jueves, 21 de abril de 2011

Rosa Guarú y San Martín

Rosa Guarú era la indiecita que tuvo un niño, y la familia San Martín lo adoptó como propio, pero ella siguió en la casa cuidándolo, criándolo, hasta que se fueron a Buenos Aires. El niño tenía entonces unos tres años y le prometieron que iban a venir a llevarla a ella, pero no aparecieron más. Rosa Guarú los espero toda la vida. Cuando atacaron y quemaron Yapeyú, ella se fue a la isla brasilera, estuvo mucho tiempo allá y volvió. Levantó un ranchito por Aguapé, y mantenía la esperanza de que volvieran. Le tenía un gran apego a José Francisco.
Nunca se casó, aunque tuvo otros hijos. Siempre preguntaba por San Martín. Este, cuando era jefe de los granaderos, le regaló un retrato o medalla que ella conservó siempre, y al morir, ya muy viejita, la enterraron con ese recuerdo del que era inseparable.
Visité Yapeyú en la búsqueda de la tumba de Rosa Guarú, con el fin de poder establecer los lazos de filiación con el General San Martín.
La búsqueda se centro en la localidad de Guaviraví, ahí examinamos los terrenos en busca de un cementerio privado de la Familia Cristaldo, sin saldo positivo en la expedición.
Una de las dudas que había en esta investigación era la cuestión “puntual de cuando Rosa Guarú pasa a ser Rosa Cristaldo”.
Los descendientes de Rosa Guarú, y presuntamente ella misma, llevaron el apellido español Cristaldo; entre los guaraníes no existía apellido, no se transmitía un apellido, sino que cada persona tenía su propio nombre; además, por disposición del gobierno correntino no se inscribían en los registros oficiales nombres indígenas.
Los nombres guaraníes no eran apellidos. Rosa era su nombre cristiano, y Guarú su nombre guaraní. Al inscribir a sus hijos, llevan el apellido del padre. De esto se desprende que los hijos de Rosa Guarú lleven el apellido de Cristaldo, y que ella también pase a reconocerse como Rosa Cristaldo. Además, por disposición del gobierno correntino no se inscribían en los registros oficiales nombres indígenas.
Estuvo en Guaviraví, ahí el intendente Raúl Cornalo colaboro estrechamente con el historiador. Por los testimonios de los pobladores más antiguos de Guaviraví, localidad que surgió al llegar el ferrocarril, se desprende que allí vivió una familia de descendientes directos de Rosa Guarú Cristaldo, que conservó la memoria de la estrecha vinculación de ella con la familia del teniente gobernador de Yapeyú Juan de San Martín.
Rosa Cristaldo, que vendría a ser biznieta de Rosa Guarú Cristaldo, nació, vivió y murió en las chacras de Guaviraví, entre 1871 y 1936, y lo mismo su hijo Pedro Telmo Cristaldo (1888-1972). De ellos desciende una rama familiar de la que viven muchas personas, en la ciudad de Corrientes, en Santo Tomé y en Buenos Aires, con algunos de los cuales ya teníamos contacto y consideramos la posibilidad de hacer un estudio de ADN para averiguar qué proporción de rasgos amerindios tienen sus ancestros.
La tumba de Rosa Guarú Cristaldo podría estar en alguno de los antiguos cementerios de las inmediaciones de Yapeyú, y más probablemente en Aguapé, en el cementerio que hoy se encuentra dentro de la chacra que perteneció a Francisco Sampallo. El cementerio de Guaviraví es posterior a la fecha de la muerte de Rosa Guarú Cristaldo.
Es necesario continuar la revisión bibliográfica y la búsqueda en archivos, incluso en La Cruz, Santo Tomé y Paso de los Libres, para lo cual hemos obtenido la colaboración de algunos historiadores locales, funcionarios municipales y descendientes de las familias Cristaldo y Bonpland.
La editorial Catálogos publicará en breve un libro en co-autoría con el genealogista Diego Herrera Vegas, “en el que transcribimos y comentamos las partes más importantes del manuscrito de Joaquina de Alvear, la hija de Carlos de Alvear, en el cual aparece la revelación de que José de San Martín era hijo natural del brigadier Diego de Alvear y “una indígena correntina".
Por: Hugo Chumbita

domingo, 17 de abril de 2011

San Martín según Joaquina

Aunque los interrogantes y versiones sobre la filiación de José de San Martín datan de mucho tiempo atrás, se hicieron públicos el año del Sesquicentenario de su muerte (2000), al trascender un antiguo manuscrito que guardaba el genealogista Diego Herrera Vegas, en el cual Joaquina de Alvear afirma que San Martín era hijo natural de Diego de Alvear y una joven indígena.
Hugo Chumbita presentó una ponencia al II Congreso Internacional Sanmartiniano  y publicó un artículo en el diario Clarín . Simultáneamente, esta cuestión resaltaba en la biografía novelada Don José, de José Ignacio García Hamilton, que suscitó furiosas reacciones.

Facsímil manuscrito de Joaquina




Hugo Chumbita y Herrera Vegas acudieron a la Comisión de Cultura del Senado de la Nación con los testimonios del caso, planteando la posibilidad de un estudio de ADN para aclarar la verdad histórica. El Instituto Sanmartiniano y la Academia Nacional de la Historia se opusieron a revisar el asunto. El presidente De la Rúa se manifestó en el mismo sentido
Las evidencias y controversias se difundieron a través de numerosas publicaciones. Al localizar una causa judicial donde Joaquina fue declarada insana, Hugo Chumbita y Herrera Vegas polemizaron con una historiadora de la Academia Sanmartiniana sobre la veracidad de aquel testimonio
El año siguiente se publicó El secreto de Yapeyú fundando la tesis. A pedido de H Ch y por sugerencia de especialistas en la materia, Jorge E. I. de Alvear, descendiente de Diego de Alvear, depositó una muestra de sangre en el Banco Nacional de Datos Genéticos para poder comparar su ADN con el de San Martín.
En los años siguientes Hugo Chumbita continuó la búsqueda de la tumba de la presunta madre de San Martín, Rosa Guarú o Cristaldo, viajó a Yapeyú y tomó contacto con sus descendientes, la familia Cristaldo de Corrientes. Una reedición del El secreto de Yapeyú (2005) da cuenta de los avances en la investigación.
En 2006 se formó el Grupo Lautaro para impulsar los pasos siguientes y se requirió apoyo a laboratorios universitarios. Por iniciativa de la diputada Araceli Méndez de Ferreira y otros legisladores, la Cámara de Diputados de la Nación declaró de interés parlamentario y recomendó al Poder Ejecutivo facilitar la investigación del origen mestizo de San Martín. Días después se presentó a la Secretaría de Cultura de la Nación un petitorio para obtener una muestra de los restos de San Martín, firmado por historiadores, docentes y miembros de las familias Alvear y Cristaldo, acompañando alrededor de 800 adhesiones (ver Petición administrativa). En estas actuaciones el Instituto Sanmartiniano se opuso a lo solicitado, y la Secretaría finalmente se declaró incompetente para resolver. En diciembre de 2006 Hugo Chumbita presentó el tema en Corrientes, con más adhesiones y cruces polémico.
En 2007 se edita El manuscrito de Joaquina, donde Hugo Chumbita y Herrera Vegas transcriben y comentan el documento. El libro fue presentado en el Auditorio de la Cámara de Diputados de la Nación en junio de 2008, por iniciativa del diputado Dr. Eduardo L. Galantini, con el auspicio de la Casa de Corrientes en Buenos Aires.
El film documental Mestizo. San Martín y la identidad americana, realizado por el grupo “NuestraAmérica Profunda” con la dirección de Diego Romero y Soledad Betendorf sobre un guión de Hugo Chumbita, fue declarado de interés de la Cámara de Diputados de la Nación en 2009 y se ha proyectado en diversos ámbitos públicos, poniéndolo a disposición de las instituciones sociales y culturales interesadas en conocer y debatir el tema. A solicitud del Grupo Lautaro, la Defensoría del Pueblo de la Nación tomó intervención en marzo de 2008 a fin de ampliar la información disponible y dictaminar sobre la viabilidad del procedimiento para efectuar el análisis de ADN propuesto.
Por: Hugo Chumbita.
www.hugochumbita.com.ar Visitada 15/04/2011

domingo, 10 de abril de 2011

B. Mitre y San Martín

¿Qué sería de la historia sin el trabajo del historiador que reconstruye el pasado? Tal vez ese mundo, ocupado por los innumerables rastros de quienes nos precedieron, sólo permanecería en la conciencia del presente como un terreno minado por memorias combatientes o por relatos imaginarios.
En nuestro siglo XIX, la historia se fue haciendo gracias a la capacidad de que hicieron gala unos pocos protagonistas para recuperar la consistencia del pasado mientras asumían acuciantes compromisos políticos. La tarea que se impuso Bartolomé Mitre es, en ese sentido, paradigmática, porque no es fácil encontrar en aquellos años un espíritu con el suficiente rigor para penetrar en la trama de los acontecimientos del pasado sin renunciar a las reglas de la buena disciplina historiográfica, entre las cuales se destacan la compulsa de fuentes, la crítica documental y el encuadre teórico que gobierna la exposición de los argumentos.
Para Mitre, la política era, al mismo tiempo, vida histórica y vida presente. Como ha dicho Trevor-Roper, refiriéndose a Macaulay, en esta clase de personas latía la idea de que "los mejores políticos eran aquellos que han estudiado historia y los mejores historiadores aquellos que han tomado parte en la política."
El 18 de diciembre de 1887, Mitre publicó la primera edición de la Historia de San Martín y de la emancipación Sud-Americana . La obra venía precedida por artículos y conferencias de su autoría sobre San Martín y por otra magna biografía: Historia de Belgrano y de la independencia argentina . De la mano de la Historia de San Martín ..., el personaje allí retratado tuvo desde entonces un doble origen: el nacimiento cronológico de Yapeyú, en 1778, y el nacimiento histórico de 1887, que convoca su itinerario a una nueva vida.
A partir de este lanzamiento, durante el siglo XX se prosiguió trabajando con ahínco sobre la figura del Libertador, pero ninguna de las sustanciales obras que se sucedieron (al menos, así lo creo) pudo alcanzar la altura de aquella biografía fundadora. ¿De dónde proviene esa vigencia, hoy erosionada por la lectura perezosa que proporcionan textos simplificados y, de ser posible, escandalosos?
Sin duda, el atractivo resulta de la solidez de los cimientos documentales, de la fuerza que arrastra el relato de las batallas y de la proeza del cruce de los Andes. La historia de San Martín es, según esta narración, el portal que abre camino a una suerte de gigante de la historia en trance de producir, en muy pocos años, una fractura trascendente (se trata del decenio que transcurre entre 1812, cuando San Martín desembarca en Buenos Aires, y 1823, en que comunica al pueblo peruano que abandona la vida pública.) San Martín aparece así, ante los ojos contemporáneos, como un hacedor de fronteras históricas y un espontáneo arquitecto de nacionalidades.

Por. Natalio R. Botana. En: La Nación. Buenos Aires; 17/08/2000

domingo, 27 de marzo de 2011

DÍA DE LA MEMORIA POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA

 Los golpes de Estado han tenido una larga y difícil historia y nunca constituyeron sólo episodios protagonizados por militares. Sectores de la prensa, de la iglesia, de la cultura, de la clase política argentina y de la ciudadanía, tuvieron su parte de responsabilidad cada vez que se subvertía el orden constitucional.

El 24 de marzo de 1976, hasta el 10 de diciembre de 1983, se instaló en nuestro país un gobierno de facto a cargo de las Fuerzas Armadas, que se atribuyó la suma del poder público y se arrogó facultades extraordinarias. En el ejercicio de esos poderes ilegales e ilegítimos, aplicó un terrorismo de Estado que se manifestó en la práctica de graves violaciones a los derechos humanos. En el juicio a las Juntas, la causa 13.984 caratulada “Jorge Rafael Videla y otros”, quedó probado que a partir de ese día se instrumentó un plan sistemático de imposición del terror y la eliminación física de miles de ciudadanos sometidos a secuestros, torturas, detenciones clandestinas y toda clase de vejámenes.
A partir del 24 de marzo de 1976, se aplicó un plan coordinado de exterminio y represión generalizados con un costo humano calculado, que sometió a miles de personas al secuestro, a la tortura y a la muerte, y los convirtió en “ausentes para siempre”, como cínicamente proclamó el mayor responsable de los crímenes. Otros miles poblaron las cárceles sin causa o con procesos ilegales y muchos miles más encontraron en el exilio la única forma de sobrevivir. Cientos de niños fueron arrancados de los brazos de sus madres en cautiverio al nacer y privados de su identidad y de su familia. No se trataba de excesos ni de actos individuales; fue un plan criminal, una acción institucional diseñada con anterioridad al 24 de marzo y ejecutada desde el Estado mismo bajo los principios de la doctrina de la Seguridad Nacional.
La mayoría de las víctimas pertenecían a una generación de jóvenes, que cuestionaban activamente a la política del Estado de aquella época.  Pero más allá de estos miles y miles de víctimas puntuales, fue la sociedad la principal destinataria del mensaje del terror generalizado. El poder dictatorial pretendía que el pueblo todo se rindiera a su arbitrariedad y su omnipotencia. Se buscaba una sociedad fraccionada, inmóvil, obediente, por eso trataron de quebrarla y vaciarla de todo aquello que lo inquietaba, anulando su vitalidad y su dinámica y por eso prohibieron desde la política hasta el arte. Sólo así podían imponer un proyecto político y económico de ajuste estructural con disminución del rol del Estado, endeudamiento externo con fuga de capitales y, sobre todo, con un disciplinamiento social que permitiera establecer un orden que el sistema democrático no les garantizaba. Las consecuencias fueron la concentración económica, el desempleo, el aumento de la pobreza, la destrucción de la economía local y la exclusión progresiva de cuantiosos sectores de la población de la posibilidad de acceder a los derechos constitucionales garantizados por los artículos 14 y 14 bis de la Constitución Nacional.
La dictadura militar fue una gran tragedia, su saldo fue luctuoso y desgarrador; lo que hace imperativa la reflexión sobre ese período. El Congreso de la Nación dispuso por ley que los 24 de marzo de cada año, fueran declarados “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, como feriado nacional inamovible. Debe ser ésta, entonces, una jornada de duelo y homenaje a las víctimas y también para la reflexión crítica sobre la gran tragedia argentina.
En aquellos momentos terribles, la resistencia contra la dictadura fue comenzada por las Madres de Plaza de Mayo; fueron ellas las que se organizaron para enfrentar a la barbarie. Hoy, aquel proyecto criminal ha sido derrotado porque casi la totalidad de los sectores políticos, sociales, culturales y económicos rechaza ese pasado y lo juzga críticamente. Porque el pueblo que no piensa su pasado y que no lo elabora, corre el grave riesgo de repetirlo; tan importante como recordar es entender, entender y recordar. Ese proceso de recordar entendiendo, esa reconstrucción de la memoria, es un valioso mecanismo de resistencia. Creemos que la memoria no es sólo una fuente de la historia, sino que es fundamentalmente un impulso moral, un deber y una necesidad. Sólo con verdad y con justicia, conformaremos una sociedad que se desarrolle en paz.

viernes, 25 de febrero de 2011

Nace José Francisco de San Martín

El 4 de febrero de 1627, en un paraje donde hasta entonces sólo había tres casas con cien indios, por decisión del provincial de la Compañía de Jesús, padre Nicolás Durán Mastrillo, quedó fundada la reducción de Nuestra Señora de los Tres Reyes de Yapeyú. Se levantaría sobre la margen derecha del río Uruguay, junto al río entonces llamado Yapeyú y denominado más adelante Guaviraví. La nueva población no difería en mucho de otras creadas antes o después por los misioneros jesuitas. Uno de ellos, el padre José Cardiel, describe así la planta de los pueblos misioneros: "Todas las calles están derechas a cordel y tienen de ancho dieciséis o dieciocho varas. Todas las casas tienen soportales de tres varas de ancho o más, de manera que cuando llueve e puede andar por todas partes sin mojarse, excepto al atravesar de una calle a otra. Todas las casas de los indios son también uniformes: ni hay una más alta que otra, ni más ancha o o larga; y cada asa consiste en un aposento de siete varas en cuadro como los de nuestros colegios, sin más alcoba, cocina ni retrete..." Y más adelante agrega: "Todos los pueblos tienen una plaza de 150 varas en cuadro, o más, toda rodeada por los tres lados de las casas más aseadas y con soportales más anchos que las otras: y en el cuarto lado está la iglesia con el cementerio a un lado y la casa de los padres al otro... Hay almacenes y granero para los géneros del común y algunas capillas".
Por ser el lugar de residencia del superior de los misioneros jesuitas, Yapeyú tuvo situación privilegiada entre todos los pueblos destinados a reunir a los indios reducidos e incorporados plenamente a las formas de convivencia propias de lacivilización cristiana. Pero por su privilegiada situación geográfica fue el blanco de las asechanzas de los portugueses y de las hordas de indígenas de yaros, minuanes y charrúas, que alentados por los primeros saqueaban las estancias, robando ganados, y destruyendo las sementeras. Por esto los pobladores debieron en muchas ocasiones tomar las armas para escarmentar a los invasores y así impedir la pérdida de vidas humanas y de importantes riquezas materiales.
En julio de 1768, y dándose así cumplimiento a lo dispuesto por la real cédula firmada por Carlos III el 27 de febrero de 1767, los jesuitas eran expulsados de Yapeyú, hasta donde llegó para ejecutar la orden -una orden que sería repudiada y resistida por muchos vasallos del rey Borbón- el gobernador Francisco de Bucarelli y Ursúa. "En julio de 1768 los jesuitas eran expulsados de Yapeyú..."Idos los jesuitas -esos misioneros que, junto con las verdades evangélicas, enseñaron concomitantemente a los indios a amar el trabajo y a defender con su libertad la independencia del suelo patrio-, pronto el desorden se generalizó en las reducciones, como lo testimonió Juan José de Vértiz al afirmar en un memorial dirigido al monarca que los indios "se entregaron a la matanza de ganados para alimentarse sin término ni medida, no atendiendo ya sus telares, siembras y otros trabajos establecidos, y lo que antes se llevaba y gobernaba por unas muy escrupulosas reglas se redujo a confusión y trastorno".
Juan de San Martín
Reemplazado Bucarelli en 1770 por Vértiz (entonces en el ejercicio de la gobernación del Río de la Plata), el nuevo mandatario designó en 1774 por teniente gobernador de Yapeyú al mayor Juan de San Martín, oficial que había llegado América en 1765 y que desde 1767 administraba una vasta hacienda, la Estancia y Calera de las Vacas, en la Banda Oriental, también propiedad de los jesuitas.
Así, por obra del encadenamiento histórico que sucedió a la real orden de extrañamiento de los hijos de San Ignacio, se instalaron en Yapeyú don Juan de San Martín, que a poco sería ascendido a capitán, y su esposa Gregoria Matorras. El capitán San Martín ejerció el cargo con gran responsabilidad. Si bien debió prestar preferente atención a la lucha armada contra minuanes y portugueses, no descuidó su gestión administrativa, que llegó a ser fecunda. Tanto fue así, que cuando dejó el cargo, el Cabildo de Yapeyú manifestó respecto de aquélla que "ha sido muy arreglada, y ha mirado nuestros asuntos con amor y caridad sin que para ello faltase lo recto de la justicia y ésta distribuida sin pasión, por lo que quedamos muy agradecidos todos a su eficiencia."

Mientras don Juan de San Martín se entregaba a la atención del cargo que se le había confiado, Gregoria Matorras vivía en Yapeyú dedicada a la crianza de sus cinco hijos, el menor de los cuales era José Francisco, nacido allí, el 25 de febrero de 1778.


Por: Mayochi, Enrique Mario. El solar nativo. En www.sanmartiniano.gov.ar
El Libertador José de San Martín Instituto Nacional Sanmartiniano. Buenos Aires, 1995.

domingo, 20 de febrero de 2011

Los urus

El miércoles 1ro. de noviembre de 1606 se fundó la Villa de San Felipe de Austria. Ese día, el pueblo de los urus quedó bajo dominio español y las riquezas minerales de la región tuvieron un solo dueño: la corona española. Los indios fueron relegados al trabajo en el interior de las minas.
Los uros o urus son una etnia que se distribuye en la meseta del Collao en territorios de Bolivia y Perú. En el pasado ocuparon territorios más extensos que abarcaron incluso los valles interandinos de la cuenca del pacífico inmediatos al collao a manera de enclaves. 
 
De piel más oscura que los aymaras, se consideran los más antiguos de la región y los estudios de ADN muestran que provienen de la Amazonia, del grupo arawac. En Surinam todavía se hablan lenguas arawakanas; en la costa Caribe de Venezuela y Colombia los Wayúu son arawak. Otros pueblos arahuacos perduran en los Llanos colombianos, en los Andes peruanos y en la Amazonia en Brasil, Venezuela y Colombia, donde viven por ejemplo, los Kurripako y los Yucuna.

 
Actualmente los uros en Perú habitan un grupo de islas flotantes cercanas a la bahía de Puno en el lago Titicaca, mientras que en Bolivia los uros forman tres grupos denominados: Irohito, Chipaya y Murato; los irohito habitan la naciente del río desaguadero, los chipaya habitan la cuenca del río Lauca, mientras que los murato habitan la desembocadura del río Desaguadero en el Lago Poopó y la cuenca del Poopó.
Los uros en el pasado hablaron varias lenguas de las cuales sólo sobrevive en la actualidad el idioma chipaya hablado por los uros del lago Poopó, el resto de uros a adoptado el idioma aymara y el castellano como lengua materna.

sábado, 29 de enero de 2011

Enigmas de la muerte de Mariano Moreno

En una carta fechada el 15 de enero de 1811 /Cornelio Saavedra/le escribía a su amigo y confidente Feliciano Chiclana, refiriéndose a Moreno: "Este hombre de baja esfera, revolucionario por temperamento y helado hasta el extremo (...) trató de que se me prendiese y aun de que se me asesinase...". Saavedra no tenía dudas, y fue él quien decidió entonces devastar a su enemigo. Esa fue, a la vez, la conjetura de Manuel Moreno, el hermano de Mariano, y la de Lupe, su viuda. Pero todo resultó más complicado.
La decisión política de la Primera Junta de traficar armas desde Inglaterra hasta el Plata a través de un complejo y secreto desvío edificó el resto de la intriga. El contrabando de armas y los contrabandistas, el espionaje y los espías, y las manchas de sangre de la historia ocuparon el centro de la escena. En efecto, el 24 de enero de 1811, a las seis y media de la tarde (nueve días después de la carta de Saavedra a Chiclana), Mariano Moreno se embarcó en "La Misletoe", anclado en la Ensenada, acompañado de su hermano y de su amigo Tomás Guido, más tarde confidente de San Martín, quien a la sazón gestionaba con agentes ingleses y masones su viaje libertador al Río de la Plata. En las radas neblinosas mil ojos saavedristas corroboraban el hecho de la partida. Eran esbirros al servicio de Pedro Medrano, espía y lobbista del presidente de la Junta. Un día después, los tripulantes trasbordaban hacia la fragata "La Fama", de bandera inglesa. La misma que envolvería el ataúd de Mariano Moreno, quien murió a los 32 años entre convulsiones y misterios el 4 de marzo a la madrugada, presuntamente de muerte antinatural, envenenado según su hermano, con una pócima preparada por el enigmático capitán de la fragata, el mismo que le suministró, según Manuel Moreno, una sobredosis letal de un emético, un vomitivo llamado antimonio tartarizado. A escondidas, el capitán, cuyo nombre se esfumó en el torbellino de los tiempos, le daba más gotas de las habituales de la pócima y Moreno empeoraba día a día. El marino desoía los ruegos de Manuel Moreno y de Tomás Guido para desembarcar al agónico Mariano en Río de Janeiro. No lo hizo.
Durante tres días y tres noches los tripulantes cantaron fúnebres canciones en inglés. Ya entonces, los morenistas de Buenos Aires eran encarcelados en masa y enviados al presidio huracanado de Carmen de Patagones, French y Beruti entre ellos. Simultáneamente, uno de los hijos de Cornelio Saavedra viajaba, comisionado por su padre, a comprar armas a los Estados Unidos.
El 2 de febrero, en el vestíbulo de su casa, Guadalupe Cuenca, la mujer de Moreno, había encontrado una caja negra sin tarjeta. La abrió en el acto, como quien desenmascara el rostro de la fatalidad. Adentro había un abanico negro, un velo negro y un par de guantes negros. Todavía Moreno navegaba a Inglaterra. En el Plata, las pasiones hervían. Las clases bajas, la chusma, según la terminología del partido morenista, apoyaban a Saavedra. Y los jóvenes ilustrados que se reunían para discutir sobre Rousseau en el café de Marco, a Moreno. Pero en todas partes crepitaban los espías y, entonces, los conciliábulos de los morenistas llegaban a la velocidad del rayo a los oídos de Saavedra. Este tenía motivos para temerle al secretario de la Junta. Cuando su gobierno deliberaba sobre el castigo que debía aplicárseles a los contrarrevolucionarios comandados por Santiago de Liniers, Moreno fue intransigente. Debían morir. Liniers había sido el héroe de la resistencia popular durante las Invasiones Inglesas. Y sin embargo, el 26 de agosto de 1810, por orden de Moreno, fue ejecutado tras su captura. Es célebre el escrito en el que el secretario de la Junta afirma que él mismo irá a matarlo "si fuera necesario y nadie se atreviera a hacerlo".
En el Plan Revolucionario de Operaciones como un modelo de acción específica para aquellos tiempos vertiginosos, Moreno escribió sin que le temblara el pulso: "No deba escandalizar el sentido de mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa, aun cuando tengan semejanza con las costumbres de los antropófagos y caribes. Y si no, ¿por qué nos pintan a la libertad ciega y armada con un puñal? Porque ningún estado envejecido o provincias pueden regenerarse ni cortar sus corrompidos abusos, sin verter arroyos de sangre".
Saavedra tenía muy presente, además, el espinoso asunto del decreto de supresión de honores, surgido cuando un tal Atanasio Duarte, ebrio según los testigos, colocó sobre su cabeza una corona de azúcar, al tiempo que lo llamaba rey y emperador. Aquello desató la inmensa ira moreniana que consideró imperdonable aquella manifestación, prohibiendo de raíz todo ceremonial que exaltara a un gobernante por encima de cualquier otro mortal. A Atanasio Duarte se le perdonó la vida por el estado de embriaguez en el que se hallaba, pero se lo desterró a perpetuidad "porque un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra la libertad de su país". Saavedra firmó de muy mala gana el decreto, tanta como la inquina que empezó a fermentar contra Moreno.
Pero no eran sólo enconos personales, sino altos y complejos intereses del Estado naciente los que estaban en juego. En el Plan de Operaciones, Moreno, enigmáticamente postula "proponerle a Inglaterra un plan secreto". Casi no agrega datos al respecto, excepto unas pocas líneas en las que apunta literalmente que "con reserva y sigilo, se nos franqueen por la Corte de Inglaterra los auxilios de armamentos, por los justos precios, que bajo el respeto de su bandera se conduzcan (...) a los parajes de ultramar donde se les destine". Moreno viajaba a Inglaterra a conseguir esas armas para que, sorteando buques hispanos, llegaran a Buenos Aires. Sería necesario entonces simular otro destino para las municiones y no el que finalmente tendrían. Las armas serían utilizadas para combatir a los españoles. Pero Inglaterra, diplomáticamente, se manifestaba neutral en el conflicto. ¿Cómo podrían llegar esos pertrechos a Buenos Aires, sino de contrabando, eludiendo controles fiscales y aduaneros que delataran la complicidad británica en la guerra de los revolucionarios del Plata contra la España?

En setiembre de 1810, la Junta de Buenos Aires había nombrado en Londres a un representante oficial llamado Manuel Aniceto Padilla, con la misión de tramitar la compra de armas en Londres. Padilla tenía un socio político llamado John Curtis, un inglés a la vez relacionado con un general francés llamado Charles Dumoriez, traficante de municiones e intermediario entre la Corona inglesa y los compradores del Plata. Cuando Mariano Moreno embarcaba hacia Inglaterra, Padilla, Curtis y Dumoriez ya tenían cerrado el negocio. Según Manuel Moreno, Padilla se quedaría con una parte de los dividendos de la compra de armamentos. De hecho, lo acusó formalmente por "sacar partido de las presentes circunstancias, y por recibir de la corte de Inglaterra una pensión de 300 libras en calidad de espía". Manuel Moreno se amparaba en documentación interceptada por él mismo y por Tomás Guido. Incriminaron también a Curtis y de hecho acusaron a ambos judicialmente por "espionaje y quebrantadores de la fe pública". Entre las pruebas adjuntaron una carta que Curtis había acercado a Padilla, un memorándum supuestamente emitido por el gobierno argentino donde se afirmaba que "en caso de muerte de Mr. Moreno (Mariano) el contratante (Padilla) se dirija al propio Curtis para la ejecución del negocio".
Todo fue descripto en un alegato enviado desde Londres a la Junta de Buenos Aires, fechado el 31 de julio de 1811, en el que Manuel Moreno implicaba también al general Dumoriez.
Según esa línea de investigación, ni Dumoriez ni Padilla ni Curtis querían a Mariano Moreno en Londres. Mucho más tarde, el 25 de noviembre de 1815, el saavedrista Pedro Medrano redactaba una absolución pública de Padilla dejando constancia de "su celo, eficacia y exactitud con que este hombre se condujo en el desempeño de su misión en Londres". La historia ha pasado pero los enigmas no. Mariano Moreno yace junto a sus misterios en el más inasible y oscuro enclave del fondo del mar.

Por: Michel Mosse
(Publicado en alipso.com; 07/2003)

Grito de Asencio 28/02/1811

"Un puñado de orientales, cansados ya de humillaciones, había decretado su libertad en la villa de Mercedes (...) y la primera voz de los vecinos orientales que llegó a Buenos Aires fue acompañada de la victoria del 28 de febrero de 1811: día memorable que había señalado la Providencia para sellar los primeros pasos de la libertad en este territorio, y día que no podrá recordarse sin emoción, cualquiera que sea nuestra suerte". J. G. Artigas (1)
El "Grito de Asencio" fue el triunfo de los orientales en armas dirigidos por Venancio Benavídez y Pedro Viera frente a los españoles. Este hecho militar implicó la desobediencia al poder españolista impuesto desde Montevideo, permitió la toma de la villa de Mercedes y Santo Domingo de Soriano por los rebeldes que apoyaban el pronunciamiento de la Junta de Buenos Aires, configurando la "admirable alarma"(2): el comienzo de la revolución oriental en la campaña. "(...) él fue la alborada de la Revolución que empieza a conmover a las masas y muestra ya su signo más evidente: su carácter predominantemente rural"(3)
La crisis política en España por la invasión napoleónica desde 1808 había debilitado el poder de este imperio en América. Hacia 1810 la instalación del Consejo de Regencia en la península agravó los conflictos en la región del Plata. En la capital del virreinato del Río de la Plata, Buenos Aires, el virrey pierde apoyo militar, de comerciantes, letrados, sacerdotes y propietarios importantes de la ciudad Estos cuestionan la autoridad del nuevo gobierno en España, cesan al virrey Cisneros y establecen una Junta. En junio de 1810, se solicita el reconocimiento de la Junta al Cabildo Abierto de Montevideo, quien la rechaza y jura fidelidad al Consejo de Regencia. Esta actitud de Montevideo se explica por el predominio en la ciudad de militares y marineros españoles, y por la rivalidad comercial y portuaria con Buenos Aires. Mientras en la campaña oriental, los pueblos que se encontraban bajo la jurisdicción montevideana acataron la resolución de la ciudad (ej: Villa de Guadalupe); los de la jurisdicción bonaerense apoyaron la junta revolucionaria, pero fueron presionados por el gobierno de Montevideo para no reconocerla oficialmente (ej.: Maldonado). Así comienza un proceso de división en el territorio oriental entre la ciudad españolista y la campaña revolucionaria.
En enero de 1811 Elío llega a Montevideo desde España con el título de Virrey, y desde ese momento inicia los preparativos para declarar la guerra a Buenos Aires, lo que hará el 12 de febrero. Para ello toma una serie de medidas fiscales que le permitan hacerse de recursos: regularización de títulos de propiedad de tierras para el pago de la contribución, solicitud de donativos patrióticos, impuestos a las importaciones de cuero, tabaco, control del contrabando permitiendo el comercio sólo a buques autorizados y a través de intermediarios nacionales. Estas medidas perjudicaban a hacendados, comerciantes, barraqueros y navieros en su actividad mercantil que venía decayendo por la situación de crisis y el control español del comercio, ya que impedía el comercio con los ingleses. A estas medidas fiscales se suman los empréstitos forzosos al clero, empleados, propietarios, artesanos, hacendados, comerciantes, y el uso de la fuerza para coaccionar a los pueblos a reconocer la autoridad de Montevideo. En consecuencia, algunos jefes militares al servicio del gobierno español, pero con gran asidero en la campaña oriental, se pasan al bando revolucionario, como es el caso de Artigas el 15 de febrero de 1811, quien abandona las fuerzas españolas de Colonia y solicita auxilios al gobierno de Buenos Aires para los levantamientos en la campaña.
Es en este clima de disconformidad y resistencia a lo que consideraban opresión por parte del gobierno españolista en Montevideo, que se genera el levantamiento armado de Asencio, comenzando la revolución oriental.

Citas:
(1) Oficio fechado en el Cuartel General en el Daymán, 7 de diciembre de 1811, en el que Artigas describe al "Señor Presidente del Paraguay", lo que denomina la "admirable alarma". Citado por W. Reyes Abadie, O. H. Bruschera, T. Melogno: "El Ciclo artiguista" Tomo 1, UDELAR, Montevideo, 1968. Pág. 63-65.
(2) Idem. Pág. 65.
(3)W. Reyes Abadie, O. H. Bruschera, T. Melogno: "El Ciclo artiguista", Tomo 1, UDELAR, Montevideo, 1968. Pág. 65.
Publicado en el Portal Educativo de Uruguay, visto el 28/01/2011

miércoles, 19 de enero de 2011

16 de enero de 1811

Carta del doctor Manuel Felipe de Molina al doctor Antonio Alvarez de Jonte, avisándole que por la ausencia del Dr. M. Moreno, la Junta le había encargado la correspondencia con él. Formula consideraciones acerca de las funciones que tocan a un negociador.

Señor Doctor Don Antonio Alvarez de Jonte.
Santiago de Chile
Buenos Ayres, Enero 16 de 1811_
Muy Señor mio: por la ausencia del Secretario de esta Junta Doctor Don Mariano Moreno se me há encargado por ella siga con la correspondencia de Usted. Al efecto tengo á la vista todas sus cartas á dicho Secretario, y otros Papeles que le remitio Usted en diferentes ocasiones. Parece que no llevaría copiador de las que el dirigía á Usted ni de las instrucciones que és regular se le hayan comunicado para el desempeño de su comision; por que nada de esto me há pasado; á excepcion de un borron, sin fecha, ni encavezamiento de cierto tratado de amistad, y alianza, comprendido en seis capitulos, que por la ultima de Usted de 24,, de Diciembre del año proximo, infiero haberle remitido con la de 1º del mismo, cuyo recibo le acusa.
Por el contexto de su referida del 24.., hemos visto con agrado, que las diferencias y pretensiones encontradas de esos Señores Vocales sobre los nombramientos de comandantes, que empezaron á turbar la quietud publica de esa Capital segun anunciaba Usted por la del 10.., hán terminado felismente y el Pueblo se halla restablecido á su antiguo estado de tranquilidad, y reposo. Debiendo, como debe sér nuestra amistad con ese Govierno, sincera, pura, y generosa, y siendonos por otra parte verdaderamente interesantes sus relaciones, nunca podemos, ni debemos vér con indiferencia qualesquiera contrastes que sean capaces de alterar su constitucion, y felicidad. Y asi me parece, que en el interes que Usted tomó, luego que advirtio levantarse la llama de la discordia, en sofocarla, y sostener la union, y feliz armonia que tanto importa á los Pueblos, por los medios politicos, y urbanos, que indica Usted en su citada del diez; há llenado sin duda uno de los deberes mas sagrados de la amistad, que este Govierno profesa generosamente á ese: al paso que siendo tambien uno de los objetos principales de un Negociador, el ganar en favor de su Nacion la voluntad de aquella cerca de la qual és embidiado, se dexa vér muy facilmente la delicada politica de Usted; por que unos oficios semejantes no podrán menos que grangearnos la confianza, y afecto de ese dicho Govierno, y de todo el Pueblo de Chile.
Haviendo tocado este punto no puedo excusarme de decir á Usted francamente mi Sentir en orden á esas cosas de palisas y de poner en choque las pasiones, etc., etc. Mis observaciones, Serán muy sencillas y aunque tal vez no falte quien las califique de vulgares, no por esto me retraeré de indicarlas á Usted confesando con ingenuidad que és muy pobre ó ninguna mi politica para ser capaz de alianzar los secretos de esas medidas. El objeto mas esencial de su mision á esa, con el caracter de Enviado de esta Junta, és precisamente el mantener una buena amistad entre ambos Goviernos, y procurar apartar quanto pueda alterarla. ¿Quien podrá no conocer los riesgos que contra este designio ofrece aquella conducta? Lo mismo digo con respecto al otro objeto, indicado yá, de ganar a favor de nuestro Govierno la voluntad y afecto de ese, y de todos sus habitantes.
Además de esto, yo estoy persuadido que nosotros no tenemos que mesclarnos en la economia interior de ese Govierno. Cual quiera que sea su política en no faltando a nuestras relaciones y tratados, si los celebramos, todo lo demas parece que ni debe darnos cuidado, ni debe ocupar nuestra atencion: ellos son libres para constituirse acomodandose á sus circunstancias; y en mi concepto ni és justo, ni és politico que querramos darles la Ley, ó amoldarlos en todo á nuestras ideas. Esto puede excitar los zelos, ó á lo menos el desagrado; y nosotros queremos con sinceridad su alianza y amistad, governandose ellos para sus Leyes, y nosotros para las nuestras. No entienda Vuestra Merced que esto és prescrivirle nuevas reglas, ó darle instrucciones contrarias á las que tenga de ante mano. Yá hé dicho que yo no tengo noticias de las que se le tengan comunicadas; y si hé entrado en el detalle de mis conceptos sobre el punto que véo en las suyas de palisas etc., és por que ignorando los ocultos motivos, ó designios de esas medidas, ellas en si me parecen repugnantes á nuestro objeto, y mucho mas á la pureza, integridad, circumspeccion y buena fée, que sin duda alguna deben hacer los caractéres de un Embiado publico.
Vuestra merced se servirá ilustrarme con franqueza sobre estos puntos, comunicandome con la misma quanto estima digno de la Superior consideración de la Junta, por cuyo encargo, como hé dicho al principio debo continuar en la correspondencia de Vuestra merced. Esta ocasion me proporciona la de tener el honor de ofrecerme a Vuestra merced con la mas ingenua voluntad.
Deseo se digne Vuestra merced aceptar mis votos mandando en quanto guste á este su Servidor atento Que Besa Su Mano.
Doctor Manuel Felipe de Molina.

Posdata:
Después de escrita esta se me há prevenido por la Junta signifique a Vuestra merced, que seria mui combeniente se insinuase Vuestra merced con ese Govierno sobre prohibir la extraccion de frutos de esos Payses al Virreynato de Lima, o impedir todo Comercio. Para esto parece que hay causas muy justas por parte de dicho Govierno: Vuestra merced que esta mejor impuesto de ellos sabra hacerlas valer oportuna y diestramente a fin de inclinar al intento el animo de esos Señores; quienes no dejarán de conocer que este será un medio el mas a proposito para recordar a los Limeños de su letargo, y hacerles reflexionar sobre la necesidad en que se hallan de mirar por sí; sostener sus derechos, y uniformarse con el sistema general de las Americas de defender su livertad. Ello es que la privación de los frutos de esos Payses, que no pueden suplir por otra parte, forzosamente les hará sentir la necesidad de nuestras relaciones reciprocas, las que no pudiendo conservarse en la diversidad de sistemas, o Goviernos, les obligarán por fuerza á adoptar nuestros justos principos, etc. Vale.
La Junta ha acordado a Vuestra merced la asignación de cien pesos mensuales como sele avisará por Secretaria

domingo, 2 de enero de 2011

Castelli, Moreno, Viamonte

El 15 de noviembre de 1810, la Junta de Buenos Aires designo a Viamonte como “segundo Gefe de la Expedición destinada al auxilio de las Provincias interiores”(www.generalviamonte.com). El Ejército del Norte, vencedor en la batalla de Suipacha, estaba comandado por el general Antonio González Balcarce y por el Dr. Juan José Castelli. Viamonte llegó a su destino el 2 de enero de 1811 y tomó la jefatura del ejército ya que Balcarce y Castelli se encontraban ausentes en la ciudad de La Plata – actual Sucre (ver nota anterior).
En Buenos Aires, también un 2 de enero de 1811, Mariano Moreno era designado Ministro (diplomático) ante Gran Bretaña.
La tragedia de Huaqui y la no menos trágica muerte de Moreno, se acercaban.

domingo, 26 de diciembre de 2010

27 de diciembre de 1810. Secreto o publicidad

Un caso interesante sobre la experiencia en la elección de diputados es en La Plata, denominación de la ciudad de Charcas, también llamada por esos tiempos, Chuquisaca. Aquí llega, el 27 de diciembre de 1810, viajando desde Potosí, Juan José Castelli, el enviado de la junta porteña. Había dejado en la ciudad minera al teniente coronel Pedro Lobo, como encargado del gobierno en espera de Feliciano Chiclana, quien llegaba desde Salta donde había ejercido la gobernación intendencia (Carta de Castelli a la Junta, del 10/01/1811, en AGN-X-3-10-2)
De inmediato procede Castelli a organizar la elección para los diputados al congreso nacional que, entre tanto, se hallaba todavía en el aire, La Junta Grande seguía solicitando la concreción de estas elecciones en función de la reunión del «augusto Congreso Nacional» (Circular del 27/2/1811, en AGN-X-3-4-2.), dado que, los enviados que ya estaban en Buenos Aires integraron
la Junta Grande y no se constituyeron realmente en «asamblea»). El 1 de febrero se realiza la elección en la sala capitular y un pequeño incidente nos permite conocer la forma en que ésta se realizó. Dos de los oidores de Charcas, el conde de San Javier y José Felix de Campo Blanco (el primero de ellos, regente, pero en funciones de presidente de la Audiencia), colocan en la «vasija» destinada a recoger los votos, sus papeletas en blanco. Una comunicación del cabildo a Castelli de ese mismo día (AGN- X-3-10-2), relata con lujo de detalles el incidente y agrega al final, las dos papeletas que se hallan inclusas en el legajo. Esas dos papeletas rectangulares están firmadas —este hecho es posterior y efectuado probablemente durante el conteo de los votos— por tres de los capitulares. El documento describe detalladamente el incidente: «el Sor. Campoblanco descubrió el adjunto papel (qe. va señalado con el N. 1º y rubricado pr. tres regidores) dando vuelta por uno y otro lado, con cuyo motivo y el de no doblarlo el poner en la vasija, repararon los individuos mas inmediatos qe. no havia letra alguna en el».
Si el «secreto es la marca irreductible del derecho a la individualidad», esta peripecia electoral ilumina bastante bien la complejidad del proceso de construcción del individuo como actor político y el papel indudablemente relevante que juega el secreto en ese proceso. Estamos lentamente saliendo de una sociedad de Antiguo Régimen en donde «El secreto [era] la norma, solo [resultaban] visibles los gestos intencionales que [habían] sido librados al público». Justamente, son esas formas de opacidad de la res publica las que están entrando en crisis lentamente, pues éste es el momento en que «A la práctica del secreto se le opondrá [... ] el principio de la publicidad». Pero este principio de la publicidad sólo puede existir con verdadera fuerza si se basa en la autonomía del individuo/ciudadano. Y ella sólo puede estar a resguardo gracias al secreto de la votación individual. La «nueva» publicidad rompe el secreto en el que estaba envuelta la cosa pública, pero sólo lo puede hacer eficazmente a través del secreto del acto electoral.
En el caso relatado, todos podían saber que ellos no habían votado a los candidatos «oficiales». Esto es todo lo contrario de un acto secreto y su publicidad cumple aquí la función reveladora de ser, sino no amenaza, al menos una clara advertencia. (justamente, el secreto del voto posee también la función segunda de impedir estas formas de intimidación). Pero, además, los cabildantes en su comunicación a Castelli toman por «escandoloso hecho con el qe. [Campo Blanco] manifiesta de plano el odio qe. mantiene al Govno». Es decir, también el mero acto de votar en blanco constituye un «escándalo»; ello demuestra que lejos estamos todavía en estas primeras votaciones de algo que se asemeje a la aceptación de la libre opinión.

Sobre un texto de Juan Carlos Garavablia. MANIFESTACIONES INICIALES DE LA REPRESENTACIÓN EN EL RÍO DE LA PLATA: LA REVOLUCIÓN EN LA LABORIOSA BÚSQUEDA DE LA AUTONOMÍA DEL INDIVIDUO 1810-1812.- En: Revista de Indias, 2004, vol. LXIV, núm. 231. Págs. 349-382, ISSN: 0034-8341 R. I., 2004, n.º 230

sábado, 18 de diciembre de 2010

18 de diciembre de 1810

Instalada la Junta de Gobierno,comenzaron a manifestarse las fuerzas en pugna: Morenistas y Saavedristas. La orden de Moreno de llevar a delante una postura inflexible con los fusilamientos en Córdoba, choca con la postura de los cabildos del interior. La provisionalidad de la Junta era determinante y por ello, se convocó al envío de diputados a Buenos Aires para adoptar resoluciones decisivas. En diciembre de 1810 se realizaron las primeras reuniones y quedó claro que los recién incorporados apoyaban a Saavedra y resistían el plan de Moreno. Al darse cuenta que perdía la mayoría, Moreno se opuso sin eco a la incorporación de los diputados provincianos, por lo que presentó su renuncia.
El 18 de diciembre de 1810 quedó formada la Segunda Junta o Junta Grande. Los morenistas quedaban en minoría en el gobierno pero estos jóvenes ilustrados porteños, se agruparon formando la Sociedad Patriótica, que se reunía en un local situado a una cuadra de la Plaza de Mayo, el café de Marcos.
El elevado número de miembros de la Junta Grande determinó su ineficacia para gobernar en tiempos de guerra, y sostenerse contra la oposición morenistas. Los saavedristas resolvieron dar un golpe reuniendo partidarios y regimientos adictos durante la noche del 5 al 6 de abril de 1811, que exigieron la renuncia de los miembros morenistas de la Junta: Vieytes, Rodríguez Peña, Azcuénaga y Larrea. Pidieron además que Belgrano fuera procesado por su derrota en el Paraguay, y el destierro de los morenistas influyentes. Beruti lo recordó en sus Memorias curiosas, como una contrarevolución hecha “por las heces del pueblo agricultor, el indecente pueblo del campo”, en alusión a los movilizados por el alcalde de las quintas, don Tomás Grigera, y al doctor Joaquín Campana, abogado de prestigio en los suburbios.
Una cronica relata que "se apeló a los hombres de poncho y chiripá contra los hombres de capa y casaca", y de acuerdo a Ignacio Núñez (Noticias Históricas), "Al anochecer del día 5 de abril empezaron a reunirse hombres emponchados y a caballo en los mataderos de Miserere, a la voz del alcalde de barrio don Tomás Grigera, cuyo nombre sólo conocido hasta ese día entre la pobre clase agricultora, principió a ser histórico para este país: a medianoche penetraron por las calles de la ciudad, y antes de venir el día ocuparon la plaza Mayor como mil quinientos hombres, pidiendo a gritos la reunión del cuerpo municipal, para elevar por su conducto sus reclamaciones al gobierno."

Por Juan Carlos Ramirez

sábado, 4 de diciembre de 2010

Luís Sánchez de la Peña

Mi nombre es Virginia Pijuan, vivo en Montevideo, en el barrio de Carrasco. Tengo un cuadro de L Sánchez de la Peña, su tema es del 25 de Mayo y los paraguas, el cual lo heredé de mis abuelos. Es una carbonilla, firmada a la derecha y fechada 1909. Sus medidas, 84 x 58 cm.
Me dirijo a Ud. con la intención de cotizarlo, y buscarle un comprador. Hace unos años lo vio un experto en pinacoteca y me dijo que pasado el siglo se iba a valorar más. Quedo esperando una respuesta.
Cordialmente.

Es Ud. una persona con suerte en cuanto a la heredad. Lamento no cotizar por falta de conocimientos.... y de dinero. Seguramente los directores de museos estarán interesados en su adquisición.
El editor.

sábado, 9 de octubre de 2010

Te Deum

Los sucesos de mayo establecieron al tedeum como forma de agradecer la resolución incruenta de la Revolución. En el primero, se jugó el antagonismo del gobierno patrio con el obispo Benito de Lué y Riega. Habiéndose establecido el 3 de junio como fecha para la acción de gracias, el obispo convenció a la Junta de reañizalo el 30 de mayo, para conmemorar además el cumpleaños del rey Fernando VII.
El bando que invitaba para la celebración el miércoles 30 de mayo, resaltaba que era "en acción de gracias por la instalación de la Junta y terminación feliz que han tenido las agitaciones de este pueblo, causadas por los desgraciados sucesos en la Península".
El día previo, las autoridades advertían al obispoque: "Debiendo concurrir mañana esta Junta a la misa de gracias que se ha de celebrar en esa Santa Iglesia Catedral, espera en la función la solemnidad correspondiente al doble objeto de celebrar el nacimiento de nuestro augusto monarca y la instalación del gobierno provisional que lo representa; como igualmente que Vuestra Señoría Ilustrísima ordene salgan un dignidad y un canónigo a cumplimentar y recibir a la Junta".
En sus Memorias curiosas, Juan Manuel Berutti recordó: "Se hizo una solemne función en la catedral y se cantó el tedeum en acción de gracias a la instalación de la Junta; pontificó el Obispo y dijo el sermón el doctor don Diego Zavaleta, habiendo ocupado la Junta el lugar preeminente donde presidían los señores virreyes". Concurrió el depuesto virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, y el obispo De Lué y Riega cumplió con el pedido de la Junta de hacer una importante ceremonia, pero no otorgó una mayor bienvenida a las autoridades.
En 1811, otro bando de las autoridades estableció definitivamente al 25 de mayo como fecha para celebrar el tedeum: "Aproximándose el aniversario de los faustos días 24 y 25 del presente, tan remarcables en la América, principalmente en esta capital, como época de libertad civil, ha dispuesto la Junta solemnizarlos de un modo público, correspondiente a la dignidad de su representación", se ordenó, además agregaba que: "El principal monumento de tan augusta y grata memoria debe erigirse a los pies del santuario por su declarada protección a estas provincias, aquel respetuoso y profundo reconocimiento que en tales casos inspira la sagrada religión".

domingo, 3 de octubre de 2010

30 de mayo de 1810

La noticia de la Revolución llegó oficialmente a Montevideo el 30 de mayo de 1810. Se convocó a un cabildo abierto que se reunió el 1 de junio y se resolvió privilegiar la unión a la Capital y reconocer a la nueva Junta, a la seguridad del territorio y conservación de los derechos de Fernando VII. Al día siguiente, la asamblea se desdijo y condicionó su apoyo a que la Junta se sometiese al Consejo de Regencia de Cádiz. Ante esto, los porteños optaron por enviar a Juan José Paso a Montevideo en misión conciliadora. Recibido el 8 por la asamblea, sólo obtuvo una rotunda declaración de no reconocimiento. Quedó así planteada una situación que se resolvería por las armas en 1814. En los años intermedios la situación se complicó por los intentos portugueses para apoderarse de la Banda Oriental. Y el 4 de marzo de 1812 - pocos días antes de la llegada de San Martín- la artillería de ocho buques de guerra montevideanos bombardeaba a Buenos Aires, sin mayores resultados.

Fuente: www.todo-argentina.net

sábado, 2 de octubre de 2010

El 25 de mayo, una jarana

Buenos Aires, Mayo 26/810
Señor. D. José Gregorio Aráoz
Querido Chuchi:
Por tu esquela que he recibido debo decirte que todas las prevenciones y encargos que me haces son a destiempo: los breviarios ya están retobados y marchamados; por el correo pasado que me previenes no te compres Bayetas, te contesté ya las tenía compradas. Mañana pienso cargar, esto es si no hay ninguna novedad; por estar este pueblo tan alborotado: el 23 hizo dimisión del mando el señor virrey en el Cabildo: el 24 hizo el Cabildo en nombre del pueblo una Junta que se componía del presidente de ella al señor virrey, vocales el doctor Solá, Saavedra, el doctor Castelli, Anchorregui (sic), Leiva, fiscal Moreno y Pazos secretario con tratamiento de Excelencia. Se echó bando, se repicaron en todas las iglesias, se iluminó el pueblo para que se reconociesen a estos sujetos: al otro día 25, que fue ayer, otro alboroto, que no estaba conforme el pueblo con esta Junta, renunciaron todos estos señores de su empleo, y se ha formado nueva Junta compuesta del comandante Saavedra presidente y comandante general, los vocales el doctor Moreno, don Juan Larrea que es ... (roto)... el cura de San Nicolás, el mismo Castelli, Leiva, Domingo Matheu, y otros más que por todos son diez, hoy se ha echado el bando para que se reconozcan, y mañana puede que sean otros. Me parece que te sobra a ti dinero y a mí también; yo no pienso emplear más sino mandarme mudar, por lo que veo esto no está nada bueno, pero no sé cómo sacar mi licencia, porque no sé hasta ahora quién nos gobierna. Tu afectísimo.

J:M:Silva

Somos 27. Te harás cargo por el bando que te incluyo de los sujetos de la nueva Junta, y luego pasará dicho bando al padre fray Jacinto Ruiz de la orden de Predicadores y le dirá se la remite su padre. Acabo de recibir los documentos, dos p. de poder de Sanz y quedan en poder de Doral.
A Méndez que sus prevenciones son inoficiosas, que no le tengo comprado nada: por klechero no me remitió en derechura la nota, y me despachó bajo de cubierta de algún mozo de Santa Coloma, y hasta ahora no la he recibido; bastante me ha perjudicado, que si no es él, no me encuentro en esta Jarana. Vale.

Fuente:
Carta de José Silva, tucumano de paso en Buenos Aires, a José Gregorio Aráoz, de Tucumán. Archivo histórico de Tucumán. Documentación Dr. Ernesto E. Padilla, carpeta 28.

Nota: José Manuel Silva fue un comerciante acaudalados en Tucumán, gobernador de la provincia en 1828. La revolución de Mayo lo encontró en Buenos Aires, y desde allí escribió esta carta a Tucumán, a su amigo José Gregorio Aráoz.

Proclama del 29 de Mayo de 1810

Cuerpos Militares de Buenos Aires! La energía con que habéis dado una autoridad firme a vuestra Patria, no honra menos vuestras armas, que la madurez de vuestros pagos distingue vuestra generosidad y patriotismo.
Agitados los ánimos por la incertidumbre de nuestra exigencia política, supisteis conciliar todo el furor de un entusiasmo exaltado con la serenidad de un ciudadano que discurre tranquilamente sobre la suerte de su Patria y las armas que cargábais no sirvieron si no para abrir a la razón, para que recuperando sus derechos fuese la única guía de una resolución magnánima que debe fijar el destino de estas provincias.
Los pueblos antiguos no vieron un espectáculo tan tierno como el que se ha presentado ante nosotros y cuando se creía apurado vuestro espíritu por el contraste a que la triste situación de la península lo había reducido, un heroico esfuerzo se propuso vengar tantas desgracias, enseñando al opresor de la Europa que el carácter americano opone a su ambición una barrera más fuerte que el inmenso piélago que ha contenido hasta ahora sus empresas.
¿Quién no respetará de ahora en adelante a los Cuerpos Militares de Buenos Aires?. Si examina vuestro valor lo hallarán consignado por las más gloriosas victorias; si se meditan esas intrigas; que más de una vez dieron por tierra con los pueblos esforzados, temblarán al recordar esa gloriosa escena que precedió a la inauguración de esa Junta; la sabiduría presidía vuestros discursos, las más vivas penetraciones disipaban los sofismas y religiosos observadores de los derechos del Rey y del pueblo; nada pudo desviarnos del camino legítimo que habíais meditado para su conservación.
Conservad siempre unida la oliva de los sabios al laurel de los guerreros y esperad de la Junta un celo para vuestro bien, igual al que habéis manifestado para formarla. Esta recíproca unión de sentimientos a fijado las primeras atenciones de la Junta, sobre la mejora y fomento de la Fuerza militar de estas provincias; y aunque para justa gloria del país es necesario conocer un soldado en cada habitante, el orden público y la seguridad del Estado exigen que las esperanzas de los buenos patriotas y fieles vasallos reposen sobre la fuerza reglada correspondiente a la dignidad de estas provincias; a este fin, a acordado la Junta las siguientes medidas en cuya pronta y puntual observancia interesa sus respetos y todo vuestro celo:
* Los Batallones Militares existentes se elevarán a regimiento con la fuerza efectiva de 1.116 plazas, reservado la Junta proveer separadamente sobre el arreglo de la caballería y artillería volante.
* Queda publicada de este día una rigurosa leva en que serán comprendidos todos los vagos y hombres sin ocupación desde los 18 hasta los 40 años.
* Volverán al Servicio Activo todos los rebajados que actualmente no estuvieron ejerciendo algún arte mecánico o servicio público.
* Los alcaldes del barrio presentarán para el sábado de la presente semana todos los estados de los habitantes de sus respectivos cuarteles, que por anteriores providencias se hallaban pedidos.
* Los mismos alcaldes de barrio ocurrirán al vocal de la Junta, Coronel D Miguel de Azcuénaga, para que en virtud de la comisión particular que tiene par el, efecto, dé las órdenes respectivas a la incorporación de aquellos individuos que deban aumentar la Fuerza Armada.
* Los mismos alcaldes de barrios ocurrirán al mismo Sr Azcuénaga para que les haga entregar la armería Real el número de fusiles correspondientes al número de hombres que se vaya aumentando.
* Estando igualmente encargado el Sr Azcuénaga de activar y velar con especialidad sobre los trabajos de armería, se le dará razón de los fusiles descompuestos que introduzcan en ella, para que se apresure su compostura y devolución.
* Los alcaldes de barrios, comisionados y vecinos que tratasen de devolver las armas que se han exigido por bando, harán la entrega en la casa del Sr Azcuénaga, por cuyo conducto se impartirá las órdenes relativas a esta importante materia.
* Habiendo tomado la Junta medidas seguras para el acopio de las armas, capaz de proveer el aumento de nuestra fuerza, espera del celo de los comandantes militares no omitirán diligencia alguna que sea conducente a la integración de sus cuerpos bajo el plan propuesto.

Fuente: es.wikisource.org

martes, 21 de septiembre de 2010

28 de mayo de 1810

La Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Rio de la Plata á nombre del Sr. D. Fernando VII manifiesta la siguiente Instruccion, que servirá de regla en el método del despacho, y ceremonial en actos públicos.

I. La Junta se congregará todos los dias en la Real Fortaleza, donde será la posada del Sr. Presidente, y durará su reunion desde las neuve de la mañana hasta las dos de la tarde, y desde las cinco hasta las ocho de la noche.II. Todos los asuntos gubernativos y de Hacienda se girarán ante élla por las Oficinas respectivas.
III. El Departamento de Hacienda en la Secretaría correrá á cargo del Doctor D. Juan José Passo; y el Departamento de Gobierno y Guerra á cargo del Doctor D. Mariano Moreno.IV. En los decretos de substanciacion, contestaciones dentro de la Capital, asuntos leves, y de urgente despacho bastará la firma del Presidente, autorizada por el respectivo Secretário.V. En los negocios que deban decidirse por la Junta, la formarán quatro Vocales con el Presidente; pero en los asuntos interesantes de alto gobierno deberán concurrir todos precisamente.
VI. En las representaciones y papeles de oficio se dará á la Junta el tratamiento de Excelencia: pero los Vocales no tendrán tratamiento alguno en particular.
VII. Las Armas harán á la Junta los mismos honores que á los Excmos. Señores Vireyes: y en las funciones de Tabla se guardará con élla el mismo ceremonial.
VIII. El Sr. Presidente rebibirá en su persona el tratamiento y honores de la Junta como Presidente de ella; los quales se le tributarán en toda situacion.
IX. Los asuntos de Patronato se dirigirán á la Junta en los mismos términos que á los Señores Vireyes; sin perjuicio de las extensiones á que legalmente conduzca el sucesivo estado de la Península.X. Todo Vecino podrá dirijirse por escrito ó de palabra á quelesquiera de los Vocales, ó á la Junta misma, y comunicar quanto crea conducente á la seguridad pública, y felicidad del Estado.

Buenos-Ayres 28 de Mayo de 1810.

Dr. Mariano Moreno. Secretario.

Imprimase - Rubrica de S.E.- Dr. Moreno.

CON SUPERIOR PERMISO:

Buenos-Ayres en la Real Imprenta de Niños Expósitos.

martes, 14 de septiembre de 2010

Biblioteca Pública de Buenos Aires

Parece haber surgido en Inglaterra y en las colonias inglesas de América, la idea de que el erario público debía sostener y mantener bibliotecas abiertas a toda clase de lectores ; con esa idea se abrió al público en 1711 la Biblioteca Real de España, bajo Felipe V. Casi un siglo después, los hombres de Mayo se apoyaban en la educación para la difusión de las luces y para ello era necesario contar con una Biblioteca Pública de Buenos Aires. La sociedad se enteró de su creación por un artículo aparecido en el periódico La Gazeta, del 13 de septiembre de 1810, en una nota que seguía al título de Educación. El decreto había sido refrendado el 7 de septiembre de 1810, y originalmente funcionó en un local de la Junta de Temporalidades, en los fondos del colegio de San Carlos, en los altos de la esquina de las actuales calles Moreno y Perú, en la denominada Manzana de las Luces.
Se creaba para facilitar “a los amantes de las letras un recurso seguro para aumentar sus conocimientos”. Su primer material bibliográfico fue donado por instituciones como el Cabildo Eclesiástico y el Real Colegio San Carlos, además de los aportes de Luís Chorroarín y Manuel Belgrano (junto a su hermano Domingo, donaron todos sus libros). Mariano Moreno fue designado su Protector, mientras que Cayetano Rodríguez y Saturnino Segurola fueron nominados primero y segundo bibliotecario , y por supuesto, ellos también acercaron libros. En un documento del 22 de agosto, la Junta ordena que “se encajone toda la librería del Obispo Orellana y todos los libros que hubiesen de los demás reos...”, refiriéndose a quienes en Córdoba apoyaron al ex virrey Santiago de Liniers; de esta manera, los libros a disposición de la sociedad, se fueron incrementando. Rápidamente llegaron las donaciones de por ejemplo, los comerciantes ingleses, quienes acercaron valiosos libros entre los que se encontraba Descripción de la Patagonia, del jesuita Thomas Flakner; obras médicas, historias universales, clásicos latinos, obras prohibidas por la iglesia, etc. Pueden citarse: Diderot, Monstesquieu, Rousseau, Voltaire, Genovesi (economista), Cayhetano Filangieri (dio a conocer a los ilustrados franceses), Quesnay, Adam Smith, Condorcet , entre muchos otos que influyeron a los hombres de Mayo.
Entre 1811 y 1821, la dirección fue ejercida por Luís Chorroarín, hasta que un decreto de Martín Rodríguez, lo reemplazado por Saturnino Segurola. Desde 1822 a 1828 ejerció el cargo Manuel Moreno, hermano de Mariano; para 1823 la biblioteca contaba ya con más de 17.000 volúmenes.
Por: Juan Carlos Ramirez

sábado, 28 de agosto de 2010

27 de Mayo de 1810

Buenos Aires, 27 de mayo de 1810

"... Ayer se instaló la Junta de un modo y forma que ha dejado fijada la base fundamental sobre lo que debe elevarse la obra de la conservación de estos dominios al señor don Fernando VII. Los ejemplares impresos de los adjuntos bandos, y noticia..., que el excelentísimo Cabildo , y aun el excelentísimo señor virrey,... dan a Usía, no dejan duda a esta Junta de que será mirada por todos los jefes, corporaciones, funcionarios públicos y habitantes de todos los pueblos del virreinato, como centro de la unidad, para formar la barrera inexpugnable de la conservación íntegra de los dominios de América a la dependencia del señor don Fernando VII, o de quien legítimamente le represente. No menos espera que contribuirán los mismos a que, cuanto más antes sea posible, se nombrasen y vengan a la Capital los diputados que se enuncian para el fin expresado en el mismo acto de instalación..."
"...Así mismo importa que Usía quede entendido, que los diputados han de irse incorporando en esta Junta conforme y por el orden de su llegada a la Capital, para que así se hagan de la parte de confianza pública que conviene el mejor servicio del Rey y gobierno de los pueblos; imponiéndose, con cuenta anticipada conviene a la formación general, de los graves asuntos que tocan al gobierno. Por lo mismo, se habrá de acelerar el envío de diputados; entendiendo debe ser uno por cada cuidad o villa de las provincias..."
"...Servirá a todos los pueblos del virreinato de la mayor satisfacción el saber, como se lo asegura la Junta, que todos los tribunales, corporaciones, jefes y ministros de la Capital, sin excepción, han reconocido la Junta, y prometido su obediencia para la defensa de los augustos derechos del Rey en estos dominios..."
*Real Fortaleza de Buenos Aires, 27 de mayo de 1810 - Cornelio Saavedra - Dr. Juan José Castelli- Manuel Belgrano - Miguel de Azcuénaga - Dr. Manuel Alberti - Domingo Matheu - Juan Larrea - Dr. Juan José Paso, secretario - Dr. Mariano Moreno, secretario.

Senado de la Nación. Biblioteca de Mayo

Las virtudes y las naciones

Moreno no fue protagonista de la Semana de Mayo. No se lo escuchó como a Castelli en el famoso Cabildo del 22, ni anduvo por la plaza con los chisperos de French y Beruti. Su protagonismo comenzó el 25 de mayo de 1810, al asumir las Secretarías de Guerra y Gobierno de la Primera Junta. Desde allí desplegará toda su actividad revolucionaria. Bajo su impulso, la Junta produjo la apertura de varios puertos al comercio exterior, redujo los derechos de exportación y redactó un reglamento de comercio, medidas con las que pretendió mejorar la situación económica y la recaudación fiscal. Creó la biblioteca pública y el órgano oficial del gobierno revolucionario, La Gazeta, dirigida por el propio Moreno, que decía en uno de sus primeros números: "El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; él debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Seremos respetables a las naciones extranjeras, no por riquezas, que excitarán su codicia; no por el número de tropas, que en muchos años no podrán igualar las de Europa; lo seremos solamente cuando renazcan en nosotros las virtudes de un pueblo sobrio y laborioso".
Por: Felipe Pigna

miércoles, 28 de julio de 2010

Abascal, virrey contrarevolucionario

Fernando de Abascal y Souza(1743-1821) era nativo de Oviedo, en el norte de España. Siguió una carrera militar y visitó América por primera vez en 1767, como un oficial subalterno asignado a la guarnición de Puerto Rico. Después de servir en España, regresó a América con la expedición de 1776 al Río de la Plata, que tomó el puesto portugués de Sacramento, en la banda oriental del río, y estableció un nuevo virreinato gobernado desde Buenos Aires. Tras servir en Santo Domingo y La Habana, fue a Guadalajara (México) en 1799 como presidente de la Audiencia. Nombrado virrey del Río de la Plata, Abascal fue transferido al Perú antes de que pudiera asumir su cargo en Buenos Aires, pero las complicaciones producidas por la guerra retrasaron su arribo a Lima hasta 1806, donde fue el virrey hasta 1816.
Reprimió con firmeza las conspiraciones contrarias a la persistencia del domino español en el Perú entre 1809 y 1810. mientras sus pares en otras capitales virreinales aceptaban las demandas revolucionarias. Peparó fuerzas expedicionarias con las que sofocó los primeros movimientos independentistas de Chile, Ecuador y el Alto Perú, y estuvo cerca de destruir la junta de gobierno patriota de Buenos Aires. Fue un convencido realista y absolutista, obstaculizó la implementación en el Perú de la constitución de Cádiz de 1812. Aunque el Perú sufrió un trastorno entre 1814 y 1815 por una seria insurrección en el Cuzco, seguía siendo un bastión del fidelismo cuando Abascal se retiró a la península en 1816.
Siguiendo a John Fisher en su libro El Perú Borbónico (IEP, Lima, 2000), por su papel represor fue honrado por el rey Fernando VII de España con el título de "Marqués de la Concordia".
Sus colaboradores principales fueron criollos o peninsulares de larga residencia en América pero de ideas o experiencias políticas diferentes a los colaboradores de los funcionarios que le precedieron. El 13 de julio de 1810 creó el Ejército del Alto Perú y puso al frente como comandante a José Manuel de Goyeneche, nacido en 1776, hijo de un navarro casado con una arequipeña. El Comandante Goyeneche, quien estudió en España donde hizo su carrera militar, llegó a ser la figura clave en la política externa del régimen entre 1809 y 1813; también su hermano mayor, que fuera nombrado Oidor del Cuzco en 1806, y de Lima en 1813, y otro hermano menor fue Obispo de Arequipa a partir de 1816.
Carlos IV lo nombró Caballero de Santiago, y Goyeneche regresó al Perú en diciembre de 1808 como Comisionado de la Junta Central y Brigadier del ejército. El Virrey Fernándo de Abascal y Sousa lo envió al Cuzco como Presidente interino el lo de setiembre de 1809, en la época de la primera intervención militar limeña en los asuntos del Alto Perú. El virrey lo puso por encima del Regente, el galaico Manuel Pardo y Ribadeneira.
Otro colaborador del virrey contrarevolucionario fue Juan Pío de Tristán y Moscoso (n. 1773), que perteneció a dos familias notables de Arequipa. Su padre era corregidor de Larecaja en el momento de la rebelión de Túpac Amaru. Pío Tristán y su hermano también recibieron su primera experiencia militar en España, y regresaron con Goyeneche. La carrera de Tristán revela las continuidades en la historia peruana en esa época, a pesar de la eventual ruptura con España y la formación de la República del Perú. En 1815, Tristán era Intendente de Arequipa, y en 1816 presidente interino del Cuzco.
Fue en Cuzco, en donde Goyeneche reclutó los soldados del Ejército del Alto Perú para combatir a los independentistas de Buenos Aires.

domingo, 4 de julio de 2010

Sobre la historia

El 1º de julio es el día del "historiador"; fecha elegida debido a que en ese día de 1812, el Primer Triunvirato emitió un decreto por el cual el gobierno "ha determinado se escriba la historia filosófica de nuestra feliz revolución". El trabajo de la primera historia argentina recayó en el Deán Gregorio Funes, autor del Ensayo de la Historia Civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán.
El hombre siempre manifestó la necesidad de contar sus experiencias, como individuo y como sujeto social. En sociedades ágrafas el relato oral, única vía para transmitir vivencias propias o escuchadas de terceras personas, necesitaba la concurrencia de público y narradores en un mismo espacio y tiempo.
El narrador siempre resigna referencias verificables para dar lugar a la intriga, a la aventura, a la historia. Ningún narrador pretende emular a Funes, el memorioso, de Jorge Luís Borges, capaz de relatos tan pormenorizados como carentes de análisis. Los relatores de historias no siempre sienten la obligación de la veracidad, sólo tienen que ser verosímiles, creíbles. Aquellos contadores de La Ilíada o La Odisea, no se cuestionaban por no diferenciar lo posiblemente humano de lo fantástico; tampoco lo hacían los oyentes, destinatarios pasivos y acríticos pero siempre presentes. Con la escritura aparecieron libros de historia y los relatos dejaron de ser fugaces impresiones para dar lugar a posibilidades de reflexión, consultas meditadas, cuestionamientos. También se superó la relación tempo espacial; la historia escrita nos permitió conocer escenarios no visitados y tiempos no vividos, sin la mediación del narrador en cuerpo presente. Desde Heródoto, la Historia como Memoria Humana pasó a ser una memoria más profunda y universal.
Tucídides superó las narraciones históricas que proponían explicaciones mágicas, cuando busco los motivos que provocaron la Guerra del Peloponeso. Explicaba a un público no presente, no necesariamente conocedor, las causas de un acontecimiento dejando de lado la intervención de los dioses para dar paso a las responsabilidades de los humanos en la construcción de su propio pasado. Con la aparición de las religiones de grandes masas, la inquietud por las causalidades humanas dejó de ser prioritaria y las causas últimas tanto como las primeras, fueron consideradas como parte de un Plan Universal. La fuente de conocimiento dejó de ser empírica o documentable y pasó la Biblia a ser fuente de Verdad única.
El desarrollo tecnológico aplicado y sostenido a partir del S XV, permitió la producción y circulación de conocimientos y las intencionalidades de relatos históricos se diversificaron. De este modo, la Revolución Francesa apuntó al desarrollo de ciudadanos, la valoración del Hombre y sus Derechos Universales; pero no mucho tiempo después, la política francesa se inclinó por relatos históricos que formaran patriotas, subordinando así al Hombre a las instituciones o sentimientos propios de la sociedad en donde vivía. El objeto de la Historia, la investigación y difusión de los hechos de los hombres en el pasado, siguió siendo el mismo pero no necesariamente eran las mismas conclusiones porque las motivaciones podían ser tan diferentes, como diferentes comenzaban a ser los criterios de verdad empleados. Las historias dejaron de ser universales y la Verdad dejó de escribirse en singular y perdió su omnipotencia.
Hoy, el historiador prohijado por el Estado o por fortunas personales, comparte su podio con los surgidos de las universidades democráticas, con investigadores sin títulos profesionales, con los que recogen voces en los pueblos levantando memorias olvidadas. Los historiadores tienen hoy un campo de investigación mucho más amplio, mejores herramientas, interlocutores que cuestionan, y sus obras nos aproximan al Conocimiento desde diferentes ángulos sin pretensiones de apropiación de la Verdad absoluta. Los docentes de historia de hoy, tenemos para estudiar y que estudiar, mucho y más variado que nuestros antecesores, en la búsqueda de que nuestros alumnos se formen en la diversidad y con espíritu crítico, para que en las Memorias de la Humanidad no se excluya a través nuestro al gran protagonista: el pueblo.
Juan Carlos Ramirez.

domingo, 20 de junio de 2010

Costo de vida en Buenos Aires para 1790

Contrariando la opinión general, la vida en la época colonial, en Buenos Aires y su campaña, no fue fácil ni barata. Una casa de tres habitaciones, dependencias para el servicio y tres patios, ubicada en el barrio de Santo Domingo, no se podía adquirir por menos de cuatro mil quinientos a cinco mil pesos, dependiendo de la calidad de los materiales empleados y si tenía terraza. El amoblamiento de la misma superaba los dos mil quinientos y se acercaba mucho a los tres mil, o algo más si los muebles eran de jacarandá o nogal o fabricados en España o Francia y traídos por encargo. Los cortinados, fundas de los muebles, espejos, almohadones y otros complementos representaban como mínimo los quinientos pesos, dependiendo de los géneros usados, pues había diferencias apreciables entre el damasco, la seda y el algodón posibles de utilizar en ellos. En lo referente a la comida y la bebida, los gastos anuales eran tolerables, dado que el alimentos básico era la carne, tanto vacuna, como ovina o porcina, a la que se agregaban los animales domésticos, las aves de corral o los salvajes de la fauna menor. Pero en promedio se necesitaba, para una familia que podemos llamar tipo para la época, de cinco personas y otros tantos sirvientes, no menos de 8 ó 10 pesos diarios, que eran entre 250 y 300 mensuales, o sea, unos 1.100 al año. Aunque parezca excesivo este gasto en comida y bebida, debe considerarse que el personal de servicio no cuidaba los utensilios utilizados y buena parte de los elementos usados eran tirados a la basura o dados a los perros y gatos de la casa o a los limosneros que a diario hacían sus recorridas por el polo urbano de la ciudad. Respecto a estos mendicantes, hay relatos que indican a varios de ellos con sitios reservados en la Plaza Mayor, donde se dirigían, junto a su o sus perros, cuando habían logrado la cantidad de comida apetecida y, tirados en el suelo, daban entre todos cuenta de lo recogido. Respecto a los gastos de comidas y bebidas, existía la recomendación de tener como plato principal, carne de vaca hervida, no asada, acompañada con mate o agua. Una estimación promedio del costo de la batería de cocina era de cien pesos o algo más, siempre que predominaran las piezas de cobre, pues si se preferían las de plata, esa cantidad se multiplicaba por cuatro. La cantidad de ropa blanca para las camas, como las toallas, insumía al año una suma estimada en cien pesos. Un gasto nunca ajustado y siempre cambiante fue el correspondiente al calzado de las mujeres mayores, pues además de hacerse en cada casa los zapatos, para ahorrar una buena suma, esa confección casera resultaba ajustada al gusto estético de quien los llevaría, pero deficiente y, por ello, al año cada mujer necesitaba renovar el calzado entre cuatro y cinco veces. A ello había que agregar que cada dueña de casa, como sus hijas en edad de casarse, necesitaban por lo menos tres tipos de calzado. Uno para entrecana, otro para salir de visita o compras y un tercero para las reuniones sociales, donde se bailaba. Un gasto que era incontrolable e imposible de evitar era el ocasionado por el mal trato que los esclavos del servicio doméstico daban al menaje que no era metálico. Hay muchos inventarios de bienes, que indican ese menaje como averiado en mayor o menor proporción y son muchos los juegos de tazas, platos, copas o vasos incompletos o desportillados. Muchas de las piezas metálicas bronce, hierro o plata presentaban abolladuras y hasta rajaduras que afeaban el aspecto o imposibilitaban el uso. No eran raros en los inventarios los asideros o mangos defectuosos y hasta faltantes. La cantidad de personal doméstico variaba de casa a casa, pero para la familia tipo mencionada, no era menos de cinco. El precio promedio de cada uno de ellos era de entre 200 y 300 pesos, dependiendo de la edad, tiempo de estada en la ciudad y habilidades. Su distribución en las tareas de la casa era más o menos fija. Este personal se componía de un cocinero para hacer las compras en el mercado y distribuir el menú diario en forma armónica y dentro del presupuesto disponible; una persona para acarrear el agua necesaria en la cocina y para fregar los utensilios usados; una tercera para paje y lacayo, que acompañaba a la señora de la casa al templo, a recorrer tiendas y a hacer las compras y que se ocupaba de la limpieza de los niños; una cuarta persona era quien hacía de cochero y en los ratos libres se ocupaba de la limpieza de la casa y demás menesteres interiores. En las familias pudientes, a este plantel básico se agregaba la negra de cría, así llamada por ser quien amamantaba a los niños pequeños y ayudaba a la señora en la intimidad de su alcoba. Todo ese personal doméstico de origen esclavo estaba supervisado por el mayordomo blanco que los controlaba y corregía, evitando roturas y robos. Como no había profesionales en ese entonces para este último trabajo, se lo agregaba con una asignación anual y un lugar para vivir. A pesar de estas ventajas, hubo quienes lograron ubicarse en el seno de familias importantes para desaparecer al poco tiempo, con dinero, alhajas o ropas, como consta en el archivo de Tribunales. Otro gasto que significaba preocupación era la limpieza y conservación de las prendas, pues además del lavado era necesario almidonarlas, especialmente las enaguas y los delantales, para cuando se recibían visitas. La ropa de uso personal y la de cama e higiene, se deterioraba bastante, por el método utilizado para lavarla, ya que los jabones usados estaban fabricados en base a lejías que debilitaban, cuando no carcomían, las fibras de los tejidos, junto con el apaleamiento complementario, que se hacía en las toscas del río, para sacar de ellas los excesos de jabón. En general esa sociedad colonial puede ser considerada como austera, salvo cuatro vicios. Uno de ellos era el abanico, prenda imprescindible para una mujer que apreciaba la elegancia y la sofisticación sociales. Otro correspondía a los hombres y era el uso de relojes de bolsillo, también considerados esenciales, para completar el vestir masculino en todas las actividades diarias. Un tercero era de hombres y mujeres, y consistió en el consumo de tabaco y de rapé. Este último se decía que estaba reservado para las personas de estudio y se le atribuían propiedades para aclarar los pensamientos y tener la cabeza clara. El cuarto defecto o vicio fue el de la excesiva limosna, cuando superaba las realidades fácticas de quien la prodigaba. Hubo familias que hicieron una cuestión de honor de la cantidad de mendicantes que acudía a su puerta a diario para obtener comida, ropa, calzado. Esa ayuda incluía a sacerdotes, sin distingo de órdenes.

Son muy raras las manifestaciones sobre mujeres dadas al excesivo consumo de bebidas, pues ni aún entre las esclavas, manumitidas o libertas han quedado registros de sus nombres o costumbres. Un rubro de poca repercusión en la sociedad de su tiempo es el que corresponde a los gastos en bibliotecas y libros, posiblemente por el elevado precio de ambas cosas. De los inventarios, legajos y herencias posibles de consultar, se desprende que las casas más lujosamente puestas, correspondían al alto clero, especialmente en los rubros de muebles, ya que en ellas predominaron los de jacarandá con patas torneadas de pie de cabra, colgaduras de damasco y hasta mulas mansas con las consiguientes guarniciones adornadas con penachos de seda. Dado los cambios ocurridos en la economía argentina resulta imposible hacer una estimación del valor adquisitivo de la moneda de aquel entonces comparándola con la actual, pero es posible inferir que el presupuesto de la familia tipo considerada, significó el equivalente de quince o más de las familias de los sectores trabajadores. Carretero, Andrés Manuel. Vida cotidiana en Buenos Aires. Ed. Planeta.