaneda, Bs. As.), conociéndose que tenía su
negocio en la intersección de las hoy avenidas Mitre y Maipú, esquina
desaparecida cuando se construyó el Puente Pueyrredón, que cruza el Riachuelo.
En 1840 el gobierno rosista lo tuvo preso
teniendo: “La ciudad por cárcel”, es decir, no podía salir de la ciudad. Pastor
Obligado, lo entrevistó en su chacra de Crucesita donde vivía con sus hijos y
familia. Allí, bajo un ombú en 1862, Obligado visitó a Cosme Maciel y escribió:
“un poco apartado a la derecha del Camino Real entre el Puente de Gálvez y el
Puente viejo de la Crucesita, en el ancho corredor de la casita que blanquea
sobre una lomada, bajo majestuoso ombú, tomaba el sol de otoño un anciano de
blancos cabellos, sobre sillón de vaqueta, más viejo que él. Al saber que era
portador de recuerdos de su familia (primer bordado de su nieta, la bella
Manuelita), entre viejos cuentos del pasado nos refirió el presente”.
“- Aquí donde Ud. me ve esta mano trémula que
apenas puede sostener el bastón de mi vejez fue la que izó la primera bandera
argentina. Ya han pasado muchos años, pero no olvido las emociones de aquel
día. Vecino de Santa Fe, me hallaba accidentalmente en la Villa de Rosario y,
entusiasta como todos los jóvenes de mi tiempo por la causa de la Patria, ayudé
al General Belgrano a levantar la batería sobre la barranca tras de la actual
Iglesia. ¡Qué grata sorpresa tuve cuando el día de su inauguración acabado de
plantar el mástil, formada ya la tropa sobre la batería me dijo el Gral.
Belgrano!: ‘Vea si está corriente la cuerda y ate bien la bandera para llevarla
bien alto, como debemos mantenerla siempre’. Fue para mí lo inesperado de tan
grata sorpresa, que repitiéndose el hecho por todas partes al verme pasar me
apodaban en los fogones de los campamentos: ‘¡Ahí viene la bandera de Belgrano!
¡Y esto señor Oficial porteño desvirtuará ante Usted el nombre de santafesino
que odia a los porteños con que Fray Castañeda me sindicaba en sus papeles”.
La elección de Barracas al Sud para su
destierro no fue casual. En el pago vivían parientes radicados en el siglo
XVIII, de los que derivan los nombres (topónimos) del Arroyo Maciel y la
célebre Isla Maciel (los porteños que cruzaban el Riachuelo iban allí por
esparcimiento). Compró tierras que heredaron sus hijos y sus descendientes,
vivieron allí hasta principios del siglo XX. Don Cosme vivió sus últimos días
al cuidado de su hija menor, casada con un funcionario gubernamental del
partido. Falleció en Buenos Aires en 1863 y probablemente, sus restos se
encuentran sepultados en el Cementerio de la Recoleta bajo otro nombre.



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