sábado, 1 de mayo de 2010

Acta del 25 de Mayo de 1810

En la muy Noble y muy Leal Ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Aires, a 25 de Mayo de 1810; los Señores del Exmo. Cabildo, Justicia y Regimiento, a saber: D. Juan José Lezica y D. Martín Gregorio Yaniz, Alcaldes ordinarios de primero y segundo voto; Regidores D. Manuel Mancilla, Alguacil Mayor; D. Manuel José de Ocampo; D. Juan de LLano; D. Jaime Nadal y Guarda; D. Andrés Domínguez; D. Tomás Manuel de Anchorena; D. Santiago Gutiérrez; y el Dr. D. Julián de Leiva, Síndico Procurador General; se enteraron de una representación que han hecho a este Exmo. Cabildo un considerable número de vecinos, los Comandantes, y varios oficiales de los cuerpos voluntarios de esta capital, por si y a nombre del pueblo; en que, indicando haber llegado a entender que la voluntad de este resiste la Junta, y Vocales que este Exmo. Ayuntamiento se sirvió erigir, y publicar a consecuencia de las facultades que se le confirieron en el Cabildo abierto de 22 del corriente; y porque puede, habiendo reasumido la autoridad y facultades que confirió, y mediante la renuncia que ha hecho el Señor Presidente nombrado y demás Vocales, revocar y dar por ningún valor la Junta erigida y anunciada con el Bando de ayer, 24 del corriente; la revoca y anula, y quiere este Exmo. Cabildo proceda á hacer nueva elección de Vocales que hayan de constituir la Junta de Gobierno, y han de ser los Señores D. Cornelio de Saavedra, Presidente de dicha Junta, y Comandante general de Armas, el Dr. Juan José Castelli, el Dr. Manuel Belgrano, D. Miguel Azcuenaga, Dr. D. Manuel Alberti, D. Domingo Mateu, y D. Juan Larrea, y Secretarios de ella los Doctores Don Juan José Passo, y D. Mariano Moreno, cuya elección se deberá manifestar el pueblo por medio de otro bando público; enentendiéndose ella bajo la expresa y precisa condición de que instalada la Junta, se ha de publicar en el término de 15 días una expedición de 500 hombres para auxiliar a las provincias interiores del reino, la cual haya de marchar a la mayor brevedad, costeándose ésta con los sueldo del Exmo. Sr. D. Baltazar Hidalgo de Cisneros, Tribunales de la Real Audiencia Pretorial, y de Cuentas, de la Renta de tabacos con los demás que la Junta tenga por conveniente cercenar, en inteligencia, que los individuos rentados ho han de que dar absolutamente incongruos, porque ésta es la manifesta voluntad del pueblo. Y los Señores, habiendo salido al balcón de estas casas capitulares, y oído que el pueblo ratificó por aclamaciòn al contenido de dicho pedimento o representaciòn, después de haberse leido por mi en altas e inteligibles voces, acordaron que debàn mandar y mandaban se erigiese una nueva Junta de Gobierno compuesta por los Señores expresados en la representación de que se ha hecho referencia, y en los mismo términos, que de ella aparece, mientras se erige la Junta general del Virreinato; Lo segundo: que los Señores, que forman la precedente corporación comparezcan sin pérdida de momentos en esta Sala Capitular á prestar el juramnento de usar bien y fielmente sus cargos, conservar la integridad de esta parte de los dominios de América a nuestro Amado Soberano el Señor D. Fernando VII, y sus legítimos sucesores, y observar puntualmente las Leyes del Reino. Lo tercero: que luego que los referidos Señores presten juramento sean reconocidos por depositarios de la autoridad superior del Virreinato, por todas las corporaciones de esta capital, y su vecindario, respetando y obedeciendo todas sus disposiciones, hasta la congregación de la Junta general del Virreinato, bajo las penas que imponen las Leyes á los contraventores. Lo cuarto: que la Junta ha de nombrar quien deba ocupar cualquier vacante por renuncia, muerte, ausencia, enfermedad o remoción. Lo quinto: que aunque se halla plenísimamente satisfecho de la honrosa conducta, y buen procedimiento de los SS mencionados, sin embargo, para satisfacción del Pueblo, se reserva tamben estar muy á la mira de sus operaciones y caso no esperado, que faltasen á sus deberes, proceder á la deposición con causa bastante, y justificada, reasumiendo el Excmo. Cabildo para este solo caso la Autoridad que le ha conferido el pueblo. Lo sexto: que la nueva Junta ha de celar so sobre el orden y la tranquilidad pública, y seguridad individual de todos los vecinos, haciéndosele, como desde luego se le hace, responsable de lo contrario. Lo séptimo: que los referidos Señores se componen la Junta provisoria, queden excluidos de ejercer el poder judiciario, el cual se refundirá en la Real Audiencia, a quien se pasarán todas las causas contenciosas, que no sean de gobierno. Lo octavo: que esta misma Junta ha de publicar todos los días primeros del mes un Estado en que se dé razón de la administración de Real Hacienda. Lo nono: que no pueda imponer contribuciones, ni gravámenes al pueblo: ó sus vecinos, sin previa consulta y conformidad de este Exmo. Cabildo. Lo décimo: que los referidos Señores despachen sin pérdida de tiempo órdenes circulares á los Jefes de lo interior, y demás á quienes corresponda, encargándoles muy estrechamente, y bajo de responsabilidad, hagan que los respectivos Cabildos de cada uno, convoquen por medio de esquelas la parte principal, y mas sana del vecindario, para que formando un Congreso de solos los que en aquella forma hubiesen sido llamados, elijan sus Representantes, y estos hayan de reunirse á la mayor brevedad en esta Capital, para establecer la forma de gobierno que se considere mas conveniente. Lo undécimo: que elegido así el Representante de cada ciudad, ó villa, tanto los electores, como los individuos capitulares le otorguen poder en pública forma, que deberán manifestar cuando concurran á esta Capital, á fin de que se verifique su constancia; jurando en dicho poder no reconocer otro soberano que al Sr. D. Fernando VII y sus legítimos sucesores, según el órden establecido por las leyes y estar subordinado al gobierno que legítimamente les represente. Cuyos capítulos mandan se guarden y cumplan precisa, y puntualmente, reservando á la prudencia y discreción de la misma Junta el que tome las medidas mas adecuadas, para que tenga debido efecto lo determinado en el artículo diez, como también el que designe el tratamiento, honores, y distinciones del Cuerpo, y sus individuos, y que para que llegue a noticia de todos, se publique esta acta por bando inmediatamente, fijándose en los lugares acostumbrados. Y lo firmaron de que doy fé. Juan José Lezica; Martín Gregorio Yaniz; Manuel Mancilla; Manuel José de Ocampo; Juan de Llano; Jaime Nadal y Guarda; Andrés Domínguez; Tomas Manuel de Anchorena; Santiago Gutiérrez; Dr. Julián Leiva; Licenciado D. Justo José Núñez, escribano público y de Cabildo.

domingo, 18 de abril de 2010

Ensayo de la Historia Civil de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay (1816/7).

Fue sin duda el proceso revolucionario iniciado en mayo de 1810 el que generalizó la percepción de estar viviendo una época memorable en la historia. La revolución no provocó una ruptura en el marco desde el cual se concebía el concepto de historia, el cual aunaba de diverso modo su consideración como relato, como herramienta crítica y su orientación pragmática. Sin embargo, el acelerado proceso de politización e ideologización, la necesidad de dotar de sentido al proceso en curso enalteciendo o legitimando a sus protagonistas, así como la proliferación de impresos, favorecieron la difusión del término historia que fue adquiriendo nuevos significados y comenzó a cobrar mayor densidad conceptual.
La propia revolución procuró ser inscrita en una serie que, si bien histórica, se la suponía ajena a las contingencias temporales: la historia de la Libertad. Al inaugurarse en 1813 una Asamblea Constituyente, el Poder Ejecutivo proclama que “(…) los esfuerzos de las almas libres, al fin solo han servido de trofeos al despotismo, presentando en la historia de los pueblos una constante alternativa de gloria y degradación; sin embargo, la libertad existe en los decretos de la naturaleza, y por su origen es independiente de todas las vicisitudes de los siglos” (Bando, 1813). Este carácter atemporal es subrayado pocas líneas más adelante al advertir que los esfuerzos por alcanzar la libertad fueran combatidos no sólo por los opresores sino también por los oprimidos, pues “Era necesario que los anales de nuestra revolución no desmintiesen las verdades que justifica la historia de todos los pueblos; (…)” (Bando, 1813).
La historia permitía dotar de sentido a una experiencia inédita como la que estaba aconteciendo ya que se la consideraba un repertorio de verdades atemporales recogidas en distintas épocas y lugares. En ese marco se ponderó su recurso como medio de ilustración de la sociedad, reforzando así su rol magisterial, tal como lo hizo el político y publicista radical Bernardo de Monteagudo en el Prospecto del periódico El Independiente: “Sin la historia, que es la escuela común del género humano, los hombres desnudos de experiencia, y usando sólo de las adquisiciones de la edad en la que viven, andarían inciertos de errores en errores (...) [pues no habría como] suplir los saludables consejos que aquella maestra incorruptible nos suministra a cada momento” (Monteagudo, [1815]1916, 309).
Sin que perdiera vigencia su consideración en clave narrativa, el concepto de historia, que comenzaba a escribirse con mayúscula, fue adquiriendo un cariz abstracto, singular y universal asociado a la Filosofía como explicación racional de los hechos y a la existencia de valores absolutos como la Libertad. Esta concepción presidió la solicitud que Bernardino Rivadavia como Secretario del Triunvirato le hizo en 1812 al dominico Julián Perdriel para que escribiera una “Historia Filosófica de nuestra feliz Revolución” inspirada en la obra de Guillermo Francisco Raynal (Piccirilli, 1960, I, 203). Por razones políticas, dicho cometido fue trasladado dos años más tarde al Deán Gregorio Funes y tuvo como resultado su Ensayo de la Historia Civil de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay (1816/7).
El Ensayo, que a pesar de sus evidentes falencias constituyó durante décadas el texto más completo de la historia local, copia en buena medida la historiografía colonial a la que reviste con un estilo retórico neoclásico. Su parte más original es el capítulo final que abarca desde la Revolución de Mayo hasta la declaración de la Independencia. Para explicar los conflictos que dividieron a la dirigencia revolucionaria, Funes retoma un escrito sobre la Revolución Francesa, que a su vez la interpreta siguiendo a los clásicos romanos, para concluir que “(…) cuando fijamos la consideración en nuestras disensiones, no parece sino que Cicerón, Tacito y Salustio escribieron para nosotros” (Funes, [1817] 1961, 16/7).

Por:Fabio Wasserman. En: Historia (Río de la Plata/Argentina)

Nota: Imagen de Bernardo de Monteagudo

viernes, 16 de abril de 2010

C.A. (¿Cosme Argerich?)

Carta encontrada en un baúl de la parda Marcelina Orma.

"(...) La Junta queda provisoriamente encargada de la autoridad superior de todo el Virreinato; y (...) se ordena que ahora mismo vengan los nombrados a prestar juramento de conservar la integridad de estos dominios a nuestro amado soberano el señor don Fernando VII. A muchos nos ha chocado esta última cláusula porque es una reverenda mentira; pero dicen que por ahora conviene hasta que tengamos bien firme el terreno; y la cosa ha pasado riéndose los unos y rabiando muchos otros.
Hazte cargo del júbilo general que estalló. De allí corrimos a los cuarteles a hacer tocar diana y a las iglesias para echar a vuelo las campanas (...), los cohetes reventaban por todas partes; las calles llenas de barro porque llovía bastante, y sin embargo llenas de señoras y muchachas que victoriaban a la patria a la par del pueblo. ¡Aquello era hermoso! (...)
La tarde ha estado lluviosa, y a la noche ha continuado lo mismo, pero la calle del Cabildo, la de las Torres, la del Colegio y la Plaza, llena de gentes y hasta de señoras con paraguas y con piezas de cintas blancas y celestes, cuyos pedazos andan repartiendo a los jóvenes y a la mozada de los regimientos de hijos del país. Ha sido imposible iluminar la ciudad por causa de la lluvia y la garúa: las candilejas se apagan; ha sido imposible encontrar faroles: no hay vidrio ni quien los arregle: miles de negros y mulatillos han luchado por guarnecer de candilejas las rejas de las ventanas y las cornisas de las puertas, ¡Imposible!, se apagan. Pero se ha recurrido a otro expediente, se han hecho abrir todas las puertas e iluminar los zaguanes: la mayor parte de las ventanas están abiertas e iluminados por detrás de los vidrios con candelabros y en las piezas hay niñas y señoras recibiendo a sus amigos, tocando el clave y bailando. Yo no he visto jamás una alegría más expansiva ni más cordial (...).
C.A. (¿Cosme Argerich?)".

En: López, Vicente Fidel. La gran semana de 1810. Crónica de la Revolución de Mayo recompuesta y arreglada por cartas, según la posición y las opiniones de los promotores. Buenos Aires; Carlos Casavalle Editor, Imprenta y Librería de Mayo; 1896. Primera edición.

Prólogo







Prólogo: Buenos Aires, mayo de 1885
Publicamos con este título un legajo viejo de cartas que encontramos en el baúl de la parda Marcelina Orma. Las cartas no son evidentemente originales, sino copias de una misma letra, firmadas con simples iniciales, que llevan las fechas del 20 al 31 de mayo de 1810. Carecen por consiguiente de autenticidad, pero presentan un grande interés no sólo porque se puede conjeturar, por sus iniciales, que están escritas o atribuidas a personas muy conocidas de aquel tiempo, como B. V. A. (Buena Ventura Arzac); F. C. (Felipe Cardoso); M.O. (Mariano Orma); F. P. (Francisco Planes); J. S. A. (Julián Segundo Agüero) y otros así; sino porque nos presentan la Revolución de 1810, día por día, y a medida que se va haciendo; sin el enfático clasicismo que le han dado los panegíricos convencionales de los tiempos subsiguientes; que, sin ser falsos en la generalización de sus resultados sociales, carecen, sin embargo, del colorido que tuvieron los sucesos al tiempo que los iban produciendo la pasión y el interés de los agentes secundarios que constituían la fuerza vital del sacudimiento.
En estas copias, que pueden carecer de autenticidad, pero que no carecen de verdad, la Revolución de Mayo se nos presenta popular y callejera, al correr de la pluma ingenua de los que las escribieron dando cuenta de todo lo que hacían ellos o sus amigos, contra el gobierno colonial, en las calles, en las plazas y en los cuarteles, mientras que, sobre el tumulto popular, los políticos de uno y otro partido fabrican el gobierno nuevo, cada uno en su sentido.
Para que no se extrañe que nada digamos sobre cómo estaba este legajo en el baúl de Marcelina Orma, confesaremos francamente que no lo sabemos. Marcelina Orma murió hace algún tiempo a la edad de noventa y dos años. Había sido esclava del distinguido presbítero don Mariano Orma, que figura en estas cartas; era muy vieja cuando achacosa y tierna, venía siempre, a nuestra casa a visitar a nuestra madre; lo que hacía sin ninguna falta el 25 de Mayo de cada año. Para ella la Patria era una cierta persona de carne y hueso vestida de raso blanco y celeste, que había nacido por allí cerca de la casa de sus amos, y que había muerto también, muchos años hacía, desde que ella (Marcelina) estaba vieja, arrumbada; y desde que no veía andar por las calles a "los Hijos y los Padres de la Patria" que ya se habían ido muriendo también con la misma patria. Mis hermanos y yo le dábamos muchas bromas sobre esto, sosteniéndole que "la Patria vivía todavía, y que tenía hijos cada nueve meses". "¡Qué esperanzas, niños! -nos decía-. ¡Cómo se conoce que ustedes son de ayer! Cuando tengan experiencia y razón verán que hace ya muchos años que la Patria se murió. ¡Si lo sabré yo, que la conocí desde que nací!..." ¿Si tendría razón la pobre vieja?
El último aniversario de Mayo que estuvo en nuestra casa, teníamos precisamente en la mano un diario del día.
-¡Viva la Patria! Marcelina -le gritamos así que la vimos; y ella... echando atrás el rebozo y levantando el brazo como si tuviera una espada.
-¡Viva! -gritó, pero sus años no le permitieron soportar el esfuerzo, y tuvo que plegarse en la primera silla que encontró. "He aquí una época", nos dijimos para nosotros, y queriendo consolarla nos pusimos a leerle: "¡Hoy es el día de los grandes recuerdos! Trescientos años pasados en el oprobioso sueño de la esclavitud se desmoronaron en este memorable día ante el sol refulgente de la Libertad. El pueblo, el gran pueblo argentino, aquel pueblo robusto que se inspiraba en el rostro luminoso de nuestros abuelos, levantó su voz prepotente; y con el ademán heroico de su brazo invencible, adornado del bonete frigio, y armado con el puñal de la Libertad, dominó la furia de los leones que habían humillado la cerviz del gran Turco en las sangrientas aguas del Lepanto. La obra del pueblo y de la democracia..." Al llegar aquí, miramos a Marcelina y la encontramos embebido el espíritu en otra cosa muy distinta de nuestra declamación.
-¡Qué! ¿no te gusta? -le dijimos.
-Pero ¿dónde está la patria? -nos dijo-. Ahí no hablan de ella. Cuando yo me muera, que ya ando de más en este mundo, le he de dejar, niño, unos papeles, mucho más lindos que ese.
-Dámelos ahora.
-¡No puedo! Un amigo que no puedo nombrar, y que Dios tenga en su gracia, me dijo que solamente muerta me separase de ellos. Y Marcelina se puso a llorar con un dolor profundo, el mismo día que había concentrado para ella en otro tiempo todas las grandes y nobles alegrías de su alma. "He ahí otra época", nos dijimos contristados... y nos pareció que veíamos en aquella vieja a la Patria misma que lloraba sus viejos y fieles amantes.

En: López, Vicente Fidel. La gran semana de 1810. Crónica de la Revolución de Mayo recompuesta y arreglada por cartas, según la posición y las opiniones de los promotores. Buenos Aires; Carlos Casavalle Editor, Imprenta y Librería de Mayo; 1896. Primera edición.

jueves, 15 de abril de 2010

Carta informe que mandó a España el Virrey Cisneros.

Buenos Aires, 22 de junio de 1810
Señor:
V.M. sabe el peligroso estado en que hallé Buenos Aires y a todo este Virreinato cuando tomé las riendas del mismo (...) llamé sin demorar a todos los comandantes y mayores de los cuerpos militares de esta guarnición.
Congregados que fueron, les hice presente el peligroso estado del pueblo y el desarreglo de sus intempestivas pretensiones: les recordé las reiteradas protestas y juramentos con que me habían ofrecido defender la autoridad y sostener el orden público; y los exhorté a poner en ejercicio su fidelidad en servicio de V. Majestad y de la patria.
Pero tomando la voz de don Cornelio Saavedra, comandante del cuerpo urbano de Patricios que habló por todos, frustró mis esperanzas, se explicó con tibieza: me manifestó su inclinación a la novedad; y me hizo conocer perfectamente que si no eran los comandantes los autores de semejante división y agitaciones, estaban por los menos de conformidad y acuerdo con los facciosos (...)
El día siguiente, 21 de mayo (...), [el Cabildo] procedió a la junta general convocando por esquelas a quinientos vecinos; de los cuales asistieron solamente 200 por las causas que abajo expresaré. El 22 fue el día designado para la celebración de la Junta y el día en que desplegó la malicia todo género de intrigas, previsión y maquinaciones para llevar a cabo tan depravados designios.
Había yo acordado que se apostara para este acto una compañía en cada bocacalle de las de la Plaza a fin de que no permitiesen entrar en ella ni abrir a las Casas Capitulares persona alguna que no fuese de las citadas; pero la tropa de los oficiales eran del partido; (...) negaban el paso a la plaza a los vecinos honrados y lo franqueaban a los de la confabulaciónn (...) veo indispensable la necesidad en que se halla Vuestra Majestad de remitir sin pérdida de momento por lo menos dos mil hombres de tropa con buenos y probados oficiales que impongan el respeto y restablezcan la subordinación; pues con esta providencia y con el desengaño de la Corte de Londres, con cuya protección han contado estos miserables e inexpertos faccionarios; se remediarán todos los males y quedarán asegurados estos dominios de Vuestra Majestad, que de otra suerte peligran y están próximamente expuestos, o a ser presa de la ambición; a ser víctima de su misma disolución (...)." En: Pueyrredon, Carlos Alberto. 1810 La Revolucion de Mayo (Segun amplia documentacion de la época). Buenos Aires; Ediciones Peuser; 1953. Primera edicion.

sábado, 10 de abril de 2010

Mucha parte del pueblo, y los europeos (un español indignado).

Todo ha sido un desorden entre ellos y todo lo han hecho por la fuerza y con amenazas públicas ante el mismo Cabildo, y yo estoy viendo que esto todavía no ha de parar en bien y entre ellos mismos han de tener alboroto. Con la elección de ayer estaban todos los magistrados contentos y lo mismo mucha parte del pueblo, y los europeos, a pesar del atropellamiento hecho al señor virrey.
(...) Día 26. Todo está en silencio; ellos mismos son los que andan arriba y abajo en las calles con los sables arrastrando, metiendo ruido y nadie se mete con ellos."

En: Corbellini, Enrique C. La Revolución de Mayo y sus antecedentes desde las invasiones inglesas. Buenos Aires; Lajouaune; 1950. (2 tomos.)

viernes, 2 de abril de 2010

La multa del Bicentenario

Un descendiente de Saavedra, procesado por "ocultamiento" de patrimonio
histórico.

Marcelo White Pueyrredón es descendiente de Cornelio Saavedra, el presidente de la Primera Junta. En 2007 vendió en una subasta pública un documento histórico, firmado por Saavedra y Mariano Moreno el 22 de agosto de 1810, que él había heredado. Aunque el documento fue comprado por la Biblioteca Nacional en 27 mil pesos, el entonces subdirector del Archivo General de la Nación, Pedro Bevilacqua, lo denunció por ocultamiento. El motivo: no había informado al Archivo de la existencia del documento (considerado Patrimonio Histórico Nacional) ni tampoco de la subasta.
Ayer trascendió que el Juez federal Marcelo Martínez de Giorgi ha procesado a White Pueyrredón y al rematador, Enrique Bullrich, por "ocultamiento de documentos históricos". La multa, estipulada por una ley de 1961, equivale a 0,0000000000001 pesos actuales. Sin embargo, tanto el rematador como el propietario deberán pagar también los costos judiciales del proceso, 2.500 pesos cada uno.

Diario Clarín, 30 de marzo de 2010


Nota del editor: Pretendemos reflejar que no siempre hemos leido todo (reflejo positivista); que hay males argentinos genéticos (si ya Saavedra se quedaba con los documentos oficiales, de que nos asombramos a veces); que la multa no creemos que los inquiete, más bien alienta a los funcionarios a seguir tomando por privado lo público.

jueves, 1 de abril de 2010

Domingo French

Domingo María Cristóbal French y Urreaga, fue un porteño nacido el 21 de noviembre de 1774, hijo de una criolla y de un comerciante español. Se fue muy joven del hogar paterno y a los 24 años, contrajo matrimonio con su prima Juana Josefa de Posadas y Dávila, con quien tuvo dos hijos. Para dar sustento a su familia fue asalariado del Convento de la Merced y en 1802, comenzó a ganarse la vida como "cartero único".
Hombre de acción, ingresó a las milicias, luchó durante las invasiones inglesas y por su heroísmo le fue dado los grados de teniente y sargento mayor. Junto a Berutti, ambos masones, alentaron a grupos civiles como la denominada Legión Infernal y los llamados chisperos. Asistió al Cabildo Abierto y no está claro si las cintas identificativas que repartió junto a Berutti eran rojas, o celestes y blancas; lo cierto es que con esos distintivos y con arengas, movilizaron al pueblo mientras impedían el paso a los sospechosos de simpatías realistas.
Promovido a coronel, formó al regimiento de infantería "América" o "de la estrella roja”, por el color de la insignia que los soldados y oficiales llevaban en la manga del uniforme. French debió marchar a Córdoba a sofocar la insurrección realista, cumpliendo la difícil tarea de fusilar a los contrarrevolucionarios, entre ellos a Liniers, cumpliendo órdenes de la Primera Junta.
Por morenista y jacobino fue desterrado a Carmes de Patagones, pudiendo regresar cuando fueron derrocados los saavedristas; se le restituyó el mando de su regimiento --desde entonces llamado 3 de Infantería—con el cual produjo el sitio y toma de Montevideo. Por esos servicios, el Director Posadas le acordó la "medalla a los vencedores", antes de desterrarlo como venganza por ser un cuñado no querido. Rehabilitado en 1815, debió reforzar al Ejército del Norte. Cuando retornó a Buenos Aires, y como la mayor parte de los morenistas, se unió al coronel Manuel Dorrego, federal doctrinario, rebelde y crítico del partido rivadaviano. French y Dorrego se definieron como federales, republicanos y partidarios de la democracia, denunciando a Juan Martín de Pueyrredón por monarquista. Fue desterrado a los Estados Unidos donde estuvo dos años, hasta que el mismo Pueyrredón lo restituyó al país otorgándole el grado de coronel mayor, en abril de 1819. El gobernador Martín Rodríguez lo nombró "Comandante del resguardo de Mar y Tierra", pero French no aceptó el cargo meramente honorífico.
Falleció en Buenos Aires el 4 de junio de 1825, a los 51 años. El Coronel Dorrego dispuso que se le erigiera un monumento en el Cementerio de la Recoleta pero hasta hoy, se ignora el lugar donde descansan sus restos. Fue uno de los valientes que se comprometieron con la causa de la Revolución, en cuerpo y alma. Se destacó por su decisión cuando muchos, por intereses personales o ideológicos, dudaban. Por la estirpe de esos hombres, Mayo se hizo popular y la causa de la Independencia logró finalmente imponerse.

Por: Juan Carlos Ramírez

domingo, 28 de marzo de 2010

Belgrano por la Patria

“...en el mes de mayo, me mandaron llamar mis amigos a Buenos Aires, diciéndome era llegado el caso de trabajar por la patria para adquirir la libertad e independencia deseada: volé a presentarme y hacer cuanto estuviese a mis alcances: había llegado la noticia de la entrada de los franceses en Andalucía, y la disolución de la Junta Central; este era el caso que se había ofrecido a cooperar a nuestras miras el comandante Saavedra. Muchas y vivas fueron entonces nuestras diligencias para reunir los ánimos y proceder a quitar las autoridades, que no sólo habían caducado en los sucesos de Bayona, sino que ahora caducaba, puesto que aún nuestro reconocimiento a la Junta Central cesaba con su disolución, reconocimiento el más inicuo y que había empezado con la venida del malvado Goyeneche, enviado por la indecente y ridícula Junta de Sevilla. No es mucho, pues, no hubiese un español que no creyese ser Señor de América, y los Americanos los miraban entonces con poco menos estupor que los indios en los principios de sus horrorosas carnicerías, tituladas conquistas.”
Manuel Belgrano. “Autobiografía”. Página 28

miércoles, 24 de marzo de 2010

El Bicentenario argentino

La celebración del Bicentenario Argentino, tomando éste como nacimiento de la nacionalidad, debería considerar como fecha de partida la invasión de Buenos Aires, en el Río de la Plata por Gran Bretaña, en 1806/1807, ya que éstas, al decir de Esteban Echeverría pusieron «forzosamente las armas en manos de los «criollos», les revelaron su fuerza y les infundieron el orgullo de vencedores» tomando conciencia de su realidad política. En buena medida la denominada Revolución de Mayo fue la culminación de aquel suceso, iniciando el trayecto hacia la independencia.
La historia argentina como nación, reciente y lejana, a la vez, está pavimentada de profundos desaciertos producto de divergencias internas, políticas, sociales, económicas y culturales. Joaquín V. González señaló con referencia al primer centenario «la pasión de partido, las querellas domésticas, los odios de fracción, la ambición de gobierno o de predominio personal constituyen una de las fuerzas permanentes…» Los frutos cosechados han sido y son la destrucción de las instituciones civiles, el exilio y la muerte de los ciudadanos opositores en cada circunstancia.
Tomando partido alternativamente como porteños o provincianos, unitarios o federales, librecambistas o proteccionistas, nacionalistas o extranjerizantes, siempre se asumen posiciones tajantes donde no hay resquicio para la ecuanimidad, para el balance de opiniones. La pasión es llevada hasta los últimos extremos y la ceguera es total.
En la dicotomia porteños-provincianos resulta interesante destacar que la mayoría de los presidentes han sido provincianos y el Congreso Nacional, obviamente, tiene mayoría de senadores y diputados de ese origen, sin embargo, llegados a ejercer sus mandatos eludieron profundizar medidas favorables a sus provincias y los que ejercieron el poder ejecutivo nacional fueron proclives a sostener políticas contrarias a mejorar y acentuar el carácter federal de sus decisiones políticas, se mimetizaron como porteños olvidando sus origenes provincianos.
Luego de la declaración de la independencia, es posible sostener haber librado escasas guerras con los países limítrofes, esta circunstancia le otorga patente de país pacifista. Los argentinos decimos muy ufanos que nuestras diferencias con los vecinos las hemos resuelto por la conciliación y el arbritraje. Es verdad, pero por incapacidad diplomatica, ésta no ha brindado grandes éxitos para evitar el desmembramiento del territorio colonizado por los españoles.
Ese mentado pacifismo, uno de los tantos mitos argentinos, desaparece cuando se observa lo ocurrido en el desenvolvimiento de las instituciones civiles. La política interior argentina es una muestra horrenda de sangre y luto desde el origen de la nacionalidad. Para el vencido nunca hubo misericordia. El exilio sin posibilidades de retorno, o la muerte. Se puede dudar que existan países que hayan repatriado tantos restos de hombres ilustres. Los argentinos somos violentos. Carecemos de virtudes para resolver los problemas sociales con civilidad, con urbanidad, con mesura. Los hechos históricos lo demuestran.
Por Juan Carlos Nicolau. En: El Tábano. La Unión Ferroviaria. Nros. 68/69. Junio/julio 2009.

domingo, 21 de marzo de 2010

Manuel Belgrano, 1793

Como en la época de 1789, me hallaba en España y la revolución de la Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aún las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente. Al concluir mi carrera por los años de 1793, las ideas de economía política cundían en España con furor, y creo que a esto debí que me colocaran en la secretaría del Consulado ... tanto me aluciné y me llené de visiones favorables a la América, cuando fui encargado por la secretaría, de que en mis Memorias describiese las provincias, a fin de que sabiendo su estado pudiesen tomar providencias acertadas para su felicidad: acaso en esto habría la mejor intención de parte de un ministro ilustrado como Gardoqui, que había residido en los Estados Unidos de la América del Norte...
Belgrano, Manuel. Autobiografía. Documentos Página 12

miércoles, 17 de marzo de 2010

Movimientos concéntricos y excéntricos

Lo más notable en los movimientos concéntricos y excéntricos de la revolución hispanoamericana, es la regularidad de su marcha convergente y la simetría de sus líneas generadoras. Podría ser una mera coincidencia, que en 1809 se hiciesen sentir por la primera vez dos estremecimientos orgánicos y simultáneos en las extremidades del continente –La Paz y Quito- que parecerían indicar desde su origen una solidaridad de la masa viva. Podría ser otra coincidencia que en 1810 naciesen dos revoluciones gemelas en dos hemisferios –Buenos Aires y Caracas- con idénticas formas, iguales propósitos, análogos objetivos y hasta con la misma doctrina política, como hijas de una madre común. Pero cuando se observa que estos movimientos homólogos son espontáneos, que reconocen una misma causa, que tienden desde un principio a formar sistema y siguen por el espacio de 15 años una dirección general en sus proyectos iniciales, no es posible desconocer la existencia de una ley que la gobierna, y que la revolución sudamericana, fue verdaderamente una revolución orgánica que tuvo su razón de ser. Y lo más notable aún en esta evolución uniforme, es que, al insurreccionarse aislada y simultáneamente todas las colonias hispanoamericanas como movidas por un mismo resorte interno, se diseñan desde luego dos evoluciones concéntricas, que tiene sus núcleos regionales y un centro común que responden a un plan general de insurrección determinando los dos teatros de la guerra continental, en que se mueven táctica y estratégicamente dos grandes masas que parcialmente se condensan y que recíprocamente se atraen.

Mitre, Bartolomé. “Historia de San Martín”. Obras Completas. Tomo I; Prólogo. Páginas 13 y 15. Incluido en: Clementi, Hebe. “Conflictos de la historia argentina”. Buenos Aires; Editorial Leviatan. Página 54

martes, 9 de marzo de 2010

Moreno, el fracasado (o sobre un intelectual funcional)

En el ensayo Mariano Moreno. Utopía y Revolución (Claves de Historia Argentina, Carlos Astrada, comp.; Merlín, Buenos Aires, 1968), Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña se plantearon valorar la acción moreniana sin dejar de criticar su estrategia. Lo identifican como un precursor del fracaso del sujeto revolucionario por no ser el medio fundamental de realización de las masas populares, como si lo fueron Rosas y Perón. Los autores, no pudieron evitar analizarlo a Moreno en el ensayo, que aparece por primera vez en La Unión Americana, Nº 3, julio agosto 1965; págs.41-45, a la luz de las acciones que en la década de 1960 intentaron otra revolución, que como la de Mayo, tampoco fue.
Piensan a Moreno como un intelectual nacionalista, probablemente acertado en su idea central pero errado en su estrategia, que culmina su experiencia política en el más espectacular fracaso. Habría sido un revolucionario que se quedó sin revolución. Pienso que quizás, no pudo evitar lo que manifestara en Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse, y Constitución del Estado (1810): "No tienen los pueblos mayor enemigo de su libertad, que las preocupaciones adquiridas en la esclavitud."
Admito no estar seguro si el juicio que los autores emiten, es un sentido homenaje o sencillamente, una lápida, porque en el mismo ensayo manifiestan que:"De utopías está sembrado el camino de la contrarrevolución".
Juan Carlos Ramirez

martes, 2 de marzo de 2010

Semana de Mayo en los manuales de educación primaria

Viernes 18: El virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros publica un bando en el que pide al pueblo que se mantenga fiel a España, invadida por los franceses.
Sábado 19: Los criollos piden a las autoridades que se les permita realizar un Cabildo Abierto para tratar la situación.
Domingo 20: El virrey recibe a funcionarios del Cabildo, jefes militares y criollos, con quienes trata la convocatoria del Cabildo Abierto.
Lunes 21: El Cabildo invita a los principales vecinos a reunirse el día 22 en Cabildo Abierto.
Martes 22: El Cabildo abierto, después de largas discusiones, resuelve que el virrey cese en el mando.
Miércoles 23: El Cabildo forma una Junta de Gobierno con Cisneros como presidente.
Jueves 24: Día de indignación del pueblo al enterarse de que el Cabildo había decidido que Cisneros continuara en el mando. Renuncia de todos los miembros de la Junta.
Viernes 25: Los criollos, reunidos en la Plaza Mayor y en busca de noticias, gritan: "el pueblo quiere saber de que se trata". Este día los cabildantes reconocen la autoridad de la Junta Revolucionaria y así se forma el Primer Gobierno Patrio.

sábado, 27 de febrero de 2010

La Revolución Argentina.

Tales fueron, en general, las causas eficientes de la Revolución Argentina: el desarrollo armónico de las fuerzas morales y de las fuerzas materiales, de los hechos y de las ideas, del individuo y de la sociedad. La acción simultánea de este doble movimiento combinado, que obra a la vez sobre la parte y sobre el todo, es lo que explica la relación de los sucesos entre si, el vínculo que los une, la causa originaria que los produce y el resultado que es su consecuencia lógica. Así hemos visto progresar las ideas económicas, al mismo tiempo que el pueblo se enriquecía por el trabajo; fortalecerse el poder militar de la sociedad, al mismo tiempo en que se desenvolvía el espíritu público en los nativos; generalizarse las ideas de buen gobierno a medida que se conquistaban mayores franquicias políticas y municipales; surgir teorías revolucionarias de gran trascendencia del hecho de la desaparición del monarca; afirmarse el imperio de la opinión a medida que el pueblo se ilustraba por la irradiación luminosa de las ideas y sobreponerse definitivamente los americanos a los europeos, el día en que, con la conciencia de su poder adquirieron la plena conciencia de su derecho.
Esto explica cómo, al empezar el año de 1810, la Revolución Argentina estaba consumada en la esencia de las cosas, en la conciencia de los hombres, y en las tendencias irresistibles de la opinión, que hacían converger las fuerzas sociales hacia un objetivo determinado. Este objetivo era el establecimiento de un gobierno propio, emanación de la voluntad general y representante legítimo de los intereses de todos. Para conseguir era indispensable pasar por una revolución, y esa revolución todos la comprendían, todos la sentían venir. Como todas las grandes revoluciones, que, a pesar de ser hijas de un propósito deliberado, no reconocen autores, la Revolución Argentina, lejos de ser resultado de una inspiración personal, de la influencia de un círculo, o de un momento de sorpresa, fué el producto espontáneo de gérmenes fecundos por largo tiempo elaborados, y la consecuencia inevitable de la fuerza de las cosas. Una minoría activa, inteligente y previsora, dirigía con mano invisible esta marcha decidida de un pueblo hacia destinos desconocidos y que tenía más bien el instinto que la conciencia: ella fué la que primero tuvo la inteligencia clara del cambio que se preparaba, la que contribuyó a imprimirle una dirección fija y a darle forma regulares, el día en que la revolución se manifestó con formas características y fórmulas definidas.
Mitre, Bartolomé. Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Buenos Aires; Editorial Suelo Argentino; 1945. Cap. IX. La Revolución. Pág. 114.

sábado, 20 de febrero de 2010

Rivadavia

Tras la salida de M. Moreno del gobierno asume"la Junta Grande", la que carece de un plan nacional y de una finalidad concreta. Comienza una crisis monetaria y el gobierno en 1811 autoriza la exportación de oro y plata, elevándose el precio de los artículos de consumo. Durante el primer triunvirato y por instancia del Secretario Bernardino Rivadavia, se permitirá el ingreso de carbón europeo, se rebajaran los impuestos aduaneros para manufacturas extranjeras. La medida favorece a los artículos ingleses y comienza la ruina local al romperse el equilibrio de fuerzas.
Destruida la política de Moreno, la pro inglesa (rivadaviana) se negó a repartir las rentas aduaneras con el resto de las provincias. La oligarquía porteña repartía con sus socios ingleses la riqueza y como respuesta, nace la resistencia comandadas por caudillos del resto de las provincias. Nace el federalismo.

Juan Carlos Ramirez

martes, 9 de febrero de 2010

Segunda Invasión Inglesa

En enero de 1807 llegaban a Londres las noticias de la rendición de Beresford, y casi al mismo tiempo arribaban fuerzas a las costas de Maldonado. Las nuevas tropas fueron puestas bajo el mando del general John Whítelocke, quien recibió un detalle de la fuerza que tendría a su cargo: 12.500 hombres en total. El 16 de enero Whitelocke desembarcó en Montevideo y sitió la ciudad, a la que tomó por asalto. El desembarco en Ensenada fue difícil para los ingleses. Con más de 9.000 hombres, otra vez la lluvia perjudicó el movimiento de las tropas. Los ingleses habían elegido de nuevo el mes de junio para la ocupación, esta vez el día 28. Los invasores tenían que recorrer 65 kilómetros desde el lugar del desembarco basta el Retiro, atravesar el Riachuelo por el puente de Gálvez. El 1 de julio las tropas inglesas llegan a Quilmes. Luego del combate de Miserere, Álzaga había dispuesto fortificar el centro para hostigar a los invasores. Las tropas inglesas, dispersas, comenzaron a retroceder, y en algunos casos, a capitular. Puestos a debatir los pasos a seguir, los jefes británicos admitieron que no quedaba otro camino que la rendición. La orden de Whitelocke fue que Gower gestionara el entendimiento con los jefes enemigos y la rendición de su ejército. "Por la tarde el fuego había cesado y al día siguiente, 7 de julio de 1807, se firmó un acuerdo nacional." El día 11, Liniers ofrecía un banquete a los jefes derrotados

Luna, Felix. Extractado del libro "Historia integral de la Argentina".

sábado, 30 de enero de 2010

Proclama del 18 de mayo

"(...). Acabo de participaros las noticias últimas conducidas por una fragata mercante inglesa, que habiendo salido de Gibraltar, arribó á Montevideo el 13 del corriente. Ellas son demasiado sensibles, y desagradables al filial amor que profesais a la Madre Patria, por quien habeis hecho tan generosos sacrificios. Pero que ventajas produciría su ocultación, si al cabo ha de ser preciso que apureis toda la amargura que debe produciros su inescusable conocimiento? Por otra parte es de mi obligación manifestaros el peligroso estado de la Metrópoli de toda la Monarquía, para que intruídos de los sucesos redobleis los estímulos más vivos de vuestra lealtad y de vuestra constancia contra los reveses de una fortuna adversa, empeñada por decirlo así, en probar sus quilates...
...Encargado por la Autoridad Suprema de conservar intactos y tranquilos estos dominios, he dedicado á tan justo, y tan interesante objeto todos mis desvelos y fatigas. Nada he omitido de cuanto he creído conducente, al desempeño de tan elevada confianza: vosotros sois testigos de que no me dispenso una alabanza á que no tenga justos y conocidos derechos; pero ni estos, ni la general benevolencia que os debo, y á que siempre viviré agradecido, me dispensan del deber que me he impuesto de que en el desgraciado caso de una pérdida total de la Península, y falta del Supremo Gobierno, no tomará esta Superioridad determinación alguna que no sea previamente acordada en unión de todas las representado nes de esta Capital a que posteriormente se reúnan las de sus Provincias dependientes, entre tanto que de acuerdo con los demás Virreynatos se establece una representación de la Soberanía del Sr, Don Fernando VII. Y yo os añado con toda la ingenuidad que profeso; que lejos de apetecer el mando veréis entonces como toda mi ambición se ciñe a la gloria de pelear entre vosotros por los sagrados derechos de nuestro adorado Monarca, por la libertad, é independencia de toda dominación extrangera de estos sus dominios, y por vuestra propia defensa, si alguno la perturba.
Después de una manifestación tan ingenua nada mas me resta que deciros, sino lo que considero indispensable á la conservación de vuestra felicidad, y de toda la Monarquía. Vivid unidos, respetad el órden, y huid, como de aspides los mas venenosos, de aquellos genios inquietos y malignos que os procuran inspirar zelos, y desconfianza reciprocas, y contra los que os gobiernan: aprended de los terribles ejemplos que nos presenta la historia de estos últimos tiempos, y aun de los que han conducido a nuestra Metrópoli al borde de su precipicio; la malicia ha refinado sus artificios de un modo tal, que apenas hay cautelas suficientes para libertarse de los lazos que tiende á los Pueblos incautos y sencillos. Todo os lo dejo dicho: aprovechaos si queréis ser felices de los consejos de vuestro Xefe, quien os lo franquea con el amor mas tierno y paternal. Buenos Aires 18 de Mayo de 1810.
Corbellini, Enrique. La Revolución de Mayo, T. II, p. 20.

miércoles, 20 de enero de 2010

La Reconquista

A mediados de julio comienzan a sucederse situaciones que dan muestra de que un complot se está gestando: centinelas que son atacados; rumores de que los sermones de los sacerdotes instan al pueblo a tomar las armas, etcétera. Hasta se conoce la existencia de un polvorín en el regimiento de Flores que no ha sido entregado a los ingleses y esta señal de alarma coincide con la información de que, en reuniones nocturnas, algunos civiles se ejercitan en el manejo de las armas. "En una ciudad tan extendida - dice Gillespie- era imposible observar o impedir las maniobras de la gente." El 2 de agosto, consigue deshacer al grupo de Juan Martín de Pueyrredón, que organiza una escaramuza en la Chacra de Pedriel.
Liniers había concentrado todas sus fuerzas y, después de organizarlas en Colonia, esperaba para eludir las cañoneras inglesas y así poder desembarcar. Logra hacerlo en el Tigre el 6 de agosto, y avanza bajo una fortísima lluvia a los Corrales de Miserere. El día 9 se les une Juan Martín de Pueyrredón; el otro jefe era Martín de Álzaga: los planes de estos tres hombres hicieron caer las ambiciones inglesas. Las dificultades para disponer de cabalgadura, alimentos y recursos, más la acción bélica sobre los soldados británicos abrieron las puertas a la deserción, hecho que debilitó la moral de sus fuerzas a punto tal que Beresford tuvo que imponer por bando la pena de muerte para los desertores.
Al llegar a los Corrales, íntima a Beresford a la rendición. El jefe inglés intenta hacerse fuerte en la plaza Mayor, Liniers avanza hacia el centro y a la noche acampa en Retiro, donde los pobladores entusiastas se suman a sus fuerzas. Un breve combate le permite recuperar el arsenal el 11 de agosto. Mientras se acerca a la plaza, el desenlace parece previsible: se impone el peso del número sobre la disciplina militar. El fuego intenso que parte de los techos de las casas siembra de cadáveres las calles, Beresford comprende que todo está perdido y ordena replegarse al fuerte e izar la bandera de parlamento. Según la tradición, Liniers entró al Cabildo para encontrarse con Beresford, que quiso entregarle su espada, gesto que el jefe de la Reconquista no admitió; la rendición, sin embargo, quedaba sellada. En las primeras horas de la tarde del 12 de agosto de 1806, el Regimiento 71 desfila entre soldados criollos y españoles.
Apenas cuarenta y ocho horas después de la capitulación británica, asoman las inevitables consecuencias. La cabeza de Sobremonte cae sin necesidad de forzar su destitución como virrey, y la presión popular para lograr su desplazamiento se encauza en el Cabildo, que lo reemplaza por Liniers, el hombre que había organizado la Reconquista y culminado con éxito la ofensiva final. Un teniente coronel británico señaló años después, en el juicio del general John Whitelocke, que en Buenos Aires "todos eran enemigos, todos armados, desde el hijo de la vieja España hasta el negro esclavo".

Luna, Felix."Historia integral de la Argentina"

martes, 5 de enero de 2010

Archivo General de la Nación (Argentina)

Para los que deseaban acercarse al Archivo General de la Nación durante este mes, va la aclaración que permanece cerrado hasta el 1º de febrero.
Los buenos propósitos de facilitar la investigación de aquellos que pueden acercarse al archivo durante el receso de verano, que lograron las autoridades anteriores, quedaron en algún cajón olvidados.

Mónica Muñoz. Presidenta de la Asociación Amigos del Archivo General de la Nación (Argentina)

http://www.amigosdelagn.org.ar/

sábado, 2 de enero de 2010

Las invasiones inglesas. Visiones.

El 8 de junio la expedición está frente a Montevideo y en la mañana del 25 las naves inglesas aparecen frente a Buenos Aires. El desembarco tarda unas horas y finalmente se concreta en la playa de Quilmes. En menos de cuarenta y ocho horas, las fuerzas inglesas ocuparon el fuerte. Al decir del historiador Busaniche "la ciudad prestó oficial acatamiento al monarca inglés", ya que Beresford, en su primera proclama, exigió al pueblo el juramento de fidelidad al rey Jorge III.
Apenas superadas las defensas, Sobremonte huyó hacia Córdoba pensando que allí podría organizar la resistencia y de paso salvar los caudales. Tardó tres días en llegar a la villa de Luján, y cuando los ingleses lo supieron no perdieron tiempo en resolver su persecución. Un capitán con treinta hombres salió el 3 de julio y volvió el 10, trayendo plata acuñada y en barras.
La reducción de impuestos tendería a ampliar el círculo de comerciantes que no desaprobaban la presencia inglesa. La implantación del libre comercio, como afirma Tulio Halperin Donghi, "era en verdad el núcleo de un nuevo pacto colonial". Pero estas medidas herían en el corazón de sus intereses a otros comerciantes y hacendados, ligados al sistema monopolista español. Los derechos de importación, que basta el momento eran del 34 % del valor de la mercadería, fueron reducidos a un 12,5 % para los productos ingleses y a un 17,5 % para los demás.
La fácil penetración desde Quilmes hasta el fuerte operó como un factor negativo para los ingleses, pues subestimaron la capacidad de respuesta y sobrevaloraron las fuerzas que eventualmente les permitirían prolongar la ocupación y asegurarla más tarde con la llegada de otros refuerzos. Una ciudad que no superaba los 40.000 habitantes, apenas preocupada por sostener materialmente su defensa y sin amenazas ciertas durante años, presentaba engañadoras apariencias de indefensión. Un capitán del ejército británico, Alexander Gillespie, que en 1818 escribió el relato de su experiencia americana, recordaría que cuando las tropas llegaron al centro de la ciudad, "... en los balcones de las casas estaba alineado el bello sexo, que daba la bienvenida con sonrisas y no parecía para nada disgustado con el cambio". Según el mismo testimonio, algunos criollos lo visitaban en su casa "para hacer el ofrecimiento voluntario de su obediencia al gobierno británico". Y añade que "los más de nuestros oficiales se alojaban en casas de familias particulares, que les otorgaban las más bondadosas atenciones que asentaron el cimiento de amistades recíprocas". En septiembre, apenas tres meses después del desembarco, en Inglaterra se tiene noticia y prueba palpable del éxito obtenido en el Río de la Plata cuando grandes carros que arrastran toneladas de pesos de plata son paseados por la ciudad de Londres y depositados en el Banco de Inglaterra.

Luna, Felix. "Historia integral de la Argentina".

lunes, 28 de diciembre de 2009

Trafalgar y las Invasiones Inglesas


Debido a que el soberano español Carlos II no tuvo descendencia, dispuso por testamentaria que el sucesor al trono debería ser miembro de la familia francesa de los Borbones. La disposición provocó que en Inglaterra sintieran que el equilibrio de poder se alteraba. Un pacto entre Francia y España significaba el renacer de la idea de una monarquía universal, por consiguinete hubo guerra. Se enfrentaron España y Francia aliadas, contra Gran Bretaña, Austria y Holanda. El Tratado de Paz de Utrecht en 1713, cerró el conflicto y abrió las puertas a la hegemonía británica. Inglaterra obtuvo ventajas que le permitieron fortalecerse en el mar, detener la expansión francesa y minar el imperio español de ultramar. Su privilegios más importantes fue la autorización para vender 4.800 esclavos por año a la América española durante un período de treinta años, más el envío regular de un barco cargado con mercancías.
A fines del siglo XVIII se rompió la alianza entre España y Francia, gestándose dos planes: el de Nicholas Vansittart y el del general Tomas Naitland. Tenían en común la idea de una invasión que tomara Buenos Aires, avanzara hacia Chile y se desplazara posteriormente hacia el Perú. La invasión no se concretó pero a mediados de 1804 el primer lord del Almirantazgo, Henry Melville, el primer ministro, William Pitt y el comodoro Home Riggs, retomaron el proyecto.
Al comenzar enero de 1806 los británicos recuperaron Ciudad del Cabo, ocupada por los holandeses aliados de Napoleón. Mientras permanecian Popham se enteró que Nelson había destruído a la flota franco-española en la batalla de Trafalgar, y le manifiestó al comandante, su intención de tomar el Río de la Plata. El Comandante Baird aceptó y le facilitó el 71º Regimiento de Infantería, la artillería necesaria y 1.000 hombres. Baird no confió totalmente en el éxito, por lo cual decidió el ascenso a general del coronel William Carr Beresford. La expedición zarpó de El Cabo el 14 de abril de 1806, con 1.500 hombres, incluídos los 36 oficiales.

domingo, 18 de octubre de 2009

Allá donde la Revolución estalló en junio III

Luciendo flamantes jinetas de coronel, Juan Bautista Morón arribó a Mendoza el 10 de julio de 1810 con la misión de reclutar soldados para repeler la asonada realista que, a las órdenes de Santiago de Liniers, el obispo Orellana y el gobernador Gutiérrez de la Concha, se había atrincherado en la provincia de Córdoba. Por las dudas, Morón detuvo a los funcionarios leales a la Colonia que acababan de ser destituidos por el cabildo mendocino; los cargó con pesados grillos y los envió a Buenos Aires en calidad de detenidos. (Uno de ellos, Ansay, vagó durante 12 años por los presidios y los campos de concentración de prisioneros que existían o fueron creados por entonces. A pesar de ello, el tozudo aragonés se consideraba un hombre de suerte, dado que por poco no estuvo en Cabeza de Tigre enfrentando el pelotón de fusilamiento que acabó con la vida de Liniers y los demás complotados).
El día 26 la Junta de Gobierno bonaerense nombró al coronel José Moldes en calidad de Teniente Gobernador de Mendoza, designación que daba por tierra con las cándidas expectativas locales de elegir un gobierno propio. Moldes traía instrucciones terminantes en cuanto a cómo conducir la ciudad de acuerdo a los designios de la autoridad central que, no obstante el “discurso” previo, desestimaba la participación de los lugareños en el manejo de los asuntos públicos. Los mendocinos comprometidos con el cambio en ciernes empezaban a comprender que el proyecto político porteño no suponía el respeto a las autonomías provinciales ni tampoco consentiría la conformación de un órgano colegiado como instancia superior de gobierno.
La Junta Grande recién pudo comenzar a deliberar en Buenos Aires en diciembre de 1810. Desde el principio, el cuerpo colectivo fue el campo de batalla en el cual las facciones en pugna -saavedristas y morenistas- dirimieron sus diferencias. A propósito de la forma de gobierno, los primeros sostenían la necesidad de que este organismo asumiera un rol ejecutivo; los segundos, en cambio, afirmaban que, frente a la situación de guerra que se abatía sobre el país, era necesario contar con un gobierno fuertemente centralizado que fuera lo menos deliberativo posible. Además, decían que los diputados del interior en su mayoría representaban a sectores conservadores comprometidos con el régimen anterior y que, en esta nueva instancia, se debía aceptar el tutelaje de espíritus progresistas y decididos, que venían a ser ellos, la elite porteña.
Al cabo de algunos meses de funcionamiento caótico, un pusch preparado en la capital obligó a disolver la junta ampliada, mientras que los diputados del interior fueron conminados a abandonar la ciudad-puerto y a volver a sus respectivas provincias. A continuación, asumió el gobierno un triunvirato cuya misión principal se orientó a acentuar el proceso de centralización y militarización del poder político iniciado en mayo de 1810.
La esperanzada “Revolución de Junio”, que estalló simultáneamente en diversos lugares de la incipiente república se había malogrado a poco de comenzar y se apagó junto con el mes que la vio nacer. Desde entonces, los argentinos, tanto de Buenos Aires como del Interior, conmemoramos la “Revolución de Mayo”, que es la que triunfó.

“Para Buenos Aires, mayo significa independencia de España y predominio sobre las provincias. Con razón quiere tanto ese día”.Juan Bautista Alberdi

Por Gustavo Ernesto Demarchi(23-05-2007)

miércoles, 7 de octubre de 2009

Allá, donde la Revolución de Mayo estalló en junio II

Para los mendocinos, la decisión de adherir al flamante gobierno porteño se complicó cuando, desde Córdoba, el gobernador intendente Juan Gutiérrez de la Concha no sólo recomendó desacatar el mandato invocado por la Junta sino que además ordenó al Delegado local que reuniera los efectivos militares con asiento en Mendoza y que los enviara urgente a la ciudad mediterránea. La idea era incorporarlos a la fuerza de represión que preparaban los contrarrevolucionarios para atacar la ciudad-puerto en estado de rebeldía y reponer a la autoridad “legítima”, es decir, al virrey.
Faustino Ansay, Subdelegado de Real Hacienda, Comandante de Armas, de Fronteras y del 1° Regimiento de Caballería de Mendoza, se manifestó de acuerdo con acatar la imperativa instrucción proveniente del gobernador cordobés y, también, con repudiar al movimiento subversivo triunfante en Buenos Aires. Idéntica opinión expresaron el Tesorero provincial, Domingo de Torres y Harriet; el Contador de la Real Hacienda, Joaquín Gómez de Liaño, y los demás funcionarios coloniales del distrito. Para ellos, acostumbrados a terciar en las frecuentes querellas que se entablaban entre cabildantes y vecinos de la zona, resultó una sorpresa mayúscula el toparse con la unánime posición tomada por los 46 ciudadanos más prominentes de Mendoza, quienes, en el Cabildo Extraordinario convocado al efecto para el 23 de junio, exigieron la adhesión al alzamiento cívico consumado en el Río de la Plata y nombraron un diputado para que viajara a la capital del virreinato en calidad de representante regional.
Luego de algunas marchas y contramarchas causadas por las maniobras del núcleo realista que pretendía ganar tiempo para facilitar la contrarrevolución cuya cabeza visible se aglutinaba en Córdoba, el partido patriótico consiguió apoderarse del control militar de la ciudad y destituir, el día 28 de junio, al comandante Ansay que había intentado consumar un golpe militar para revertir la situación. A renglón seguido, Isidro Sánchez de la Maza se hizo cargo de la Comandancia de Armas.
Si bien es indudable que la llegada de Corvalán, primer enviado de la Junta, apuró la iniciación de la “Revolución de Junio”, es dable reconocer que también ejerció notable influencia en el desarrollo de los acontecimientos la problemática interna que atravesaba por entonces la comunidad local; este clima doméstico sirvió de caldo de cultivo propicio para que la chispa rebelde proveniente de Buenos Aires detonara de inmediato. Efectivamente, las “fuerzas vivas” mendocinas -comerciantes, hacendados, profesionales, incluso clérigos- desde tiempo atrás cuestionaban la dependencia, tanto burocrática como política, que las ciudades cuyanas debían mantener con Córdoba, fruto de la reforma borbónica implantada a mediados del siglo XVIII. Que la distante cabecera de la Gobernación-Intendencia ejerciera jurisdicción sobre toda la región de Cuyo, era motivo de frecuentes conflictos y quejas de parte de los mendocinos que aspiraban a obtener la autonomía.
En este contexto, la noticia de la Revolución junto a la promesa anunciada por parte de la Junta Provisional de incorporar delegados provinciales para constituir un gobierno amplio y representativo a nivel nacional, fue apoyada con genuino entusiasmo por los sectores influyentes y por el pueblo llano de Mendoza. Similar actitud, impulsada por motivaciones autonómicas y libertarias de intensidad diversa, pudo observarse en San Juan, San Luis, Santiago del Estero, Catamarca, Salta, Tucumán y, también, en poblaciones del Litoral y la Mesopotamia. Los máximos referentes de dichas provincias, salvo pocas excepciones, se persuadieron de que el movimiento revolucionario abriría la posibilidad de contar con autoridades regionales autónomas que fueran representativas de cada realidad puntual y de su idiosincrasia singular. Es así que, entre mediados de junio y principios de julio de 1810 el interior apoyó el pronunciamiento de los hombres de Mayo con la genuina expectativa de asegurarle a cada distrito una razonable libertad de acción y administración.

Por Gustavo Ernesto Demarchi. En: Crítica Digital,23-05-2007.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El Moreno peronista

Los centros conspirativos que estaban activos antes de Mayo de 1810, eran la Sociedad Patriótica, el Club de Marco, y Logia Independencia. Esta última, guiada por Julián Álvarez, fue la que entramó la llegada de San Martín, Alvear, Zapiola y Chilavert, quines a bordo de la fragata Canning se trasladaron de Londres a Buenos Aires, en 1812. La transformación rioplatense encarada por Mariano Moreno en sus diez meses más profundos, contó con la colaboración de aquellos conjurados.Historiadores nacionalistas peronista, ven en Moreno el hombre que comenzó la síntesis de lo nacional latinoamericano con el Iluminismo y la Enciclopedia. Interpretan a un Moreno proteccionista así como ven a un San martín industrializador estatizador pues estableció una única aduana y expropió a las familias ricas, animales y bienes para el Ejército libertador. El mismo plan económico del "Plan de Operaciones" de Moreno y la estatización cuyana de San Martín, sostienen, se concretó en el Paraguay de los López, motivo por el cual el Imperio británico lo hace destruir utilizando los ejércitos esclavista del Brasil y de la Argentina de Mitre. Verán también el rostro de Moreno en el yrigoyenismo y el socialismo. El diputado Albrieu, del primer peronismo, sostuvo que la línea histórica nacional se expresaba en la trilogía: Moreno - San Martín – Perón; una forma de diferenciarse del nacionalismo católico reaccionario.Sobre lo que hay mayores coincidencias en la historiografía moreniana, es en que Moreno representaba a los sectores radicales contra la reacción absolutista, planteaba en la práctica, la idea de la Nación en armas, tal lo expresado en el Plan de Operaciones. Se enfrentaba a los intereses de los comerciantes monopolistas encabezados por Alzaga, que veían tanto en el intercambio libre con los ingleses como en el triunfo del partido morenista, la extinción de sus privilegios políticos y comerciales. Otro frente lo constituían los comerciantes importadores y los productores de cuero; y no podemos soslayar a Rivadavia, un fundador del unitarismo y adelantado mitrista.
Moreno fue derrotado políticamente y debió embarcarse 24 de enero de 1811. Con su alejamiento del poder se cerraba la revolución nacionalista de la Revolución de Mayo. Murió el 4 de marzo, cerca de la isla de Santa Catalina, en circunstancias envenenadamente sospechosas. Contaba con sólo 32 años de edad.
Por: Juan Carlos Ramirez

viernes, 25 de septiembre de 2009

Allá, donde la Revolución de Mayo estalló en junio

El derrocamiento del virrey Cisneros provocado por sectores patriotas de la sociedad porteña, ingresó a la historia como un acontecimiento trascendente que involucró a toda la nación. No obstante esta percepción colectiva que la historiografía ha consagrado, no quedan dudas de que se trató de un movimiento protagonizado, durante aquel 25 de mayo de 1810, por los habitantes más destacados de la ciudad de Buenos Aires. En las décadas siguientes, la conmemoración del magno suceso, tanto en la capital de la República como en las ciudades y los pueblos del interior, se fijó en dicho día y mes. Paradójicamente, dada la vastedad territorial y los precarios medios de comunicación y transporte disponibles a principios del siglo XIX, en el resto del ancho y largo país de los argentinos la denominada “Revolución de Mayo” en forma explícita tuvo lugar en junio, lo que constituye un curioso galimatías no sólo cronológico. En 1810 Mendoza era una próspera ciudad comercial de 18.000 habitantes que junto a las localidades de San Juan y de San Luis conformaba la Intendencia de Cuyo, región que fuera puesta bajo la dependencia del gobernador de Córdoba a poco de crearse, en 1776, el Virreinato del Río de la Plata. Con anterioridad, Mendoza había formado parte del Reino de Chile, con cuyo pueblo mantenía fluidas relaciones, tanto económicas como culturales y sociales. Por su parte, la nueva estructura jurisdiccional contribuyó a incentivar los negocios y el tráfico entre los mendocinos y el ya floreciente puerto de Buenos Aires. Por entonces, una tropa de carretas tiradas por bueyes o una recua de mulas cargada de mercaderías y correspondencia demoraba más de dos meses en atravesar la distancia que separa ambas ciudades, a razón de 2-3 leguas de marcha diaria, aunque “reventando caballos” el periplo podía reducirse a 12 o 15 días. Por ello, no debería sorprender que el 25 de mayo de 1810 en Mendoza, así como en otros tantos lugares del interior proto-argentino, no haya pasado nada digno de mención. Tampoco hubo hechos destacables el 26 ni el 31 de mayo. Recién durante la segunda semana de junio de aquel frío otoño cordillerano, habían llegado rumores dispersos relacionados con la caída del régimen monárquico en la metrópolis española y con la existencia de cierto alboroto cívico en Buenos Aires, la capital virreinal. En tierras andinas, mientras tanto, había que esperar al 13 de junio para que el proceso de transformaciones iniciara su marcha. En la noche de aquel día 13 arribó a Mendoza un jinete uniformado que traía la noticia oficial de la destitución del virrey y de la formación del primer gobierno criollo en el Río de la Plata. Manuel Corvalán, comandante de fronteras, era el portador de la novedad que fue comunicada de inmediato a las autoridades del lugar. Como es de suponer, la información que había llegado a la hasta entonces apacible villa era fragmentaria e, incluso, contradictoria, dado que el bando emitido por la Junta Provisional, por un lado se hacía cargo de la acefalía del gobierno español producida en la península ibérica y, por el otro, hacía votos de incondicional fidelidad y obediencia al rey Fernando VII, a la sazón cautivo de las tropas napoleónicas, contradicción que -dicho sea de paso- formó parte de la retórica patriótica durante buena parte de la gesta emancipadora. Por Gustavo Ernesto Demarchi (Diario Crítica de la Argentina,23-05-2007)

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Provisionalidad de los gobiernos centrales.

En el transcurso de los 10 años que median entre la Revolución de Mayo (1810) y la caída del poder central (1820) se reunieron dos asambleas con carácter constituyente (1813, 1816-1819). Sólo una de estas asambleas produjo un texto constitucional: el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sud-América en 1819 que fue rechazado por las provincias debido a su carácter centralista. Los gobiernos revolucionarios que se sucedieron en esos años se constituyeron así en soluciones provisorias destinadas a durar hasta que se reuniera la asamblea constituyente que definiría y organizaría el nuevo Estado. De modo que la organización política del conjunto de los "pueblos" rioplatenses permaneció indefinida. Esta provisionalidad conllevaba una indefinición respecto a rasgos sustanciales; a saber: el de los fundamentos nacionales de los gobiernos centrales, los límites territoriales de su autoridad o sus atribuciones soberanas.
Pero hubo un instrumento preconstitucional que fijó provisoriamente las bases para la organización del nuevo Estado, el Reglamento Provisorio para la Administración y Dirección del Estado del 3 de diciembre de 1817 y que tuvo considerable trascendencia en todo el territorio. Muchas de sus disposiciones permanecieron vigentes en los pueblos luego de la caída del poder central, en la medida en que no fueron reemplazadas por leyes o textos constitucionales propios. No obstante, si este proceso pudo haber sido considerado por los gobiernos centrales y sus aliados en el Interior como una primera etapa hacia la organización de un Estado unitario, el hecho es que en distintos momentos del proceso los pueblos oscilaron entre la simple autonomía, la unión a los gobiernos centrales y las propuestas confederales de Artigas.
En la historiografía argentina se solía interpretar las expresiones autonómicas de los pueblos como resistencias de los partidarios del antiguo régimen contra los partidarios de un nuevo orden encarnado en los gobiernos revolucionarios. Otra interpretación vinculó esas expresiones con los efectos sociales de la guerra de independencia: los descontentos se habrían generado en todo el territorio del ex-Virreinato por los esfuerzos financieros exigidos desde Buenos Aires. Una tercera interpretación las ubicó como tempranas manifestaciones del federalismo. Más recientemente se ha llamado la atención sobre la necesidad de no confundir unitarismo con centralismo, luego de mostrar la existencia de tendencias a la unión de los pueblos del Interior con Buenos Aires, sin embargo opuestas a una administración centralizada. Pero lo que hoy comienza a despejarse es la cuestión del carácter de esas expresiones autonómicas y de su relación con los fracasados proyectos constitucionales. Pues desde el inicio de la Revolución, lo que tejió gran parte de la trama política del período fue la coexistencia conflictiva de soberanías de ciudades con gobiernos centrales que dirigieron sus acciones tendiendo a definir una única soberanía rioplatense.
Así, una de las cuestiones que hoy se plantea es la de discernir, frente a una excesiva identificación de esas expresiones con formas federales, en qué medida la emergencia de la soberanía de los pueblos durante el proceso emancipador puede ser vinculada a una tradición, la del autogobierno de los pueblos, que las reformas borbónicas no habrían podido quebrar. Otra de las cuestiones, se vincula con la necesidad de comprender mejor el alcance y significado de las expresiones de defensa de los llamados "derechos de los pueblos". Bajo la defensa de esos derechos pudo caber tanto una declaración de independencia provisional del gobierno central en un momento de crisis como una manifestación de unión con Buenos Aires.
Por: Dra. Noemí Goldman (U.B.A./CONICET).
En: Nuevas perspectivas en la Historia de la Revolución de Mayo

jueves, 10 de septiembre de 2009

Quién era M. Moreno

El peronismo intelectual tuvo su particular visión revisionista sobre M. Moreno y su sentido de la revolución. En "Apuntes para la militancia" (1965), John William Cooke señala que: "Desde la Independencia, los intereses foráneos tenían su aliado material en la burguesía comercial de Buenos Aires, dispuesta a enriquecerse como intermediaria de un comercio sin restricciones con Europa. Su primera víctima fue Mariano Moreno, cuya visión americanista chocó con el centralismo unitario que subordinaba el país a la política bonaerense." Moreno es sinónimo de Revolución para Norberto Galasso, enrolado en la corriente historiográfica autodenominada "Revisionismo Federal Provinciano Socialista". Desde su "Mariano Moreno y la Revolución Nacional" y "Mariano Moreno, el sabiecito del sur (1944), el Secretario fue "el hombre que sabe lo que quiere y cómo hacerlo, cuando los demás vacilan en medio del desconcierto y el fragor de la lucha: El es ya la revolución"; junto con sus Chisperos, encarna un proyecto revolucionario nacional y democrático.
Para Jorge Abelardo Ramos, el jacobinismo moreniano no era viable porque le faltaba una burguesía industrial que lo acompañara. Caracterizó a Moreno como proteccionista y enemigo del libre cambio, encarnando “la idea de la Nación en Armas contra la reacción absolutista española", además de tener una “comprensión profunda de la realidad" (Revolución y Contrarrevolución en Argentina).
En la visión de Juan José Hernández Arregui, Moreno “había preconizado un programa nacional tan realista como el puesto en práctica por los Estados Unidos al declararse la independencia”. Sentencia además que la historia oficial presenta a un Moreno “liberal, antihispanista y democrático, cuando en realidad fue proteccionista, hispanista y autoritario"(La Formación de la Conciencia Nacional). Ya en la década de 1940, Moreno era presentado como un revolucionario independentista y republicano, pero democrático de acuerdo a R. Puigróss, quien se acercaba al peronismo luego de su expulsión del Partido Comunista (“Mariano Moreno y la Revolución Democrática Argentina" y "Mariano Moreno y su época").
Por: Juan Carlos Ramirez

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Las invasiones inglesas y la crisis del aparato colonial español

Una gran parte de los historiadores coincide en que el 25 de Mayo de 1810 no cayó del cielo. Fueron las invasiones inglesas (1806-1807), las que demostraron, por un lado, el poderío del comercio y la flota inglesa y la precariedad del dominio español en el Río de la Plata, producto del retraso económico y social de España respecto de Inglaterra y Francia, así como también el surgimiento de sectores locales no todavía con una identidad “nacional” pero sí con un interés que no coincidía con el del invasor inglés ni tampoco del todo con el de los funcionarios coloniales españoles. Desde el ángulo de la organización popular, las milicias con comandantes electos por sufragio universal, como los Patricios, pasarían a jugar un papel muy importante como expresión si no de todo el pueblo por lo menos de un sector del pueblo en armas. Esta “militarización de la sociedad” descrita por distintos historiadores expresa una crisis del aparato colonial en suelo rioplatense, que es liberado de la invasión británica pero pierde una parte del monopolio de la fuerza pública.
El mito de la “Primera Junta de Gobierno”
Otra de las cuestiones que señala la historiografía a quien quiera prestar atención, es que la del 25 de Mayo no fue la “primera junta de gobierno patrio”. En realidad la “primera Junta” había sido elegida el día 24 con el ex - virrey Cisneros a la cabeza. La presión de los diversos grupos criollos opositores al virrey fue lo que impuso que el 25 se eligiera la junta que todos conocemos como la “Primera Junta” con Cornelio Saavedra a la cabeza.
En segundo lugar, el carácter “patrio” de la Primera Junta resulta también discutible. Como señalaba Liborio Justo, la Primera Junta no se proponía la independencia respecto de España sino que declaraba “no reconocer a otro Soberano que al Sr. D. Fernando VII y sus legítimos sucesores según el orden establecido por las Leyes”. La junta se pretendía heredera de la legalidad colonial, frente a la capitulación de la monarquía española ante Napoleón.
Fue, como señalaba otro historiador marxista, Milcíades Peña, la intransigencia de los “mandones” españoles y de la propia metrópoli lo que llevó a la proclamación de la independencia.
Por estos motivos, el 25 de mayo de 1810 es sólo el comienzo, por cierto vacilante, de un proceso mucho más amplio que vale la pena conocer.
Por: Juan del Masso